Edición y traducción al español: Susana Draper y Belén Marco.

Belén Marco, Susana Draper y Ana María Morales, de los nodos de La Laboratoria en Nueva York y en Quito conversaron después del 8M con Sarah Ihmoud, Eman Ghanayem y Tara Alami del Colectivo Feminista Palestino sobre Palestina y la cuestión del Genocidio Reproductivo 

El pasado 8M, la lucha Palestina y el repudio al genocidio que está aconteciendo en Gaza ocuparon un lugar central en muchas partes del mundo. Conversamos con compañeras del Colectivo Feminista Palestino (PFC en adelante), quienes además de coordinar varias acciones camino al 8M en diferentes ciudades de Estados Unidos, han insistido en la necesidad de construir un feminismo popular de base, antiracista, anticolonial y antiimperialista. Dentro de este marco, han desplegado análisis múltiples para entender la complejidad de violencias sostenidas sobre el pueblo palestino desde una lente feminista.

Laboratorias: Nos gustaría que nos cuenten un poco sobre el contexto en el que emerge el CFP, cuáles son sus valores y de qué forma comprenden la lucha palestina como una cuestión feminista.

Sarah: El Colectivo Feminista Palestino (PFC en adelante) es un colectivo de feministas palestinas y árabes que viven principalmente en la Isla Tortuga, nombre que usan las comunidades indígenas para referir a lo que hoy se nombra como Estados Unidos. Somos un colectivo intergeneracional de activistas, organizadorxs, practicantxs, creadorxs, pensadorxs, artistas, académicxs, curanderxs, protectorxs del agua y la tierra, dadorxs y sustentadores de vida. Estamos comprometidxs centralmente a lograr la liberación social y política palestina enfrentando la violencia, la opresión y el despojo sistémicos de género, sexual y colonial. Nos reunimos para pensar en cómo la violencia colonial y patriarcal están interconectadas y cómo se manifiestan en nuestras propias vidas como mujeres palestinas y personas queer. No hay liberación de las mujeres, de las personas queer o de las personas no conformes con su género sin nuestra liberación más amplia como pueblo del colonialismo, por lo que obviamente estamos inspiradxs y venimos de una larga ascendencia de construcción de movimientos sociales.

En la historia feminista palestina miramos hacia atrás, hacia más de 100 años de organización contra la violencia colonial e imperial en nuestras tierras y territorios, y también nos inspiramos de otros movimientos feministas Árabes, Negros, Indígenas y del Tercer Mundo. Nos movilizamos para promover el feminismo palestino como una filosofía y una praxis liberadora que es necesaria no sólo para nosotrxs como palestinxs, sino también como una lucha interconectada con otras para crear el mundo en el que queremos vivir.

Nos formamos como colectivo en 2019 cuando Israa Ghrayeb, que tenía 21 años,  fue asesinada en feminicidio en su pueblo cerca de Belén. Eso marcó el comienzo  de un nuevo movimiento feminista en Palestina llamado Tal’at, que fue una red de feministas y organizaciones palestinas que pidieron jsuticia por su asesinato bajo el lema: no hay patria libre sin la libertad de las mujeres. Organizarse contra el feminicidio fue una especie de impulso para esta nueva ola de movimiento feminista y organización desde la patria. Nos inspiró como feministas palestinas basadas en lo que llamamos shatat, que no es una traducción directa del término diáspora porque  en árabe se refiere más bien a dispersión.  Esta diferencia es importante porque todavía somos un pueblo que se está dispersando, que se enfrenta permanentemente a la dispersión. Entonces, en este espacio de dispersión, creamos esta organización de movimiento en parte como respuesta y en conversación con nuestras hermanas en la patria, que se estaban organizando contra la violencia de género en nuestras propias comunidades en relación con estas formaciones más amplias de violencia colonial.

Comenzamos a trabajar y construir a nivel nacional lo que ahora es la primera red de feministas palestinas y árabes en los territorios de Isla Tortuga (Estados Unidos) y lanzamos nuestra primera campaña, que se llamó “Palestina como cuestión feminista” en marzo de 2021, con el objetivo de movilizar el feminismo como una lente a través de la cual podemos volver a comprender y centrar la urgencia de la liberación palestina en las agendas políticas feministas. En un nivel, se trataba de fortalecer los linajes feministas palestinos y los diálogos entre los espacios del movimiento fortaleciendo así  nuestras relaciones con las organizadoras feministas en la patria. A otro nivel, se trataba de comprender la especificidad de nuestro papel como feministas de Palestina en el corazón del imperio estadounidense y lo que eso significa en términos de organización feminista transnacional, poniendo la liberación palestina  en la mesa de los feminismos. 

Tara Alami: A partir de la primera campaña de 2021 y 2022, pasamos unos cinco o seis meses trabajando en un calendario que se llama Calendario y Programa de Funciones Feministas Palestinas. Además del compromiso feminista, la declaración “Palestina es una cuestión feminista”, fue la primera cara pública integral o la primera encarnación de los principios del PFC. Teníamos 13 principios en ese calendario y mientras trabajábamos en él, nos preguntábamos: ¿qué significa para nosotrxs imaginar un futuro feminista palestino desde dentro del vientre de la bestia, uno que nos conecte, como atacado en este estado de dispersión, es decir, a nuestro pueblo  que resiste la violencia de los colonos en Palestina y en otros lugares? Entonces, se nos ocurrió este calendario como una gramática feminista encarnada de la vida, el amor y la liberación. En esos 13 principios centramos nuestra visión y praxis anticolonial y decolonial afirmativa de la vida.

Eman Ghanayem: Estaba pensando en cómo el pueblo palestino siempre ha utilizado todas las herramientas que tenemos para crear, para proyectar la liberación, y el feminismo es una de esas herramientas. En nuestro colectivo, no pensamos en el feminismo  como una herramienta aislada de los demás, sino como una que incluye a las demás. Entonces, la violencia que experimentan las mujeres palestinas no es algo que veamos aisladamente de la violencia que experimenta nuestro pueblo en todo el espectro de nuestra clase social, nuestro género y nuestra edad. Hace poco hablaba sobre cómo el movimiento feminista puede trabajar más para incorporar a lxs niñxs en nuestra lucha, porque tendemos a pensar en las cuestiones sociales y políticas de manera aislada y profundizamos así su compartimentación. Si el movimiento feminista en Estados Unidos sólo se preocupa específicamente por los derechos de las mujeres o los derechos de las mujeres cis: ¿adónde van los niños? ¿Cuál es nuestro papel hacia nuestra comunidad, no sólo hacia nosotros mismos? El PFC ha estado presionando para lograr más potencial y negándose a ser miope y tradicional en formas limitantes. El Tercer Mundo, el mundo Indígena, el mundo colonizado, el mundo poscolonial, siempre ha encontrado formas de crear y hacer que estos términos sean muy amplios y mostrarlos como inherentes a nuestras formas de ser y cuidar unxs de otrxs. Gran parte de la lucha que enfrentamos como PFC es definir y redefinir los términos que funcionan para nosotrxs de manera que incluyan muchas más que formas muy específicas y anticuadas de pensar sobre género y derechos. 

Sarah Ihmoud: El feminismo tiene mala fama en la región de Swana y en nuestra región por una razón. Obviamente, hemos visto las formas en que los discursos feministas coloniales han sido utilizados y movilizados en guerras y genocidios anteriores como una forma de justificar la intervención militar e imperial estadounidense en la región, bajo el pretexto de liberar a las mujeres árabes de una sociedad árabe opresiva, de la cultura musulmana en particular o de nuestros hombres indígenas supuestamente peligrosos, y obviamente vimos esto en Afganistán, vimos esto en Irak. Ahora estamos viendo resurgir este tipo de discursos con el genocidio en Gaza. Es importante argumentar por qué el feminismo todavía tiene mala fama en nuestra comunidad. Parte de lo que también estamos haciendo en nuestra propia comunidad es luchar contra esas interpretaciones coloniales del feminismo y reimaginar, tanto colectivamente como desde los espacios de base que estamos construyendo, lo que significarían formas alternativas de feminismo. En términos de nuestro colectivo, parte de los valores están incorporados en el hecho de que somos un colectivo, porque una de las cosas que el colonialismo le hace y le ha hecho a nuestro pueblo durante casi un siglo es intentar desconectarnos, fragmentarnos en geografías separadas. Y, obviamente, estamos aquí en Estados Unidos por diferentes razones, pero muchxs de nosotrxs estamos aquí porque nuestras familias fueron desplazadas. Por eso, parte de la construcción de espacios colectivos es una práctica de reconectar los tejidos de nuestras intimidades como pueblo indígena. Y construir un colectivo feminista es también reconstruir ese espacio, pensar, soñar juntxs, construir amistades unxs con otrxs, amarnos y crear espacios de pertenencia, especialmente en un contexto como Estados Unidos, Canadá, que tanto odio nos muestran. Y estamos viendo que ese odio también resurge en este momento. Este es un momento en el que realmente sentimos que nos necesitamos unxs a otrxs. Y nuestros espacios, nuestro colectivo, han sido un santuario en muchos sentidos.

Fotografía: Belén Marco, NY.

Laboratorias: ¿Cómo encuadran su trabajo en el lenguaje de la justicia reproductiva y en una comprensión feminista de la paz? Encontramos que esto conecta mucho con lo que decían sobre la necesidad de reimaginar nuestro lenguaje desde fuera de las capturas del “feminismo” colonial e imperial.

La cuestión de la justicia reproductiva

Sarah Ihmoud: Israel es un proyecto colonial y la colonización implica necesariamente la eliminación de los pueblos nativos de sus tierras y territorios indígenas. Una lente feminista nos invita a comprender las políticas sexuales y de género de ese proyecto. Como feministas palestinas, nombramos en particular la violencia de género y sexual que abarca el genocidio reproductivo, como algo central para esa estructura más amplia del poder colonial y su maquinaria racializada de dominación. Entonces, esto incluye la violación y la violencia sexual y cómo fueron utilizadas sistemáticamente como armas contra las mujeres palestinas al inicio de la Nakba en 1948, cuando 750.000 palestinxs fueron expulsadxs ​​de sus tierras y territorios ancestrales. En cierto modo, eso da una forma más amplia a la lógica del poder colonial de los colonos y a cómo todavía opera hoy.

Entonces, cuando vemos que más de 30.000 palestinos han muerto en esta escalada genocida en Gaza, de los cuales el 70% son mujeres y niños; cuando vemos que un millón de mujeres y niñas han sido desplazadas varias veces a pie; donde hay un aumento del 300% en la tasa de abortos espontáneos entre mujeres embarazadas; donde las mujeres embarazadas y lactantes se encuentran en una desventaja grave y obvia con esta maquinaria de violencia y poder; y donde hay un comunicado de prensa reciente de la ONU llamando la atención sobre el hecho de que ha habido lo que ellos llaman ataques deliberados y asesinatos extrajudiciales de mujeres y niños en lugares donde buscaban refugio o huían; y también observaron casos de violación, violencia sexual e incluso –¿cómo lo llamaron?– el traslado forzoso de al menos un niño palestino por parte del ejército israelí en Gaza.

Entonces, tenemos que preguntarnos: ¿cómo entendemos el ataque específicamente como agresiones de género contra los cuerpos, las sexualidades y las capacidades de las mujeres para dar vida? Sabemos que, como en otros contextos coloniales, nuestros cuerpos, nuestra sexualidad y nuestras capacidades reproductivas son atacadas de manera particular. Por lo que representan:  tierra, reproducción, parentesco y gobernanza indígena y la posibilidad de soberanías alternativas -de soberanía palestina sobre el territorio. Por eso creo que es importante comprender la cuestión de la justicia reproductiva en este contexto más amplio e histórico. Vemos una urgente necesidad de definir el Genocidio Reproductivo en el contexto de Palestina.

Vemos una necesidad urgente de definir el genocidio reproductivo en el contexto de Palestina”

Tara Alami: El encarcelamiento y la violencia del Estado nación, de un Estado nación colonial de colonos, es un ataque a la generacionalidad de los pueblos nativos y la tierra. A medida que el Estado colono se desarrolla en diferentes etapas, se convierte en un ataque a la nacionalidad de todas las personas oprimidas y de todos los géneros oprimidos o subrepresentados y de las personas que viven deliberadamente (con deliberadamente quiero decir: diseñadas por el estado) en zonas con condiciones materiales muy precarias, ya sea estar sin vivienda, empobrecidx o hambrientx, o sin tener acceso a la educación, o viviendo en un desierto alimentario, sin tener acceso a una atención médica equitativa y asequible, y podría seguir y seguir… 

Tal vez se esté volviendo más claro para la gente durante los últimos 5 o 6 meses que el ataque a la generacionalidad y a la capacidad de reproducirse, sostenerse, dar y sostener la vida en Palestina es parte integrante del diseño colonial de los colonos sionistas. Está en el tejido del genocidio sionista y, en el contexto actual de Gaza, sabemos que casi más de 5.000 mujeres han tenido que dar a luz en las condiciones más inseguras, bajo bombardeos constantes, pero también en condiciones antihigiénicas, condiciones en las que no tienen acceso a atención médica adecuada, condiciones pre y posparto en las que pasan hambre, desnutrición, incapaces de mantener la vida después de darla. Hay fotos de bebés prematuros en la UCI que fueron asesinados porque estaban muertos de hambre, porque no había electricidad en el hospital, porque sus máquinas ya no funcionaban…

Y vimos una aguda necesidad de definir el “genocidio reproductivo” en el contexto de Palestina durante los últimos cinco o seis meses, y también durante los últimos cien años de resistencia contra el colonialismo y el imperialismo, ya sea británico o sionista estadounidense… 

En la ocupada Cisjordania, en Palestina, el ataque a la generacionalidad puede adoptar diferentes formas: puede tomar la forma de incursiones nocturnas realmente violentas por parte de las fuerzas de ocupación israelíes en aldeas y, literalmente, ataques a hogares donde lxs niñxs son secuestrados de sus padres o viceversa, los padres son secuestrados de sus hijos y llevados y encerrados en mazmorras sionistas. Puede tomar la forma de ser un prisionero político palestino, y sabemos que dondequiera que haya opresión, y en este caso, un ataque genocida a generaciones, habrá resistencia y aquí es donde, por ejemplo, el contrabando de esperma se reveló como una forma de resistencia anticolonial contra este genocidio en curso durante décadas y décadas.  Ahora mismo, la gente está llamando genocidio a lo que está sucediendo en Gaza. Pero la verdad es que es una escalada. Es una escalada masiva de un genocidio que ha estado ocurriendo durante décadas y décadas.

Así que no se trata sólo de los últimos cinco o seis meses, y tampoco se trata sólo de Gaza, sino de toda Palestina. La declaración que escribimos y publicamos recientemente define el genocidio reproductivo, tal vez más concretamente como políticas, e incluso discursos y prácticas materiales, que pueden actuar y restringir, atacar o atacar deliberadamente las capacidades, las opciones y el acceso de lxs palestinxs o, más ampliamente, que dan y sostienen la vida, comunidades que se vuelven vulnerables por la violencia militar sistémica, la ocupación, el asedio, el colonialismo de colonos o guerras coloniales e imperialistas similares. En nuestra definición, incluimos el encarcelamiento, la guerra psicológica, el castigo colectivo, la limpieza étnica, la violencia sexual y de género contra mujeres, niñas y hombres por parte de un estado ocupante o una fuerza militar y luego imponer condiciones de inhabitabilidad en la ciudad. Simplemente no puedes mantener la vida en estas condiciones. Y hemos visto en Gaza en los últimos meses una escalada de esta situación. Pero también debemos recordar que los palestinos en Gaza han estado viviendo bajo un bloqueo aéreo, terrestre y marítimo durante 17 años. Y luego, antes de eso, antes de que las fuerzas de ocupación israelíes se retiraran, como una ocupación, creo que la gente a veces olvida que durante décadas Gaza tuvo asentamientos reales. Antes del bloqueo y asedio militar.

En este momento estamos viendo un control y corte deliberado de recursos vitales como el agua, el combustible, la electricidad y los alimentos. Recientemente, vimos que parte de la ayuda estadounidense –si se les puede llamar gotas de ayuda– en realidad fueron arrojadas sobre paneles solares de un hospital, destruyendo así la fuente de electricidad de ese hospital. Este es un claro ataque a las fuentes de sustentación de la vida. Una negación de salvar vidas o de lo que quede de recursos médicos para salvar vidas. Y la hambruna colectiva de todas las personas, pero especialmente como hemos visto en el norte de Gaza, especialmente de los niños discapacitados que requieren una dieta específica, que tienen necesidades o restricciones dietéticas específicas o necesitan alojamiento específico para poder vivir no solo vivir cómodamente, sólo para vivir. Además, hemos visto la erradicación de genealogías enteras de los  palestinos en Gaza, las familias cristianas de Gaza que han sido blanco de ataques aéreos y el asesinato en masa de niñxs y bebés, la destrucción de instituciones médicas, ya sea mediante ataques aéreos o mediante ataques terrestres invasión. La aniquilación de fuentes de cosechas agrícolas: por ejemplo, Gaza es famosa por las fresas y hemos visto los ataques aéreos contra las granjas y la vida. Las granjas tienen como objetivo la fuente de trabajo y  sostienen las infraestructuras alimentarias vitales. Hemos visto cómo se ha creado un ambiente muy tóxico donde la gente, además de no tener acceso a la infraestructura sanitaria más básica, ha estado  expuesta diariamente, a desechos, materiales tóxicos, infecciones virales, infecciones bacterianas que pueden impactar, obviamente, la salud de las generaciones futuras. Vimos esto en Irak, donde las mujeres de Faluya todavía dan a luz a niños que nacen con enfermedades congénitas y mortales debido a los ataques liderados en 2003 por Estados Unidos, el Reino Unido y Canadá. Eso fue hace más de 20 años, y todavía estamos viendo los efectos de esos ataques en los niñxs y en los bebés que están naciendo ahora mismo en 2024. Y volviendo a vuestra pregunta, como dijo Sarah, parte de nuestra misión y nuestros valores se basan en responsabilizar a los llamados espacios, grupos o instituciones feministas o instituciones de derechos de las mujeres aquí en Estados Unidos, pero también contrarrestar sus esfuerzos por co-optar y trasnformar el significado del lenguaje de los derechos de las mujeres y usándola como un arma contra las mismas mujeres, o borrando por completo el genocidio reproductivo que está ocurriendo en Palestina.

Un ejemplo de ello es la declaración de Planned Parenthood de diciembre de 2023, que omitió por completo mencionar a  Palestina y el colonialismo de colonos sionistas, que se basa, por supuesto, en la lógica de la eliminación. La condición de posibilidad del Estado sionista requiere la aniquilación del pueblo palestino y su expulsión – nuestra expulsión de nuestra tierra. Entonces, en su declaración vimos claramente un marco orientalista que veía a los grupos racializados o, en este caso, a los palestinos, como desviados sexuales realmente violentos, desviados sexuales agresivos que son animales y salvajes. Por supuesto, reconocemos que estas acusaciones son un intento de disuadir la actual escalada del genocidio y desviarse de ella, lo que ayuda a generar consentimiento para los actuales ataques contra Gaza. Por eso, como colectivo de feministas árabes y palestinas informadas por el pensamiento y los marcos indígenas, ecofeministas y feministas del Tercer Mundo rechazamos completamente esta y  otras declaraciones de organizaciones de justicia reproductiva o de derechos de las mujeres sobre Palestina que siguen el mismo marco.  

Laboratorias: ¿cómo han elaborado una comprensión feminista anticolonial de la paz?

Sarah: Sólo haré un par de puntos sobre la paz. Creo que estamos en un momento en el que asistimos a la implosión del proyecto sionista, y parte de eso tiene que ver con un  reconocimiento de que el proceso de paz liberal ha fracasado y es por eso que hemos visto el surgimiento de estrategias y formas alternativas de resistencia en todos los territorios ocupados, no sólo en Gaza.  Creo que tenemos que entender esto como un rechazo por parte de lxs palestinxs de  la base del paradigma de paz liberal y de lo que se entiende ampliamente como el proceso de paz de Oriente Medio, que en última instancia transformó nuestro movimiento de liberación anticolonial en un proyecto de construcción de estado que sólo ha beneficiado a las potencias coloniales y que ha apoyado el proyecto colonial de confiscación de tierras, el  control carcelario de nuestra movilidad y las formas más amplias de violencia y control en curso, incluida, centralmente, esta idea de coordinación de la seguridad y la Autoridad Palestina. Tenemos que entender que este paradigma liberal de paz nos ha fallado y se ha convertido en una herramienta para afianzar aún más la violencia colonial israelí y también para permitir la reconsolidación de una clase dominante palestina predominantemente masculina que está comprometida a mantener el status quo.

Una vez más, este momento nos muestra que ese proyecto ha fracasado y cómo se trata también de un momento que nos invita a pensar realmente en las posibles alternativas que no se basen en este lenguaje hegemónico de paz liberal y que, en cambio, tiene que ver con repensar nuestro proyecto de liberación: reimaginar nuestro proyecto de liberación como un proyecto anticolonial. Como feministas, tenemos que pensar en lo que eso significa en términos de cuál es nuestro papel a desempeñar en ese proceso de visión.

Fotografía: Belén Marco, NY.

Laboratorias– ¿Cuáles son las formas de solidaridad y lucha internacional que ustedes creen que son más necesarias en este momento?

Eman: Todxs estamos inspirados en Audre Lorde. Nos inspiran las feministas Negras, Indígenas y Latinxs que dicen que no tiene sentido luchar de manera unidimensional. Creo que, como pueblos colonizados, somos buenos siendo solidarios unos con otros. Sólo debemos recordar de hacer visibles a las personas que son invisibles. Nuestro papel como PFC es hacer visibles a las mujeres, hacer visibles a lxs niñxs, hacer visibles a lxs palestinxs queer y compartir el amor hacia los hombres palestinos, que el mundo parece estar tan privado de no dar. Creo que eso resuena en mucha gente, con muchas luchas, porque estamos cansadxs ​​de que nos digan cómo debería ser una comunidad cuando ya sabemos cómo debería ser.

Sarah: Tenemos que seguir elevando las voces de las mujeres palestinas, especialmente en Gaza, que es realmente la primera línea de nuestro movimiento de liberación en este momento. Y parte de eso es rechazar las narrativas coloniales que se están utilizando para justificar las políticas exterminadoras del Estado de Israel  y las políticas más amplias de muerte que se están librando contra nuestro pueblo, nuestra patria y todos nuestros ecosistemas de vida como Pueblos Indígenas. El feminismo descolonial consiste principalmente, por un lado, en rechazar, interrumpir y oponerse enérgicamente a estas políticas coloniales de muerte, como estamos viendo en este momento transformar el paisaje de Gaza. Y al mismo tiempo, se trata de afirmar visiones alternativas de vida que afirmen nuestras vidas y el futuro potencial de nuestra gente en nuestros países de origen. Por lo tanto, tenemos que seguir elevando y desplegando esas visiones alternativas que dan vida al mismo tiempo que rechazamos esta política colonial de muerte.  Todxs estamos implicadxs en la supervivencia de los demás; me gusta esta idea de que seamos co-conspiradores en la liberación de lxs demás y creo que es una manera de pensar también en nuestras políticas de solidaridad transnacional, como co-conspiradorxs en la de lxs demás.

Feministas palestinas se manifestam contra o genocídio reprodutivo e a paz colonial

Ilustración: Pilar Emitxin

Traduça Larissa Bontempi

Belén Marco, Susana Draper e Ana María Morales, dos nós do La Laboratoria em Nova York e Quito, conversam com Sarah Ihmoud, Eman Ghanayem e Tara Alami do Coletivo Feminista Palestino sobre a Palestina e a questão do Genocídio Reprodutivo

No passado 8M, a luta palestina e o repúdio ao genocídio que está acontecendo em Gaza ocuparam um lugar central em muitas partes do mundo. Conversamos com colegas do Coletivo Feminista Palestino (daqui em diante, CFP), que, além de coordenarem diversas ações rumo ao 8M em diferentes cidades dos Estados Unidos, têm insistido na necessidade de construir um feminismo popular de base, antirracista, anticolonial e anti-imperialista. Tendo isso em vista, implementaram múltiplas análises para compreender a complexidade da violência sustentada contra o povo palestino a partir de uma lente feminista.

Laboratorias: Gostaríamos que nos contassem um pouco sobre o contexto em que surge o CFP, quais são os seus valores e como entendem a luta palestina como uma questão feminista.

Sarah: O Coletivo Feminista Palestino (CFP) é um coletivo de feministas palestinas e árabes que vivem principalmente na Ilha da Tartaruga, um nome usado pelas comunidades indígenas para se referir ao que hoje é chamado de Estados Unidos. Somos um coletivo intergeracional de ativistas, organizadories, praticantes, criadories, pensadories, artistas, acadêmiques, curandeires, protetories da água e da terra, doadories e sustentadories da vida. Estamos centralmente comprometides em alcançar a libertação social e política palestina, confrontando a violência sistémica de gênero, sexual e colonial, a opressão e a expropriação. Nos unimos para pensar sobre como a violência colonial e a patriarcal estão interligadas e como se manifestam nas nossas próprias vidas como mulheres palestinas e pessoas queer. Não há libertação para as mulheres, pessoas queer ou pessoas que não conformantes de gênero sem a nossa libertação mais ampla como povo do colonialismo, por isso somos obviamente inspirades e viemos de uma longa ancestralidade de construção de movimentos sociais.

Na história feminista palestina, olhamos para trás, para mais de 100 anos de organização contra a violência colonial e imperial nas nossas terras e territórios, e também nos inspiramos em outros movimentos feministas árabes, negros, indígenas e do Terceiro Mundo. Nos mobilizamos para promover o feminismo palestino como uma filosofia e uma práxis libertadoras, que são necessárias não só para nós como palestines, mas também como uma luta interligada com outros para criar o mundo em que queremos viver.

O coletivo foi formado em 2019, quando Israa Ghrayeb, na época com 21 anos, foi vítima de feminicídio na sua aldeia perto de Belém. Isso marcou o início de um novo movimento feminista na Palestina chamado Tal’at, que era uma rede de feministas e organizações palestinas que pediam justiça pelo seu assassinato sob o lema: não há pátria livre sem a liberdade das mulheres. A organização contra o feminicídio foi uma espécie de impulso para esta nova onda de movimento feminista e de organização a partir da pátria. Nos inspirou como feministas palestinas com base no que chamamos de shatat, que não é uma tradução direta do termo diáspora porque em árabe se refere, na verdade, à dispersão. Esta diferença é importante porque ainda somos um povo em dispersão, que enfrenta permanentemente a dispersão. Assim, neste espaço, criamos esta organização do movimento, em parte, em resposta e em diálogo com as nossas irmãs no nosso país, que se organizavam contra a violência de gênero nas nossas próprias comunidades em relação a estas formações mais amplas de violência colonial.

Começamos a trabalhar e construir em um nível nacional o que é hoje a primeira rede de feministas palestinas e árabes nos territórios de da Ilha da Tartaruga (Estados Unidos) e lançamos nossa primeira campanha, chamada “Palestina como questão feminista” em março de 2021, com o objetivo de mobilizar o feminismo como uma lente através da qual podemos compreender outra vez e centralizar a urgência da libertação palestina nas agendas políticas feministas. Por um lado, tratava-se de fortalecer as linhagens feministas palestinas e os diálogos entre espaços de movimento, fortalecendo assim as nossas relações com organizadoras feministas na pátria. Num outro nível, tratava-se de compreender a especificidade do nosso papel como feministas da Palestina no coração do império estadunidense, e o que isso significa em termos de organização feminista transnacional, colocando a libertação palestina na mesa dos feminismos.

Tara Alami: A partir da primeira campanha de 2021 e 2022, passamos cerca de cinco ou seis meses trabalhando em um calendário chamado Calendário e Programa de Funções Feministas Palestinas. Além do compromisso feminista, a declaração “A Palestina é uma questão feminista” foi a primeira face pública abrangente ou a primeira encarnação dos princípios do CFP. Tínhamos 13 princípios nesse calendário e, à medida que trabalhávamos nele, nos perguntávamos: o que significa para nós imaginar um futuro feminista palestino a partir do ventre da besta, que nos liga, enquanto somos atacades neste estado de dispersão, isto é, ao nosso povo que resiste à violência dos colonos na Palestina e em outros lugares? Então, criamos este calendário como uma gramática feminista encarnada de vida, amor e libertação. Nestes 13 princípios focamos a nossa visão e práxis anticolonial e decolonial de afirmação da vida.

Eman Ghanayem: Eu estava pensando em como o povo palestino sempre usou todas as ferramentas que temos para criar e projetar a libertação, e o feminismo é uma delas. Em nosso coletivo, não pensamos o feminismo como uma ferramenta isolada das outras, mas como uma ferramenta que inclui as outras. Portanto, a violência que as mulheres palestinas sofrem não é algo que vemos isoladamente da violência que o nosso povo sofre em todo o espectro da nossa classe social, do nosso gênero e da nossa idade. Recentemente, falei sobre como o movimento feminista pode trabalhar mais para incorporar as crianças na nossa luta, porque tendemos a pensar isoladamente nas questões sociais e políticas e, assim, aprofundar a sua compartimentalização. Se o movimento feminista nos Estados Unidos se preocupa apenas especificamente com os direitos das mulheres ou com os direitos das mulheres cis: para onde vão as crianças? Qual é o nosso papel em relação à nossa comunidade, não apenas a nós mesmos? O CFP tem pressionado por mais potencial e recusado ser míope e tradicional de formas limitantes. O Terceiro Mundo, o mundo indígena, o mundo colonizado, o mundo pós-colonial, sempre encontrou formas de criar e tornar esses termos muito amplos e mostrá-los como inerentes aos nossos modos de ser e de cuidar uns dos outros. Grande parte da luta que enfrentamos como CFP consiste em definir e redefinir os termos que funcionam para nós, para que incluam muito mais do que formas muito específicas e ultrapassadas de pensar sobre gênero e direitos. 

Sarah Ihmoud: O feminismo não tem uma boa fama na região de Swana e na nossa região por uma razão. Obviamente, vimos as formas como os discursos feministas coloniais foram usados e mobilizados em guerras e genocídios anteriores para justificar a intervenção militar e imperial dos EUA na região, sob o pretexto de libertar as mulheres árabes de uma sociedade árabe opressiva, da cultura muçulmana em particular ou dos nossos homens indígenas supostamente perigosos, e obviamente vimos isto no Afeganistão, vimos isto no Iraque. Agora estamos vendo este tipo de discurso ressurgir com o genocídio em Gaza. É importante argumentar por que o feminismo ainda tem má fama em nossa comunidade. Parte do que também estamos fazendo na nossa própria comunidade é lutar contra essas interpretações coloniais do feminismo e reimaginar, tanto coletivamente como a partir dos espaços de base que estamos construindo, o que significariam formas alternativas de feminismo. Em termos do nosso coletivo, parte dos valores está embutida no fato de sermos um coletivo, porque uma das coisas que o colonialismo faz e tem feito ao nosso povo durante quase um século é tentar nos desligar, nos fragmentar em geografias separadas. E, obviamente, estamos aqui nos Estados Unidos por diferentes razões, mas muites de nós estamos aqui porque as nossas famílias foram deslocadas. Portanto, parte da construção de espaços coletivos é uma prática de religar as tramas de nossas intimidades como povos indígenas. E construir um coletivo feminista é também reconstruir esse espaço, pensar, sonhar juntas, construir amizades, se amar e criar espaços de pertencimento, principalmente num contexto como os Estados Unidos, o Canadá, que nos demonstram tanto ódio. E estamos vendo esse ódio ressurgir agora também. Este é um momento em que realmente sentimos que precisamos umes des outres. E nossos espaços, nosso coletivo, têm sido um santuário em muitos aspectos.

Fotografia: Belén Marco, NY.

Laboratorias: Como você enquadra seu trabalho na linguagem da justiça reprodutiva e de uma compreensão feminista da paz? Descobrimos que isso se relaciona muito com o que vocês diziam sobre a necessidade de reimaginar a nossa linguagem fora das capturas do “feminismo” colonial e imperial.

A questão da justiça reprodutiva

Sarah Ihmoud: Israel é um projeto colonial e a colonização envolve necessariamente a remoção dos povos nativos das suas terras e territórios indígenas. Uma lente feminista nos convida a compreender as políticas sexuais e de gênero desse projeto. Como feministas palestinas, nomeamos em particular a violência sexual e de gênero, incluindo o genocídio reprodutivo, como central para essa estrutura mais ampla de poder colonial e para a sua maquinaria racializada de dominação. Portanto, isto inclui a violação e a violência sexual e a forma como foram sistematicamente utilizadas como armas contra as mulheres palestinas no início da Nakba em 1948, quando 750 mil palestines foram expulsos das suas terras e territórios ancestrais. De certo modo, isso dá uma forma mais ampla à lógica do poder colonial e à forma como ele ainda funciona hoje.

Assim, quando vemos que mais de 30.000 palestinos morreram nesta escalada genocida em Gaza, dos quais 70% são mulheres e crianças; quando vemos que um milhão de mulheres e meninas foram deslocadas várias vezes a pé; onde há um aumento de 300% na taxa de abortos espontâneos entre mulheres grávidas; onde as mulheres grávidas e lactantes estão em séria e óbvia desvantagem com esta máquina de violência e poder; e onde existe um recente comunicado de imprensa da ONU que chama a atenção para o fato de ter havido o que chamam de ataques deliberados e execuções extrajudiciais de mulheres e crianças em locais onde procuraram refúgio ou fugiram; e também observaram casos de violação, violência sexual e até – como lhe chamaram – a transferência forçada de pelo menos uma criança palestina pelo exército israelita para Gaza.

Portanto, temos de nos perguntar: como entendemos o ataque especificamente como agressão de gênero contra os corpos, sexualidades e capacidades das mulheres para dar vida? Sabemos que, assim como em outros contextos coloniais, os nossos corpos, a nossa sexualidade e as nossas capacidades reprodutivas são atacadas de uma forma particular. Pelo que representam: terra, reprodução, parentesco e governança indígena e a possibilidade de soberanias alternativas – da soberania palestina sobre o território. É por isso que considero importante compreender a questão da justiça reprodutiva neste contexto histórico mais amplo. Vemos uma necessidade urgente de definir o Genocídio Reprodutivo no contexto da Palestina.

Vemos uma necessidade urgente de definir o genocídio reprodutivo no contexto da Palestina”

Tara Alami: A prisão e a violência do Estado-nação, de um Estado-nação colonial colonizador, é um ataque à generacionalidade dos povos nativos e da terra. À medida que o Estado colonizador se desenvolve em diferentes fases, torna-se um ataque à nacionalidade de todas as pessoas oprimidas e de todos os géneros oprimidos ou sub-representados que vivem deliberadamente (por deliberadamente quero dizer: concebido pelo Estado) em áreas com condições materiais muito precárias, seja sem abrigo, empobrecide ou com fome, ou sem acesso à educação, ou vivendo num deserto alimentar, sem acesso a cuidados de saúde equitativos e acessíveis, e poderia continuar e seguir…

Talvez esteja ficando mais claro para as pessoas ao longo dos últimos 5 ou 6 meses que o ataque à generacionalidade e à capacidade de reproduzir, sustentar, dar e sustentar a vida na Palestina é parte integrante do projeto colonial dos colonos sionistas. Está no tecido do genocídio sionista e, no atual contexto de Gaza, sabemos que mais de 5.000 mulheres tiveram de dar à luz nas condições mais inseguras, sob constantes bombardeios, mas também em condições anti-higiénicas, condições em que não têm acesso a cuidados médicos adequados, condições pré e pós-parto onde estão com fome, desnutridas, incapazes de sustentar a vida depois de dá-la. Há fotos de bebês prematuros na UTI que morreram porque estavam morrendo de fome, porque não havia luz no hospital, porque suas máquinas não funcionavam mais…

E vimos uma necessidade urgente de definir “genocídio reprodutivo” no contexto da Palestina ao longo dos últimos cinco ou seis meses, e também ao longo dos últimos cem anos de resistência contra o colonialismo e o imperialismo, seja sionista, britânico ou estadunidense…

Na Cisjordânia ocupada, na Palestina, o ataque à generacionalidade pode assumir diferentes formas: pode assumir a forma de ataques noturnos realmente violentos por parte das forças de ocupação israelitas a aldeias e, literalmente, ataques a casas onde as crianças são raptadas aos pais ou vice-versa, os pais são sequestrados dos filhos e levados e trancados em masmorras sionistas. Pode assumir a forma de ser um prisioneiro político palestino, e sabemos que onde quer que haja opressão e, neste caso, um ataque genocida a gerações, haverá resistência e é aqui que, por exemplo, o contrabando de esperma foi revelado como uma forma de resistência anticolonial contra este genocídio que continua há décadas e décadas. Neste momento, as pessoas estão chamando o que está acontecendo em Gaza de genocídio. Mas a verdade é que se trata de uma escalada. É uma escalada massiva de um genocídio que vem acontecendo há décadas e décadas.

Portanto, não se trata apenas dos últimos cinco ou seis meses, e não se trata apenas de Gaza, mas de toda a Palestina. A declaração que escrevemos e publicamos recentemente define o genocídio reprodutivo, talvez mais concretamente como políticas, e mesmo discursos e práticas materiais, que podem agir para restringir, atacar ou atacar deliberadamente as capacidades, escolhas e acesso dos palestinos, de modo, de forma mais ampla, que dão e sustentam a vida, comunidades tornadas vulneráveis pela violência militar sistémica, ocupação, cerco, colonialismo de colonos ou guerras coloniais e imperialistas semelhantes. Na nossa definição, incluímos prisão, guerra psicológica, punição coletiva, limpeza étnica, violência sexual e de gênero contra mulheres, raparigas e homens por parte de um estado ocupante ou força militar e, em seguida, imposição de condições inabitáveis à cidade. Você simplesmente não pode sustentar a vida nestas condições. E temos visto em Gaza, nos últimos meses, uma escalada dessa situação. Mas devemos também lembrar que os palestinos em Gaza vivem sob um bloqueio aéreo, terrestre e marítimo há 17 anos. E antes disso, antes de as forças de ocupação israelitas se retirarem, como uma ocupação, penso que as pessoas por vezes esquecem que durante décadas Gaza teve verdadeiros colonatos. Antes do bloqueio e do cerco militar.

Neste momento estamos assistindo a um controle e corte deliberado de recursos vitais como água, combustível, eletricidade e alimentos. Recentemente, vimos que parte da ajuda estadunidense – se é que podemos chamá-la de gotas de ajuda – foi, na verdade, lançada sobre os painéis solares de um hospital, destruindo assim a fonte de eletricidade desse hospital. Este é um ataque claro às fontes de suporte de vida. Uma negação de salvar vidas ou do que resta de recursos médicos para salvar vidas. E a fome coletiva de todas as pessoas, mas especialmente como vimos no norte de Gaza, especialmente das crianças com deficiência que precisam de dieta específica, que têm necessidades ou restrições alimentares específicas ou que precisam de alojamento específico para poderem viver não só confortavelmente, só para viver. Além disso, assistimos à erradicação de genealogias inteiras de palestinos em Gaza, a famílias cristãs em Gaza serem alvo de ataques aéreos e ao assassinato em massa de crianças e bebés, à destruição de instituições médicas, seja através de ataques aéreos ou terrestres invasivos. A aniquilação de fontes de culturas agrícolas: por exemplo, Gaza é famosa pelos morangos e temos visto ataques aéreos contra fazendas e vidas. As fazendas proporcionam empregos e apoiam infraestruturas alimentares vitais. Vimos como se criou um ambiente muito tóxico onde as pessoas, além de não terem acesso às infraestruturas de saúde mais básicas, foram expostas diariamente a resíduos, materiais tóxicos, infecções virais, infecções bacterianas que podem obviamente ter impacto na saúde das futuras gerações. Vimos isso no Iraque, onde as mulheres em Fallujah ainda dão à luz crianças nascidas com doenças congénitas e fatais devido aos ataques liderados em 2003 pelos Estados Unidos, Reino Unido e Canadá. Isso foi há mais de 20 anos, e ainda estamos vendo os efeitos desses ataques em crianças e bebês que nascem agora em 2024. E voltando à sua pergunta, como disse Sarah, parte da nossa missão e dos nossos valores são baseados em responsabilizar os chamados espaços, grupos ou instituições feministas ou instituições de direitos das mulheres aqui nos Estados Unidos, mas também contrariar os seus esforços para cooptar e transformar o significado da linguagem dos direitos das mulheres e usá-la como uma arma contra as próprias mulheres, apagando completamente o genocídio reprodutivo que está ocorrendo na Palestina.

Um exemplo disso é a declaração da Planned Parenthood de dezembro de 2023, que falhou completamente em mencionar a Palestina e o colonialismo dos colonos sionistas, que é, obviamente, baseado na lógica da eliminação. A condição de possibilidade do Estado sionista exige a aniquilação do povo palestino e a sua expulsão – a nossa expulsão da nossa terra. Assim, na sua declaração vimos claramente um quadro orientalista que via os grupos racializados ou, neste caso, os palestinos, como desviantes sexuais realmente violentos, desviantes sexuais agressivos que são animalescos e selvagens. É claro que reconhecemos que estas acusações são uma tentativa de dissuadir e desviar a atual escalada de genocídio, o que ajuda a gerar consentimento para os atuais ataques a Gaza. Portanto, como um coletivo de feministas árabes e palestinas informadas pelo pensamento e quadros feministas indígenas, ecofeministas e feministas do Terceiro Mundo, rejeitamos completamente esta e outras declarações de organizações de justiça reprodutiva ou de direitos das mulheres sobre a Palestina que seguem o mesmo quadro. 

Uma compreensão feminista anticolonial da paz

Sarah: Vou apenas abordar alguns pontos sobre a paz. Penso que estamos num momento em que assistimos à implosão do projeto sionista, e parte disso tem a ver com o reconhecimento de que o processo de paz liberal falhou e é por isso que temos visto o surgimento de estratégias e formas alternativas de resistência em todos os territórios ocupados, não apenas em Gaza. Penso que temos de entender isso como uma rejeição por parte dos Palestinianos da base do paradigma de paz liberal e do que é amplamente entendido como o processo de paz no Médio Oriente, que acabou por transformar o nosso movimento de libertação anticolonial num projeto de construção do Estado, que apenas beneficiou as potências coloniais e que apoiou o projeto colonial de confisco de terras, de controlo carcerário da nossa mobilidade e de formas mais amplas de violência e controlo em curso, incluindo, centralmente, esta ideia de coordenação da segurança e da Autoridade Palestina. Temos de compreender que esse paradigma de paz liberal falhou e se tornou uma ferramenta para consolidar ainda mais a violência colonial israelita e também para permitir a reconsolidação de uma classe dominante palestina predominantemente masculina, que está empenhada em manter o status quo.

Mais uma vez, este momento nos mostra que este projeto falhou e como se trata também um momento que nos convida a realmente pensar em possíveis alternativas que não se baseiem nesta linguagem hegemónica de paz liberal e que, pelo contrário, tem a ver com repensar a nossa projeto de libertação: reimaginando nosso projeto de libertação como um projeto anticolonial. Como feministas, temos de pensar sobre o que isso significa em termos do nosso papel nesse processo de visão.

Fotografía: Belén Marco.

Laboratorias – Quais são as formas de solidariedade e de luta internacional que vocês consideram mais necessárias neste momento?

Eman: Todes nós somos inspirados por Audre Lorde. Somos inspirades por feministas negras, indígenas e latinas que dizem que não faz sentido lutar de forma unidimensional. Penso que, como povos colonizados, somos bons a apoiar-nos uns aos outros. Só precisamos nos lembrar de tornar visíveis as pessoas invisíveis. O nosso papel como CFP é tornar visíveis as mulheres, tornar visíveis as crianças, tornar visíveis les palestines queer e partilhar o amor pelos homens palestinos que o mundo parece tão privado de dar. Acho que isso repercute em muitas pessoas, em muitas lutas, porque estamos cansades ​​de ouvir como uma comunidade deveria ser quando já sabemos como deveria ser.

Sarah: Temos de continuar elevando as vozes das mulheres palestinas, especialmente em Gaza, que é realmente a linha de frente do nosso movimento de libertação neste momento. E parte disso é rejeitar as narrativas coloniais que são usadas para justificar as políticas de extermínio do Estado de Israel e as políticas mais amplas de morte levadas a cabo contra o nosso povo, a nossa pátria e todos os nossos ecossistemas de vida como Povos Indígenas. O feminismo decolonial trata principalmente, por um lado, de rejeitar, perturbar e opor-se fortemente a estas políticas coloniais de morte, tal como estamos atualmente a ver transformar a paisagem de Gaza. E, ao mesmo tempo, trata-se de afirmar visões alternativas de vida que afirmem as nossas vidas e o potencial futuro do nosso povo nos nossos países de origem. Portanto, devemos continuar elevando e implementando essas visões alternativas que dão vida, ao mesmo tempo que rejeitamos esta política colonial de morte. Todes estamos envolvides na sobrevivência dos outros; Gosto desta ideia de que somos co-conspiradores na libertação des outres e penso que é uma forma de pensar também as nossas políticas de solidariedade transnacional, como co-conspiradories na de outres.

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