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¿QUÉ ES SER BRUJA?

por Lorena Echeverri

¿Cómo podríamos definir a una bruja? Y, en todo caso, ¿cuál puede ser la importancia de hacerlo?  Solemos llamarnos entre nosotras, en ciertos círculos y encuentros de mujeres, brujas. Las primeras veces en que te nombran como tal, no logras interpretar muy bien qué es lo que nos quieren decir.  Creo que vale la pena, tratar de definir a una bruja, si es que queremos hablar de ellas (¿nosotras?) y, más aún, tratar de entender qué es lo que la historia ha querido transmitir sobre este vocablo y los seres que pretende definir con él.

Para trazar una mirada tradicional, quizá una de las más duras con nuestra historia femenina, tomaremos las palabras del diccionario de la Real Academia Española:

Bruja, jo:

  1. adj. Embrujador, que hechiza.
  2. adj. Chile. Falso, fraudulento.
  3. m. Persona a la que se le atribuyen poderes mágicos obtenidos del diablo.
  4. m. Hechicero supuestamente dotado de poderes mágicos en determinadas culturas.
  5. f. En los cuentos infantiles o relatos folclóricos, mujer fea y malvada, que tiene poderes mágicos y que, generalmente, puede volar montada en una escoba.
  6. f. Mujer que parece presentir lo que va a suceder.
  7. f. coloq. Mujer de aspecto repulsivo.
  8. f. coloq. Mujer malvada.
  9. f. lechuza(‖ ave).
  10. f. Cuba. tatagua.

 

Pensar y reconsiderar el origen de las brujas nos acerca a una realidad histórica dolorosa, que nos hace relacionar la condición mágica con la fealdad y la superstición: un mundo de poder supuesto, dudoso, inexistente y en caso de que pudiese existir, sería entonces un mundo demoniaco, que deberá ser quemado para preservar el bien común.  La Bruja es mala, o por lo menos loca, fea, repulsiva y con un poder de  dudosa proveniencia. Es decir, si acaso quisieras probar, decidirte a salir del esquema y asumir la fealdad a cambio de conocer la magia, has de saber que no está probado ese poder, y si llegaras a intentarlo, serás desterrada por ello.

 

 

¿Cómo puede ser, entonces, que hoy en día, en encuentros entre mujeres que son totalmente amorosos, podamos nombrarnos brujas? ¿Y, más todavía, reír por ello y experimentar una fuerza interior antes desconocida?  ¿De qué se trata el poder que ejercen las brujas; qué es la magia? ¿Podremos volar en escobas? Nuestro despertar, unido al despertar de la energía femenina del planeta, nos está trayendo la  posibilidad de encontrarnos, de compartir nuestros sentires, de reconocer que las dificultades no son una experiencia  exclusiva de una mujer mal manejada en el ámbito privado, sino que los problemas que nos aquejan en el ámbito de lo privado obedecen a unos órdenes establecidos de comportamiento social que constriñen nuestras libertades; y, por tanto, existe una responsabilidad social que debe ser compartida, en aras de liberarnos de las cadenas culturales que nos atan.

Retomar nuestro poder como brujas es una puerta que se está abriendo por estos días a las mujeres del mundo. De este lado, del costado Sur de América, las mujeres vienen pujando por su independencia espiritual, mental y económica a pasos agigantados. Esta lucha, que ahora parece ceder paso a nuevas generaciones que viven estas ganancias como parte de una vida y un entorno social natural, en el cual la igualdad de derechos es una garantía justa y totalmente viable, ha levantado el tapete que escondía el poder femenino de la creación. Todes somos creadores, hombres y mujeres; el desafío radica en comprender que esa creación es sagrada en tanto somos parte de una red mayor de existencia, relacionada con la naturaleza y con los demás seres humanos. Y es esto lo que hemos perdido vista: al entregarnos al poder creador de una lógica mercantilista, hemos perdido el poder creador de mundos armoniosos y prósperos para todos los seres. Hemos perdido la fe en ello; la mayoría de las personas piensan que está todo echado a perder y que la única salida que existe es salvarse a sí mismo.

Sin embargo, las mujeres estamos sintiendo un llamado especial que nos invita en primer término a sanarnos a nosotras mismas, a curarnos las heridas a través de la palabra compartida en círculo, y en ese camino aceptamos el reto de reflejarnos en otras y observar nuestras propia oscuridad y experimentar las molestias de verse a sí misma encarnada en otro cuerpo. Las brujas transitamos profunda oscuridad. Las brujas hemos decidido hacer frente a lo que nos duele y desentrañarlo de lo más profundo de nuestro ser, para observarlo, sembrarlo, liberarlo y transmutarlo. Tenemos muchas caras, podemos ser magas protectoras o fieras destructoras, hemos comprendido que cuando el amor incondicional no es la regla de comportamiento, la justicia debe caer con todo el peso de nuestro poder colectivo. Las brujas sabemos que es necesario reunirnos, reconocernos y actuar juntas; hemos comprendido que el poder patriarcal ha radicado en dividirnos, en aislarnos, y por ello, ante cualquier oportunidad, se agitan masivas movilizaciones donde el encuentro, la compañía y la responsabilidad social compartida van tomando forma, porque ya no esperamos que otros lo hagan por nosotras, hemos comprendido que debemos hacerlo nosotras mismas: no solo porque nadie más está interesado en hacerlo, sino porque ahora queremos hacerlo a nuestra manera.

 

Ser brujas significa despertar la energía mágica que pulsa en nuestro vientre y su ciclicidad y la alquimia del  fuego sagrado del vientre y el corazón; es recorrer las sombras de nuestro útero a través de los huevos de obsidiana. Ser brujas es aprender a convivir con la naturaleza y aprovechar todo el poder curativo de sus plantas, bendecir el agua como símbolo de nuestros propios fluidos. Ser bruja es sembrar la sangre menstrual o  pintarnos un punto en la frente con ella para activar la visión. Ser brujas es sahumar nuestros espacios, nuestras casas, para darle la bienvenida a los seres de luz del universo que están atentos a nuestras vidas para ayudarnos a elevar la vibración de nuestra humanidad. Ser brujas es creer en esos seres… en esos y en los elementales guardianes del agua, del fuego, del aire y de la misma tierra. Elementales que se forman en las hojas y troncos de los árboles, en los frutos, en las flores, en las cortinas de casa, o en las maderas, elementales que son reflejo de nuestros pensamientos y que día a día pujan por crear eso que estamos vibrando. Ser brujas es esforzarnos cada día por ser mejores, por salir de nuestra anestesia generalizada y alumbrar una nueva realidad que late en nuestras sociedades de la mano del despertar de la energía femenina universal.

 

Esta columna va a transitar por los diferentes escenarios de nuestra ‘brujeldad’, a veces nombradas Magas, a veces nombradas Chamanas; esta columna va a hablar del poder mágico que entrañan nuestros actos y pensamientos, esos que no nos atrevemos a decir por temor a ser invalidadas (algunas veces incluso por otras mujeres). La oscuridad que debemos transitar no tiene género, sin embargo, pareciera que la nueva luz, sí la tuviera; como en estos arquetipos que se corresponden con las cuatro fases menstruales:

Maria con gracia: Artemisa de tu propio deseo, dueña de toda su energía creadora, la virgen nos llena de la gracia de la claridad necesaria para lograr todos nuestros propósitos.

Lilith: Bruja con escoba, atenta cuidadora de su espíritu volador, alivianando cargas, limpia con su sangre las viejas cargas que oscurecen su vientre y su corazón.

Amada chamana, hechicera con yerbas: Puente entre la vida y la muerte, entre esta dimensión y otras.

Grandiosa madre nutricia: Maga generosa que hace reverdecer los campos y madurar los alimentos.

No somos una sola mujer: somos todas las mujeres. No somos una sola energía, somos la integración de todas ellas. Una Bruja lo sabe y trabaja por integrarlas, y esta columna pretende ser un bastión de nuestras luchas por armonizarnos a nosotras mismas.

 

 

 

 

O QUE É SER UMA BRUXA?

 

Como poderíamos definir uma bruxa? E, em todo o caso, qual pode ser a importância de fazê-lo? Costumamos chamar-nos entre nós, em certos círculos e encontros de mulheres,de bruxas. As primeiras vezes em que te nomeiam como bruxa, provavelmente não consiga interpretar muito bem o que é que nos querem dizer. Acho que vale a pena, tratar de definir uma bruxa, se é que queremos falar delas (nós?) e, mais ainda, tratar de entender o que a história tem querido transmitir com este vocábulo e os seres que pretende definir com ele.

 

Para traçar um olhar tradicional, talvez um dos mais duros com nossa história feminina, tomaremos as palavras do dicionário da Real Academia Espanhola:

 

Bruxa, o:

  1. adj. Feiticeiro, que enfeitiça.
  2. adj. Chile. Falso, fraudulento.
  3. m. Pessoa a que se lhe atribuem poderes mágicos obtidos do diabo.
  4. m. Feiticeiro supostamente dotado de poderes mágicos em determinadas culturas.
  5. f. Nas histórias infantis ou relatos folclóricos, mulher feia e malvada, que tem poderes mágicos e que, geralmente, pode voar montada em uma vassoura.
  6. f. Mulher que parece pressentir o que vai acontecer.
  7. f. coloq. Mulher de aspecto repulsivo.
  8. f. coloq. Mulher malvada.
  9. f. lechuza (‖ ave).
  10. f. Cuba. tatagua.

 

Pensar e reconsiderar a origem das bruxas nos aproxima de uma realidade histórica dolorosa, que nos faz relacionar a condição mágica com a feiura e a superstição: um mundo de poder supostamente duvidoso, inexistente e que, caso exista, pertencerá a um mundo demoníaco, que deverá ser queimado para preservar o bem comum. A Bruxa é má, ou pelo menos louca, feia, repulsiva e  com um poder de  duvidosa procedência. Ou seja, caso queira provar, decidir sair do esquema e assumir a feiura em troca de conhecer a magia, saberá que não está provado esse poder, e se chegássemos a tentá-lo, seríamos desterradas por ele.

 

Como pode ser, então, que hoje em dia, em encontros entre mulheres que são totalmente amorosos, possamos nos chamar de bruxas? E ainda por cima rir disso e experimentar uma força interior antes desconhecida?  O que é mesmo esse  poder que exercem as bruxas; o que  é  a magia? Podemos voar em vassouras? Nosso despertar, unido ao despertar da energia feminina do planeta, está nos dando a  possibilidade de nos encontrarmos, de compartilhar nossa forma de sentir, de reconhecer que as dificuldades não são uma experiência  exclusiva de uma mulher mal manejada no âmbito privado, mas sim que os problemas que nos oprimem no  âmbito privado obedecem a uma ordem estabelecida de comportamento social que constrange nossas liberdades; e, por tanto, existe uma responsabilidade social que debe ser compartilhada, en aras de nos libertarmos das cadeias culturais que nos prendem.

 

 

Retomar nosso poder como bruxas é uma porta que está se abrindo agora mesmo às mulheres do mundo. Do lado de cá, na costa Sul Americana, as mulheres vem batalhando por sua independência espiritual, mental e económica a passos largos. Esta luta, que agora parece ceder lugar às novas gerações que vivem estas conquistas como parte de uma vida e um meio social natural, no qual a igualdade de direitos é uma garantia justa e totalmente viável, tem levantado o tapete que escondia o poder feminino da criação.

Todos somos criadores, homens e mulheres; o desafio está em compreender que essa criação é sagrada e, portanto, somos parte de uma rede maior de existência, relacionada com a natureza e com os demais seres humanos. E é isto o que temos perdido vista: ao entregar-nos ao poder criador de uma lógica mercantilista, temos perdido o poder criador de mundos harmoniosos e prósperos para todos os seres. Temos perdido a fé nessa possibilidade; a maioria das pessoas pensa que o jogo está perdido e que a única saída que existe é se salvar a si mesmo.

 

No entanto, nós mulheres temos sentido um chamado especial que nos convida, em primeiro lugar, a nos curar a nós mesmas, a nossas feridas, através da palavra compartilhada horizontalmente, e nesse caminho aceitamos o desafio de nos refletir umas nas outras e observar nossa própria escuridão, experimentando as dores de nos vermos encarnadas em outro corpo. As bruxas transitam pela profunda escuridão. As bruxas decidiram fazer frente ao que nos machuca e desentranha-lo do mais profundo de nosso ser, para o observar, ou semear, ou libertar e transformá-lo. Temos muitas caras, podemos ser magas protetoras ou feras destruidoras, temos compreendido que quando o amor incondicional não é a regra de comportamento, a justiça deve acontecer com todo o peso de nosso poder coletivo. As bruxas sabem que é necessário nos reunir, nos reconhecer e atuar juntas; temos compreendido que o poder patriarcal se enraíza ao nos dividir, ao nos isolar, e por isso, diante de qualquer acontecimento, se agitam em massa mobilizações onde o encontro, a companhia e a responsabilidade social compartilhada vão tomando forma, porque já não esperamos que outros o façam por nós, temos compreendido que devemos fazer nós mesmas: não só porque ninguém mais está interessado em fazer, mas porque agora queremos fazer à nossa maneira.

Ser bruxas significa acordar a energia mágica que pulsa em nosso ventre e sua circularidade, a alquimia do fogo sagrado do ventre e do coração; é percorrer as sombras de nosso útero através dos ovos de obsidiana. Ser bruxas é aprender a conviver com a natureza e aproveitar todo o poder curativo de suas plantas, abençoar o água como símbolo de nossos próprios fluídos. Ser bruxa é semear o sangue menstrual ou pintar-nos um ponto na cara com ela para ativar a visão. Ser bruxas é defumar nossos espaços, nossas casas, para dar-lhe as boas-vindas aos seres de luz do universo que estão atentos a nossas vidas para nos ajudar a elevar a vibração de nossa humanidade. Ser bruxas é crer nesses seres… nesses e nos elementos guardiões da água, do fogo, do ar e da terra em si.

Elementos que se formam nas folhas e troncos das árvores, nos frutos, nas flores, nas cortinas de casa, ou nas madeiras, elementos que são reflexo de nossos pensamentos e que dia a dia fazem força para criar isso que estamos a vibrar. Ser bruxas é esforçar-nos por ser cada dia melhores, por sair de nossa anestesia generalizada e vislumbrar uma nova realidade que grita em nossas sociedades pelo despertar da energia feminina universal.

 

Esta coluna vai transitar pelos diferentes palcos de nossa bruxalidade, às vezes nomeadas Magas, às vezes nomeadas Xamãs; esta coluna vai falar do poder mágico entranhado em nossos atos e pensamentos, esses que não nos atrevemos a dizer por temor a ser invalidadas (algumas vezes inclusive por outras mulheres). A escuridão que devemos transitar não tem género, no entanto, parecesse que a nova luz, sim pode ter; como nestes arquétipos correspondem às quatro fases menstruais:

Maria com graça: Artemisa de teu próprio desejo, dona da energia criadora, a virgem que nos enche com a graça da clareza necessária para conseguir os nossos propósitos.

 

Lilith: Bruxa de vassoura, atenta cuidadora de seu espírito voador, aliviando cargas, limpando com seu sangue o velhos pesos que escurecem seu ventre e seu coração.

 

Amada Xamã, feiticeira das ervas: Coloca-se entre a vida e a morte, entre esta dimensão e outras.

 

Grandiosa mãe nutriz: Maga generosa que faz esverdear os campos e amadurecer os alimentos.

 

Não somos uma mulher sozinhas: somos todas as mulheres. Não somos uma sozinha energia, somos a integração de todas elas. Uma Bruxa sabe-o e trabalha por integrá-las, e esta coluna pretende ser um bastión de nossas lutas por harmonizar-nos a nós mesmas.

 

 

 

 

 

 

Comunicadora. Creadora de AfroUtero: Taller de danzas afrocolombianas con los arquetipos menstruales. Realizadora de círculos femeninos y aprendiz de sus lógicas. Bailarina, investigadora y documentalista.

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2 thoughts on “¿QUÉ ES SER BRUJA? / O QUE É SER UMA BRUXA?”

  1. Hermoso texto que refleja nuestro sentir como mujeres, nuestro despertar como matas, brujas, Chamanas o simplemente mujeres conscientes de nuestro poder.
    Gracias Lorena 💜💜💜💜
    Amor desde mi corazón de Bruja Violeta para vos💜

  2. La sabiduría de Lorena Echeverri nos permite conectar con un proceso colectivo que toma fuerza en América Latina y que nos abre nuevos espacios para la emancipación.

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