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Desde el cambio de gobierno en diciembre de 2015, Argentina está viviendo un proceso de ajuste que es presentado en la retórica pública bajo la figura de la inevitabilidad. Por primera vez en este país, asume de forma democrática un puñado de empresarios que se vanaglorian de no tener trayectoria en la arena política y, por ende, de traer propuestas frescas frente a los viejos repertorios. Algunos periodistas se han animado, incluso, a llamarlos la nueva derecha tratando de ilustrar la novedad. Puede parecer novedoso el acto de subirse a la ola de un movimiento feminista imparable habilitando la discusión sobre proyectos de despenalización del aborto en el Congreso de la Nación y el tono ecologista que toman varias de sus medidas (incluso monetarias). Pero la originalidad se disuelve en la recodificación light que hace de esas luchas. Lo cierto es que el plan de ajuste y de transferencia masiva de riquezas de los sectores medios y populares a los altos es una fórmula que tiene tanta continuidad con la derecha tradicional que llamarla nueva resulta un oxímoron.

El proceso de ajuste es performado en la escena pública con un guión que provee su justificación. Así, miembros del gabinete del gobierno intentan mostrar constantemente que los recortes en el gasto público son supuestamente forzados por el despilfarro de la fiesta de los tres gobiernos kirchneristas (2003-2015). Cuando creímos que ya no podían seguir justificando el ajuste en múltiples variables de la economía, la alianza gobernante Cambiemos continúa limpiando moralmente sus decisiones en relación a una “pesada herencia” que habrían recibido del kircherismo y que los coloca en la “obligación” de hacer recortes para evitar supuestas crisis inevitables. Según este discurso, las clases medias y populares se acostumbraron a consumos que no les corresponden, el Estado se dedicó al despilfarro, a contratar “ñoquis” (personas que perciben un salario del estado pero que no asisten a trabajar) y a multiplicar vagos que viven de la ayuda estatal. Lejos de escucharse solo en boca de quienes nos gobiernan, estas narrativas están profundamente alojadas en varios sectores de la sociedad convencidos de que luego del despilfarro nos merecemos un proceso de disciplinamiento y sacrificio. Bajo estas palabras, que encuentran amplia legitimidad, se avanza sobre derechos adquiridos en los últimos años. Pero no todo es quita, también hay captura.

El gobierno fue muy hábil en la captura de dos movimientos que discuten los cimientos del capitalismo: el feminismo y cierto ecologismo. ¿Cómo los captura? Recientemente el gobierno nacional habilita la discusión sobre los proyectos de Interrupción Voluntaria del Embarazo y también impulsa desde sus tres gobiernos centrales (nación, provincia y ciudad de Buenos Aires) una política pro-diversidad sexual. Estas decisiones constituyeron un viraje en la agenda política, ya que se colocaron en las antípodas de las posturas públicas en contra de la Ley de Matrimonio Igualitario de 2010 y de la despenalización del aborto expresadas por buena parte de lxs representantes de este gobierno. Recordemos que incluso la gobernadora de la Provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal (del mismo espacio político), suspende en 2016 el Protocolo de atención en situación de casos de aborto legal restringiendo el acceso a esta práctica a las personas con capacidad de gestar más vulnerables y que están protegidas por ley (en caso de violación, demencia y riesgo de vida de la persona gestante). El propio presidente, un año antes de ganar las elecciones y siendo aún Jefe del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, criticó las campañas en contra del acoso callejero, asegurando que todas las mujeres deseamos que nos digan “qué lindo culo que tenés” porque es un piropo halagador. Si habilitar la discusión de una de las reivindicaciones feministas más profundas resulta incongruente en este panorama, podemos encontrar la explicación en otro plano. El visto bueno del debate llega en un contexto en el que el gobierno nacional no logra entrar en buenas relaciones con el Vaticano, que cada vez que puede nos recuerda su ferviente oposición a la legalización del aborto, iluminando las áreas más conservadoras de su agenda. Pero debemos agregar un elemento más. Si esta coalición llega al poder es por su habilidad de leer demandas sociales latentes y capturarlas.

Algo similar ocurre con la cuestión ecológica y su hermana: la problemática de una alimentación sana y sustentable. En la ciudad de Buenos Aires, como cuna del movimiento, se está generando una masificación de ferias y festivales de alimentos orgánicos, de productos y comida de alta calidad bajo la forma de los food trucks que buscan acortar las distancias entre productores y consumidores. También se está buscando extender la quita de las bolsas de plástico para evitar su contaminación y el comienzo de la era de las bolsas ecológicas, la separación superficial de los residuos, poner en relevancia animales y flores típicas de las distintas regiones del país en los billetes y monedas nacionales. Asimismo, en ocasión del I Congreso de Economía Verde en 2016, el presidente nos invitó a todxs lxs argentinxs a hacer un uso responsable del aire acondicionado durante el verano para cuidar el planeta y reducir la pobreza. Un hilvanado de ideas que le permitiría luego justificar el recorte en los subsidios a la energía eléctrica, entre varios otros servicios públicos.

La captura es inteligente. Capturan, se apropian y recodifican la lucha de dos movimientos que en sus vertientes más radicalizadas buscan poner en jaque la estructura productiva y la dinámica patriarcal, y nos las devuelven bajo formas lavadas. Las ferias itinerantes de orgánicos que alimentan más el deseo de distinción y estatus de sus consumidores que su preocupación por el modo en que son producidos, y los flyers conmemorativos de una gran luchadora por los derechos de la comunidad trans como fue Lohana Berkins (fallecida en 2016) figuran el modo en que se apropian de estas luchas. Seleccionan y absorben algunas demandas sin por eso mover un pelo de los fundamentos de nuestra sociedad.

De hecho, tomar esas banderas no impidió que nombraran como Ministro de Agroindustria a uno de los miembros de la Sociedad Rural, cuna de la oligarquía sojera (monocultivo que prospera gracias al uso intensivo de agrotóxicos) y como Ministro de Medioambiente y Desarrollo Sustentable a una persona que públicamente asumió que no tiene ningún conocimiento sobre el tema. Tampoco impidió que aprobaran la utilización de la incineración de residuos en la ciudad de Buenos Aires, método rechazado en buena parte del mundo por ser altamente contaminante. Además, retiraron buena parte del presupuesto a la asistencia de víctimas de violencia de género y suspendieron el protocolo de aborto legal en la provincia, así como persiguen a personas del colectivo de lesbianas sin escrúpulos por besarse en la vía pública y realizan cazas de brujas a mujeres que asisten a manifestaciones del calendario feminista.
Lo que el macrismo no sabe es que el feminismo no es solo su lucha por la legalización del aborto ni la reivindicación de la figura de una de sus referentes y los movimientos ambientalistas, no son solo vernos a todxs circular con nuestras bolsas de tela. Los mundos que imaginamos en esos dos espacios, muchas veces íntimamente entrelazados, exceden las posibles capturas y recodificaciones porque se mueven como molecularidades y están penetrando en las prácticas cotidianas en mayor o menor medida. La molecularidad en la que proliferan hace a la imposibilidad de su captura total.

 

NEOLIBERALISMO VERDE E FEMINISTA NA ARGENTINA? ALGUMAS ANOTAÇÕES CRÍTICAS.

 

Desde a mudança de governo em dezembro de 2015, a Argentina está vivendo um processo de ajuste que é apresentado pela retórica oficial como algo inevitável. Pela primeira vez nesse país, assume de forma democrática um punhado de empresários que se vangloriam não só de não ter trajetória na arena política, como também de trazer propostas frescas frente aos velhos repositórios. Alguns jornalistas se empolgaram, inclusive chamando-os de nova direita, tentando realçar a novidade. Pode parecer novo o ato de aproveitar a onda de um infatigável movimento feminista ao autorizar a discussão sobre projetos de despenalização do aborto no Congresso Nacional, e o tom ecologista de várias de suas medidas (inclusive monetárias). Mas a originalidade se dissolve na ressignificação light que faz dessas lutas. O certo é que o plano de ajuste e de transferência massiva de riquezas dos setores médios e populares às elites é uma fórmula que tem tanta proximidade com a direita tradicional que chamá-la de nova resulta paradoxal.

 

A performance do processo de ajuste na cena pública opera por meio de um roteiro que traz a sua justificativa. Assim, membros do gabinete do governo tentam mostrar constantemente que os cortes nos gastos públicos são supostamente obrigatórios por conta do desperdício da festa que foram os três governos kirchneristas (2003-2015). Quando acreditávamos que não poderiam mais seguir justificando o ajuste em diferentes variáveis da economia, a aliança governista Cambiemos continua legitimando moralmente as suas decisões com base na “pesada herança” que teriam recebido do kirchnerismo e que os coloca na “obrigação” de fazer cortes para evitar supostas crises inevitáveis. De acordo com este discurso, as classes médias e populares se acostumaram a consumir mais do que lhes correpondia, o Estado se dedicou ao desperdício, a contratar “funcionários fantasmas” (pessoas que recebem salário do estado mas que não aparecem para trabalhar) e a multiplicar os vagabundos que vivem da ajuda do governo. Longe de escutar apenas da boca dos que nos governam, estas narrativas estão profundamente impregnadas em vários setores da sociedade convencidos que depois do desperdício merecemos um processo de disciplinamento e sacrifício. Por trás destas palavras, que encontram ampla legitimidade, se avança sobre direitos adquiridos nos últimos anos. Mas nem tudo é rapina,também há cooptação.

 

O governo foi muito hábil na cooptação dos movimentos que discutem os fundamentos do capitalismo: o feminismo e um certo ambientalismo. Como se dá esta cooptação? Recentemente o governo nacional autorizou a discussão sobre os projetos de interrupção voluntária da gestação, e também promove a partir de seus três governos centrais (nação, província e cidade de Buenos Aires) uma política pró-diversidade sexual. Estas decisões constituíram uma mudança de rota na agenda política, pois se colocaram do lado oposto das posições públicas contrárias à Lei do Matrimônio Igualitário de 2010 e da despenalização do aborto expressas por boa parte dxs representantes deste governo. Recordemos que mesmo a governadora da Província de Buenos Aires, María Eugenia Vidal (do mesmo grupo político), suspendeu em 2016 o protocolo de atendimento em situação de casos de aborto legal restringindo o acesso a esta prática às gestantes mais vulneráveis e que estão protegidas por lei (em caso de estupro, demência e risco de vida à gestante). O próprio presidente, um ano antes de ganhar as eleições e ainda à época Chefe de Governo da Cidade de Buenos Aires, criticou as campanhas contra o assédio sexual nas ruas, garantindo que todas as mulheres queremos que nos digam “que linda bunda você tem”, porque é um elogio lisonjeiro. Se autorizar a discussão de uma das reivindicações feministas mais profundas parece incoerente neste panorama, podemos encontrar a explicação em outro plano. A bandeira verde a este debate chega em um contexto no qual o governo nacional não consegue entrar em boas relações com o Vaticano, que sempre que pode nos recorda a sua ferrenha oposição à legalização do aborto, revelando as áreas mais conservadoras de sua agenda. Devemos, porém, agregar mais um elemento. Se esta coalição chegou ao poder foi por sua habilidade em ler demandas sociais latentes e capturá-las.

 

Algo similar ocorre com a questão ambiental e sua irmã: a problemática de uma alimentação saudável e sustentável. Na cidade de Buenos Aires, berço do movimento, está se assitindo a uma massificação de feiras e festivais de alimentos orgânicos, de produtos e comidas de alta qualidade sob a forma de food trucks que procuram encurtas as distâncias entre produtores e consumidores. Também se procura ampliar a restrição a sacolas plásticas para evitar a polução e dar início à era de sacolas ecológicas, da separação superficial de resíduos, destacar animais e flores típicas das distintas regiões do país nos bilhetes e moedas nacionais. Da mesma forma, por ocasição do I Congresso de Economia Verde em 2016, o presidente convidou a todxs xs argentinxs a fazer um uso responsável do ar condicionado durante o verão para cuidar do planeta e reduzir a pobreza. Um conjunto de ideias que permitiria em seguida justificar o corte de subsídios na energia elétrica, entre vários outros serviços públicos.

 

De fato, apropriar-se dessas bandeiras não impidiu que nomeassem como Ministro da Agroindústria um dos membros da Sociedade Rural, berço da oligarquia da soja (monocultura que prospera graças ao uso intensivo de agrotóxicos), e como ministro do Meio Ambiente e Desenvolvimento Sustentável uma pessoa que publicamente assumiu que não tem qualquer conhecimento sobre o tema. Também não impediu que aprovassem a utilização da incineração de resíduos na cidade de Buenos Aires, método rechaçado em boa parte do mundo por ser muito poluente. Além disso, retiraram boa parte do orçamento da assistência a vítimas de violência de gênero e suspenderam o protocolo de aborto legal na província [de Buenos Aires], bem como perseguem pessoas do coletivo de lésbicas sem escrúpulos por beijar em vias públicas e realizam uma caça às bruxas contra mulheres que participam de manifestações do calendário feminista.

 

O que o macrismo não sabe é que o feminismo não é apenas lutar pela legalizaçao do aborto ou reivindicar a memória de suas combatentes, e os movimentos ambientalistas não são apenas ver-nos passear com nossas sacolas de pano. Os mundos que imaginamos neste dois espaços, muitas vezes intimamente entrelaçados, vão além das possíveis capturas e ressignificações porque se movem como molecularidades e estão penetrando nas práticas cotidianas em maior ou menor medida. A molecularidade em que proliferam impossibilita a sua captura total.

 

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