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Ilustración: @ave_agni

Hablar, estornudar, cantar, gritar, toser son acciones sociales y fisiológicas que están comprometidas con la vía de transmisión de virus y bacterias.  Los gestos de estornudo de “etiqueta”, así como lavarse las manos con jabón y la interacción de la “sana distancia” son técnicas corporales, que requieren no sólo de normativas, sino de costumbre para implementarse. Creer en su eficacia. Sobre la distancia y a movilidad, cabría distinguir aquél que procura evitar los aerosoles de boca-nariz y la dispersión de virus o bacterias por la comunidad, de la distancia social que resultan en segregación y control social. Ahora esto se pone de relevancia con el COVID19, pero lo era ya con la tuberculosis. 

Las causas de una enfermedad se entremezclan con la organización social y el modo de entender la enfermedad. Centrarse sólo en la transmisión del virus COVID19 puede opacar las condiciones sociales y culturales en que se enferma y las razones de diferencias en el acceso a una atención biomédica oportuna. Los estados nutricionales, de vivienda, de fatiga y de enajenación por jornadas laborales importan tanto como la forma en que se propaga un virus en el aire. Así se ha vinculado la epidemia en Wuhan con el sistema productivo que funcionaba previamente a la aparición de una neumonía atípica, y al capitalismo neoliberal con el impacto al medio ambiente (1).  

El estudio de los contactos de un caso positivo de COVID19 puede señalar la movilidad cotidiana de todos nosotros, siempre y cuando estén considerados no sólo los contactos dentro de la casa, sino también los comunitarios. Es efectivo en cuanto a detectar rutas biológicas y a hacer planes de cuarentena e intervenciones focalizadas biomédicas en una manzana, en un barrio, en un lugar. Es un modelo contagionista de transmisión del agente infeccioso entre organismos vivos. Sin embargo, al igual que la tuberculosis pulmonar, el coronavirus COVID19 depende de condiciones de salud previas en cómo responderá el organismo con la infección, siendo dolencias previas como la diabetes, problemas respiratorios y estados de inmunodepresión del organismo, lo que explicarían la muerte de los infectados (2). No se trata tan sólo de fisiología, sino de condiciones de vida. Por ello también se habla de procesos de salud-enfermedad. Seguramente más adelante, tengamos información de la cantidad de muertes de positivos de COVID19 discriminados por grupos de edad, estrato social y estos estados de salud previos concomitantes. 

La tuberculosis nos muestra cómo afecta de manera desigual una bacteria en  peores condiciones de vida-trabajo-vivienda, siendo los grupos migrantes en movimiento, refugiados y homeless junto con los residentes establecidos precarizados, los grupos sociales con la mayor carga de enfermedad en el mundo. No hay datos oficiales de cómo está afectando a estos grupos la actual pandemia de COVID19.

La perspectiva contagionista se alía bien con el énfasis catastrófico de los eventos de enfermedad. Sucedió con el manejo de la prensa, legos y expertos con el H1N1. Y este énfasis genera pánico y caos antes que mesura y análisis crítico de la información. Como nos muestra la tuberculosis, el modelo contagionista de contacto-contagio puede derivar en estigmatización y segregación.

La movilidad en relación al COVID19 se vincula con la saturación de los servicios públicos de salud por el aumento exponencial de los casos nuevos y la manifestación más aguda de la enfermedad en los grupos sociales más sensibles como ancianos, inmunodeprimidos y/o diabéticos (3). Sin negar el impacto que las medidas neoliberales han tenido sobre la saturación que ya existía en los servicios públicos de salud, me preocupan los alcances de la imposición civil y militarizada de restricción de la movilidad en condiciones de vivienda, trabajo y vida precarizadas.

Más de la mitad de los mexicanos estaba según la CONEVAL en el 2016 bajo la línea de pobreza y vivía con 2400 pesos mexicanos al mes (126 dólares) y casi 10 millones sobrevivían con 1100 pesos mexicanos (57.7 dólares) (4). Y aproximadamente 6 de cada 10 trabajadores en México son informales (5). El llamado #quedateencasa en condiciones de precariedad no es viable. En el estudio que realicé sobre la movilidad durante el curso de tratamiento de la tuberculosis pulmonar, argumento que hay dos factores que son significativos para no cumplir un aislamiento domiciliario: uno es la imposibilidad de contar con una casa habitación con el confort para la distancia social, ventilación, iluminación y servicios básicos de agua corriente, y otro motivo, la situación de vivir al día de la población afectada. Esto se vuelve más problemático cuando no se cuenta con un cuidador doméstico que acompañe la convalecencia de la enfermedad. Cosas esenciales como preparación de alimentos, limpieza y cuidado requieren de ingresos. Como la tuberculosis, el COVID19 también está afectando más a varones que a mujeres, lo cual también hay que tener en cuenta cómo opera el género en la prevención y resolver la atención de la enfermedad. 

La distancia social y acciones de distanciamiento social pueden operar más bien como segregación y acrecentar el sufrimiento social de la precariedad, si se lo vive como castigo y desvalía. Esto lo testimonian mujeres y varones con tratamiento de tuberculosis. Para la antropóloga Mary Douglas (1973) (6), los criterios de pureza y peligro no sólo son criterios biológicos sino morales. Y esto lo vemos hoy día con señalar a ciertos grupos sociales que introdujeron el COVID19 en nuestros territorios y lo vemos con denunciar a quienes la propagan no adoptando ni las técnicas corporales ni las restricciones a la movilidad. Esto no es nuevo, sino habitual. Sucedió con la estigmatización de grupos raciales y sociales con el SIDA en Estados Unidos, sucedió con el Ébola en el 2014, sucedió con la tuberculosis y los inmigrantes a inicios del siglo pasado en Buenos Aires y cuando el brote del año 2010. Sucede de tanto en tanto cuando la prensa y legos asocian tuberculosis a las caravanas o diásporas de migrantes en América y en Europa.

Teniendo en cuenta lo anterior, las medidas de cuarentena o restricción a la libre movilidad de las personas residentes de las ciudades, en condiciones de profunda desigualdad social, alimenta más las acciones de violencia simbólica y material con los grupos sociales que se hallan más precarizados al ignorarse los medios con que cuentan para la  viabilidad de llevar adelante la cuarentena. También al opacarse las condiciones previas de salud al contagio por el virus. 

El cuidado se torna un valor social en esta pandemia. El cuidado con el otro. Esto ha sido sido parte de las demandas del feminismo, como de las asociaciones mutuales de inmigrantes que procuraron la atención y prevención de la enfermedad de manera  comunitaria a inicios del siglo XX. Verónica Schild (7) reflexiona sobre el neoliberalismo implementado en Chile, que al tiempo que flexibiliza el papel del Estado en la seguridad social, dejaba en las mujeres la carga de cuidado, educación, crianza con políticas de financiamiento internacional que se apropiaron de términos como “empoderamiento” a la vez que dejaba a nivel del vecindario las resoluciones de cuidado. Por otro lado, el estado neoliberal impulsaba una mayor judicialización y mano dura policial contra los efectos de la inseguridad social. 

La prensa y las redes sociales, y cierto fogoneo de los gobiernos en el manejo de la pandemia, impulsan salidas individualistas de cuarentena, encerrarse en la casa con trabajo y educación virtuales. Instagram abunda en imágenes sobre cómo ciertos grupos sociales enfrenta esta encerrona. A esto lo denomino subjetividad neoliberal individualizante. Las medidas de policía sanitaria con fuerzas armadas en la calle se complementan con la vigilancia horizontal civil y la denuncia en redes sociales.  Lo cual es problemático cuando las mismas fuerzas de seguridad están comprometidas en abusos de autoridad, corrupción y violaciones a derechos humanos. 

Como alternativa a esta subjetividad, hallo muestras dentro de una lógica de subjetividad comunitaria orgánica; la declaración de las feministas chilenas 8M, por ejemplo. Proponen acciones en dos aspectos: de la precariedad laboral previa a la situación de cuarentena y a la que puede darse durante la cuarentena (8). Entre sus propuestas, está la de una salida comunitaria de autoatención como el catastro de población en riesgo y sin redes de apoyo, para organizar el cuidado comunitario, además del cuidado de infantes y de ancianos y un alerta a la violencia intradoméstica. También la demanda de percibir aportes por licencia por cuarentena, asegurar el transporte público, como la sanciones por especulación en precios de alimentos de canasta mínima, medicamentos e insumos medicinales para enfrentar la pandemia, suspensión del pago de deudas por 6 meses, entre otros. 

¿Qué impediría las acciones de cobijo y de ayuda mutua en esta pandemia tal como se gestaron, por ejemplo, luego del sismo del 19 de septiembre del 2017 en Ciudad de México? Creo que el pánico, cuando se amalgama a un biologicismo como explicación de la enfermedad y una subjetividad neoliberal individualista. Alimentada por la incertidumbre de cómo va a evolucionar la pandemia, la afectación a la economía, tanto de los comunicados oficiales de los gobiernos, como la cobertura catastrófica de la prensa y fake news. 

Tengo esperanza en una conciencia comunitaria, y no sólo biologicista, ante la crisis económica que ya se vivimos por suspensión de fuentes de ingresos, renovación de contratos laborales, suspensiones sin goce de haberes, suspensiones de concursos académicos, talleres, servicios a terceros, por citar algunos de los cuáles yo misma estoy siendo afectada y compañeres y familia en México y en Argentina. La historieta El Eternauta, propia de una generación setentera argentina, nos mostraba al héroe que salió a enfrentar el pánico convocando al vecino, a la solidaridad de la comuna. Este colectivo es el que apela el feminismo para el cuidado y el autocuidado civil, y que me parece vital para hacer frente al desasosiego de estos días. Es una alternativa a la salida neoliberal a la crisis de esta pandemia que nos convoca como sujetos históricos.  

1. Chuang (2020). Contagio social. Guerra de clases microbiológica en China. Lazo ediciones. Rosario. Argentina. https://lazoediciones.blogspot.com/2020/03/chuang-contagio-social-guerra-de-clases.html?fbclid=IwAR2aPALWRyh14IybyR_TcR96aqM0nzgzD6qye5pVRK7ccTCQOawOVD7GPqs&m=1; Tena A (2020). La destrucción de los ecosistemas, el primer paso a las pandemias. En El País. 18 marzo 2020. https://www.publico.es/sociedad/coronavirus-destruccion-ecosistemas-primer-paso-pandemia.html?fbclid=IwAR0lgxwARa09jEbElXwNl8by7VjKj0FzzA3QYO1qI6qzq5DildYsZWOG_48

2. Tiabing Wang, Zhe Du, Fengxue Zu, Zhaolong Cao, Youzhong An, Yan Gao et al (2020). Comorbidities and multiorgan injuries in the treatment of covid 19. The Lancet. Correspondence.  https://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(20)30558-4/fulltext?fbclid=IwAR2_biHfu4JfNfF9P3v2MtDb_p6Bel1sSvyJ7cKICbv6NnCOdRrtO4JktTU; Ebhardt T, Remondini C, Bertacche (2020). 99% of those who died from virus had other illness, Italy says. En https://www.bloomberg.com/news/articles/2020-03-18/99-of-those-who-died-from-virus-had-other-illness-italy-says?fbclid=IwAR1Gb1PLPhLFOVl1DYvjCuG6T7Cbwf1oKtz1tQ9yO70OKR1rvobUJ__8n6I

3. Pueyo T (2020). Coronavirus, por qué tenemos que actuar ahora. En Página 12. https://www.pagina12.com.ar/253133-coronavirus-por-que-tenemos-que-actuar-ahora?fbclid=IwAR0EZYtZxlM9Ipqi7mem6peFFLSNUDr1l6m-T026VjTKA8U82I7eVaTNvqM; Stevens H (2020). Por qué brotes como el coronavirus crecen exponencialmente y cómo aplanar la curva. The Washington Post. 14 marzo 2020. https://www.washingtonpost.com/graphics/2020/world/corona-simulator-spanish/?fbclid=IwAR3UVxB7mQy1TTs1ag9vf-r2zl36Dd5wAAm_vBCIwFb2mUvLTYPQl7pIazs

4. https://www.eleconomista.com.mx/politica/En-pobreza-con-resultados-mixtos-Coneval-20180319-0122.html, consulta septiembre 2018).

5.  Datos del 2016. Publicado en https://www.eleconomista.com.mx/empresas/6-de-cada-10-trabajadores-son-informales-y-generan-el-22.7-del-PIB-de-Mexico-20181217-0053.html.

6. Douglas Mary (1973) {1970}. Pureza y peligro. S.XXI editores

7. Schild, B (2016). Feminismo y neoliberalismo en Chile. Revista Nueva Sociedad Num 265. Oct. Disponible en: https://nuso.org/articulo/feminismo-y-neoliberalismo-en-america-latina/

8. Página Facebook Coordinadora Feminista 8M. Chile https://www.facebook.com/coordinadorafeminista8M/photos/pcb.2871127369780695/2871122163114549/?type=3&theater

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Mobilidade, distância e a subjetividade neoliberal. O que a tuberculose pode nos ensinar diante da atual pandemia

Por Eva Bidegain

Ilustración: @ave_agni

Falar, espirrar, cantar, grita e tossir são ações sociais e fisiológicas que estão comprometidas com a via de transmissão de virus e bacterias.  Os gestos de “etiqueta” do espirro, assim como lavar as mãos com sabão e a interação com “distância saudável” são técnicas corporais que requerem não apenas normativas, mas também o costume para que sejam implementadas. Acreditar em sua eficácia. Sobre a distância e a mobilidade, caberia distinguir aquele que procura evitar os aerossóis de boca-nariz e a propagação de vírus ou bactérias pela comunidade, da distância social que resulta em segregação e controle social. Isso fica em evidência agora com o COVID19, mas já era uma realidade com a tuberculose. 

As causas de uma doença se misturam com a organização social e a maneira de entender a doença. Focar apenas na transmissão do vírus COVID19 pode ofuscar as condições sociais e culturais de contágio e as razões das diferenças no acesso aos cuidados biomédicos oportunos. Os estados nutricionais, domésticos, de fadiga e alienação por jornadas de trabalho importam tanto quanto a forma como o vírus se espalha no ar. Assim, a epidemia em Wuhan tem sido associada ao sistema produtivo que funcionava antes da aparição de uma pneumonia atípica e ao capitalismo neoliberal com seu impacto no meio ambiente (1). 

O estudo dos contatos de um caso positivo do COVID19 pode indicar a mobilidade diária de todos nós, desde que sejam considerados não apenas os contatos dentro de casa, mas também os comunitários. É eficaz na detecção de rotas biológicas e na elaboração de planos de quarentena e intervenções biomédicas direcionadas em um quarteirão, em um bairro, em um lugar. É um modelo de transmissão do agente infeccioso entre organismos vivos. No entanto, como a tuberculose pulmonar, o coronavirus COVID19 depende de condições de saúde prévias na resposta do corpo à infecção, sendo diabetes, afecções respiratórias ou estados imunossuprimidos do corpo a explicação para a morte dos infectados (2). Não se trata apenas de fisiologia, mas de condições de vida. Por esse motivo, também se fala em processos saúde-doença. Certamente, mais tarde, teremos informações sobre o número de mortes de positivos para COVID19 discriminados por faixa etária, estrato social e esses estados de saúde prévios concomitantes.

A tuberculose nos mostra como uma bactéria afeta de maneira desigual em piores condições de vida-trabalho-moradia, sendo os grupos de migrantes em movimento, refugiados e sem-teto, além de residentes estabelecidos precariamente, os grupos sociais com maior carga de doenças no mundo. Não há dados oficiais sobre como a atual pandemia do COVID19 está afetando esses grupos.

A perspectiva contagionista alinha-se bem com a ênfase catastrófica dos eventos de doenças. Aconteceu com o manuseio da imprensa, leigos e especialistas com o H1N1. E essa ênfase gera pânico e caos antes da medida e análise crítica da informação. Como a tuberculose nos mostra, o modelo contagionista de contato-contágio pode levar à estigmatização e segregação.

A mobilidade em relação ao COVID19 está ligada à saturação dos serviços públicos de saúde devido ao aumento exponencial de novos casos e à manifestação mais aguda da doença nos grupos sociais mais sensíveis, como idosos, imunossuprimidos e/ou diabéticos (3). Sem negar o impacto que as medidas neoliberais tiveram na saturação que já existia nos serviços públicos de saúde, estou preocupada com o escopo da imposição civil e militarizada da restrição de mobilidade em condições precárias moradia, trabalho e vida.

Segundo a CONEVAL, mais da metade dos mexicanos em 2016 estavam abaixo da linha da pobreza e viviam com 2.400 pesos mexicanos por mês (126 dólares), e quase 10 milhões sobreviveram com 1.100 pesos mexicanos (57,7 dólares) (4). E cerca de 6 em 10 trabalhadores no México são informais (5). O chamado #quedateencasa em condições precárias não é viável. No estudo que desenvolvi sobre mobilidade durante o tratamento da tuberculose pulmonar, defendo que existem dois fatores significativos para não cumprir o isolamento domiciliar: um é a impossibilidade de ter um quarto com conforto para a distância social, ventilação, iluminação e serviços básicos de água corrente, e outro motivo, a situação da vida diária da população afetada. Isso se torna mais problemático quando não há cuidador doméstico para acompanhar a convalescença da doença. Coisas essenciais como preparação de alimentos, limpeza e cuidados exigem renda. Como a tuberculose, o COVID19 também está afetando mais homens do que mulheres, o que também deve levar em consideração como o gênero funciona na prevenção e resolução de cuidados com doenças.

A distância social e as ações de distanciamento social podem operar mais como segregação e aumentar o sofrimento social da precariedade, se for vivida como punição e desamparo. Isso é testemunhado por mulheres e homens com tratamento para tuberculose. Para a antropóloga Mary Douglas (1973) (6), os critérios de pureza e perigo não são apenas critérios biológicos, mas morais. E vemos isso hoje, apontando certos grupos sociais que introduziram o COVID19 em nossos territórios e o denunciamos àqueles que o espalharam, não adotando técnicas corporais ou restrições à mobilidade. Isso não é novo, mas habitual. Aconteceu com a estigmatização de grupos raciais e sociais com Aids nos Estados Unidos, aconteceu com o Ebola em 2014, aconteceu com a tuberculose e imigrantes no início do século passado em Buenos Aires e no surto de 2010. Acontece de tempos em tempos enquanto a imprensa e os leigos associam a tuberculose às caravanas ou diásporas de migrantes na América e na Europa.

Levando em conta o anterior, as medidas de quarentena ou restrição da mobilidade livre dos residentes das cidades, em condições de profunda desigualdade social alimenta mais os atos de violência simbólica e material com os grupos sociais que se encontram mais precarizados ao ignorar os meios com os quais contam para a viabilidade em levar adiante a quarentena. Também ao ofusca as condições prévias de saúde ao contágio do vírus.

O cuidado se torna um valor social nessa pandemia. O cuidado com o outro. Isso faz parte das demandas do feminismo, como as associações mútuas de imigrantes que buscaram atendimento comunitário e prevenção da doença no início do século XX. Verónica Schild (7) reflete sobre o neoliberalismo implementado no Chile, que, ao tornar mais flexível o papel do Estado na previdência social, deixou as mulheres com o ônus da assistência, educação e criação com políticas de financiamento internacional que se apropriaram de termos como “empoderamento” ao mesmo tempo em que deixavam as resoluções de atendimento a um nível de bairro. Por outro lado, o estado neoliberal promoveu maior judicialização e uma força policial dura contra os efeitos da insegurança social.

A imprensa e as redes sociais, e uma certa reação dos governos ao lidar com a pandemia, promovem saídas de quarentena individualistas, se trancar em casa com trabalho remoto e aulas virtuais. O Instagram está repleto de imagens sobre como certos grupos sociais enfrentam essa armadilha. Eu chamo isso de subjetividade neoliberal individualizante. As medidas de polícia sanitária com as forças armadas nas ruas são complementadas pela vigilância civil horizontal e pelos relatórios nas redes sociais. Isso é problemático quando as próprias forças de segurança estão envolvidas em abuso de autoridade, corrupção e violações dos direitos humanos.

Como alternativa a essa subjetividade, encontro amostras dentro de uma lógica de subjetividade comunitária orgânica; a declaração das feministas chilenas 8M, por exemplo. Eles propõem ações em dois aspectos: da precariedade no trabalho anterior à situação de quarentena e àquela que pode ocorrer durante a quarentena (8). Entre suas propostas, destaca-se a saída comunitária para o autocuidado, como o cadastro da população em risco e sem redes de apoio, para organizar o atendimento comunitário, além de cuidar de bebês e idosos e alertar para a violência doméstica. Também a demanda por receber contribuições por licença de quarentena, para garantir o transporte público, como multas por especulação nos preços da cesta básica, medicamentos e insumos para enfrentar a pandemia, suspensão do pagamento de dívidas por 6 meses, entre outros.

O que impediria as ações de abrigo e ajuda mútua nessa pandemia tal como ocorreu, por exemplo, após o terremoto de 19 de setembro de 2017 na Cidade do México? Acredito que o pânico, quando é amalgamado a um biologicismo como explicação da doença e uma subjetividade neoliberal individualista. Alimentados pela incerteza de como a pandemia evoluirá, o impacto na economia, tanto em declarações oficiais dos governos, como a cobertura catastrófica da imprensa e fake news.

Tenho esperança em uma consciência comunitária, e não apenas biologicista, diante da crise econômica que já estamos enfrentando devido à suspensão de fontes de renda, renovação de contratos de trabalho, suspensão sem remuneração, suspensão de concursos acadêmicos, oficinas, serviços a terceiros, por citar algumas coisas das quais eu mesmo estou sendo afetada junto com colegas e familiares no México e na Argentina. A história em quadrinhos El Eternauta, típica da geração argentina dos anos setenta, mostrou-nos o herói que enfrentou o pânico, convocando o vizinho à solidariedade de comuna. Esse grupo é o que apela ao feminismo para cuidar da sociedade e pelo autocuidado, e isso me parece vital para enfrentar a inquietação dos dias de hoje. É uma alternativa à saída neoliberal da crise dessa pandemia que nos convoca como sujeitos históricos. 

1. Chuang (2020). Contagio social. Guerra de clases microbiológica en China. Lazo ediciones. Rosario. Argentina. https://lazoediciones.blogspot.com/2020/03/chuang-contagio-social-guerra-de-clases.html?fbclid=IwAR2aPALWRyh14IybyR_TcR96aqM0nzgzD6qye5pVRK7ccTCQOawOVD7GPqs&m=1; Tena A (2020). La destrucción de los ecosistemas, el primer paso a las pandemias. En El País. 18 marzo 2020. https://www.publico.es/sociedad/coronavirus-destruccion-ecosistemas-primer-paso-pandemia.html?fbclid=IwAR0lgxwARa09jEbElXwNl8by7VjKj0FzzA3QYO1qI6qzq5DildYsZWOG_48

2. Tiabing Wang, Zhe Du, Fengxue Zu, Zhaolong Cao, Youzhong An, Yan Gao et al (2020). Comorbidities and multiorgan injuries in the treatment of covid 19. The Lancet. Correspondence.  https://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(20)30558-4/fulltext?fbclid=IwAR2_biHfu4JfNfF9P3v2MtDb_p6Bel1sSvyJ7cKICbv6NnCOdRrtO4JktTU; Ebhardt T, Remondini C, Bertacche (2020). 99% of those who died from virus had other illness, Italy says. En https://www.bloomberg.com/news/articles/2020-03-18/99-of-those-who-died-from-virus-had-other-illness-italy-says?fbclid=IwAR1Gb1PLPhLFOVl1DYvjCuG6T7Cbwf1oKtz1tQ9yO70OKR1rvobUJ__8n6I

3. Pueyo T (2020). Coronavirus, por qué tenemos que actuar ahora. En Página 12. https://www.pagina12.com.ar/253133-coronavirus-por-que-tenemos-que-actuar-ahora?fbclid=IwAR0EZYtZxlM9Ipqi7mem6peFFLSNUDr1l6m-T026VjTKA8U82I7eVaTNvqM; Stevens H (2020). Por qué brotes como el coronavirus crecen exponencialmente y cómo aplanar la curva. The Washington Post. 14 marzo 2020. https://www.washingtonpost.com/graphics/2020/world/corona-simulator-spanish/?fbclid=IwAR3UVxB7mQy1TTs1ag9vf-r2zl36Dd5wAAm_vBCIwFb2mUvLTYPQl7pIazs

4. https://www.eleconomista.com.mx/politica/En-pobreza-con-resultados-mixtos-Coneval-20180319-0122.html, consulta septiembre 2018).

5.  Datos del 2016. Publicado en https://www.eleconomista.com.mx/empresas/6-de-cada-10-trabajadores-son-informales-y-generan-el-22.7-del-PIB-de-Mexico-20181217-0053.html.

6. Douglas Mary (1973) {1970}. Pureza y peligro. S.XXI editores

7. Schild, B (2016). Feminismo y neoliberalismo en Chile. Revista Nueva Sociedad Num 265. Oct. Disponible en: https://nuso.org/articulo/feminismo-y-neoliberalismo-en-america-latina/

8. Página Facebook Coordinadora Feminista 8M. Chile https://www.facebook.com/coordinadorafeminista8M/photos/pcb.2871127369780695/2871122163114549/?type=3&theater

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