Mi cuerpo. Una gota de deseo florece en mi boca y reposa en mi lengua. La muevo y descubro lentamente la textura de mi labio superior, juega entre los dientes, la reduzco, la ensancho y pruebo nuevamente con mi labio inferior, lo muerdo, lo acaricio con la punta de este músculo humedecido y lo vuelvo a morder. Llevo una mano a mi rostro, siento los dedos deslizarse de arriba hacia abajo lentamente, hago consciente su peso, lo percibo en el tiempo que tardan en moverse las falanges hacia mi boca. Toco mis labios ahora con ellas, siento la curvatura de cada arruga, las humedezco con algunos de los diez y siete músculos de mi lengua, están algo tibios, curiosos de descubrir el origen de esta humedad, los muevo, están inquietos. Aprieto mis dientes y lamo uno a uno mis dedos con dulzura. Los siento, dos o tres metidos en mi cueva facial, mojados, buscando sin encontrar una salida. Los deslizo con presión sobre mi piel en una única dirección a mis senos, los quiero tocar, abrazar, sentir, palpar, pellizcar. Los rozo al mismo tiempo que descubro la textura de mi piel erizada y unos pezones bien erectos, duros. Una excitación, un jadeo, me descubro en movimientos ondulares con la pelvis, un ritmo sincrónico con las piernas abiertas a la exploración de mi sexo. ¡No siempre es así! varían las formas, los lugares, los espacios y los tiempos, pero hacerme el amor siempre resulta un ejercicio de encuentro divino con mi cuerpo. 

Me volteo, restriego mi piel contra las texturas de mis sábanas, fibras, arrugas en el gran manto textil. Siento como el placer de descubrirme va subiendo y humedeciendo los espacios. Cierro los ojos (no suelo pensar en penes y vaginas como en las películas de porno heteronormativo), no lo hago con la intensión de traer alguna imagen a mi cabeza, por el contrario, mi único deseo es evitar cualquier otro estímulo, centrarme en mí, descubrir qué siento cuando aprieto un pezón con la punta de mis dedos, o cuando resbala mi mano por todo el centro de mi abdomen para meterse en mi entrepierna, o qué pasa si acaricio mi vulva con delicadeza y lentitud o si me penetro con uno, dos o ¿cuántos dedos? Me enfoco, siento, percibo, ¿qué me gusta? ¿Cómo me gusta? ¿con qué intensidad? ¿en dónde? Es un juego de exploración en donde yo obtengo el único permiso de revisar arqueológicamente cada estructura. Mis vellos siguen erizados, mis pezones siguen duros, mi clítoris se expande, mis ojos se turnan entre abrirse y cerrarse, los músculos de mis piernas se van tensando mientras la cadera se sigue restregando y moviendo de lado a lado, me bailo, me seduzco, me danzo. Me imagino excitada, imagino mi rostro, imagino mis manos y las muevo. Estiro mis dedos y recorro cada esquina de mi cuerpo, los pies juguetean entre sí.

Me volteo de nuevo, mi espalda se apoya y mis nalgas se abren y restriegan ahora contra la tela de mi cama. Mis rodillas tiemblan, se saludan, piden permiso entre ellas para distanciarse y abrir mi sexo y convertirlo en un túnel, en esa gran cueva ahora a explorar. La humedad, el jadeo, los sonidos, desestructurar la necesidad de otre para vivirse a plenitud en el placer y en el deseo. Me recorro, me siento, aterrizo en mi bosque húmedo y escurridizo de mis vellos púbicos, siento su espesura, la entrada al paraíso, están. ¡Sí, existen! los siento, se manifiestan, juego con ellos, los percibo húmedos, mis dedos van haciendo camino a medida que se mojan, me huelo, siento mi aroma, lo identifico, me encanta el olor. El olfato hace parte del placer, la nariz hace parte del deseo y la sensación que se amplifica en mi vientre. Juegan los dedos a recorrer las montañas de mi vulva, soy exploradora, camino el monte para llegar a la cima, al filo del abismo. Mis labios grandes, esponjosos y aaaaaguaaa, siento agua, salto, no caigo, todavía no. Entro a mi mundo, entro en mí, SÓLO YO, me siento, texturas, veo colores, mi pecho se mueve, mi pulso, cabalga mi corazón en este viaje hacia adentro.Jugueteo con los labios de arriba hacia abajo, caricias suaves que se turnan con presión que ejerzo en puntos específicos, sé lo que me gusta, sé la presión exacta, sé la intensidad, sigo divirtiéndome, desplazo los labios de mi vulva ahora hacia los lados, los percibo empapados y los manoseo, los fricciono entre sí, los pellizco, los estiro, los aplasto con la palma de mi mano para que se abracen entre sí, que se den amor. Calor, viene el calor, siento como se expande hacia mis piernas, palpita, está viva, late mi vagina y mi útero se ensancha, el camino a mi galaxia se dilata. Se asoma la yema de mi dedo índice y con delicadeza acaricio las paredes del conducto a la felicidad, una tibieza que contrasta con la temperatura de mi mano, excitación, un jadeo, movimientos más intensos con mi pelvis y piernas más dispuestas, más elongadas. 

¿Adentro? oscuro, húmedo, resbaloso, cosquillas, placer. Me muerdo los labios mientras me penetro con el dedo, percibo el terreno, bosque espeso y celestial lleno de agua, un manantial que brota por las paredes y pienso: ¡me agrada! lo sé por el grado de ensanchamiento, la selva ha hablado, me ha dado permiso, me habilitó para seguir el camino, para seguir el viaje. Dos dedos; jadeo nuevamente, me muevo con mayor intensidad, sudor que viene por mi espalda, manos que palpan con mayor inquietud, dedos que plácidamente siguen explorando tan sensible y hermosa cueva. Un dedo gordo que va estimulando el clítoris, está duro, erecto, lo siento, no tan rápido hasta que encuentro el ritmo. Percibo aún más sensibilidad, un tacto discreto pero continuo, es el botón a otra dimensión, pero no la única salida. Lo descubro también mojado y muevo mis dedos en forma circular mientras con el resto de mi mano masajeo toda la vulva, placer que me estremece y ganas de acelerar el proceso. Paciencia, puedo explorarme lenta y sin afán. Siento y escucho a mi cuerpa. Un brazo que busca desesperadamente: mis tetas, mi cuello, el vientre, aprieto, pellizco. Intensidad y apertura sensorial que incrementa mi frecuencia cardiaca, vasos sanguíneos que se abren, irrigan, llevan calor, llevan sangre, llevan expansión que se concentra en mi vulva, lo siento, siento el pulso en ella fuerte y rápido. Aceleración, jadeos, respiración entrecortada, ojos que se nublan, párpados que se aprietan, piernas que se tensan, mano que genera mas fricción y cadera que baila descontroladamente, empuja, golpea, nalgas que rebotan en la cama, mano que penetra con mayor intensidad, rebusca en mi jardín, revuelve, mezcla la tierra, amasa. Entrada y salida de aire, de presión, canal que se va ajustando a los cuatro dedos de mi mano, palma que apoya y golpea sincrónicamente mi clítoris, excitación profunda y deliciosa, juego con mi vagina, aprieto y suelto, lo siento en mis falanges, movimiento, movimiento, movimiento, que viene el florecimiento, cosquillas, ganas de gritar, de empujar, incertidumbre, un salto, no hay paracaídas, cayendo, cayendo, un abismo, agua y secreción, sábanas mojadas y un brote de dulces micro orgasmos para terminar en uno cada vez más intenso que el anterior. Palpita mi clítoris, siento su frecuencia, siento las células de mi cuerpo ensanchadas, aprieto un poco más, ya casi, me conozco, falta un poco más, queda la energía concentrada deseando un último movimiento más preciso, conciso y con mayor fuerza, músculos tensos, todo mi cuerpo y un cosquilleo que salta desde mi entrepierna a todo mi ser. Un grito, un desvanecerse, soltarse, una pausa, un detenerse…

La caída: Alivio, respiro, me miro, me escucho, me siento.
Estoy viva tendida con los ojos cerrados y una mano metida en mi entrepierna… sonrío.

CARTOGRAFIA DO ORGASMO

Pilar Emitxin.

Meu corpo. Uma gota de desejo floresce em minha boca e repousa em minha língua. Eu a movo e descubro lentamente a textura do meu lábio superior, brinco entre os dentes, a reduzo, alargo e provo novamente com meu lábio inferior, mordo, acaricio com a ponta desse músculo umedecido e mordo novamente. Levo uma mão ao meu rosto, sinto os dedos deslizando lentamente de cima abaixo, me torno consciente do seu peso, me dou conta do tempo que levam as falanges em chegar à minha boca. Agora toco meus lábios com ela, sinto a curvatura de cada ruga, as umedeço com alguns dos dez e sete músculos da minha língua, estão um pouco mornos, curiosos para descobrir a origem dessa umidade, os mexo, eles estão inquietos. Aperto meus dentes e lambo um a um de meus dedos com doçura. Sinto-os, dois ou três metidos na caverna da minha face, molhados, buscando sem encontrar uma saída. Deslizo-os com pressão sobre minha pele em uma única direção até meus seios, quero tocá-los, abraçá-los, senti-los, apalpá-los, beliscá-los. Roço-os ao mesmo tempo que descubro a textura de minha pele eriçada e os mamilos bem eretos, duros. Uma excitação, um suspiro, me descubro fazendo movimentos circulares com a pélvis um ritmo sincronizado com minhas pernas abertas para a exploração do meu sexo. Nem sempre é assim! As formas variam, os lugares, os espaços e os tempos, mas fazer amor comigo mesma é sempre um exercício de encontro divino com meu corpo.

Viro-me, esfrego a pele nas texturas dos lençóis, nas fibras, nas rugas do grande manto têxtil. Sinto como o prazer de descobrir-me vai subindo e umedecendo os espaços. Fecho os olhos (não costumo pensar em pênis e vaginas como nos filmes pornô heteronormativos), não o faço com a intenção de trazer alguma imagem à minha cabeça, pelo contrário, meu único desejo é evitar qualquer outro estímulo, concentrar-me em mim, descobrir o que sinto quando aperto um mamilo com a ponto dos meus dedos, ou quando minha mão resvala por todo o centro do meu abdômen para meter-se entre minhas pernas, o que acontece se acaricio minha vulva com delicadeza e lentidão ou se me penetro com um, dois ou quantos dedos? Me concentro, sinto, percebo, eu gosto do quê? De que jeito? Com que intensidade? Onde? É um jogo de exploração onde obtenho a única permissão de checar arqueologicamente cada estrutura. Meus pelos continuam arrepiados, meus mamilos continuam duros, meu clitóris se expande, meus olhos se revezam entre abrir e fechar, os músculos das minhas pernas se contraem enquanto os quadris continuam a esfregar e mover-se de um lado ao outro, bailo, me seduzo, danço. Me imagino excitada, imagino meu rosto, imagino minhas mãos e as movo. Estico meus dedos e analiso cada canto de meu corpo, os pés brincam entre eles. 

Viro-me novamente, minhas costas se apoiam e minhas nádegas se abrem e se esfregam agora contra o tecido de minha cama. Meus joelhos tremem, se cumprimentam, pedem licença para distanciar-se e abrir meu sexo e transformá-lo em um túnel, nessa grande caverna a ser explorada agora. A umidade, o suspiro, os barulhos, desestruturar a necessidade de outre para viver-se em plenitude no prazer e no desejo. Me  exploro, me sinto, aterrisso em meu bosque úmido e escorregadio de meus pelos pubianos, sinto sua espessura, estão na entrada do paraíso. Si, existem! Eu os sinto, se manifestam, brinco com eles, percebo sua umidade, meus dedos vão fazendo caminho à medida que se molham, me cheiro, sinto meu aroma, identifico-o, adoro o cheiro. O olfato faz parte do prazer, o nariz faz parte do desejo e a sensação que amplifica-se em meu ventre. Os dedos brincam de explorar as montanhas da minha vulva, sou exploradora, caminho pela montanha para chegar ao cume, à beira do abismo. Meus grandes lábios, esponjosos e ááááágua, sinto a água, pulo, não caio, ainda não. Entro no meu mundo, entro em mim, APENAS EU, me sinto, texturas, vejo cores, meu peito se move, meu pulso, meu coração cavalga nessa viagem ao interior. Brinco com os lábios de cima até embaixo, carícias suaves que se alternam com a pressão que aplico em pontos específicos, sei do que eu gosto, sei a pressão exata, sei a intensidade, continuo me divertindo, movo os lábios da minha vulva para os lados, percebo que estão encharcados e os toco, fricciono entre si, belisco, estico, os esmago com a palma da minha mão para que se abracem, se dêem amor. Calor, vem o calor, sinto como se expande até minhas pernas, palpita, está viva, minha vagina pulsa e meu útero se alarga, o caminho à minha galáxia se dilata. A ponta do meu dedo indicador espreita e eu acaricio suavemente as paredes do conduto da felicidade, uma tepidez que contrasta com a temperatura da minha mão, excitação, um suspiro, movimentos mais intensos com minha pélvis e pernas mais dispostas, mais alongadas.

Dentro? Escuro, úmido, escorregadio, cosquinhas, prazer. Mordo meus lábios enquanto me penetro com o dedo, percebo o terreno, bosque espesso e celestial, cheio de água, um manancial que brota pelas paredes e penso: eu gosto disso! Eu sei pelo grau de alargamento, a selva falou, me deu permissão, me habilitou a seguir o caminho, seguir a viagem. Dois dedos; suspiro novamente, me movo com mais intensidade, suor que vem por minhas costas, mãos que apalpam com mais inquietude, dedos que placidamente continuam explorando tão bela e sensível caverna. Um dedão que estimula o clitóris, duro, ereto, sinto-o, não tão rápido até encontrar o ritmo. Percebo ainda mais sensibilidade, um tato discreto mas contínuo, é o botão à outra dimensão, mas não a única saída. O descubro também molhado e movo meus dedos de forma circular enquanto com o resto da mão massageio toda a vulva, prazer que me faz estremecer e vontade de acelerar o processo. Paciência, posso explorar-me lentamente e sem pressa. Sinto e escuto minha corpa. Um braço que busca desesperadamente: minhas tetas, meu pescoço, o ventre, aperto, belisco. Intensidade e abertura sensoriais que incrementam minha frequência cardíaca, vasos sanguíneos que se abrem, irrigam, levam calor, levam sangue, levam expansão que se concentra em minha vulva, eu sinto, sinto o pulsar nela, forte e rápido. Aceleração, suspiros, respiração agitada, olhos que se nublam, pálpebras que apertam, pernas que tensionam, mão que gera mais fricção e cintura que dança descontroladamente, empurra, bate, nádegas que saltam na cama, mão que penetra com mais intensidade, vasculha meu jardim, remexe, mistura a terra, sova. Entrada e saída de ar, de pressão, canal que vai se ajustando aos quatro dedos da minha mão, palma que apóia e bate sincronicamente em meu clitóris, excitação profunda e deliciosa, brinco com minha vagina, aperto e solto, sinto em minhas falanges, movimento, movimento, movimento, que vem o florescimento, cosquinhas, vontade de gritar, de empurrar, incertidão, um pulo, não há paraquedas, caindo, caindo, um abismo, água, secreção, lençóis molhados e um surto de micro orgasmos para terminar em um mais intenso que o anterior. Meu clitóris palpita, sinto sua frequência, sinto as células do meu corpo ampliadas, aperto um pouco mais, quase, me conheço, falta um pouco mais, a energia concentrada fica desejando um último movimento, mais preciso, conciso e mais forte, músculos tensos, todo meu corpo e um cócegas que salta da minha virilha para todo meu ser. Um grito, um desmaiar-se, soltar-se, uma pausa, uma parada…

A queda: Alívio, respiro, me olho, me escuto, me sinto. 

Estou viva deitada com os olhos fechados e uma mão enfiada no meio das minhas pernas… sorrio.

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