Por Berta Marzon. Edición: Ana Quezada

Arte: Rafael Cristiano Foto: Archivo personal

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La lucha de Susana Marley Cunningham, así como la de miles de mujeres y hombres del pueblo Miskitu de Nicaragua, es ancestral. Nacida en Waspán, Caribe Norte de Nicaragua, es una lideresa Miskitu. Inició su trabajo en comunidades cercanas al río Coco, Caribe Norte de Nicaragua, a través de la Fundación Civil para la Unidad y Reconstrucción de la Costa Atlántica (FURCA). Ha dedicado su vida a la defensa de los derechos de su pueblo y de su territorio localizado en la Moskitia. La Moskitia es el nombre ancestral del lugar habitado por los otros y las otras, una diversidad de pueblos a los que se ha intentado callar y borrar de los registros históricos de aquel territorio que llamaron Nicaragua, un nombre que fue, en alguna medida, impuesto sobre otros pueblos y culturas, con formas propias de nombrar a su tierra y que hasta hoy luchan por la reivindicación de su derecho a existir.

La Moskitia se localiza en Centroamérica, al este de Honduras y Nicaragua, bordeando la costa del mar caribe. El territorio está habitado principalmente por pueblos indígenas y afrodescendientes. Al escapar de los dominios de la colonización española, esta área geográfica tuvo la presencia británica en su territorio pero preservó los modelos ancestrales de gobierno comunales. Los asuntos pertinentes a estos pueblos se deciden a través de asambleas territoriales en las que la autoridad máxima para decidir es la propia comunidad.

En Nicaragua hay legislaciones que reconocen los derechos territoriales y de autonomía de estos pueblos que, en la práctica, no se cumplen. Ante ello es que se  alza la voz de Mama Tara, o Mamá Grande, quienes denuncian el colonialismo interno que se vive en el país, incluso de decisiones adoptadas en un modelo social de izquierda como el del proceso revolucionario que mujer como ella, desmitifica y des-romantiza con su crítica estructural a las bases coloniales del Estado Nacional de Nicaragua:

“Somos líderes de los pueblos originarios. Somos líderes que defendemos los Derechos de nuestros pueblos humildes. No somos diputados, no somos de partidos políticos, somos gentes amantes de la paz. Conocemos nuestros derechos de los pueblos originarios. Somos perseguidos y no hay oportunidades para los líderes y su pueblo”.

Susana es maestra y socióloga de profesión. Nació en Cabo Gracias a Dios, en el Caribe Norte de Nicaragua, y vivió gran parte de su niñez en la comunidad Miskitu de Santa Martha, cerca del Río Wawa. Fue maestra de niños y niñas quienes cariñosamente le dieron el nombre de Mama Grande.

A los 19 años se graduó de maestra en una escuela normal. Su lengua materna es el Miskitu; pero aprendió el español en la escuela. Desarrolló una gran sensibilidad por el idioma materno como lengua de enseñanza a través de la experiencia propia, puesto que los textos escolares de Nicaragua están escritos en español provocando que la educación en los territorios Miskitu sea bilingüe. Susana habla así de cómo se sintió en sus años de maestra en las comunidades de su pueblo.

“No había cuadernos, útiles escolares, uniforme. Los niños y niñas, en las comunidades, hasta la vez van descalzos. Me interesé por la situación de las familias. En los techos pasaba el agua y caía la lluvia en las casas y en la escuela. Cuando llegué allá, los niños escribían en el piso. Se acostaban en el piso, ponían su pechito en el piso de la escuela y levantaban su cabecita para escribir viendo la pizarra”.

La violencia colonial es histórica en el Abya  Yala y para el pueblo Miskitu esto no fue diferente, incluso durante la Revolución Popular Sandinista. La revolución ha sido narrada desde la perspectiva de los centros urbanos del Pacifico y de la capital de Nicaragua, Managua. Como muchos países de la región, la historia oficial de Nicaragua se centra en lo que acontece en su capital y silencia otras voces y experiencias sobre este movimiento revolucionario. Para los pueblos de la Costa Caribe el sandinismo no representa el movimiento heroico que lideró una gesta revolucionaria; en su memoria están vivos eventos tan dolorosos como el de la “Navidad Roja”.

En 1982, durante el periodo de la guerra de los 80 y tras el triunfo de la revolución popular sandinista, se produjo el traslado forzado de 42 comunidades Miskitu por parte de miembros del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). El Sandinismo, mientras intentaba institucionalizarse en el Caribe nicaragüense, tuvo varios choques con pueblos negros e indígenas, principalmente por imponer visiones coloniales y occidentales de organización social y su falta de comprensión de la cultura ancestral de estos pueblos. Las propias campañas de alfabetización sandinistas, en estas regiones de Nicaragua, intentaron ser realizadas en español. La voz de Mama Tara junto con otras voces caribeñas se levantó para exigir que se realizara en lenguas Miskitu, Mayagna, Creole y otras que se hablan en el Caribe. El posicionamiento de estos pueblos y las voces como las de Susana, de crítica contra colonial al sandinismo, derivó que se categorizara injustamente a estas comunidades y voces disidentes como contrarrevolucionarios. Existía, de hecho, una contrarrevolución financiada por Estados Unidos, pero no era el caso de las comunidades tradicionales del Caribe. 

La “Navidad Roja” fue un intento de traslado de comunidades Miskitu a otras zonas de la costa caribe para retirarlas de la línea de fuego, lejos de los lugares donde se encontraba la contrarrevolución; durante estos eventos, las casas de las comunidades Miskitu fueron incendiadas y las cosechas fueron destruidas para evitar su uso por parte de “los contra”. Las voces Miskitu acusaron al sandinismo de asesinatos y torturas. Susana es sobreviviente de la “Navidad Roja”:

“Estaba yo en la lista, en la fila de las personas que serían ejecutadas. Alguien llegó y me salvó la vida. Me sacó de esa fila. La mayor parte eran militares del pacifico. No habían de habla Miskito. Allí eran asesinados y caían al agua. Soy sobreviviente de la Navidad Roja y hoy estoy aquí hablándoles a ustedes”.

La causa de Mama Grande después de la guerra de la década de 1980 sale del campo de la educación y la defensa del territorio para pasar a la búsqueda de solidaridad para el desminado de los territorios Miskitu. Muchas personas perdieron partes de sus cuerpos al pisar las minas que quedaron del conflicto armado:

“Eran minas que estallaban y se llevaban a los animales al estallar las bombas. Y también a las personas que pisaban esas minas, pues no las miraban cuando iban al campo a trabajar. Un pie o dos pies eran destruidos. De esa manera es que tenemos muchos hermanos con un pie o sin un brazo. Muchos se murieron, pero entonces empezamos a denunciar que se deshicieran de esas minas. Que enviaran expertos para sacarlas porque la gente necesita trabajar. Cuando llegaron los expertos en la década del 2000, nuestro mayor susto fue que las minas más grandes, como para matar a todo un pueblo, estaban en la entrada de la iglesia. En la entrada de las escuelas, en los embarcaderos, en el camino donde camina la gente. Eso fue terrible, fue un impacto, pero entonces yo seguí la denuncia”.

La voz de Mama Tara es evidencia de que la colonialidad permanece en Nicaragua; su voz incomoda porque denuncia la continua violación de los derechos de los pueblos indígenas, negros y periféricos. Susana lucha por la afirmación de su territorio ancestral, unida a las voces que se pronuncian en lo colectivo y lo comunitario. Nicaragua vive en la actualidad una crisis política que oficialmente se registra como iniciada en Abril del 2018, sin embargo, una mujer originaria lo explica en forma contraria al relato oficialista:

“Nuestra resistencia ha sido histórica y siempre denunciamos que nos estaban matando, entonces, después de la situación que se desató en abril 2018 la gente empezó a comprender que lo mismo que nos hacían a nosotros lo estaban utilizando contra los jóvenes que estaban desarmados, indefensos y los asesinaron y los siguen asesinando. En el Caribe no recetan cárcel, allá es solo plomo, pero la situación es bastante similar. Es una situación terrible, lamentable, que ha separado familias”.

El paso del tiempo no ha detenido la lucha de esta aguerrida Mujer Miskitu del Caribe de Nicaragua. Hoy anda con bastón y con el corazón dolido pues en el momento en que homenajeamos su lucha, su madre ha fallecido. A pesar de que ha visto partir a muchos hermanos y hermanas Miskitus, originarios y afrodescendientes de Nicaragua, continúa denunciando la extracción minera en el Norte de Nicaragua y la contaminación con mercurio de los ríos y los cuerpos de las personas que tienen esta agua como único sustento. 

“Nosotros defendemos nuestros bosques. Hasta la última instancia que dios nos de la respiración vamos a seguir defendiendo porque somos pueblos humildes, pueblos originarios que amamos la paz. Convivimos con nuestra madre tierra y eso debe ser escuchado”.

Hoy le rendimos homenaje, desde distintas partes del Abya Yala, a la Mama Grande de la Moskitia de Nicaragua! ¡Viva la lucha de Mama Tara!

Este texto forma parte del Especial Mujeres Negras de América Latina y el Caribe, producido por Periferia em Movimento en colaboración con la Revista Amazonas. En las próximas semanas, reuniremos nuevas historias de mujeres referentes en sus territorios.

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Arte: Rafael Cristiano Foto: Arquivo pessoal

Mama Grande e as lutas ancestrais e contra coloniais na Nicarágua

Por Berta Marson

Edição de texto: Helena Silvestre.

A luta de Susana Marley Cunningham, como a de milhares de mulheres e homens do povo Miskitu da Nicarágua, é uma luta ancestral. Nascida em Waspán, no Caribe Norte da Nicarágua, ela é uma liderança Miskitu que começou seu trabalho em comunidades próximas ao Rio Coco, nessa mesma região, através da Fundação Civil para a Unidade e Reconstrução da Costa Atlântica (FURCA). Ela dedicou sua vida à defesa dos direitos de seu povo e de seu território localizado na Moskitia. 

Moskitia é o nome ancestral de um dos lugares habitados pelos outros e outras, uma diversidade de povos que foram silenciados e apagados dos registros históricos do território que chamaram Nicarágua, um nome que foi, até certo ponto, imposto a povos e culturas que tinham suas próprias formas de nomear sua terra e que até hoje lutam, reivindicando seu direito de existir. 

A Moskitia está localizada na América Central, a leste de Honduras e Nicarágua, ao longo da costa do Mar do Caribe. O território é habitado principalmente por povos indígenas e afrodescendentes. Tendo escapado dos domínios da colonização espanhola, esta área geográfica teve uma presença britânica em seu território, mas preservou modelos ancestrais de governos comunitários. As questões relativas a esses povos são decididas através de assembleias territoriais nas quais a autoridade máxima para tomar decisões é a própria comunidade.

Na Nicarágua, existem leis que reconhecem os direitos territoriais e a autonomia desses povos, mas, na prática, esses direitos não são respeitados. É diante disso que se levanta a voz de Mama Tara, ou Mamá Grande, denunciando o colonialismo interno que existe no país – incluindo decisões adotadas num modelo estatal de esquerda – desmistificando e desromantizando o processo revolucionário. Assim como ela, há outras mulheres que, desde comunidades ancestrais, tecem uma crítica estrutural das bases coloniais do Estado nacional nicaraguense:

“Somos líderes dos povos originários. Somos líderes que defendem os direitos de nossos povos humildes. Não somos deputados, não somos de partidos políticos, somos pessoas que amam a paz. Conhecemos nossos direitos de povos originários. Somos perseguidos e não há oportunidades para os líderes e seu povo”.

Susana é professora e socióloga por profissão. Ela nasceu em Cabo Gracias a Dios, no norte do Caribe da Nicarágua, e viveu a maior parte de sua infância na comunidade Miskitu de Santa Martha, perto do rio Wawa. Ela foi professora de crianças que carinhosamente lhe deram o nome de Mamá Grande.

Aos 19 anos de idade, ela se formou como professora num curso de magistério. Sua língua materna é Miskitu, mas ela aprendeu espanhol na escola. Ela desenvolveu uma grande sensibilidade para sua língua materna como língua de instrução através de sua própria experiência, já que os textos escolares na Nicarágua são escritos em espanhol, fazendo com que a educação nos territórios Miskitu seja bilíngüe. Susana fala sobre como se sentiu durante seus anos como professora nas comunidades de seu povo.

“Não havia cadernos, não havia material escolar, nem uniformes. As crianças nas comunidades até hoje vão descalças. Eu estava interessada na situação das famílias. A água corria pelos telhados e a chuva caía sobre as casas e sobre a escola. Quando cheguei lá, as crianças estavam escrevendo no chão. Elas deitavam-se no chão, colocavam o peito no chão da escola e levantavam a cabecinha para escrever e olhar para o quadro.”

A violência colonial é histórica em Abya Yala (outro nome ancestral que designa a América Latina) e para o povo Miskitu isto não foi diferente, mesmo durante a Revolução Popular Sandinista. A revolução foi narrada a partir da perspectiva dos centros urbanos do Pacífico e da capital da Nicarágua, Manágua. Como muitos países da região, a história oficial da Nicarágua se concentra no que aconteceu em sua capital e silencia outras vozes e experiências deste movimento revolucionário. Para o povo da costa caribenha, o Sandinismo não representa o movimento heróico que liderou uma ação revolucionária; eventos dolorosos como o “Natal Vermelho” ainda vivem na memória comunitária.

Em 1982, durante o período da guerra dos anos 80 e após o triunfo da revolução popular sandinista, 42 comunidades Miskitu foram deslocadas à força por membros da Frente Sandinista de Libertação Nacional (FSLN). O sandinismo, ao tentar se institucionalizar no Caribe nicaraguense, teve vários confrontos com os povos negros e indígenas, principalmente por causa de sua imposição de visões coloniais e ocidentais de organização social e sua falta de compreensão e respeito a cultura ancestral desses povos. As próprias campanhas de alfabetização sandinista, nestas regiões da Nicarágua, tentaram ser conduzidas em espanhol. A voz de Mama Tara, junto com outras vozes caribenhas, se levantou para exigir que fosse realizada em Miskitu, Mayagna, Creole e outros idiomas falados no Caribe. O posicionamento desses povos e vozes como a de Susana, como crítica contra-colonial do Sandinismo, levou a que essas comunidades e vozes dissidentes fossem injustamente categorizadas como contra-revolucionárias. Na verdade, houve uma contra-revolução financiada pelos EUA, mas não foi o caso das comunidades tradicionais do Caribe. 

O “Natal Vermelho” foi uma tentativa de deslocar as comunidades Miskitu para outras áreas da costa caribenha para removê-las da linha de fogo, longe do local onde a contra-revolução estava localizada; durante esses eventos, as casas das comunidades Miskitu foram incendiadas e as plantações foram destruídas para evitar seu uso por “los contra”. As vozes Miskitu acusaram o Sandinismo de assassinato e tortura. Susana é uma sobrevivente do “Natal Vermelho”:

“Eu estava na lista, na fila para ser executada. Alguém apareceu e salvou minha vida. Ele me tirou dessa fila. A maioria deles era pessoal militar do Pacífico. Não havia pessoas que falavam Miskito. Lá eles foram mortos e caíram na água. Eu sou um sobrevivente do Natal Vermelho e hoje estou aqui falando com vocês.”

A causa de Mama Grande após a guerra dos anos 80 passou da educação e defesa territorial à busca de solidariedade para a desminagem dos territórios Miskitu. Muitas pessoas perderam partes de seus corpos quando pisaram em minas que sobraram do conflito armado:

“Eram minas que explodiram e levaram os animais com elas quando as bombas explodiram. E também as pessoas que pisaram naquelas minas, porque não olharam para elas quando foram para o campo para trabalhar. Um pé ou dois pés foram destruídos. É assim que temos muitos irmãos com um pé ou sem um braço. Muitos deles morreram, mas depois começamos a denunciar que eles deveriam retirar essas minas. Que eles deveriam enviar especialistas para removê-las porque as pessoas precisavam trabalhar. Quando os especialistas chegaram nos anos 2000, nosso maior susto foi que as maiores minas, suficientes para matar uma vila inteira, estavam na entrada da igreja, na entrada das escolas, nos molhes, no caminho onde as pessoas andam. Isso foi terrível, foi um choque, mas depois continuei a denúncia.”

A voz de Mama Tara é uma prova de que a colonialidade permanece na Nicarágua; sua voz é desconfortável porque denuncia a contínua violação dos direitos dos povos indígenas, negros e periféricos. Susana luta pela afirmação de seu território ancestral, unida com as vozes do coletivo e da comunidade. A Nicarágua vive atualmente uma crise política que está oficialmente registrada como tendo começado em abril de 2018, no entanto, uma mulher indígena a explica de uma forma contrária à narrativa oficial:

“Nossa resistência foi histórica e sempre denunciamos que eles estavam nos matando, então, após a situação que eclodiu em abril de 2018, as pessoas começaram a entender que o mesmo que estavam fazendo conosco estava sendo feito contra os jovens que estavam desarmados, indefesos, e eles os mataram e continuam a matá-los. No Caribe, eles não prescrevem prisão, lá é só chumbo, mas a situação é bem parecida. É uma situação terrível, lamentável, que separou famílias”.

A passagem do tempo não deteve a luta desta corajosa mulher Miskitu do Caribe da Nicarágua. Hoje ela caminha com uma bengala e um coração dolorido porque no momento em que estamos prestando homenagem a sua luta, sua mãe faleceu. Embora ela tenha visto muitos irmãos e irmãs Miskitu, originários e afrodescendentes da Nicarágua partir, ela continua denunciando a extração mineira no norte da Nicarágua e a contaminação por mercúrio dos rios e dos corpos das pessoas que têm essa água como sua única fonte de sustento. 

“Nós defendemos nossas florestas. Até o último momento que Deus nos dê fôlego, continuaremos a defendê-la porque somos povos humildes, povos originários que amam a paz. Vivemos com nossa mãe terra e isto deve ser escutado.”

Hoje prestamos homenagem, de diferentes partes do Abya Yala, à Mama Grande da Moskitia da Nicarágua! Viva a luta da Mama Tara!

Este conteúdo faz parte do Especial Mulheres Negras Latino Americanas e Caribenhas, realizado pela Periferia em Movimento em parceria com a Revista Amazonas. Nas próximas semanas, traremos juntes novas histórias de mulheres que são referências em seus territórios. 

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