Por Vilma Almendra – pueblosencamino.org

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Nuestros pueblos siguen siendo negados y silenciados. Se reitera una y otra vez, la disputa patriarcal contra nuestras autonomías. Somxs producto de un sistema patriarcal, colonial, estatal, racista que se manifiesta desde la institucionalidad establecida hasta nuestros haceres comunitarios. En esa trama, a nosotras nos violentan afuera y dentro de nuestras casas y luchas. En memoria de Cristina Bautista Taquinás y de todxs nuestrxs muertxs, reitero su afirmación en urgencia de reciprocidad entre palabra y acción: “La mujer es fundamental y la cosmovisión lo plantea, solamente falta que se cumpla”.

Las luchas de Cristina

El 29 de octubre de 2019 fue masacrada la compañera Cristina Bautista Taquinás junto a Asdrúbal Cayapu, Eliodoro Finscue, José Gerardo Soto y James Wilfredo Soto. Ella ejercía como autoridad tradicional del resguardo indígena de Tacueyó y ellos como guardias indígenas. Comprometidxs con el cuidado del territorio y la defensa de mandatos colectivos frente al despojo. Mientras ejercían control territorial fueron emboscados por actores armados que se disputan los corredores del narcotráfico y están asesinando a todo aquel que se niegue a la mafiosidad y exija libertad para sus pueblos. Después de un año de la masacre todo era todavía “materia de investigación”, no había claridad de los hechos ocurridos, no había capturas de los actores materiales ni intelectuales y la familia Bautista Taquinás ni siquiera había recibido los resultados de su necropsia.

Su vida como mujer de una familia y una comunidad empobrecidas fue una lucha. Desde muy niña aprendió a rebuscarse para cuidar a sus hermanxs y “ganarse la vida”. En la escuela le pidieron ½ libra de arroz y como no tenía se retiró. De 12 años salió de su resguardo y se fue como empleada doméstica a la ciudad. Fue maltratada por mujeres y una vez un patrón intentó violarla. Gracias a una amiga llegó a trabajar donde una anciana que la trató como una hija y le ayudó para que estudiara. Enfrentó muchos desafíos y peligros pero logró graduarse como Trabajadora Social. En ese camino supo que Toribío ocupaba uno de los primeros lugares en violencia contra las mujeres en toda Colombia y entonces decidió volver a su territorio. Inicialmente su palabra consecuente con su acción fue ignorada. Por ser mujer, joven y cristiana, fue rechazada por un liderazgo macho.

Aun así, Cristina Bautista Taquinás continuó su misión de vida visitando, escuchando e intercambiando con las mujeres (reactivó el Movimiento de la Mujer Nasa Hilando Pensamiento). También desde Atención a Víctimas del municipio de Toribío y por fuera de esa institucionalidad se acercó más a la comunidad. No impuso sus creencias cristianas, sí sintió con el corazón las violencias contra mujeres, jóvenes y niñxs. Sus aportes fueron excepcionales como voluntaria, incluso en el proceso de la Constituyente Nasa, donde inicialmente la rechazaron porque no llevaba el aval ni estaba en el grupo selecto, pero desde la perseverancia y humildad continúo participando y hasta llevando su almuerzo. Pasó de excluida y negada a vocera y redactora de esa iniciativa. De allí que, empezó a sonar como candidata a autoridad tradicional de su resguardo.

El patriarcado que nos habita

Frente a la posibilidad de que Cristina fuera electa, llegaron a decir: “si gana la falduda se acaba el movimiento”. Pero la comunidad eligió y ella quedó como una de las seis autoridades tradicionales de Tacueyó con una altísima votación. En su corto tiempo como autoridad, hizo un trabajo ejemplar e incomparable. Decía: “Todos somos guardias, pero todos en la acción”, por eso no era extraño verla prestando guardia y sirviendo el café que preparaba. Sin duda, aplicó uno de los principios zapatistas que son un desafío: “servir y no servirse”.  Tampoco era extraño que algunos hombres y mujeres autoritarios la irrespetaran, la silenciaran y hasta se burlaran de sus discursos.

Dolorosamente, el patriarcado es más visible y denunciable frente al poder externo que ejercen contra nuestros pueblos y territorios para mercantilizar bienes comunes y acumular riquezas; pero este mismo poder y patriarcado es menos visible y somxs más condescendientes cuando se ejerce adentro. Por ejemplo: Cuando denunciamos violencias de nuestros compañeros y somos revictimizadas sin lograr justicia. Cuando nos garantizan un cargo condicionado al silencio, obediencia y reproducción de prácticas autoritarias que van en contra de la colectividad. Cuando nos señalan y excluyen porque hacemos críticas buscando transformaciones comunitarias. Cuando nos señalan como ruedas sueltas porque no nos ajustamos al carruaje desarrollista-progresista-institucionalizado que nos amarra al despojo y nos niega la dignidad.

Pero nosotras también violentamos: cuando obedecemos a proyectos que sólo cumplen la agenda global de los estados y silencian las agendas propias. Cuando reducimos las violencias al machismo y no vemos la relación estructural con el estado, el extractivismo, el racismo. Cuando capturamos las luchas de las mujeres y las sometemos a la cárcel de los conceptos. Cuando a nombre de nuestra liberación como mujeres nos insertamos en las políticas de muerte presentándolas como políticas de vida. Cuando nos apropiamos de las luchas territoriales para disputar migajas gubernamentales. Cuando nos convertimos en el macho del hogar y sometemos a nuestro compañero por ser hombre. Somxs producto de este sistema que resistimos.

Asesinada en 2019, Cristina era una autoridad tradicional de preservación indígena en Tacueeyó y estaba comprometida con el cuidado del territorio y la defensa de la organización colectiva

Autonomías para florecer

El patriarcado, el colonialismo, el capitalismo, el racismo… erosionan y distorsionan la vida comunitaria. Para pervivir tenemos que saber si estamos reproduciendo estas formas de dominación, o si por el contrario, estamos buscando resistencias autónomas emancipatorias. Nuestra existencia depende de la capacidad crítica que tengamos para reconocer las formas de dominación cotidianas del machismo heredado de la iglesia y la escuela, y al mismo tiempo, las estructuras que las propician y nos atraviesan en todos los ámbitos. Ya deberíamos asumir que las luchas frente al racismo, clasismo y sexismo son inseparables entre sí y del patriarcado, estado y capitalismo: “no se puede destruir al capitalismo sin destruir al Estado, no se puede destruir al Estado sin destruir al patriarcado”, como dicen las kurdas. En consecuencia, si queremos pervivir como pueblos tenemos que re-pensar, re-crear, re-tomar, re-existir con autonomía.

 “Cuando la autonomía avanza el Estado retrocede”. ¿Cómo ser coherentes y consecuentes cuando nuestros movimientos siguen hechizados con el Estado, con el poder y pretenden cambiar el mundo desde la casa capital? Esta contradicción debería avergonzarnos frente al cuidado de semillas, tierra, agua, fuego, aire, marchas, mingas, trueques, pero también asambleas, congresos, movilizaciones. Cristina Bautista representa y expresa el vuelo sangrante desde las mujeres, de nuestro pueblo y territorio frente al desafío de hacernos tejido con nuestra Madre Tierra. Ombligarnos a la tierra para liberarnos con ella y no obligarla con nosotrxs a convertirse en mercancía para acumular.

*Texto originalmente publicado en español en www.pueblosencamino.org

Vilma Almendra Quiguanas, autora de esta sentida reseña, junto a su pequeña hija Violeta Kiwe Rozental escribieron e ilustraron un libro para niñxs en el que narran la historia y el asesinato de la defensora de la vida y del territorio del pueblo Nasa en Colombia, Cristina Bautista. El deseo de Vilma, Violeta y toda la comunidad es que este libro sea ampliamente distribuido para que lxs niñxs de toda Abya Yala conozcan y perpetúen el legado de Cristina.

Se encuentra disponible en portugués en https://pueblosencamino.org/wp-content/uploads/2021/03/cristina-portugues1.pdf

*Nota de edición Revista Amazonas

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Em memória de Cristina Bautista, abraçaremos a terra para com ela nos libertarmos

Por Vilma Almendra – pueblosencamino.org

Nota de edição – colombianas Nathália Hernandez e Adriana Villareal (Revista Amazonas), Tradução – brasileira Helena Silvestre (Revista Amazonas)
Revisão da tradução – nicaraguense Amanda Martinez (Revista Amazonas)

Nossos povos continuam sendo negados e silenciados. Se reitera, mais uma vez, a disputa patriarcal contra nossas autonomías. Somos produto de um sistema patriarcal, colonial, estatal, racista que se manifesta desde as instituições estabelecidas até nossos fazeres comunitários. Nessa trama, somos violentadas nas nossas casas e também dentro de nossas lutas. Em memória de Cristina Bautista Taquinás e de todos nossos mortos, repito a afirmação urgente de reciprocidade entre palavra e ação: “A mulher é fundamental e a cosmovisão reivindica isso, falta apenas que se cumpra”.

As lutas de Cristina

No dia 29 de outubro de 2019, a companheira Cristina Bautista Taquinás foi assassinada em um massacre que matou também Asdrúbal Cayapu, Eliodoro Finscue, José Gerardo Soto e James Wilfredo Soto. Ela exercia o papel de autoridade tradicional de preservação indígena em Tacueeyó e os outros atuavam como guardas indígenas. Estavam comprometidos com o cuidado do território e com a defesa da organização coletiva frente a desapropriação.

Enquanto exerciam suas tarefas comunitárias, foram emboscados por agentes paramilitares armados, que disputam o controle de territórios com forças do narcotráfico e que têm assassinado a toda pessoa que se negue a compactuar com as máfias e que exija liberdade para seu povo. Depois de um ano de massacre tudo era ainda “matéria de investigação”, não havia clareza sobre os fatos ocorridos, não havia captura dos assassinos e nem dos mandantes do crime e a família Bautista Taquinás nem sequer havia recebido os resultados da autópsia.

A vida de Cristina, como mulher de uma família e de uma comunidade empobrecida, foi uma vida de luta. Desde muito menina, aprendeu a cuidar de suas irmãs e a “buscar o pão de cada dia”. Na escola, lhe pediram uma vez meio quilo de arroz e, como não tinha, deixou de estudar. Com 12 anos, saiu de sua casa e tornou-se empregada doméstica na cidade. Foi maltratada pelas patroas e um patrão tentou estuprá-la. Graças a ajuda de uma amiga, conseguiu trabalho na casa de uma senhora que a ajudou a voltar aos estudos. Enfrentou muitos desafios e perigos mas conseguiu se formar como Assistente Social.

Nesse caminho, soube que o município de Toribío (na região do Cauca) ocupava um dos primeiros lugares em violência contra a mulher na Colômbia e então decidiu voltar à sua região. Inicialmente sua palavra e suas ações foram ignoradas. Por ser mulher, jovem e cristã, Cristina foi rechaçada por lideranças machistas.

Ainda assim, Cristina Bautista Taquinás continuou sua missão de vida, visitando, escutando e trocando experiências com mulheres (reativou o Movimento da Mulher Nasa Costurando Pensamento). Também, como trabalhadora municipal da Atenção a Vítimas de Toribío e mesmo por fora da instituição, ela se aproximou cada vez mais da comunidade. Não impôs suas crenças cristãs e sim, sentiu com o coração as violências contra as mulheres, jovens e crianças. Suas contribuições foram excepcionais como voluntária, inclusive no processo da Constituinte Nasa, onde inicialmente havia sido rechaçada porque não tinha aval de ninguém e não estava em nenhum dos grupos seletos. Mas com perseverança e humildade continuou participando, levando até mesmo a própria comida para estar aí. Ela passou de excluída e negada ao lugar de porta-voz e redatora dessa iniciativa. Foi nesse contexto que começou a ser cogitada como possível candidata a autoridade tradicional de seu território.

Assassinada em 2019, Cristina era autoridade tradicional de preservação indígena em Tacueeyó e estava comprometida com o cuidado do território e com a defesa da organização coletiva

O patriarcado que nos habita

Diante da possibilidade de que Cristina fosse eleita, chegaram a dizer: “se ganha a de saia, se acaba o movimiento”. Mas a comunidade elegeu a ela, que ficou entre as 6 autoridades tradicionais de Tacueyó, com altíssima votação. Em seu curto tempo como autoridade, fez um trabalho exemplar e incomparável. Dizia: “Todos somos guardiões, mas todos em ação”, por isso não era estranho vê-la fazendo guarda ou servindo o café que preparava. Sem dúvida, aplicou um dos princípios zapatistas que são um desafio: “servir e não servir-se”. Tampouco estranhava que alguns homens e mulheres autoritários a desrespeitassem, a silenciassem e até mesmo fizessem chacota de seus discursos.

Dolorosamente, o patriarcado é mais visível e denunciável frente ao poder externo que exercem contra nossos povos e territórios para mercantilizar bens comuns e acumular riqueza; mas esse mesmo poder e patriarcado é menos visível e somos mais condescendentes quando é exercido internamente. Por exemplo: quando denunciamos violências de nossos companheiros e somos re-vitimizadas sem conseguir justiça. Quando nos garantem um cargo condicionado ao silêncio, obediência e reprodução de práticas autoritárias que vão contra a coletividade. Quando somos marcadas e excluídas por fazer críticas em busca de transformações comunitárias. Quando nos estigmatizam como peças soltas, porque não nos encaixamos na carruagem desenvolvimentista-progressista-institucionalizada que nos amarra à fragmentação e nega nossa dignidade.

Mas nós, mulheres, também violentamos: quando obedecemos a projetos que só cumprem as próprias agendas. Quando reduzimos as violências machistas e não as enxergamos na relação estrutural com o estado, com o extrativismo e com o racismo. Quando capturamos as lutas das mulheres e as submetemos ao cárcere dos conceitos. Quando em nome de nossa libertação como mulheres nos inserimos nas políticas do norte, apresentando-as como políticas de vida. Quando nos apropriamos das lutas territoriais para disputar migalhas governamentais. Quando nos convertemos no macho do lar e submetemos a nosso companheiro por ser homem. Somos produto deste sistema a que resistimos.

Autonomías para florescer

O patriarcado, o colonialismo, o capitalismo, o racismo… eles causam erosão e distorcem a vida comunitária. Para persistir, temos de saber se estamos reproduzindo estas formas de dominação, ou se pelo contrário, estamos buscando resistências autónomas emancipadoras.

Nossa existência depende da capacidade crítica que tenhamos para reconhecer as formas de dominação cotidianas do machismo herdado da igreja e da escola, ao mesmo tempo, as estruturas que as propiciam e atravessam em todos os âmbitos. Já deveríamos assumir que as lutas contra o racismo, o classismo e o sexismo são inseparáveis entre si e do patriarcado, do estado e do capitalismo: “não se pode destruir o capitalismo sem destruir o Estado, não se pode destruir o Estado sem destruir o patriarcado”, como dizem as kurdas. 

Como decorrência, se queremos persistir como povos, temos de re-pensar, re-criar, re-tomar, re-existir com autonomia. “Quando a autonomia avança, o Estado retrocede”. Como ser coerentes e consequentes quando nossos movimentos seguem enfeitiçados com o Estado, com o poder e pretendem mudar o mundo desde o palácio principal? Esta contradição deveria envergonhar-nos diante do cuidado com as sementes, com a terra, água, fogo, ar, marchas, “mingas y trueques”*, e também assembleias, congressos, e mobilizações. Cristina Bautista representa e expressa o voo sagrado à partir das mulheres, de nosso povo e território frente ao desafio de constituirmos um tecido com nossa Mãe Terra. Umbiga-nos com a terra para libertá- la e não obrigá-la a converter-se em mercadoria para acumulação.

*A minga é uma ação coletiva para atingir um objetivo comum e trueque é a troca sem a mediação de dinheiro e fora da lógica capitalista.

Texto originalmente publicado em espanhol em www.pueblosencamino.org

Vilma Almendra Quiguanas, autora deste sentido perfil, junto com sua pequena filha, Violeta Kiwe Rozental, escreveram e ilustraram livro para crianças “Cristina Bautista: Vôo que sangra desta terra” , onde narram a história e o assassinato da defensora da vida e do territorio do povo Nasa, na Colômbia, Cristina Bautista. O desejo de Vilma, Violeta e de toda a comunidade é que este livro seja amplamente distribuído para que as crianças de toda Abya Yala conheçam e preservem o legado de Cristina. O livro está disponível em português neste link: https://pueblosencamino.org/wp-content/uploads/2021/03/cristina-portugues1.pdf

Este conteúdo faz parte do Especial Mulheres Negras Latino Americanas e Caribenhas, realizado pela Periferia em Movimento em parceria com a Revista Amazonas. Nas próximas semanas, traremos juntes novas histórias de mulheres que são referências em seus territórios.

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