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El viernes 12 de noviembre, Ecuador atravesó, una vez más, por una masacre en el sistema penitenciario. En la cárcel de Guayaquil fueron asesinadas 68 personas; durante el 2021 suman más de 300. Entre lxs 68 se encontraba Hellen Maldonado, una mujer trans que, como el resto de sus compañeras, fue criminalizada y encarcelada en un pabellón de hombres. Ella no debía estar allí, nadie debía estar allí. Este asesinato no sólo refleja los crímenes de estado que se vienen perpetrando en las cárceles del Ecuador sino también cómo se expande el castigo social a las personas trans y cómo se las encarcela en pabellones de hombres donde están expuestas a torturas y demás violencias.

Este caso evidencia las políticas de muerte perpetradas por el gobierno ecuatoriano, quien es responsable de las masacres que vienen ocurriendo en las cárceles, cuya operatividad se caracteriza por la precarización y criminalización a personas racializadas, migrantes, jóvenes y mujeres trans. Así, el Ecuador está atravesando escenarios con actores y dispositivos de violencia que todavía no se pueden interpretar claramente. 

Odalys Cayambe, parte de la Red Comunitaria Trans del Ecuador «Vivir Libre» de Guayaquil, nos cuenta cómo tejen sus resistencias y sus vidas dentro y fuera del sistema penitenciario.

OC (Odalys Cayambe): Somos un grupo de mujeres que estamos en diferentes partes del país como Ambato, Cuenca, Guayaquil, Machala, Quito. Somos mujeres que ambicionamos un cambio para nosotras. Decimos que somos un movimiento trans porque nosotras trabajamos desde la iniciativa de derechos propios como ecuatorianas, por ser ciudadanas y desde ahí viene nuestra iniciativa de trabajo  desde la cárcel. Ahí comenzamos, desde ahí surgimos, desde el famoso modelo de gestión penitenciaria que creó el correísmo con todas sus falencias. Sabemos de la realidad del sistema, qué pasó y qué es lo que sigue pasando en todo este modelo de sistema penitenciario que está llevado bajo un manual de registro, un manual penitenciario. Lo que sucedió con Hellen, asesinada en la última masacre carcelaria en Guayaquil, es simplemente el eco de lo que hemos vivido todas nosotras desde la prisión porque nosotras venimos peleando desde la cárcel. Yo soy una mujer que viene viviendo con el sistema carcelario desde la antigua Penitenciaría, de la cárcel de Quito, una cárcel muy abierta que gracias a nuestras familiares y nuestra gestión, sobrevivimos al sistema violento, agresor. Así ha sido siempre el sistema, para sobrevivir en la cárcel lo que hacíamos era cortar cabello, lavar ropa y muchas se dedicaban al microtráfico porque son personas raptadas por estos grupos de poder y las tienen de uso de mulas de droga. Cuando estamos presas nos toca decir que sí aunque no queramos porque relativamente muchas de nosotras somos abandonadas en el sistema. Somos víctimas del sistema lo cual nos toca de una u otra forma aprender a sobrevivir con este movimiento. A nosotras desde la Cárcel 2 de Quito nos trasladaron al nuevo sistema de rehabilitación social de Latacunga, un modelo de gestión creado en el gobierno de Correa. Nosotras desde ahí comenzamos a buscar esta iniciativa porque el modelo de gestión penitenciaria presentaba un protocolo de defensa a personas vulnerables y entre esas las personas trans LGBTIQ+ pero a nosotras como personas trans después que nos cambiaron de la cárcel de Quito a Latacunga, fue lo peor, nos trataron como unos hombres más. Yo, una mujer trans fui tratada como una de las más buscadas, o sea una de las peores, con una sentencia mínima de 6 años y fui expuesta a métodos de castigos. Me acuerdo mucho cuando nos sacaron de la cárcel de Quito, llegamos a Latacunga y a todas nosotras que éramos de diversidad nos hicieron desnudar delante de todos los policías, no respetaron nuestra condición. Llegué a la cárcel de hombres con mi identidad femenina y con mis expresiones 100% femeninas y eso al sistema le valió y desde ahí comenzó la vulneración de derechos. Llegamos, nos desnudamos, nos trataron como iguales y la mayoría de nosotras que éramos criminalizadas por ser trans nos mandaron a media y alta seguridad donde obviamente fuimos víctimas de violación y de un sin número de torturas. Estuvimos encerradas sin agua, sin ningún modo de rehabilitación, totalmente castigadas y drogadas. Nos vestían igual que todos los presos, con pantaloneta, nos obligaban a poner calzoncillo y camisa. 

AM (Ana María): Pero es parte del castigo, cómo el punitivismo opera en las mujeres trans…

OC: Claro, fuimos víctimas de castigos, sufrimientos, tortura y yo como lideresa trans siempre fui cambiada de cárcel y no me dieron prioridad. Me movían de la cárcel para volver a los procesos y así estuve 4 años 8 meses dentro de la cárcel de Quito, de ahí fui a Latacunga donde empezó todo esto de la discriminación y violencia más allá de la que ya se vivía. Después me cambiaron a Guayaquil al sistema de rehabilitación prioritario que era otra mentira más, todo lo que se evidencia con Hellen, que ella ha estado dentro de un pabellón con más de 200 hombres, siempre ha existido. Desde la prisión nosotras hemos tratado de rescatar a muchas compañeras en proceso de violencia porque muchas no lo han querido evidenciar. En la penitenciería hoy hay entre 60 y 70 mujeres trans, en Guayaquil existen casi 45, hablamos solo de las que se identifican porque también existen compañeras LGBTIQ+ que están dentro del entorno pero que no se quieren identificar porque están inconformes dentro de ese espacio, hablamos también de la cárcel de Manabí donde hay compañeras que viven la misma situación que acá en la penitenciería. 

La problemática que tenemos las mujeres trans privadas y ex privadas de libertad es que nos criminalizan por error o «delitos» que hemos cometido porque muchas están presas por drogas. Es como el caso de Hellen porque tenía una funda de H y fue llevada a la cárcel con 30 meses de pena. Ya había pagado 14 meses y con 14 meses ya debió haber salido, estar libre, por una medida sustitutiva para la cual no nos podemos acoger porque somos abandonadas en el sistema, no tenemos familia, no tenemos nadie que nos ayude y el sistema no es gratis porque tienes que mover mucha documentación y para que un abogado saque un documento, así sea defensor público o defensor del pueblo, eso cuesta y nosotras no tenemos recursos para cubrirlo. Somos abandonadas por trans, por privadas de libertad, por afrodescendientes, entonces la situación de nosotras es sumamente compleja. Nosotras hemos venido denunciando el sistema, existen compañeras encarceladas que nos piden medicamentos y auxilio por salir al dispensario, compañeras con VIH que no les dan el medicamento, las torturan.

AM: Nos puedes contar más sobre los mecanismos de criminalización y tortura

OC: Primero, la policía criminaliza con decir “es maricón”, no sensibilizan, no investigan y solo eres maricón. Como dicen ellos, vamos al calabozo y después averiguan y, eso si es que averiguan porque ya estando adentro te fregaste y te jodieron la vida. Como somos maricones y trans nadie pelea, nadie dice nada y están muriendo por ser discriminadas por la justicia. Si hablamos de los guardias, ellos son totalmente testigos de la violencia que una vive pero no les interesa con tal de que les paguen su sueldo o que nosotros les hagamos caso a ellos porque de eso se trata adentro, como que no pasa nada, para ellos nosotros somos un pedazo de carne.

Nosotras planeamos cambiar el sistema dentro de la cárcel, primero que se nos respete nuestra identidad de género, yo fui una de las que en esos momentos como que no decía nada pero me salí frente a un patio donde estaba de visita en ese tiempo la ministra de interior y me desnudé diciéndoles que yo soy una mujer, que tengo senos y que me vean. Le dije “mire yo tengo prótesis y no me dan mi brasier, tengo pene” pero yo le dije claramente toda la vida peleé con mi familia para no usar un calzoncillo y me vienen a obligar a usarlo, en ese momento la mujer pegó un grito y dijo manden a ver ropa al femenino, de ahí para adelante nos comenzaron a vestir como se vestían las chicas del femenino.

AM: Pero no les cambiaron al pabellón femenino

OC: No, nunca. Lo segundo por lo que peleamos fue la salud, todxs saben que los centros de encarcelación son un foco de infección de VIH y nos denunciaron diciendo que nosotras nos estábamos prostituyendo. Exigimos que nos entreguen preservativos. Nuestra organización se llama Vivir Libre, dentro del sistema carcelario comenzamos a hacer nuestra propia ropa, nuestra propias sábanas, comenzamos hacer adentro mismo. Hicimos campañas nosotras mismas en los pabellones, fuimos parte del primer reinado LGBTI de la cárcel de Latacunga. Nosotras nos propusimos presentarle al Estado que las mujeres trans somos mujeres, somos parte de la sociedad carcelaria y que por eso y por todo merecíamos un trato y una sentencia con dignidad. Dábamos a notar nuestra feminidad por todos lados, fuimos cachiporreras, hicimos danza árabe. Cuando ya tuvimos fuerza organizativa dentro de la cárcel, el poder político nos comenzó a mandar a los guías para golpearnos, nos encerraban en los calabozos después de 4 o 5 días que ya no habían heridas, ahí nos soltaban. Me acuerdo que de la última paliza que nos dieron, porque nos dieron palo a toditas y yo por ser la líder era a la que más querían joder, siempre me jodían. Entonces en la última me di cuenta que nos encerraban solo para cubrirnos las heridas y no nos llevaban al policlínico porque era obligación del médico denunciar. Hasta que fingí estar muy enferma, llegamos al policlínico y le pedimos al doctor que nos ayude. Enseguida trajeron al capitán de la policía y ahí comenzaron a evidenciar. Obviamente, adentro todo se maneja políticamente, así me dijeron a mí, “deja de joder la vida, Odalys, o te amaneces con un kilo de droga en tu celda”, “deja de joderme la vida o te amaneces con un muerto al lado tuyo” y yo, pues, «que me maten», no me importa y ya no aguantaron más y me trasladaron de Latacunga.

AM: Finalmente, nos podrías contar un poco más del caso de Hellen.

OC: Mientras que en Ecuador no exista un registro de identidad de género real y nuestra identidad tenga un peso judicial de derecho, hablar de política es hablar de pantomima, es de cristal, que no va a existir, que se va a querer tratar pero no se va a cumplir porque no hablamos de nadie, qué implica que yo hable de cambiar un sistema pero si a nosotras nunca nos van a respetar. Desde ahí se debe comenzar porque en el momento que tengamos un registro de identidad que pese con derechos, no solamente con un nombre, no va a ser necesario aplicar leyes porque ya seremos unas mujeres más con derechos y el que lo niegue ya sabe que tendrá que joderse.

Lo de Helen para nosotras es algo contradictorio. Ahora estoy en stand by porque no se si me va a tocar asumir a Hellen, o no, como una compañera más que me ha tocado enterrar, porque la familia es totalmente cristiana, cerrada, no quiere saber nada del tema, saben que mamá no tiene porque ella vive en el campo. Su familia sabe que la hermana está muerta, ya buscaron, ya le dieron el reconocimiento, tienen que esperar que se les entregue el cuerpo pero no les importa. Entonces, cómo la vamos a sacar, para mi es importante saber que ya la tenemos, sabemos que fue torturada, que fue quemada, ya la familia sabe que sí es parte de lxs desaparecidxs porque ya se le ha buscado en todas las áreas, pero lamentablemente el sistema es como es, si no es familia, si no tienes un apellido mínimo, no te entregan el cuerpo. Y si no nos lo entregan va a estar en una fosa.

“En un mundo de gusanos, 

hace falta coraje para ser mariposa”

Lohana Berkins

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«O que é evidente com Hellen, sempre existiu.» Entrevista com Odalys Cayambe sobre o último massacre de prisões no Equador.

Tradução Larissa Bontempi

Na sexta-feira, dia 12 de novembro, o Equador passou mais uma vez por um massacre carcerário: 68 pessoas foram assassinadas na penitenciária de Guayaquil. Durante o ano de 2021, foram mais de 300 assassinatos. Entre xs 68, se encontrava Hellen Maldonado, uma mulher trans que, como o restante de suas companheiras, foi criminalizada e encarcerada no pavilhão masculino. Esse assassinato não só reflete os crimes de Estado que se perpetuaram nas cadeias do Equador, mas também expõe o castigo social que é ser trans e ficar presa nas cadeias masculinas, expostas a torturas e outras violências. Odalys Cayambe, que faz parte da organização Vivir Libre, nos conta como constroem suas resistências e suas vidas dentro e fora do sistema carcerário.

OC (Odalys Cayambe): Somos um grupo de mulheres presentes em diversas partes do país como Ambato, Cuenca, Guayaquil, Machala e Quito, e ambicionamos uma mudança para nós mesmas; dizemos que somos um movimento trans porque trabalhamos a partir da iniciativa por direitos próprios como equatorianas e por sermos cidadãs. É daí que vem nossa iniciativa de trabalho na cadeia Ali começamos e surgimos, no famoso modelo de gestão penitenciaria criado pelo correísmo, com todas as suas falhas. Sabemos como é a realidade do sistema, o que aconteceu e o que continua acontecendo nesse modelo de sistema penitenciário que existe sob um manual de registro, um manual penitenciário. O que aconteceu com a Helen, assassinada no último massacre em Guayaquil, é simplesmente um eco de tudo o que vivemos todas nós na prisão, porque nós estamos lutando na cadeia. Sou uma mulher que convive com o sistema carcerário desde a antiga penitenciária, da cadeia de Quito; desde a cadeia 2, uma cadeia muito aberta e, graças às nossas familiares e nossa gestão, sobrevivemos ao sistema violento, agressor. O sistema sempre foi assim. Para sobreviver na cadeia, o que fazíamos era cortar cabelos, lavar roupas e muitas faziam micro tráfico, e acabavam fazendo isso porque são pessoas raptadas por esses grupos de poder, que as usam como mulas. Quando estamos presas, nos resta dizer “sim”, por mais que seja contra nossa vontade, porque muitas de nós são abandonadas pelo sistema. Somos vítimas do sistema, e por isso de alguma maneira temos que aprender a sobreviver com esse movimento. Nós da Cadeia 2 de quito fomos deslocadas para o novo sistema de reabilitação social de Latacunga, um modelo de gestão criado no governo Correa. Ali, começamos a buscar essa iniciativa porque o modelo de gestão apresentava um protocolo de defesa para pessoas vulneráveis, entre elas as pessoas LGBTQIAP+, mas foi pior quando nós pessoas trans fomos levadas de Quito para Latacunga: nos trataram como se fôssemos outros homens. Eu, uma mulher trans, fui tratada como uma das mais procuradas, ou seja, das piores, com uma sentença mínima de 6 anos, e fui exposta a métodos de castigo. Me lembro muito quando nos tiraram da cadeia de Quito e chegamos a Latacunga. Obrigaram todas as que eram da diversidade a ficarem nuas na frente de todos os policiais; não respeitaram nossa condição. Cheguei à penitenciaria masculina com a minha identidade feminina e com as minhas expressões 100% femininas e isso já serviu para o sistema. A partir daí começou a violação de direitos: chegamos, nos despimos, fomos tratadas como iguais e a maioria de nós que éramos criminalizadas por ser trans fomos enviadas para a segurança média e alta, onde obviamente fomos vítimas de violações e de um sem-número de torturas. Ficamos trancadas sem água, sem nenhum modo de reabilitação, totalmente castigadas e drogadas. Nos vestiam como todos os outros presos, com bermudas masculinas, e nos obrigavam a usar cueca e camisa. 

AM (Ana María): Mas isso é parte do castigo; é como o punitivismo opera com as mulheres trans…

OC: Claro, fomos vítimas de castigos, sofrimentos e torturas, e eu como liderança trans, sempre fui trocada de penitenciária, não me davam prioridade. Me transferiam para voltar com os processos, e fiquei por 4 anos e 8 meses em reclusão, na cadeia de Quito. Dali fui para Latacunga, onde começou toda essa situação de discriminação e violência, além da que já vivia. Depois me transferiram para Guayaquil, para o sistema de reabilitação prioritário, que era mais uma mentira, como está comprovado com o caso da Helen. Sempre se soube que ela ficou em um pavilhão com 200 homens. Na prisão, nós tentamos resgatar muitas companheiras em processo de violência, porque muitas não quiseram sinalizar. Hoje há entre 60 e 70 mulheres trans na penitenciária. Em Guayaquil são quase 45. Falamos só das que se identificam, porque também existem as companheiras LGBTQIAP+ que estão no espectro, mas que não querem se identificar porque estão conformadas nesse espaço. Falamos também da cadeia de Manabí, onde também há companheiras que vivem a mesma situação da penitenciária. O problema que temos como mulheres trans privadas e ex-privadas de liberdade é que nos criminalizam que pelo erro ou crime que cometemos porque muitas estão presas por drogas, é como o caso de Helen porque ela tinha uma funda de H e foi levada para a prisão com 30 meses de pena. Ela havia pago 14 meses e nesse período já deveria ter saído, para ficar livre, graças a uma medida substitutiva da qual não podemos usufruir porque estamos abandonadas no sistema, não temos família, não temos quem nos ajude e o sistema não é de graça, porque você tem que mover um mundo de documentação e para que um advogado tire um documento, seja ele defensor ou ouvidoria, é caro e não temos recursos. Somos abandonadas por ser pessoas trans e, ainda pior, por ser privadas de liberdade, por ser afrodescendentes, então a nossa situação é extremamente complexa. Denunciamos o sistema, há companheiras presas que nos pedem remédios e ajuda para ir à enfermaria, companheiras com HIV que não recebem medicamentos e as que são torturadas. São essas as que devemos tentar ajudar.

AM: E no caso das torturas, é dos próprios guardas, da polícia.

OC: Primeiro, a polícia já criminaliza ao dizer que você é só um viado; não têm sensibilidade, não pesquisam e para eles você é só um viado. Vão ao calabouço e depois procuram saber, se é que procuram saber, porque depois que você já está lá dentro, acabaram com a sua vida. Como somos viados e trans e ninguém briga, ninguém diz nada, estamos morrendo devido à discriminação da justiça. Se falamos dos guardas, eles são testemunhas da violência que sofremos, mas não se importam; desde que recebam seus salários e que nós obedeçamos, porque é disso que se trata; nada acontece. Para eles, somos um pedaço de carne.

AM: Pode me contar mais um pouco sobre como nasceu a sua organização, já que você disse que desde o início se organizaram na cadeia?

OC: Nós pretendemos mudar o sistema dentro da prisão, primeiro que a nossa identidade de gênero seja respeitada. Na época, eu era uma das que não falavam nada, mas saí fui a um pátio e me despi na frente da ministra, que estava visitando o interior, e da diretora, e disse que sou mulher, que tenho seios e que me vissem. Eu falei pra elas: olhem, eu tenho uma prótese, perguntei por que não me davam sutiã. Eu tenho pênis, mas, como falei claramente pra ela: toda a minha vida lutei com a minha família pra não usar cueca e me obrigavam a usar, naquele momento a mulher gritou e disse que mandassem roupas femininas, a partir daí começaram a nos vestir como vestiam as mulheres do pavilhão feminino.

AM: Mas não mudaram você para o pavilhão feminino.

OC: A segunda coisa pela qual lutamos foi a saúde. Todos sabem que os centros de reclusão são focos de infecção pelo HIV e denunciaram que estávamos nos prostituindo. Nossa organização se chama VIVE LIBRE. Dentro do sistema prisional começamos a fazer nossas próprias roupas, nossos próprios lençóis, passamos a fazer ali mesmo, a dar visibilidade à questão prisional, nós mesmas fazíamos campanhas nos pavilhões, fazíamos parte dos primeiros LGBTQIAP+ de Latacunga. Nos propusemos a apresentar ao Estado que as mulheres trans são mulheres, fazemos parte da sociedade carcerária e que por isso e por tudo merecíamos um tratamento e uma sentença com dignidade, porque performávamos nossa feminilidade em todos os lugares, fazíamos dança árabe. Quando tínhamos forças, o poder político começou ordenar, os guias começaram a nos espancar, eles nos trancaram nas masmorras e, depois de 4 ou 5 dias sem feridas lá, nos soltaram. Eu lembro que na última surra bateram em todas, e como eu era a líder, era o que eles mais queriam foder, eles sempre me ferravam. Aí na última eu percebi que eles nos trancaram só para cobrir nossas feridas e não nos levaram para a policlínica porque já seria obrigação do médico denunciar. Até eu fingir que estava muito doente, fomos até a policlínica e pedimos ajuda ao médico. Imediatamente trouxeram a polícia para a capital e lá começaram a denunciar, óbvio que tudo ali dentro é tratado politicamente, foi o que me disseram. Pare de ferrar minha vida Odalys ou você acorda com um quilo de droga na cela, pare de ferrar minha vida ou você acorda com um morto ao seu lado e eu dizia “bem, que me matem, eu não me importo”, e eles não aguentaram mais e me transferiram de Latacunga.

AM: Agora fique à vontade para falar do caso da Helen, o que se sabe e como podemos exigir mais políticas para garantir a segurança e as condições dignas das mulheres trans encarceradas.

OC: Enquanto no Equador não existir um verdadeiro registro de identidade de gênero e a nossa identidade tenha um peso jurídico, falar de política é falar de pantomima, é falar algo de cristal, que não existirá, e sobre a qual vão querer tratar, mas não se cumprirá, porque não falamos de ninguém. Do que adianta eu falar em mudar um sistema, se eles nunca vão nos respeitar pela forma como nos mostramos e somos? A partir daí deve começar, porque no momento em que tenhamos um registro de identidade com direitos, não só com um nome, não será necessário aplicar leis porque seremos mais mulheres com direitos e quem nega já sabe que vai ter que se ferrar. O que aconteceu com Helen é algo contraditório para nós. Agora estou de prontidão porque não sei se terei que assumir Helen ou não como mais uma companheira que tive que enterrar porque a família é totalmente cristã, fechada, não quer saber de nada disso, eles sabem não tem mãe porque ela mora no campo. A família dela sabe que a irmã está morta, eles já revistaram, já a reconheceram, têm que esperar que o corpo seja entregue a eles, mas não ligam. Então, como vamos tirá-la de lá, pra mim é importante saber que já a temos, sabemos que ela foi torturada, que foi queimada, e a família sabe que ela faz parte das desaparecidas, porque já a procuraram em todas as áreas, mas infelizmente o sistema é como é, se não for uma família, se você não tiver um sobrenome, não vão te dar o corpo. e se eles não o derem para nós, ficará em um fosso.

«Em um mundo de vermes,

é preciso coragem para ser uma borboleta »

Lohana Berkins

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