Geovanna Posso Lugo

Esmeraldas, una provincia eternamente olvidada y abandonada por los gobiernos de turno de Ecuador, ha sido y es utilizada de forma extractivista por diferentes corporaciones internacionales, que en muchos casos nos han visto como seres inferiores y de  formas de vida diferentes a lo usual. Esmeraldas, la provincia verde, protegida por el mar y sus bosques; la provincia en la que permanentemente no existe agua potable, ni accesos dignos a salud, educación, alcantarillado, ni asfalto en las calles de muchos barrios. Esmeraldas ha sido siempre el paraíso para turistas del resto del país, que en su mayoría son dueños de los departamentos y casas a lo largo de la costa, dejándonos fuera de las orillas; ellos son los nuevos “terratenientes”. Y es que la modernidad no hace que se cambie esta idea de que las personas negras están hechas solo para servir, y que ellos como dueños y señores de las nuevas viviendas están “contribuyendo” con la gente de estos territorios, solo por dejarlos trabajar, casi siempre sin un sueldo básico o sin acceso al pago de su seguro social.

Ser esmeraldeñx es una lucha constante entre lo que somos y lo que la gente asume que somos. En su gran mayoría somos gente negra, empobrecida, racializada, marginada, obligada y condenada a ser un centro o laboratorio de prueba para las bandas de crimen organizado. Esta ola de violencia y crimen organizado tal cual como se vive ahora, empezó hace casi tres años: desde hace 3 años estamos atemorizados, desde hace 3 años tenemos horario de entrada a nuestros hogares, tenemos que correr apresurados antes de que caiga el sol y de que los habitantes de las sombras salgan a arremeter con fuerza contra quien se le ha asignado, y contra todo aquel que esté con él. Sí, aquí cabe la frase “pagan justos por pecadores”. Aunque el único pecado que hemos cometido es ser negros, ser afrodescendientes, es que en este país y bajo las alas de un estado inoperante, nosotrxs lxs negrxs, gente empobrecida, disidencias, y todos los que estamos por la periferia, pagamos con nuestros cuerpos, pagamos con nuestras vidas. La sangre de todos los niños, niñas, jóvenes y adultxs que se ha derramado no es suficiente para que el Estado nos mire con deseos de realizar su cometido y resolver o al menos intentar apaciguar este cruce de balas en los que la población civil queda en el medio, recibiendo el embate de lado y lado.

Decir que esto empezó hace 3 años es un ejemplo de la línea de tiempo, cuando en realidad esto ha sido el resultado del abandono histórico estatal, la falta de acceso a los servicios básicos, educación, fuentes de empleo, el extractivismo y el racismo estructural.

Las balas son parte de nuestro diario vivir. Empiezan en las madrugadas: 4 am, 3 am, 12 am, 11 pm, 10 pm, 7 pm, 5pm, 10 am y así sucesivamente hasta ser parte del ornamento musical cuando almorzamos o desayunamos. Y es que es un Estado deshonesto, con policías y militares corruptos, pactos que no alcanzamos a entender, rutas y millones de dólares circulando. Nos han arrinconado hasta el punto de no poder vivir en paz y de manera digna, no podemos habitar los espacios que antes eran parte de nuestra identidad, y que aún  lo son.  Muchxs esmeraldeñxs  han tenido que dejar sus hogares, se han visto en la obligación de huir por culpa de las famosas vacunas (extorsiones). Es que en Esmeraldas tenemos bien claro que aquel que no paga, MUERE. Muchxs otrxs con el afán de no dejar su casa, su vida, su tierra, sucumben ante los extorsionadores quienes libremente ofrecen “seguridad” que es básicamente no matarte, ni matar a los miembros de tu familia.

Las noticias de esta tierra siempre se han callado, se han tapado, y es que nadie sabe lo que pasa en Esmeraldas. A decir verdad, tampoco les importa; “son los negritos que se están matándo entre ellos”.  Y es que pensarnos en comunidad, pensarnos desde la sororidad, empatía y la lucha para generar igualdad, es pensarnos todos iguales, negros, blancos, indígenas, mestizos, montubios, etc. Pero no podemos pensar en igualdad cuando es obvio que este abandono estatal, las necropolíticas y los ideales de exterminio están siendo implantados con toda la entereza hacia el pueblo racializado: es un genocidio, etnocidio, no sé cómo nombrarlo. Lo único que sé, es que la lista de personas que hemos perdido es enorme, miles de personas que hemos llorado en silencio, miles de velorios a los que no asistimos, porque nos han negado hasta el derecho de despedirnos, hasta después de muertos; ya no podemos velar a nuestros seres queridos y enterrarlos como se debe, con rezos, cantos y arrullos. Ahora solo nos queda en muchos casos velar a nuestros muertos con una fotografía  porque ya no podemos asistir a los velatorios ni entierros; nadie nos cuida, no hay quien resguarde nuestras vidas.  Los responsables de esto nos disparan a quemarropa porque cumplimos con todas las características físicas que ellos asumen que un antisocial tiene, o como se está llamando ahora “terroristas”. ¿Y bueno, quiénes son los “terroristas”? Son jóvenes que como única salida para poder llevar a sus hogares un pan, de manera desesperada y sin ninguna otra esperanza se ven envueltos en el crimen organizado. En otros casos son obligados o lamentablemente van a tener que ver con sus propios ojos cómo asesinan a miembros de su familia, uno por uno, hasta que no les toque más que aceptar.  

Es así como las balas son parte del diario vivir de lxs esmeraldeñxs, ya sea esquivándolas, huyendo de ellas, o recibiéndolas en el cuerpo, cuerpos racializados y empobrecidos. Y es que ser parte de esta población te convierte automáticamente en un criminal, un terrorista, bajo el ala de un gobierno racista, fascista que abandona territorios que son territorios de sacrificio, son los territorios marginados, y a los cuales el estado entra uniformado para buscar falsos positivos.

Hace poco, tres jóvenes, que son falsos positivos, fueron escogidos por tener tatuajes y, fueron torturados, maniatados, humillados y tirados al río más torrentoso, el río Esmeraldas, para asesinarlos vil y cruelmente; sin saber que nadie muere en la víspera y que dos de estos muchachos sobrevivirían para denunciar y contar su historia. Una historia que jamás ha salido de Esmeraldas, porque los periodistas están también siendo controlados, sobre qué se dice y qué no; mediante las narrativas del terror se manejan las noticias y la verdad, porque el claro objetivo del gobierno es que no se entere el resto del país lo que pasa en estos territorios, porque con la lógica del «no se supo», entonces se asume que no está pasando nada.

Cuando pasa, pasa a diario que todxs y cada uno de lxs esmeraldeñxs están siendo víctimas de extorsión, ya sea el que tiene un almacén o negocio más grande, o el que vende corviches y jugos en la calle, y es que aquí nadie se salva: pagues más o menos, tienes que pagar. Y el gobierno hace caso omiso a lo que está sucediendo, o más claro aún, ha entregado nuestros territorios, con todos lxs esmeraldeñxs adentro.   

Pero en una sociedad extremadamente racista, hablar de racismo, quejarnos, o simplemente el manifestar inconformidad es arriesgarnos a que se nos tilden de exageradxs, inconformes y hasta mal agradecidxs: como si les tuviéramos que agradecer el habitar un territorio al que pertenecemos; como si exigir respeto e igualdad fuese algo ajeno a lo que se tendría que ser.

En Esmeraldas no es nuevo o raro ver cuerpos decapitados colgados de la entrada de la ciudad, o que circulen videos de jóvenes que imploran por su vida mientras sus verdugos hacen el papel de carniceros sanguinarios.

Tampoco es nuevo los derrames de petróleo en nuestra playa de la ciudad, Las Palmas: décadas y décadas de contaminación ha sido el perenne cantar; el petróleo derramado sobre nuestras costas ha sido una escena con la que hemos crecido. Nos hemos bañado en estas aguas contaminadas, hemos jugado con los residuos y marcas de petróleo en la arena. El Estado jamás ha compensado realmente todo el daño ambiental ocasionado, el daño a nuestros cuerpos, el daño a familias enteras que han tenido problemas de salud a causa de la exposición a esta contaminación.

Los daños de la refinería de petróleo instalada en 1977 en Esmeraldas no los hemos dejado de sentir, permanentemente expulsa gases tóxicos, que se permean en el ambiente, siendo regresados como lluvias ácidas que en muchas ocasiones, por falta de alternativas, recolectamos para el consumo en nuestros hogares porque durante meses no contamos con agua potable.

Hace varios años ya, la refinería se prendió fuego, y con ello todo a su paso; las olas de fuego navegaron por el Río Teanoe, quemando todo, casas, personas, y destruyendo la vida de familias enteras. Muchos de estos afectados no cuentan con la pensión, que de por vida el Estado debería cumplir, porque la discapacidad es el resultado de la inoperancia de un estado fascista, racista y criminal.

Lxs esmeraldeñxs nos preguntamos: ¿cuándo se va a contar la historia de verdad? La real, la que cuente el despojo de todos nuestros derechos, la falta de accesos y oportunidades, la inexistencia del buen vivir en nuestro territorio. Cuándo será el día en que se nos mire con dignidad, como iguales, como grandes seres humanos que aportan diariamente al sostén de un país, al que, desafortunadamente pareciera que no pertenecemos.

*Si deseas colaborar con Esmeraldas Libre, una Colectiva Afroesmeraldeña Antirracista puedes depositar en la siguiente cuenta:

Esmeraldas libre somos una Colectiva Afroesmeraldeña Antirracista que visiona un futuro posible y digno para las personas negras y afrodescendientes dentro y fuera de sus territorios. Nuestra misión es crear y difundir contra-narrativas para transformar discursos hegemónicos y racistas que perjudican la vida de las personas negras y afrodescendientes en el Ecuador.
Esmeraldas Libre somos un grupo de jóvenes negros y afrodescendientes esmeraldeños que hemos sido desplazados de manera forzada de la provincia de Esmeraldas, nuestro hogar, debido a la creciente ola de violencia causada por grupos de crimen organizado y procesos históricos de violencia y abandono estatal; que han provocado en los últimos años de forma desmedida siniestros que amenazan contra nuestras vidas. Y quienes hemos elegido la ciudad de Quito como un refugio para seguir apostando por nuestro futuro en un entorno desfavorable para nuestras corporalidades negras, pero así mismo como un campo de disputa por nuestro derecho a una vida digna.
Nuestro equipo está conformado por jóvenes esmeraldeños que trabajamos distintos enfoques y aproximaciones sociales y culturales atravesadas por las diferentes situaciones de violencia que vivimos en nuestro territorio como personas negras y afrodescendientes, pero también como hombres, mujeres, personas de la población LGBTIQ+, personas viviendo con VIH, estudiantes, emprendedores, gestores culturales y artistas. Por lo que es nuestra prioridad es generar acciones antirracistas que sean el reflejo de esta diversidad, no solo de profesionales, sino también de identidades de la diversidad sexo genérica, territorial y etnica.
Como colectiva consideramos importante ubicar lo que sucede en Esmeraldas como un asunto y agenda política nacional, porque es un territorio clave de la resistencia de las poblaciones afrodescendientes en la historia, al ser este el primer palenque libre en los procesos de abolición de la esclavitud de personas afrodescendientes de la República del Ecuador y porque la provincia de Esmeraldas es la guardiana de los conocimientos, saberes ancestrales y vida de las personas afrodescendientes de la costa ecuatoriana. Es por eso que Esmeraldas libre nace como un esfuerzo por sostener los procesos de liberación de las personas negras y afrodescendientes que todavía siguen vigentes, ante las amenazas del racismo y la violencia estatal actuales en todo el país.

As notícias desta terra sempre foram caladas

Geovanna Posso Lugo

Traduçao: Larissa Bontempi

Esmeraldas, uma província eternamente esquecida e abandonada pelos governos em exercício, foi e é utilizada de forma extrativista por diferentes corporações internacionais, que em muitos casos foram vistos como seres inferiores e de formas de vida diferentes ao usual. Esmeraldas, a província verde, protegida pelo mar e por suas florestas; a província em que permanentemente não há água potável, nem acesso decente à saúde, educação, esgoto, nem asfalto nas ruas de muitos bairros. Mas Esmeraldas sempre foi um paraíso para os turistas do resto do país, a maioria dos quais é proprietária de apartamentos e casas ao longo da costa, nos deixando fora das orlas; eles são os novos «proprietários de terras». E é que a modernidade não muda essa ideia de que o negro foi feito apenas para servir, e que eles, como proprietários e senhores das novas casas, estão «contribuindo» com as pessoas desses territórios, só por deixá-las trabalhar, quase sempre sem um salário básico ou sem acesso a seus pagamentos de seguridade social.

E é que ser esmeraldenho é uma luta constante entre o que somos e o que as pessoas supõem que somos. Em sua grande maioria, somos pessoas empobrecidas, racializadas, marginalizadas, obrigadas e condenadas a sermos o centro ou o laboratório de testes para as quadrilhas do crime organizado. Essa onda de violência e crime organizado, como é apresentada no momento, começou há quase três anos: há três anos estamos aterrorizados, há três anos temos horário de entrada em nossos lares, temos que correr apressados antes que o sol se ponha, e que os habitantes das sombras saiam para atacar com força a pessoa que lhe foi designada, e todas aquelas que estiverem com ela. Sim, aqui cabe a frase “os pagam justos pelos pecadores”. Embora o único pecado que cometemos tenha sido ser negros, ser afrodescendentes. É que neste país e sob as asas de um estado inoperante, nós, os negros, pessoas empobrecidas, dissidentes, e tosos os que estão na periferia, pagamos com nossos corpos, pagamos com nossas vidas. O sangue de todos os meninos, meninas, jovens e adultos que foi derramado não é suficiente que o Estado nos olhe com desejo de realizar sua missão e resolver, ou pelo menos tentar apaziguar esse fogo cruzado que deixa a população civil presa entre um lado e o outro.

Dizer que isto começou há três anos é um exemplo da linha do tempo, quando na verdade isso foi o resultado do abandono estatal histórico, da falta de acesso aos serviços básicos, educação, fontes de emprego e racismo estrutural.

As balas são parte da nossa vivencia diária. Começam nas madrugadas: 4h, 3h, meio-dia, 23h, 22h, 19h, 17h, 10h, e assim sucessivamente até ser parte da música de fundo quando almoçamos ou tomamos café da manhã. É um Estado desonesto, com polícia e militares corruptos, pactos que não chegamos a entender, estradas e milhões de dólares circulando. Nos encurralaram ao ponto de não conseguir vive rem paz e de maneira digna. Não podemos habitar os espaços que antes faziam parte da nossa identidade, e que ainda são; muitos tiveram que sair de seus lares, se viram obrigados a fugir por culpa das famosas “vacinas” (extorsões). Em Esmeraldas não temos bem claro que quem não paga MORRE. Muitos outros com o afã de não deixar sua casa, sua vida, sua terra, sucumbem aos milicianos que livremente oferecem “segurança”, que é basicamente não matar você nem os membros da sua família.

As notícias desta terra sempre foram caladas, cobertas, e ninguém sabe o que acontece em Esmeraldas e, para falar a verdade, ninguém se importa; “são os negrinhos que estão se matando entre si”. E pensarmos em comunidade, a partir da sororidade, da empatia e da luta para gerar igualdade é pensarmos todos iguais; negros, brancos, indígenas, montúbios, etc.  Mas não podemos pensar em igualdade quando é obvio que este abandono estatal, as necropoliticas e os ideais de extermínio estão sendo completamente implementados, é um genocídio, etnocidio, não sei como chama-lo. Só sei que a lista de pessoas que perdemos é enorme, milhares de pessoas que choramos em silencio, milhares de velórios aos que não comparecemos, porque nos negaram até o direito de nos despedirmos, até depois de mortos; já não podemos velar nos entes queridos e enterrá-los dignamente, com rezas, cantos. Agora só nos resta em muitos casos velar nossos mortos com uma fotografia porque já não podemos comparecer. Ninguém nos cuida, não há quem resguarde nossas vidas, e os responsáveis por isso nos disparam a queima-roupa, porque cumprimos com todas as características físicas que eles assumem que um antissocial tem, ou como estão chamando agora, TERRORISTAS. E, bem, quem são os “terroristas”? São jovens que têm como única saída para poder levar comida aos seus lares, de maneira desesperada e sem nenhuma outra esperança, se veem envoltos no crime organizado; em outros casos são obrigados, ou lamentavelmente vão ter que ver com seus próprios olhos membros de suas famílias, um por um, serem assassinados, até que não reste outra a não ser aceitar.

 As balas são parte da vivencia dxs esmeraldenhxs, seja desviando delas, fugindo delas, recebendo elas com seus corpos, corpos racializados e empobrecidos. Ser parte desta população te torna automaticamente um criminoso, um terrorista, sob a asa de um governo racista, fascista, que abandona territórios de sacrifício, marginalizados, onde o Estado entre uniformizado para buscar falsos positivos. 

Há pouco tempo, três meninos, que são falsos positivos, foram escolhidos por terem tatuagens, sim, qualquer tatuagem, foram torturados, amarrados, humilhados e jogados no rio mais torrencial, o rio Esmeraldas, para serem assassinados de forma vil e cruel; sem saber que ninguém morre na véspera e que dois desses meninos sobreviveriam para denunciar e contar sua história. Uma história que nunca saiu de Esmeraldas, porque os jornalistas também estão sendo controlados, o que se diz e o que não se diz; por meio das narrativas de terror, as notícias e a verdade são administradas, porque o objetivo claro do governo é que o resto do país não descubra o que está acontecendo nesses territórios, porque com a lógica do ninguém soube, presume-se que nada está acontecendo.

Quando acontece, acontece diariamente que todos e cada um dos habitantes de Esmeraldas são vítimas de extorsão, seja aquele que tem uma loja ou um estabelecimento maior, seja aquele que vende corviches e jogos na rua, e aqui ninguém é poupado: pague mais ou menos, você tem que pagar. E o governo ignora o que está acontecendo, ou, ainda mais claramente, entregou nossos territórios, com todos os esmeraldenhos dentro.

Mas em uma sociedade extremamente racista, falar sobre racismo, reclamar ou simplesmente expressar inconformismo é correr o risco de ser rotulados como exagerado, inconformados e até mesmo ingratos; como se tivéssemos que agradecer por habitar um território ao qual pertencemos, como se exigir respeito e igualdade fosse algo estranho ao que deveríamos ser.

Em Esmeraldas, não é novo nem raro ver corpos decapitados pendurados na entrada da cidade, ou que circulem vídeos de jovens implorando por suas vidas enquanto seus carrascos fazem o papel de carniceiros sanguinários.

Os derramamentos de óleo na praia de nossa cidade, Las Palmas, também não são novidade: décadas e décadas de poluição têm sido o canto perene; o óleo derramado em nossa costa tem sido uma cena com a qual crescemos. Nós nos banhamos nessas águas poluídas, brincamos com os resíduos e as marcas de óleo na areia. O Estado nunca compensou de fato todos os danos ambientais causados, aos nossos corpos, a famílias inteiras que tiveram problemas de saúde devido à exposição a essa poluição.

Não paramos de sentir os danos da refinaria de petróleo instalada em 1977 em Esmeraldas, que expele permanentemente gases tóxicos, que permeiam o meio ambiente, sendo devolvidos como chuvas ácidas que, em muitas ocasiões, por falta de alternativas, coletamos para consumo em nossas casas, pois há meses não temos água potável.

Há vários anos, a refinaria pegou fogo e, com ela, tudo em seu caminho, as ondas de fogo desceram o rio Teanoe, queimando tudo, casas, pessoas e destruindo a vida de famílias inteiras. Muitos dos afetados não têm uma pensão, que o Estado deveria pagar por toda a vida, porque a invalidez é o resultado da inoperância de um Estado fascista, racista e criminoso.

Nós, esmeraldenhos, nos perguntamos: quando a verdadeira história será contada? A verdadeira, aquela que conta a história da desapropriação de todos os nossos direitos, da falta de acesso e de oportunidades, da inexistência de vida boa em nosso território. Quando chegará o dia em que seremos vistos com dignidade, como iguais, como grandes seres humanos que contribuem diariamente para o sustento de um país ao qual, infelizmente, parece que não pertencemos.

Se deseja colaborar com Esmeraldas Libre, uma Coletiva Afroesmeraldeña Antirracista, pode depositar na seguinte conta:

Esmeraldas Livre é uma iniciativa valiosa e necessária para a promoção dos direitos e da dignidade das pessoas negras e afrodescendentes no Equador. Sua missão de criar e disseminar contra-narrativas para contrapor discursos racistas e hegemônicos é fundamental para gerar consciência e promover a justiça social.

Esmeraldas, como território histórico de resistência afrodescendente, desempenha um papel central na luta pela igualdade racial e pela preservação da cultura e dos saberes ancestrais. Reconhecer a importância política e cultural de Esmeraldas em nível nacional é crucial para visibilizar as experiências e desafios enfrentados pelas comunidades afro-equatorianas.

É encorajador ver como a coletiva aborda as múltiplas dimensões da identidade afrodescendente, reconhecendo as interseções de gênero, sexualidade, saúde, educação e empreendedorismo dentro da comunidade. Essa inclusividade e diversidade de abordagens fortalecem seu trabalho e garantem que as ações antirracistas sejam verdadeiramente representativas e eficazes.

Como coletivo, consideramos importante posicionar o que acontece em Esmeraldas como uma questão e uma agenda política nacional, porque é um território chave na resistência das populações afrodescendentes ao longo da história, sendo este o primeiro quilombo livre nos processos de abolição da escravidão de pessoas afrodescendentes na República do Equador, e porque a província de Esmeraldas é a guardiã dos conhecimentos, saberes ancestrais e da vida das pessoas afrodescendentes da costa equatoriana. É por isso que Esmeraldas Livre nasce como um esforço para sustentar os processos de libertação das pessoas negras e afrodescendentes que ainda estão em vigor, diante das ameaças do racismo e da violência estatal atuais em todo o país.

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