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MICAELA TRANSFORMÓ TODO 1

Por Ana María Morales Troya

La primera vez que me acerqué al caso de Micaela Gaona fue hace casi un año. Ella era paraguaya y vivía en la Villa 21 24 en la Ciudad de Buenos Aires. Fui a la segunda audiencia donde se imputaba a Alexis Arzamendia, su ex pareja y padre de su hijo, por asesinarla en su casa en junio del 2016, pocos días después del primer “Ni Una Menos” en Buenos Aires. El tribunal estaba lleno, había jóvenes y mujeres con carteles, adultos que luego descubriría que eran sus profesores y profesoras: el juez estuvo siempre observado.

El 27 de junio fue la tercera audiencia. Lidia Gaona, su madre y querellante de la causa, declaró desde una prisión en Reino Unido. Cuando la entrevisté, antes de que yo preguntara algo, Lidia me dijo: “Fue un año muy pesado para mí, por eso hice lo que hice, no fue en compañía, fue sí un señor que me mandó, ahora no sé más nada de él, se borró del mapa”. Entendía a qué se refería: Lidia fue detenida en Reino Unido en diciembre del 2016. Ella transportaba cocaína en una maleta camino a Manchester. Inicialmente la iban a condenar a seis años de cárcel pero gracias a la gestión de los abogados querellantes, Gabriela Carpineti y Nahuel Bergier, a la Embajada de Argentina en Reino Unido y a una particular sensibilidad del juez pudieron disminuir la pena a través de informes que notificaron las condiciones de Lidia: “vinieron a ver si era verdad lo de Mica, no me creían, pensaban que yo tenía antecedentes acá también”.

Durante la declaración de Lidia en el juicio, contó que Micaela tenía miedo, Alexis le había dicho: “si eres mía no vas a ser de nadie”. Cuando la visité, ella analizaba cómo él, poco a poco, fue alejándola de la familia. Se fueron a vivir más lejos: Micaela empezó a llamar y visitar menos a su madre. Y recuerda:

“Él quería darle más hijos, por eso peleaban mucho también. Le botaba los anticonceptivos, ella a escondidas se cuidaba. Ella me venía a pedir plata para una inyectable, él le tiraba todas las pastillas. Ya era malo con ella, él le quería descomponer a ella, él le quería esclavizar a ella. Yo le decía tener muchos hijos es esclavizarse, le decía mira a mí, pensá primero”.

Por una hora y media Lidia se vio retrospectivamente:

“Allá (Paraguay) no hay nada, sufrí, me separé del papá de ellos de los más grandes y vine porque yo también tuve violencia. Como yo antes no sabía lo que era feminismo ni todas esas cosas ni coso tonces a mi también me hacían eso, yo ahora recién aprendí todo. Mi pareja me maltrataba, me pegaba, todo y me aguantaba por los chicos, re mal ha sido eso, al no saber yo pasé todo pero ahora digo que no más”.

Y recordó a su padre y a su madre:
“A veces yo me ponía enfrente de él. Una vez yo estaba embarazada y mi papá casi me pisa con un auto, le quería matar a mi mamá y yo me puse en frente de mi mamá, él la quería atropellar a mi mamá y yo me puse al frente, embarazada de Micaela, me puse frente a mi mamá, le defiendo hasta la muerte”.

Mientras Lidia decía estas palabras no pude evitar pensarlas metafóricamente. Ella pudo defender en ese momento a su madre pero años después no pudo hacerlo con la mujer que estaba por nacer en ese recuerdo, su hija. Lidia y su abogada Gabriela Carpineti contaron y denunciaron en el juicio que cuando se encontró el cuerpo de Micaela no se siguieron los protocolos establecidos para casos de femicidio: su cuerpo fue despreciado.

 

“Virgen Caacupé protege a todas las mujeres”, Plaza en Villa 21 24

Finalmente, el 9 de agosto del 2017 condenaron a Alexis a 29 años de cárcel, 25 años por homicidio con agravante de género y 4 años más por portación ilegal de armas vinculadas a un asesinato en el mismo barrio. Lidia recibió la noticia todavía en prisión, se sintió aliviada: “Volví a nacer ese momento, a mí ya no me importaba más que esté ahí, volví a nacer otra vez, volví a nacer otra vez, me dio una paz en el corazón, me dio una paz, no me importaba donde estaba yo.”

Ahora Lidia vive en su casa con sus tres hijos y Byron, el hijo de Micaela. Byron es como su hijo, la llama mamá. Además de estar ahora completamente a su cargo, cuando era bebé también lo cuidaba:“Si hasta la teta le daba de tomar, cuando la mamá no venía temprano porque él usaba la teta como un chupete entonces yo le quitaba y le daba mi teta, él tomaba mi teta, no tenía leche, yo no tenía nada de leche pero le daba mi teta, él tomaba.”

 

Este relato refleja otra interpretación y vivencia de la maternidad. Remite a repensar cómo se entienden los vínculos y la irracionalidad de jerarquizarlos. Este vínculo entre Lidia y Byron se empezó a construir desde su nacimiento y en concordancia con las aspiraciones de Micaela de estudiar y trabajar. Lidia cuidaba a Byron para que ella pueda desarrollar sus actividades. Ahora viven juntos. Lidia no tiene un trabajo estable; trabaja lavando ropa, planchando, vende helados en su casa y de vez en cuando limpia casas ajenas. Su tarde la entrega a Byron.

 

Ante el femicidio y un Estado ineficiente: el entramado comunitario.

“Cuando volví me vinieron a saludar todos, los amigos de mi hijo me quieren como su madre. Vinieron toditos ese día, no faltó ni uno. Las amigas de mi hija también. Una fiesta fue. Yo dije que me iban a dar la vuelta la cara, que no me iban a venir a saludar, que me iban a tratar como una delincuente pero gracias a Dios no”.

 

Los aprendizajes atraviesan convivencias y contenciones familiares, demuestran también transformaciones individuales y colectivas. En todas las audiencias del juicio que imputaba a Alexis Arzamendia la sala estaba siempre llena: no sólo se sentaba la familia de Micaela en primera fila, el resto de asientos los ocupaban docentes, compañeros de Micaela y en algunos casos activistas feministas. Luego del femicidio, mujeres del barrio se organizaron, conformaron la Cooperativa Mika Gaona como un lugar de encuentro, sostén comunitario y también de producción económica. Un grupo de adolescentes se organizó y realizó un mapa del barrio donde identificaron los lugares donde se podía acudir para denunciar casos de violencia de género o buscar apoyo. En el caso de la familia de Mica, su madre comentó cómo el novio de una de sus hijas intervino en la relación violenta de pareja que tenían sus padres y abogó para que su padre dejara de maltratar a su mamá. Las compañeras de la murga de Lidia estuvieron permanentemente pendientes de sus hijos, y su madre viajó desde Paraguay para estar con ellos el primer mes que Lidia estuvo en prisión.

 

En este relato viven tres generaciones de mujeres que fueron violentadas por sus parejas. La muerte de Micaela no es el fin de un espiral de violencia, la transformación de una cotidianeidad machista y la fuerza colectiva lo es. El tejido comunitario es vital para la supervivencia, el cuidado colectivo es permanente y el dolor e indignación por el femicidio de Micaela y de otras mujeres es una fuerza invencible.

 

Cuadro realizado en honor a Micaela Gaona por alumnas/os de la Escuela 6 D.E 5to

Este texto nació a partir de una etnografía que realicé en el 2017 sobre el caso de Micaela Gaona. Gabriela Carpineti, que fue profesora de Micaela y abogada de la familia, hizo que fuera posible al abrirme las puertas y presentarme a Lidia Gaona, a profesores y otras personas relacionadas con el caso. Ella y Nahuel Bergier, también abogado de la causa, me compartieron además los documentos legales del caso. Por todo esto agradezco a todos inmensamente.

 

Micaela transformou tudo 1

 

Por Ana María Morales Troya

 

A primeira vez que me aproximei do caso de Micaela Gaona foi há quase um ano. Ela era paraguaia e moradora da Vila 21 24 na cidade de Buenos Aires. Fui à segunda audiência onde se imputou a Alexis Arzamendia, seu ex-companheiro e pai de seu filho, por assassiná-la dentro de sua casa em junho de 2016, poucos dias depois do primeiro “Ni Una Menos” em Buenos Aires. O tribunal estava cheio, havia jovens e mulheres com cartazes, adultos que logo descobriria-se que eram suas professoras e professores: o juiz esteve sempre observado.

 

No dia 27 de junho houve a terceira audiência. Lidia Gaona, mãe de Micaela e querelante do processo, depôs desde uma prisão no Reino Unido. Quando a entrevistei, antes de qualquer pergunta, Lidia me disse: “Foi um ano muito pesado para mim, por isso fiz o que fiz, não estava acompanhada, foi um senhor quem me mandou, agora não sei mais nada sobre ele, ele sumiu do mapa”. Entendi a que se referia, Lidia foi detida no Reino Unido em dezembro de 2016. Ela transportava cocaína em uma maleta a caminho de Manchester. Inicialmente, seria condenada a seis anos de prisão, mas graças a gestão dos advogados querelantes, Gabriela Carpineti e Nahuel Bergier, à Embaixada da Argentina no Reino Unido e à uma particular sensibilidade do juiz, puderam diminuir sua pena através de informes que notificaram as condições de Lidia: “vieram ver se era verdade o caso de Mica, não acreditavam em mim, pensavam que eu tinha antecedentes aqui também”.

 

Durante o depoimento de Lidia no processo, ela contou que Micaela tinha medo, Alexis havia dito: “se você é minha, não vai ser de ninguém mais”. Quando a visitei, ela analisava como ele, pouco a pouco, foi afastando-a de sua família. Mudaram-se para mais longe: Micaela começou a ligar e a visitar sua mãe cada vez menos. Lidia recorda-se:

 

“Ele queria ter mais filhos, por isso brigavam muito também. Ele jogava fora os anticoncepcionais, ela se cuidava escondida. Ela vinha me pedir dinheiro para tomar o anticoncepcional injetável, porque ele jogava fora todas as pílulas. Ele já era ruim com ela, ele queria acabar com ela,  queria escravizar ela. Eu lhe dizia, ter muitos filhos é escravizar-se. Dizia, olha pra mim, pensa primeiro”.

 

Por uma hora e meia Lidia viu a si mesma em retrospecto:

 

“Lá (Paraguai) não tem nada, sofri, me separei do pai deles, dos maiores, e vim pra cá porque eu também sofri violência. Como antes eu não sabia o que era o feminismo, nem todas essas coisas, nem coisa nenhuma, também faziam isso comigo, eu agora recém aprendi tudo. Meu companheiro me maltratava, me batia e tudo, e eu aguentava pelos meninos, foi horrível, sem saber eu passei por tudo, mas agora nunca mais”.

 

E também recordou-se de seu pai e sua mãe:

 

“Às vezes eu me colocava na frente dele. Uma vez eu estava grávida e meu pai quase me atropelou com o carro, ele queria matar a minha mãe e eu me coloquei na frente dela, ele queria atropelar a minha mãe e eu me coloquei na frente, grávida de Micaela, me coloquei na frente da minha mãe, defendo ela até a morte.”

 

Enquanto Lidia dizia essas palavras não pude evitar imaginá-las metaforicamente. Ela pôde defender a sua mãe nesse momento, mas anos depois não pôde fazer o mesmo com a mulher que estava por nascer nessa lembrança, sua filha. Lidia e sua advogada, Gabriela Carpineti, constataram e denunciaram no julgamento que quando o corpo de Micaela foi encontrado os protocolos estabelecidos para os casos de femicídio não foram seguidos: seu corpo foi desprezado.

 

“Virgem Caacupé protege a todas a mujeres”
Praça na Vila 21 24, Cidade de Buenos Aires

 

Finalmente, no dia 9 de agosto de 2017, condenaram Alexis a 29 anos de prisão, 25 anos pelo homicídio com agravante de gênero e 4 anos a mais por porte ilegal de armas vinculadas a um assassinato no mesmo bairro. Lidia recebeu a notícia ainda na prisão. Se sentiu aliviada: “Nasci de novo nesse momento, pra mim já não importava onde eu estava, nasci outra vez, voltei a nascer de novo, me deu uma paz no coração, me deu uma paz, não importava onde eu estava.”

 

Agora Lidia vive em sua casa com seus três filhos e Byron, o filho de Micaela. Byron é como um filho seu, lhe chama até de mãe. Além de estar agora completamente sob seus cuidados, quando era bebê ela também cuidava dele: “Até a teta eu dava pra ele tomar quando a mãe não chegava cedo, porque ele usava a teta como uma chupeta, então eu dava minha teta pra ele, ele mamava em mim, não tinha leite, eu não tinha nada de leite, mas dava a teta e ele tomava.”

 

Esse relato reflete outra interpretação e vivência da maternidade. Remete a repensar como se entendem os vínculos e a irracionalidade de hierarquizá-los. Esse vínculo entre Lidia e Byron começou a construir-se desde seu nascimento e em concordância com as aspirações de Micaela de estudar e trabalhar. Lidia cuidava de Byron para que ela pudesse desenvolver suas atividades. Agora moram juntos. Lidia não tem um trabalho estável; trabalha lavando roupa, passando, vende sorvetes na sua casa e, de vez em quando, faz faxina. Suas tardes são dedicadas a Byron.

 

Diante do femicídio e um Estado ineficiente: o quadro comunitário.

 

“Quando voltei vieram todos me cumprimentar, os amigos do meu filho me consideram como uma mãe. Vieram todinhos esse dia, não faltou nenhum. As amigas da minha filha também. Foi uma festa. Eu disse que iam virar a cara pra mim, que não iam vir me cumprimentar, que iam me tratar como uma delinquente, mas graças a Deus não”.

 

As aprendizagens atravessam convivências e contenções familiares, demonstram também transformações individuais e coletivas. Em todas as audiências do julgamento que imputava Alexis Arzamendia, a sala estava sempre cheia: não apenas se sentava a família de Micaela na primeira fila, o resto dos assentos eram ocupados por professores, companheiros de Micaela e, em alguns casos, ativistas feministas. Logo após o femicídio, mulheres do bairro se organizaram e conformaram a Cooperativa Mika Gaona como um lugar de encontros, apoio comunitário e também de produção econômica. Um grupo de adolescentes se organizou e realizou um mapa do bairro onde identificaram os lugares onde se podiam realizar denúncias de casos de violência de gênero ou buscar apoio. No caso da família de Mica, sua mãe comentou sobre como o namorado de uma de suas filhas interveio na relação violenta de casal que viviam seus pais e advogou para que seu pai deixasse de maltratar sua mãe. As companheiras de murga de Lidia estiveram permanentemente próximas de seus filhos, e sua mãe viajou do Paraguai para estar com eles no primeiro mês em que Lidia esteve na prisão.

 

Nesse relato vivem três gerações de mulheres que foram violentadas por seus companheiros. A morte de Micaela não é o fim de uma espiral de violência, a transformação de um cotidiano machista e a força coletiva o são. O tecido comunitário é vital para a sobrevivência, o cuidado coletivo é permanente e a dor e a indignação pelo femicídio de Micaela e de outras mulheres são uma força invencível.

 

Quadro realizado em honra a Micaela Gaona por alunas e alunos da Escola 6 D.E 5too

1 Este texto nasceu a partir de uma etnografia que realizei em 2017 sobre o caso de Micaela Gaona. Gabriela Carpineti, que foi professora de Micaela e advogada da família, o tornou possível ao abrir-me as portas e apresentar-me a Lidia Gaona, a professores e a outras pessoas relacionadas com o caso. Ela e Nahuel Bergier, também advogado da causa, dividiram comigo também os documentos legais do processo. Por tudo isso agradeço a todos imensamente.   

 

 

Ana María Morales Troya, antropóloga feminista ecuatoriana. Actualmente vive en Buenos Aires, aunque siempre tiene una excusa para volver a su corazón andino.

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