
Nos dicen continuamente que «calladitas estamos más guapas», que somos un incordio, unas pesadas, unas exageradas, que no es para tanto, que nos conformemos, que no nos pongamos nerviosas, que nos relajemos.
Pero es que vivimos en continua situación de opresión y de violencia en todas sus formas y desde todos los ámbitos. Nos están matando. Y por ello es necesario no callarse, generar debate, mantener la lucha discursiva activa. Por nosotras mismas y por todas nuestras compañeras.
Hay que incomodar para dejar de estar incómodas.


