Ilustración de Laura Hoyal.

 

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Con la llegada de la próxima luna llena muchos de nuestros procesos internos  – de nuestra emocionalidad y espiritualidad – estarán llegando a su más alta cúspide. Han sido y siguen siendo días muy intensos en la ciudad de Buenos Aires. La movilización social y revolucionaria que se respiraba por las calles de estas tierras porteñas a comienzos del mes de junio: se reflejaba en mujeres desperdigadas por todos lados, vestidas de verde por dentro y por fuera, tomándose todo el espacio público para exigir la liberación simbólica y material de nuestros cuerpos.

Vivimos una oportunidad histórica única. Hemos visto la mar de historias femeninas, relativas a nuestros úteros y nuestras trayectorias abortivas. Hemos visto mucho dolor, sentimos rabia y tristeza y nos sumamos a la alegría y poder de las que mantienen la fe en un cambio. Juntas logramos la gran victoria que ha sido la media sanción a la ley en su primera instancia de discusión en el Congreso. Las mujeres nos descubrimos juntas en una experiencia que parecía solitaria y que además era “denigrante”: abortar está mal, es pecado y hacerlo es ilegal y genera culpa, y por ello lo hacemos en silencio. Sin embargo, la discusión pública por la despenalización ha logrado ser proyecto de ley, y en el debate hacia la legalización, las mujeres que habitamos esta ciudad nos hemos permitido exigir “que sea ley”.

El otoño que se fue nos dejó un proyecto a punto de ser ley definitivamente y la unión entre mujeres con el propósito de ampliar los límites de nuestras libertades. La noche del 14 de junio, una noche de luna nueva e intenso frio otoñal, todas las memorias uterinas de las mujeres habitantes de estas tierras vagaron por las calles de Callao y Corrientes, dejándonos descubiertas frente a las demás. A la mañana siguiente, todas esas memorias tuvieron un reconocimiento público, dejándonos despojadas de la vergüenza, de la culpa… despertamos a la posibilidad de ser brujas haciendo que toda una sociedad sane sus memorias uterinas. En la oscuridad, aquello que yacía oculto, había sido descubierto y en ese abrir,  nuestra dignidad estaba resentida. La bruja oculta en el ciclo de cada mujer se asomaba a la calle con la luna nueva y, ante la posibilidad de ser reconocida y sanada, decide quedarse. Con la llegada del invierno, la Bruja se siente en casa: el 21 de junio llegó el solstixio para anunciarnos que nuestra lucha está en sincronía con los ciclos de la naturaleza, que nuestra lucha exige que retomemos fuerza, que fortalezcamos nuestro interior, que escuchemos nuestra vieja sabia para continuar el avance hacia la victoria.

Julio, un tiempo de frío e intimidad, nos ha acompañado para escucharnos, sanarnos las unas a las otras, legitimando el dolor de haber elegido abortar alguna vez y acompañar a nuestras hermanas en esa legitimación. Limpiar nuestras raíces e historias nos ha permitido fortalecer los vínculos entre nosotras: encontrarnos, escucharnos y reconocernos, limpiando nuestras relaciones, en la conciencia de estar todas afectadas en nuestra intimidad,  por una sanción moral social.

El tiempo del invierno comienza a dar paso hacia un agosto que, aunque todavía frío, nos exige asomar ‘los brotes’ de lo que hemos limpiado y transformado. No elegimos solas el tiempo de maduración de los procesos vividos: la urgencia de transformar socialmente los límites de nuestras libertades y autonomía requiere que volvamos masivamente a las calles a exigir “que sea ley”. Movilizarnos, encontrarnos e incidir en las palabras que resuenan en las discusiones que se dan en las casas, en las calles, en el Senado, es parte de esta lucha por liberar nuestros sueños, aclarando nuestras verdades, reconociendo que nuestras historias y realidades son únicas para cada una, y que es necesario liberarlas y darlas a conocer para encontrar el amparo social que nos permita decidir centradas en esas historias particulares. Validar los caminos andados por nuestros úteros y vaginas, nos hacen dueñas plenas de nuestros pasos, de ese andar que marcan nuestros pies, sostén de nuestros cuerpos, vientres y caderas. Somos parte de un todo, en nuestro cuerpo, en esta tierra, en esta sociedad, y nuestra revolución es personal y al mismo tiempo social: es en la tierra y en nuestro vientre, en esas raíces profundas que duermen y se renuevan en el invierno. Ella es reflejo en el todo con otras, pero también es reflejo de lo que cada una es. Fortalecidas en el todo que somos juntas, hemos de volver a las calles a exigir “que sea ley”. Hemos de aprender juntas a reconocer nuestro poder sin dañarnos para unir nuestras potencialidades en la lucha por nuestras libertades. Cada una con su tribu, cada una con sus tránsitos y trayectorias.

 

Recomendaciones de la Diosa para fortalecernos en invierno

Por: Virginia Gobbi

Somos parte de la Naturaleza y hemos de cuidarnos mutuamente, observando las necesidades que nuestro Ser expresa a través de su manifestación física, mental o emocional. En este camino la alimentación saludable y apropiada, junto con el uso respetuoso de plantas medicinales para tratar malestares pueden resultar grandes aliados en el acompañamiento de los procesos que estaremos transitando durante esta época del año.

En nombre de la emancipación femenina, las mujeres olvidamos o nunca aprendimos a cocinar. Pero cocinar forma parte también del lenguaje ancestral del amor y juega un rol fundamental dentro de la comprensión más amplia de Salud, que implica nutrir correctamente nuestra materia, alimentar nuestros pensamientos conscientes y colaborar en la desintoxicación que produce la acumulación de toxinas derivadas de una alimentación superficial, pobre e industrializada. Una alimentación patriarcal.

En cada época del año, la naturaleza, símbolo femenino de abundancia, nos brinda alimentos óptimos para satisfacer las necesidades nutricionales y hacerle frente a las afecciones más comunes, como resfríos o gripes durante el invierno, reforzando nuestro sistema inmunitario. La clave está en reconocer al alimento como una de las medidas preventivas primarias y asumir que la calidad del mismo, la salud del suelo donde fue cultivado, así como también la forma en la que fue procesado pasarán a contribuir positivamente o a deteriorar nuestra Salud Integral.

La Fase de la Bruja es una etapa de quietud y gestación, el momento crucial entre el fin de un ciclo y el principio de uno nuevo. Su expresión interna aflora en la fase menstrual del ciclo lunar femenino y su espejo externo es el Invierno. El cuerpo tiene menos energía física, los pechos pesan, el vientre se hincha y es necesario dormir más. Los procesos mentales se tornan más lentos y esto puede producir frustración e hipersensibilidad.

En el Invierno, la energía se torna introspectiva, reflexiva, hacia adentro. Es por eso que nuestro bienestar general se verá altamente beneficiado al preferir aquellos alimentos vegetales bien enraizados como ser el ajo, la cebolla, la zanahoria, la remolacha, el jengibre, la cúrcuma; e incorporar a nuestra dieta frutas de estación como el limón, la naranja, la mandarina o el pomelo, entre otras.

Basándonos en la concepción universal del Ayurveda, ciencia milenaria de la India, las características predominantes durante el invierno se reducen a un exceso de frío y humedad, dentro y fuera de nuestros cuerpos. Por eso los mocos, el llanto, la congestión nasal o pectoral y los hongos en los pies son frecuentes. Estas condiciones pueden contrarrestarse incorporando en nuestra rutina infusiones, decocciones u otro tipo de preparados caseros herbales con características equilibrantes y/o compensatorias: plantas cálidas, picantes o estimulantes, secantes, balsámicas o fluidificantes. Ejemplos de ello son la canela, el clavo de olor, el tomillo, la menta, el jengibre y otros, como chañar pulmonaria, ambay, hiedra o malva.

 

NOSSO ÚTERO É PROTAGONISTA

 

Ilustração de Laura Hoyal
Ilustração de Laura Hoyal

Com a chegada da próxima lua cheia muitos de nossos processos internos – de nossa emotividade e espiritualidade – estarão atingindo seu pico mais alto. Foram e continuam sendo dias muito intensos na cidade de Buenos Aires. A mobilização social e revolucionária que respirava pelas ruas dessas terras portenhas a princípios do mês de junho: se refletia em mulheres espalhadas por todos os lados, vestidas de verde por dentro e por fora, ocupando todo o espaço público para exigir a liberação simbólica e material de nossos corpos.

Vivemos uma oportunidade histórica única. Presenciamos um mar de histórias femininas sobre nossos úteros e nossas trajetórias abortivas. Presenciamos muita dor, sentimos raiva e tristeza e nos unimos a alegria e ao poder daquelas que mantém a fé na mudança. Juntas alcançamos a grande vitória da aprovação preliminar da lei em sua primeira instância de discussão no Congresso. Nós mulheres, nos encontramos juntas em uma experiência que parecia solitária e que além do mais era “degradante”: abortar é errado, é pecado e sua prática é ilegal e gera culpa, e por isso o fazemos em silêncio. Sem embargo, a discussão pública pela despenalização conquistou o patamar de projeto de lei, e durante o debate pela legalização, nós mulheres, habitantes dessa cidade, nos permitimos exigir “que seja lei”.

O outono passado nos deixou um projeto a ponto de se tornar definitivamente uma lei e a união entre mulheres com o propósito de ampliar os limites de nossas liberdades. A noite do dia 14 de junho, uma noite de lua nova e um intenso frio outonal, todas as memórias uterinas das mulheres habitantes dessas terras vagaram pelas ruas Callao e Corrientes, deixando-nos descobertas umas frente às outras. Na manhã seguinte todas essas memórias tiveram seu reconhecimento público, deixando-nos livres da vergonha e da culpa, nos despertamos à possibilidade de ser bruxas, fazendo com que toda uma sociedade cure suas memórias uterinas. Na escuridão, o que se encontrava oculto foi descoberto e nessa descoberta, nossa dignidade estava ressentida. As bruxas ocultas no ciclo de cada mulher iam saindo às ruas com a lua nova e, diante da possibilidade de reconhecimento e cura, decidiam ficar. Com a chegada do inverno, a Bruxa sente-se em casa: o 21 de junho marca o solstício para anunciar-nos que nossa luta está em sincronia com os ciclos da natureza, que nossa luta exige que recuperemos forças, que fortaleçamos nosso interior, que escutemos a nossa velha sábia para continuar até a vitória.

Julho, um tempo de frio e intimidade, nos acompanhou para escutar-nos, curar-nos umas às outras, legitimando a dor de haver escolhido abortar alguma vez e acompanhar a nossas irmãs nessa legitimação. Limpar nossas raízes e histórias nos permitiu fortalecer nossos vínculos: encontrar-nos, escutar-nos e reconhecer-nos, limpando nossas relações, com a consciência de estarmos todas afetadas em nossa intimidade por uma sanção moral e social.

A temporada de inverno começa a abrir caminho a um agosto que, embora ainda frio, nos exige mostrar “os surtos” do que limpamos e transformamos. Não escolhemos sozinhas o tempo de maturação dos processos vividos: a urgência de transformar socialmente os limites de nossas liberdades e autonomia requer um retorno massivo às ruas para exigir “que seja lei”. Mobilizar-nos, encontrar-nos e influenciar nas palavras que ressoam nas discussões que se dão nas casas, nas ruas, no Senado, é parte dessa luta por libertar nossos sonhos, esclarecendo nossas verdades, reconhecendo que nossas histórias e realidades são únicas para cada uma, e que é necessário liberá-las e torná-las conhecidas para encontrar o amparo social que nos permita decidir de forma centrada nessas histórias particulares. Validar os caminhos percorridos por nossos úteros e vaginas nos torna plenamente donas de nossos passos, desse caminhar que marca nossos pés, apoio de nossos corpos, ventres e quadris. Somos parte de um todo, em nosso corpo, nessa terra, nessa sociedade, e nossa revolução é pessoal e ao mesmo tempo social; na terra e em nosso ventre: nessas raízes profundas que dormem e se renovam no inverno; ela é reflexo no todo com outras, mas também é reflexo do que é cada uma. Fortalecidas na unidade que formamos juntas, temos que voltar às ruas a exigir “que seja lei”. Temos que aprender juntas a reconhecer nosso poder sem prejudicar-nos para unir nossos potenciais na luta por nossas liberdades. Cada uma com sua tribo, cada uma com seus trânsitos e trajetórias.

 

 

Recomendações da Deusa para fortalecer-nos no inverno

Por: Virginia Gobbi

Somos parte da Natureza e temos que cuidar-nos mutuamente, observando as necessidades que nosso Ser expressa através de suas manifestações físicas, mentais o emocionais. Nesse caminho, a alimentação saudável e apropriada, junto com o uso respeitoso de plantas medicinais para tratar desconfortos podem ser grandes aliados no acompanhamento dos processos que estaremos transitando durante essa época do ano.

Em nome da emancipação feminina, nós mulheres nos esquecemos ou nunca aprendemos a cozinhar. Porém, cozinhar faz parte também da linguagem ancestral do amor e tem um papel fundamental dentro da compreensão mais ampla de Saúde, que implica nutrir corretamente nossa materia, alimentar nossos pensamentos conscientes e colaborar na desintoxicação que produz a acumulação de toxinas derivadas de uma alimentação superficial, pobre e industrializada. Uma alimentação patriarcal.

Em cada época do ano a natureza, símbolo feminino de abundância, nos fornece alimentos ótimos para satisfazer as necessidades nutricionais e lidar com as condições de saúde mais comuns, como os resfriados ou gripes durante o inverno, reforçando nosso sistema imunológico. A chave está em reconhecer o alimento como uma das medidas preventivas primárias, e assumir que a qualidade do alimento, a saúde do solo onde foi cultivado, assim como a forma em que foi processado passarão a contribuir positivamente ou a deteriorar nossa Saúde Integral.

A Fase da Bruxa é uma etapa de quietude e gestação, o momento crucial entre o fim de um ciclo e o começo de um novo. Sua expressão interna aflora na fase menstrual do ciclo lunar feminino e seu espelho externo é o Inverno. O corpo tem menos energia física, os peitos pesam, o ventre se incha e é necessário dormir mais. Os processos mentais se tornam mais lentos e isso pode produzir frustração e hipersensibilidade.

No inverno a energia se torna introspectiva, reflexiva, voltada para dentro. É por isso que nosso bem-estar geral será altamente beneficiado ao preferir alimentos vegetais bem enraizados como o alho, a cebola, a cenoura, a beterraba, o gengibre, a cúrcuma; e incorporar a nossa dieta frutas da estação como o limão, a laranja, a bergamota ou a toranja, entre outras.

Baseando-nos na concepção universal da Ayurveda, ciência milenar da Índia, as características predominantes durante o inverno se reduzem a um excesso de frio e umidade, dentro e fora de nossos corpos. Por isso o catarro, o choro, a congestão nasal ou peitoral e os fungos nos pés são frequentes. Essas condições podem ser contrabalanceadas incorporando em nossa rotina infusões, decocções ou outro tipo de preparados caseiros de ervas com características equilibrantes e/ou compensatórias: plantas quentes, picantes ou estimulantes, secantes, balsâmicas ou fluidificantes. Alguns exemplos são a canela, o cravo da índia, o tomilho, a menta, o gengibre e outros, como a chañar pulmonária, embaúba, hera ou malva.

 

Comunicadora. Creadora de AfroUtero: Taller de danzas afrocolombianas con los arquetipos menstruales. Realizadora de círculos femeninos y aprendiz de sus lógicas. Bailarina, investigadora y documentalista.

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