Ilustración: Pilar Emitzin

 

Ir ao artigo em português

 

“Ni genitor,  ni Estado, ni Iglesia, ni embrión con latidos o uñitas son lejanamente equiparables a nuestra soberanía en estas decisiones personalísimas que deberían estar fuera del alcance de los magistrados.”

Martha Rosenberg, médica y psicoanalista

 

El movimiento de mujeres en Argentina logró en 2018 que, después de 11 años de haber sido presentado por primera vez, el proyecto de legalización de la interrupción voluntaria del embarazo (IVE) por fin fuera tratado en el Congreso de la Nación. El tratamiento de dicho proyecto y el debate que ha suscitado tanto en el parlamento como en las calles y en los hogares demuestra, una vez más, que los derechos se conquistan y que la batalla surge desde abajo. Muestra también que en un momento en que se cierne sobre el planeta la amenaza del recorte de derechos, de la exclusión, del endeudamiento, de la xenofobia y del racismo, el movimiento de mujeres, con la transversalidad de sus demandas, es el único que parece ser capaz actualmente de contener a ese fantasma e inclusive en transformarse en la marea que logre la conquista de cada vez más derechos.

Quienes nacimos en otros lugares de América Latina estamos viendo que esa marea de pañuelos verdes que pide por el aborto legal, seguro y gratuito está empezando a bañar a nuestros países de origen. Tal vez el amplio debate al que se ha sometido este proyecto de ley en Argentina sea útil a nuestras hermanas a la hora de tener que confrontar visiones para lograr la fundamental despenalización social del aborto. Por ello, en este artículo haré un recuento de algunos argumentos que se expusieron en el Senado de la Nación y que me parecieron más relevantes para discutir con quienes se oponen a la legalización.

 

¡Lo dice la ciencia! ¡Hay vida humana desde la concepción!

 

Quienes se oponen a la legalización del aborto dicen que está científicamente demostrado que hay vida humana desde la concepción. El reconocido biólogo molecular y científico argentino Alberto Kornblihtt dio argumentos para sacar a la biología de ese embrollo. Explicó que el concepto de ‘vida humana’ escapa al rigor del conocimiento científico pues dicho término es una abstracción que se hace por convenciones sociales, jurídicas o religiosas. Lo que la biología sí puede determinar es la existencia de vida y, en sentido estricto, esta palabra se refiere a las células. Por lo tanto, los espermatozoides, los óvulos, el embrión, el feto y hasta las células de una persona que ha sido declarada fallecida tienen vida por algún tiempo.

También nos aclaró que un embrión o un feto, aunque tengan un genoma único, necesitan de otra información que la persona gestante provee, a través de la placenta, para que pueda seguir desarrollándose; por ejemplo, el cuerpo de la mujer le transmite al embrión anticuerpos producidos por ella que lo protegen de infecciones. Adicionalmente, las células y órganos del embrión sufren cambios, llamados epigenéticos, en sus células y órganos debido a su íntima relación con la gestante.

Por lo tanto, ni el embrión ni el feto son seres independientes, no pueden vivir por fuera de quien los está gestando: son casi como un órgano. Es más: si fueran totalmente independientes, serían rechazados por el sistema inmunológico de la mujer, ya que tienen genes de otro individuo y eso no sucede.

Lo que hace únicos al óvulo fecundado, el embrión o al feto es que tienen la capacidad de convertirse en un nuevo individuo, y eso los hace tanto valiosos como pasibles de protección por parte de los Estados. Pero la médica y psicoanalista Martha Rosenberg, miembro fundadora de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Seguro, Legal y Gratuito pregunta si acaso “la protovida del embrión tiene mayor valor que la vida de la de quien lo aloja en su cuerpo y en su biografía, y que no desea seguir sosteniendo un proyecto en el que se juega su vida y que es imposible sin su participación”.

“¿Y los derechos del ‘niño por nacer’ y el derecho a la vida consagrado en la Constitución Nacional?”

Aquí entramos, según lo entiendo, en lo fundamental del asunto sobre la legalización del aborto: la cuestión sobre la libertad de la mujer para decidir sobre su cuerpo y su trayectoria de vida.

En su intervención, la doctora en Derecho Aída Kemelmajer nos muestra que los derechos, inclusive el de la vida, no son absolutos, pues pueden entrar en conflicto con los derechos de otras personas. Esto es precisamente lo que sucede en el caso de la interrupción voluntaria del embarazo, pues hay dos bienes jurídicos antagónicos: por un lado están los derechos a la salud, la dignidad, la libertad y la autonomía de las mujeres; y por el otro, la protección del feto o embrión.

Si se supone que la protección del embrión o del feto es absoluta, entonces estamos asumiendo que los derechos de las mujeres a su salud, dignidad, libertad y autonomía se pueden postergar en nombre de la reproducción humana. Y de nuevo, tal como ha sucedido históricamente, las mujeres y personas gestantes nos encontraremos sometidas a un destino ineludible a causa de nuestros cuerpos con capacidad reproductiva. Ante este panorama, quienes esperamos la legalización del aborto insistimos que las mujeres no somos objetos ni instrumentos para la reproducción. En este sentido, el abogado constitucionalista Roberto Saba sostiene que la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo es algo que está siendo requerido por la Constitución Nacional, pues penalizar el aborto contribuye a mantener la situación de desigualdad estructural de las mujeres con respecto a la de los hombres, y aún más en las mujeres pobres.

Adicionalmente, para que en la sociedad se empiece a reconocer a la mujer como una persona libre y autónoma es pertinente desmitificar y desnaturalizar la maternidad. Así, la también psicóloga Alicia Stolkiner señaló que la implantación de un óvulo fecundado en un útero no constituye a una madre; para constituirse como tal se requiere que esa mujer anhele, imagine y piense al embrión como su hijo, es decir, que maternice. Es obvio entonces que tanto la sociedad como el Estado deben reconocer que hay proyectos de vida o condiciones físicas, psicológicas, sociales, económicas, o de sometimiento a la violencia que hacen que las mujeres estén imposibilitadas para maternar o elijan libremente no hacerlo.

En el caso del proyecto de ley de aborto legal, seguro y gratuito aprobado por la Cámara de Diputados de Argentina, Aída Kemelmajer explicó que el conflicto entre los ‘derechos’ del embrión o feto (continuar desarrollándose para convertirse en un humano autónomo) y los derechos de la mujer o persona gestante se resuelve sobre una regla de proporcionalidad y progresividad. Entonces, como hasta la semana 14 el embrión no tiene suficiente desarrollo, se prioriza la autonomía de la gestante, pues ella es una persona jurídicamente constituida que está desarrollando algo en su cuerpo que psíquicamente no soporta. Después de la semana 14, cuando el feto tiene mayor desarrollo, la autonomía de la mujer no se extingue, aún puede interrumpir su embarazo, pero únicamente invocando tres causales: 1) cuando esté en peligro la salud de la persona gestante; 2) ante la inviabilidad fetal extrauterina y 3) en caso de violación. Una vida siempre puede entrar en conflicto con otra vida.

 

Foto: Sub.Coop
Foto: Sub.Coop

 

“Si no quieren quedar embarazadas, usen preservativo y cierren las piernas”

Esta es una frase que hemos tenido la desdicha de haber escuchado muchas veces.  Quienes la dicen no sólo invisibilizan los embarazos por violaciones, sino que también muestran su desconocimiento acerca de la baja pero cierta falibilidad de los métodos anticonceptivos y desnudan el imaginario que penaliza el goce y el placer de la mujer.

Por suerte, no siempre nos tenemos que enfrentar a esta frase tan violenta, y el debate por la aprobación de la ley sí ha hecho que aquellos que otrora se oponían por razones religiosas, hoy pidan con urgencia educación sexual. Pero, ¿qué educación sexual? Uno de los expositores que se oponen a la legalización, el médico Abel Albino, promueve la abstinencia y rechaza el uso de anticonceptivos atreviéndose inclusive a negar que el uso del preservativo es un método efectivo de prevención contra enfermedades de transmisión sexual, entre ellas el SIDA. Su interés es limitar el goce de la sexualidad.

Como se sabe, este discurso es difundido por la Iglesia Católica y ha tenido como consecuencia que la aplicación de la Ley de Educación Sexual Integral, aprobada en 2006, esté siendo limitada. En efecto, la estudiante salteña Milagros Peñalba manifestó que en su provincia (una de las más religiosas del país) no tienen educación sexual ni tampoco se les provee de métodos anticonceptivos ¿Será cierto, como dijo la ex senadora María Eugenia Estenssoro, que la iglesia Católica custodia la libertad de las mujeres para elegir cómo queremos vivir y cuántos hijos podemos traer al mundo con responsabilidad?

Lo que realmente necesitamos para prevenir los embarazos no deseados y la ocurrencia de abortos es una educación sexual que sea integral, no la que promueve la abstinencia pero tampoco una con enfoque biologicista y limitada a la genitalidad. Según la educadora popular y magister en estudios de género Mabel Busaniche, la Educación Sexual Integral (ESI) debe: entender a la persona como autónoma en la toma de decisiones; tener un enfoque de género que considere las asimetrías de poder fundadas en las diferencias sexuales y su articulación con las de clase, etnia, diversidad funcional y preferencia sexual, involucrando de manera transversal a todas las áreas curriculares e institucionales para responder a su complejidad; además debe propiciar la comprensión de que el cuerpo no es un lugar de sufrimiento, dolor y dominación, sino que es el territorio de soberanía del sujeto.

En consecuencia, se espera que la ESI permita a las mujeres tomar decisiones responsables sobre su sexualidad, que puedan decir NO a situaciones de acoso, coerción y abuso desde la infancia y reconozcan su cuerpo como un territorio en el que sólo ellas tienen derechos. Agrego que una educación sexual con estas características deber servir como herramienta para desarticular los dispositivos de violencia de género y de discriminación hacia las personas LGBTI, contribuyendo a que los hombres no tengan que recurrir constantemente a la confirmación de su masculinidad a través de demostraciones de fuerza o de capacidad/rendimiento sexual.

Una de las consignas de la campaña por el aborto legal reza “educación sexual para decidir” y, en efecto, el proyecto de ley que viene con media sanción desde la Cámara de diputados busca crear una comisión para observar el cumplimiento de la ley ya existente de Educación Sexual Integral.

“Pero… las muertes por abortos clandestinos son muy pocas”

La salud pública es uno de los motivos que más se ha enunciado para promover la aceptación de la ley de interrupción voluntaria del embarazo. Se reconoce ampliamente que las mujeres con pocos recursos económicos y simbólicos que se practican abortos clandestinos lo hacen en condiciones de precariedad  que ponen en peligro su salud y sus vidas.

El actual ministro de Salud argentino, Adolfo Rubinstein, mostró que se estima que cada año hay entre 35 y 45 muertes de mujeres ocasionadas por abortos clandestinos. Lamentablemente algunos que no están de acuerdo con la aprobación de la ley de aborto legal  consideran que esta cifra es muy baja y no vale la pena llevar a cabo políticas públicas que en el corto plazo reduzcan esa mortalidad. Ante semejante barbaridad hay que preguntar, junto a Martha Rosenberg, ¿acaso las mujeres que mueren por muerte evitable como es el aborto no son seres humanos? ¿Quién se hace responsable de que esas muertes que son evitables ocurran?

Lo cierto es que la muerte es el último emergente de una realidad social mucho más amplia, y tanto la mortalidad como la morbilidad maternas por abortos clandestinos están subregistradas para evitar la persecución. Además, un Estado que actúe como garante de los derechos de las personas debe hacer todo lo posible para llevar a cero toda muerte evitable.

Tanto el actual ministro de salud, Rubinstein, como los demás ex ministros de la misma cartera que concurrieron al debate coincidieron en que la legalización del aborto reduce la mortalidad y las hospitalizaciones por complicaciones de ese tipo; así mismo, su gratuidad no aumenta los costos en el sistema de salud; por el contrario, los baja.

Adicionalmente, manejar el aborto como un delito no ha reducido su incidencia. Las mujeres abortan y abortarán, pero los registros de otros países permiten ver que con el paso del tiempo hay una correlación entre la legalización y la reducción de la concurrencia de abortos, pues las leyes que permiten y regulan la práctica traen aparejadas la educación sexual integral y la difusión y el mejoramiento del acceso al uso de anticonceptivos.

Las mujeres abortan, abortaron y abortarán (sobre la legitimidad social de la ley)

En su exposición en el Senado la socióloga e historiadora Dora Barrancos nos mostró que Argentina fue un país pionero en transición demográfica, ya que a principios del siglo XX, de manera silenciosa, las mujeres bajaron su fecundidad. Esa baja, teniendo en cuenta la casi nula existencia de métodos anticonceptivos sólo puede explicarse por la concurrencia de práctica del aborto.

En Argentina, hoy en día, el aborto existe. El ministro Adolfo Rubinstein mostró que en la cartera que él dirige se estima que esta es una decisión que las gestantes toman más de 300.000 veces cada año.

Por otra parte, no se puede hacer una tipología de mujer que aborta. Las mujeres abortan independientemente de sus características socioeconómicas, étnicas, de pertenencia nacional o preferencias religiosas, morales o políticas. Lo que sí puede ser contrastable empíricamente es que las mujeres de clases medias y altas han tenido acceso a mejores y más seguros métodos para abortar. Por lo tanto, no sólo se debe despenalizar la práctica del aborto para disminuir las desigualdades existentes entre hombres y mujeres en materia sexual y reproductiva, sino que también se debe garantizar que las personas gestantes más vulnerables puedan interrumpir voluntariamente sus embarazos legal y gratuitamente.

A lo largo de la historia, y sobre todo con el advenimiento del capitalismo, se han mantenido estructuras de dominación sobre los vientres de las mujeres, pues hemos sido tratadas como meras reproductoras de seres humanos; y a ello hay que sumarle que nuestro trabajo no pago y no reconocido de cuidados y de crianza es reproductor de la sociedad. Hoy en día algunos de los/as senadores/as  que en Argentina votarán en contra del proyecto de ley argumentan que el aborto no se debe legalizar porque supuestamente la experiencia de despenalización en Europa tiene como correlato, en ese continente, que la tasa de reemplazo generacional es muy baja. Desnudan así una vez más que su intención es controlar el cuerpo de las mujeres, negándonos derechos, al obligarnos a continuar con embarazos no deseados para reproducir individuos y  lograr que así haya reemplazo generacional.

Para hacer que la ley sea aceptada por la población es necesario que logremos separar el debate moral y religioso de la discusión sobre los derechos humanos, la salud pública y la equidad. Como dije anteriormente, considero que el debate sobre el aborto consiste primordialmente en reconocer que las mujeres tenemos el derecho y la capacidad de tomar decisiones autónomas sobre nuestros cuerpos y lo más íntimo de nuestras vidas.

 

#Será lei

Imagem: Pilar Emitzin
Pilar Emitzin.

Nem genitor, nem Estado, nem Igreja, nem embrião com batimentos ou unhas pequenininhas são equiparáveis nem de longe à nossa soberania nestas decisões absolutamente pessoais que deveriam estar fora do alcance dos magistrados.”

Martha Rosenberg, médica e psicanalista

O movimento de mulheres na Argentina conseguiu em 2018 que, depois de 11 anos de haver sido apresentado pela primeira vez, o projeto de legalização da interrupção voluntária da gravidez (IVE – interrupción voluntaria del embarazo) finalmente fosse tratado no congresso nacional. O tratamento deste projeto e o debate que suscitou tanto no parlamento como nas ruas e nos lares demonstra, uma vez mais, que os direitos se conquistam e que a batalha surge desde baixo. Mostra também que em um momento em que paira sobre o planeta a ameaça de recorte de direitos, da exclusão, do endividamento, da xenofobia e do racismo, o movimento de mulheres, com a transversalidade de suas demandas, é o único que parece ser capaz atualmente de conter esse fantasma e inclusive se transformar na maré que alcance a conquista de cada vez mais direitos.

Nós que nascemos em outros lugares da América Latina estamos vendo que essa maré de lenços verdes que pede pelo aborto legal, seguro e gratuito está começando a banhar nossos países de origem. Talvez o amplo debate ao que este projeto de lei foi submetido na Argentina seja útil às nossas irmãs na hora de ter que confrontar visões para alcançar a fundamental descriminalização social do aborto. Por isso, neste artigo enumerarei alguns argumentos que foram expostos no Senado Nacional e que considerei mais relevantes para discutir com quem se opõe à legalização.

É a ciência que diz! Existe vida humana desde a concepção!

Quem se opõe à legalização do aborto diz que está cientificamente demonstrado que há vida humana desde a concepção. O reconhecido biólogo molecular e científico argentino Alberto Kornblihtt deu argumentos para tirar a biologia dessa confusão. Explicou que o conceito de “vida humana” escapa ao rigor do conhecimento científico pois esse termo é uma abstração feita por convenções sociais, jurídicas ou religiosas. O que a biologia sim pode determinar é a existência de vida e, em sentido estricto, esta palabra se refere às celulas. Por tanto, os espermatozoides, os óvulos, o embrião, o feto e até as células de uma pessoa que foi declarada falecida tem vida por um tempo.

Também nos esclareceu que um embrião ou um feto, mesmo que tenham genoma único, necesitan de outra informação que a pessoa gestante provê, através da placenta, para que possa continuar se desenvolvendo; por exemplo, o corpo da mulher transmite ao embrião anticorpos produzidos por ella que o protegem de infecções. Adicionalmente, as células e órgãos do embrião sofrem mudanças, chamadas epigenéticas, em suas células e órgãos devido a sua íntima relação com a gestante.

Portanto, nem o embrião nem o feto são seres independentes, não podem viver fora que quem os está gestando: são quase como um órgão. É mais: se fossem totalmente independentes, seriam rejeitados pelo sistema imonológico da mulher, já que tem genes de outro indivíduo, e isso não acontece.

O que faz com que o óvulo fecundado, o embrião e o feto sejam únicos é que eles têm a capacidade de se converterem um novo indivíduo, e isso os faz tanto valiosos como passíveis de proteção por parte dos Estados. Porém a médica e psicanalista Martha Rosenberg, membro fundadora da Campanha Nacional pelo Direito ao Aborto Seguro, Legal e Gratuito pregunta se por acaso “a protovida do embrião tem maior valor que a vida de quem o aloja em seu corpo e em sua biografia, e que não deseja continuar sustentando um projeto no qual sua vida está em jogo e que é impossível sem sua participação”.

E os direitos da criança por nascer? E o direito à vida consagrado na Constituição Nacional?”

Aqui entramos, segundo entendo, na parte fundamental do assunto sobre a legalização do aborto: a questão sobre a liberdade da mulher para decidir sobre seu corpo e sua trajetória de vida.

Em sua intervenção, a doutora em Direito Aída Kemelmajer nos mostra que os direitos, inclusive o da vida, não são absolutos, porque podem entrar em conflito com os direitos de outras pessoas. Isto é precisamente o que sucede no caso da interrupção voluntária da gravidez, pois há dois bens jurídicos antagônicos: por um lado estão os direitos à saúde, a dignidade, a liberdades e a autonomia das mulheres; e por outro, a proteção ao feto ou embrião.

Se supomos que a proteção do embrião ou do feto é absoluta, então estamos assumindo que os direitos das mulheres a sua saúde, dignidade, liberdade e autonomia podem ser postergadas em nome da reprodução humana. E mais uma vez, tal como temsucedido historicamente, as mulheres e pessoas gestantes nos encontraremos submetidas a um destino inevitável por causa dos nossos corpos com capacidade reprodutiva. Frente a este panorama, nós que esperamos a legalização do aborto insistimos que as mulheres não somos objetos nem instrumentos para a reprodução. Neste sentido, o advogado constitucionalista Roberto Saba argumenta que a legalização da interrupção voluntária da gravidez é algo que está sendo requerido pela Constituição Nacional, pois penalizar o aborto contribui a manter a situação de desigualdade estrutural das mulheres com respeito a dos homens, e ainda mais nas mulheres pobres.

Além disso, para que a sociedade comece a reconhecer a mulher como uma pessoa livre e autônoma é pertinente desmistificar e desnaturalizar a maternidade. Assim, a também psicóloga Alicia Stolkiner apontou que a implatação de um óvulo fecundado em um útero não constitui uma mãe; para se constituir como tal se requer que essa mulher deseje, imagine e pense no embrião como seu filho, ou seja, que maternize. É óbvio então que tanto a sociedade como o Estado devem reconheer que há projetos de vida ou condições físicas, psicológicas, sociais, econômicas, ou de sujeição à violência que fazem que as mulheres estejam impossibilitadas para maternar ou escolham não fazê-lo.

No caso do projeto de lei de aborto legal, seguro e gratuito aprovado pela Câmara de Deputados da Argentina, Aída Kemelmajer explicou que o conflito entre os ‘direitos’ do embrião ou feto (continuar se desenvolvendo para se tornar um humano autônomo) e os direitos da mulher ou pessoa gestante é resolvido em uma regra de proporcionalidade e progressividade. Então, como até a 14ª semana o embrião não tem desenvolvimento suficiente, se prioriza a autonomia da gestante, pois ela é uma pessoa juridicamente constituida que está desenvolvendo algo em seu corpo que psiquicamente não suporta. Depois da semana 14, quando o feto tem maior desenvolvimento, a autonomia da mulher não se extingue, ainda pode interromper sua gravidez, porém unicamente invocando três causas: 1) quando a saúde da pessoa gestante esteja em perigo; 2) dada a inviabilidade fetal extrauterina e 3) no caso de estupro. Uma vida sempre pode entrar em conflito com outra vida.

Foto: Sub.Coop
Foto: Sub.Coop

Se não querem engravidar, usem preservativo ou fechem as pernas”

Esta é uma frase que tivemos a infelicidade de escutar muitas vezes. As pessoas que a dizem não só invisibilizam as gravidezes por estupro, senão que também mostram seu desconhecimento sobre a baixa porém certa falibilidade dos métodos contraconceptivos e revelam o imaginario que penaliza o gozo e o prazer da mulher.

Por sorte, não temos que enfrentar esta frase tão violenta sempre, e o debate pela aprovação da lei sim fez que aqueles que outrora se opunham por razões religiosas, hoje pidam com urgência educação sexual. Mas, que educação sexual? Um dos expositores que se opõe à legalização, o médico Abel Albino, promove a abstinência e rejeita o uso de contraceptivos, se atrevendo inclusive a negar que o uso do preservativo é um método efetivo de prevenção contra doenças de de transmissão sexual, entre elas a AIDS. Seu interesse é limitar o gozo da sexualidade.

Como se sabe, este discurso é difundido pela Igreja Católica e teve como consequência que a aplicação da lei de Educação Sexual Integral, aprovada em 2006, esteja sendo limitada. De fato, a estudante saltenha Milagros Peñalba manifestou que em sua província (uma das mais religiosas do país) não há educação sexual e nem ao menos se fornecem métodos contraceptivos. Será verdade, como disse a ex-senadora María Eugenia Estenssoro, que a Igreja Católia protege a liberdade das mulheres para escolher como queremos viver e quantos filhos podemos trazer ao mundo com responsabilidade?

O que realmente necesitamos para prevenir as gravidezes não desejadas e a ocorrência de abortos é uma educação sexual que seja integral, não a que promove a abstinência mas tampouco uma com enfoque biologicista e limitada à genitalidade. Segundo a educadora popular e mestre em estudos de gênero Mabel Busaniche, a Educação Sexual Integral (ESI) deve: entender a pessoa como autônoma na toma de decisões; ter um enfoque de gênero que considere as asimetrias de poder fundadas nas diferenças sexuais e sua articulação com as de classe, etnia, diversidade funcional e preferência sexual, envolvendo de maneira transversal todas as áreas curriculares e institucionales para responder a sua complexidade; além disso deve propiciar a compreensão de que o corpo não é um lugar de sofrimento, dor e dominação, senão que é o territorio de soberania do sujeito.

Em consequência, se espera que a ESI permita às mulheres tomar decisões responsáveis sobre sua sexualidade, que possam dizer NÃO a situações de assédio, coerção e abuso desde a infância e reconheçam seu corpo como um territorio no qual somente elas tem direitos. Agrego que uma educação sexual com estas características debe servir como ferramenta para desarticular los dispositivos de violência de gênero e de discriminação às pessoas LGBTI, contribuindo a que los homens não tenham que recorrer constantemente à confirmação de sua masculinidade através de demonstrações de força ou de capacidade/rendimento sexual.

Uma das máximas da campanha pelo aborto legal reza: “educação sexual para decidir” e, de fato, o projeto de lei que vem com meia sansão desde a Câmara de Deputados procurar criar uma comissão para observar o cumprimento da lei já existente de Educação Sexual Integral.

Mas… as mortes por abortos clandestinos são muito poucas”

A saúde pública é um dos motivos que mais foi enunciado para promover a aceitação da lei de interrupção involuntária da gravidez. Reconhece-se amplamente que as mulheres com poucos recursos econômicos e simbólicos que praticam abortos clandestinos o fazem em condições de precariedade que põe em perigo sua saúde e suas vidas.

O atual ministro de Saúde argentino, Adolfo Rubistein, mostrou que se estima que cada ano há entre 35 e 45 mortes de mulheres causadas por abortos clandestinos. Lamentavelmente alguns que não estão de acordo com a aprovação da lei de aborto legal consideram que esta cifra é muito baixa e não vale a pena levar a cabo políticas públicas que reduzam essa mortalidade no curto prazo. Frente a semelhante barbaridade temos que perguntar, junto a Martha Rosenberg, por acaso as mulheres que morrem por morte evitável como é o aborto não são seres humanos? Quem se responsabiliza de que essas mortes que são evitáveis ocorram?

O certo é que a morte é o último emergente de uma realidade social muito mais ampla, e tanto a mortalidade como a morbidezmaternas por abortos clandestinos estão subregistradas para evitar a perseguição. Além disso, um Estado que atue como responsável pelos direitos das pessoas deve fazer tudo possível para levar a zero toda morte evitável.

Tanto o atual ministro de saúde, Rubistein, como os demais ex-ministros da misma carteira que participaram do debate coincidiram em que a legalização do aborto reduz a mortalidade e as hospitalizações por complicações desse tipo; da mesma forma, sua gratuidade não aumenta os custos em um sistema de saúde; ao contrário, os baixa.

Ademais, tratar o aborto como um delito não reduziu sua incidência. As mulheres abortam e abortarão, no entanto os registros de outros paises permitem ver que com o passar do tempo há uma correlação entre a legalização e a redução do número de abortos, pois as leis que permitem e regulam a prática trazem com elas a educação sexual integral e a difusão e melhoramento do acesso ao uso de contraceptivos.

As mulheres abortam, abortaram e abortarão (sobre a legitimidade da lei)

Em sua exposição no Senado, a socióloga e historiadora Dora Barrancos nos mostrou que a Argentina foi um país pioneiro em trasição demográfica, já que a princípios do século XX, de maneira silenciosa, as mulheres baixaram sua fecundidade. Essa baixa, tendo em conta a quase nula existência de métodos contraceptivos só pode ser explicada pera ocorrência de prática do aborto.

Na Argentina, hoje em dia, o aborto existe. O ministro Adolfo Rubinstein mostrou que na carteira que ele dirige se estima que esta é uma decisão que as gestantes tomam mais de 300.000 vezes cada ano.

Por outra parte, não se pode fazer uma tipologia de mulher que aborta. As mulheres abortam independentemente de suas características socioeconômicas, étnicas, de pertencimento nacional ou preferências religiosas, morais ou políticas. Lo que sí puede ser contrastável empiricamente é que as mulheres de classes medias e altas tem tido acesso a métodos melhores e mais seguros para abortar. Por tanto, não somente se debe descriminalizar a prática do aborto para diminuir as desigualdades existentes entre homens e mulheres em matéria sexual e reprodutiva, senão que também se debe garantir que as pessoas gestantes mais vulneráveis possam interromper voluntariamente sua gravidez legal e gratuitamente.

Ao longo da história, e sobretudo com o advento do capitalismo, se mantiveram estruturas de dominação sobre os ventres das mulheres, porque fomos tratadas como meras reprodutoras de seres humanos; e a isso há que acrescentar que nosso trabalho não pago e não reconhecido de cuidados e de criação é reprodutor da sociedade. Hoje em dia alguns dos/as senadores/as que votarão na Argentina contra o projeto de lei argumentam que o aborto não deve ser legalizado porque supostamente a experiência de descriminalização na Europa tem como correlativo, nesse continente, que a taxa de reposição geracional é muito baixa. Revelam assim mais uma vez que sua intenção é controlar o corpo das mulheres, nos negando direitos, ao nos obrigar a continuar com gravidezes não desejadas para repoduzir indivíduos e assim garantir reposição geracional.

Para fazer que a lei seja aceita pela população é necessário que podamos separar o debate moral e religioso da discussão sobre os direitos humanos, a saúde pública e a equidade. Como disse anteriormente, considero que o debate sobre o aborto consiste primordialmente em reconhecer que as mulheres temos o direito e a capacidade de tomar decisões autônomas sobre nossos corpos e o mais íntimo de nossas vidas.

Nací en Colombia y soy residente en Argentina desde hace 9 años. Estudié sociología en la Universidad del Rosario en Bogotá y actualmente estoy en proceso de homologar la carrera en la Universidad de Buenos Aires. Soy madre desde hace 5 años.

Comparte!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.