Ilustración: Pilar Emitzin

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Pero qué clase de amor pudieron conocer ellos?, pensé cuando el valle se quedó vacío y sólo su canto seguía resonando en mis oídos. El amor de sus  padres, el amor de sus perros y de sus gatos, el amor de sus juguetes, pero sobre todo el amor que se tuvieron entre ellos, el deseo y el placer.

Y aunque el canto que escuché hablaba de la guerra, de las hazañas heroicas de una generación entera de jóvenes latinoamericanos sacrificados, yo supe que por encima de todo hablaba del valor y de los espejos, del deseo y el placer.

Y ese canto es nuestro amuleto.”

Roberto Bolaño.

Desde hace más de un mes el Ecuador está consternado por el rapto de una niña de doce años, embarazada, en la frontera norte con Colombia, en la provincia de Sucumbíos. Dos señores vestidos de militares y armados irrumpieron en el aula y se la llevaron. Todavía no se sabe su paradero.

El último mes, las imágenes de los niños y niñas de los campos de concentración de migrantes en las fronteras estadounidenses no nos permite dejar de pensarlos.

Históricamente, la separación de las niñas y niños de sus familias ha sido una práctica colonial. Cientos de miles de niños y niñas indígenas fueron separados de sus padres y sus madres para trasladarlos involuntariamente a orfanatos, o lugares donde serían forzados a trabajar o servir. En Argentina, Chile, Canadá, Estados Unidos quedan imágenes, testimonios y memorias sobre esos casos. La operación Peter Pan de Estados Unidos sobre familias cubanas, el robo de bebés en la dictadura argentina tenían un fin común.

El 1 de julio desaparecieron 4 niñas en el Barrio La Santiago de Quito. Cuatro niñas en un mismo barrio, en un mismo día. ¿Será la eficacia de una red de trata sexual?

La avanzada de la ultra derecha de Colombia, una re emergencia paramilitar. ¿Como protegemos a los niños y adolescentes hombres para que no sean reclutados involuntariamente por los grupos armados en Colombia y en Ecuador? ¿Cómo los juzgará la sociedad en el futuro?

Niñxs que anhelan con volver al río donde se criaron. 

Niños, niñas y adolescentes que están recolectado hojas de coca, son “raspachines”, en medio de disputas territoriales transnacionales.

Lxs niñxs que recuperan su ser y su identidad cuando pueden decidir si ser hombres o mujeres, fruto de su propia lucha.

El antes y el después de vivir la migración, la separación de la tierra y de la familia. Lxs niñxs que se comunicaban con la naturaleza y ahora son violentadxs en las ciudades.

Las niñas y adolescentes que temen de sus padrastros, de sus padres, de sus tíos, de sus primos, de sus profesores. Víctimas de abuso sexual.

Niñas como la que fue raptada en Sucumbíos, que viven con adultos involuntariamente. Mujeres adolescentes que explican que para ellas la “prostitución por la vida” puede ser una opción para no entregarse a un “matrimonio” no deseado, iniciando su adolescencia.

 

Fotografía Ana María Morales, 2013.
Fotografía Ana María Morales, 2013.

Imagen 2:“Las mujeres tenemos derechos de libreta poder viajar libres de pensar y de hopinar y de sidir por nosotras mismas no mas maltratos a las mujeres”. Escrito por una adolescente colombiana, refugiada en Ecuador y sobreviviente de una red de trata sexual. 

La resistencia y rebeldía de niñas y adolescentes que se niegan a pasar de ser propiedad de sus padres a ser propiedad de sus maridos.

Mujeres adolescentes que explican el embarazo de ellas, no como su causa principal, así: “porque buscan libertad y quieren que el marido les saque”; cayendo en un estructura doméstica igual o peor de la que buscaba liberarse.

Las miles de adolescentes que luchan por el aborto seguro, legal y gratuito. Que se han hecho abortos clandestinos, que han perdido amigas a causa de ello. Que fueron violadas, quisieron abortar y no pudieron.

Lxs niñxs que caminan horas para llegar a su escuela.

Niños y niñas mapuches que han sido encarcelados junto a sus madres por el Estado argentino y chileno. Niñxs indígenas que se les niega su ser.

Lxs niñxs y jóvenes que descubren el racismo en sus escuelas, en la calle, o peor aún, en actos de odio a través de las balas en Brasil, Argentina, Estados Unidos.

Niños que sus cuerpos son utilizados para vender/entregar droga “en la esquina”.

¿Quién arma a los jóvenes?

Es necesario pensar en la eficacia de la pedagogía de la crueldad, concepto construido por Rita Segato, en la niñez y adolescencia. Como ella lo explica, la crueldad es una estrategia para interferir el tejido social “en su centro de gravedad”, que son las mujeres y lxs niñxs. A la par hay tejidos y redes que no se destruyen en las fronteras, en los desplazamientos o en los muros, se fortalecen. En estxs cuerpos se disputan soberanías, se incrustan y penetran estructuras patriarcales y  coloniales de despojo, que buscan instalarse en los cotidianos de las comunidades, barrios y hogares que lxs niñxs y adolescentes representan. Que son raíz y flor. Ellxs son semilla, que interpretan y recrean un mundo paralelo al impuesto. Crean sus narrativas, se subvierten, se organizan, se protegen. Hablan, cantan y bailan libremente. Se comunican con seres que no existen para los adultos, cohabitan mundos. Crean sus mundos sociales, impenetrables para los adultos (Das, 2016). Y, sus cantos son nuestro amuleto.

Referencia bibliográfica:

Das, V., (2016), Violencia, cuerpo y lenguaje. México DF, México: Fondo de Cultura Económica.

 

PARA AS CRIANÇAS

 

Ilustração: Pilar Emitzin
Ilustração: Pilar Emitzin

 

Mas que tipo de amor conheceram eles?, pensei quando o vale se esvaziou e apenas seu canto contiuava soando em meus ouvidos. O amor de seus pais, o amor de seus cachorros e de seus gatos, o amor de seus brinquedos, mas sobretudo o amor que tiveram entre eles, o desejo e o prazer.

E ainda que o canto que escutei falasse sobre a guerra, das façanhas heróicas de uma geração inteira de jovens latino-americanos sacrificados, soube que, acima de tudo, falava do valor e dos espelhos, do desejo e do prazer.

E esse canto é nosso amuleto.”

Roberto Bolaño.

 

Há mais de um mês o Equador está chocado pelo sequestro de uma menina de doze anos, grávida, na fronteira norte com a Colombia, na província de Sucumbíos. Dois senhores armados e vestidos de militares invadiram a sala de aula e a levaram. Ainda não se conhece seu paradeiro.

No último mês, as imagens dos meninos e meninas dos campos de concentração de migrantes nas fronteiras estadounidenses não nos permite deixar de pensar neles.

Historicamente a separação de meninas e meninos de suas famílias vem sendo uma prática colonial. Centenas de milhares de meninos e meninas indígenas foram separados de seus pais e suas mães para movê-los involuntariamente a orfanatos ou lugares onde seriam forçados a trabalhar ou servir. Na Argentina, no Chile, Canadá, Estados Unidos restam imagens, testemunhos e memórias sobre esses casos. A operação Peter Pan dos Estados Unidos, sobre famílias cubanas, o roubo de bebês durante a ditadura argentina tinham um fim comum.

 

No dia 1 julho desapareceram 4 meninas no Bairro La Santiago de Quito. Quatro meninas no mesmo bairro, no mesmo dia. Será a eficácia de uma rede de tráfico sexual?

O avanço da extrema direita da Colombia, um ressurgimento paramilitar. Como protegemos as crianças e adolescentes homens para que não sejam recrutados involuntariamente pelos grupos armados da Colombia e Equador? Como os julgará a sociedade no futuro?

Crianças que anseiam voltar ao rio onde foram criados.

Meninos, meninas e adolescentes que estão colhendo folhas de coca, conhecidos como “raspachines”, no meio de disputas territoriais transnacionais.

As crianças que recuperam seu ser e sua identidade quando podem decidir ser homens ou mulheres, fruto de sua própria luta.

O antes e o depois de viver a migração, a separação da terra e da família. As crianças que se comunicavam com a natureza e agora são violentadas nas cidades

As meninas e adolescentes que temem a seus padrastos, pais, tios, primos, professores. Vítimas do abuso sexual.

Meninas, como a que foi sequestrada em Sucumbíos, que vivem com adultos involuntariamente. No ano passado, na costa equatoriana, uma adolescente me explicou que para ela a “prostituição pela vida” era uma opção par não entregar-se a um “casamento” não desejado, iniciando sua adolescência.

 

Fotografia Ana María Morales, 2013.
Fotografia Ana María Morales, 2013.

Imagem 2. “Nós mulheres temos como direito poder viajar livres de pensar e opinar e decidir por nós mesmas não mais mal tratos as mulheres”. Escrito por uma adolescente colombiana refugiada em Equador  e sobrevivente de uma rede de tráfico sexual. 

A resistência e rebeldia de meninas e adolescente que se negam a passar de propriedade privada de seus pais a ser propriedade privada de seus maridos. Por exemplo, escutei de adolescentas no litoral e na serra do Equador, que um dos motivos (não o mais frequente) pelos quais engravidam é “porque buscam liberdade e querem que o marido tire-as de casa”; caindo em uma estrutura doméstica igual ou pior que a que buscavam liberar-se.

As milhares de adolescentes que lutam pelo aborto seguro, legal e gratuito. Que realizaram abortos clandestinos, que perderam amigas por causa disso. Que foram violentadas, quiseram abortar e não puderam.

As crianças que caminham horas para chegar à escola.

Meninos e meninas mapuches que foram encarcerados junto a suas mães pelo Estado argentino e chileno. Crianças indígenas que têm negado o direito de ser.

As crianças e jovens que descobrem o racismo nas escolas, na rua ou, pior ainda, em atos de ódios através das balas no Brasil, Argentina e Estados Unidos.

Meninos que têm seus corpos utilizados para a venda e transporte de drogas “na esquina”.

Quem arma os jovens?

É necessário pensar na eficácia da pedagogia da crueldade, conceito construído por Rita Segato, na infância e adolescência. Como ela explica, a crueldade é uma estratégia para interferir no tecido social “no seu centro de gravidade”, que são as mulheres e as crianças. Ao mesmo tempo há tecidos e redes que não se destroem nas fronteiras, nos deslocamentos ou nos muros, se fortalecem. Nesses corpos que se disputam soberanias, se incorporam e penetram estruturas patriarcais e coloniais de desapropriação, que buscam instalar-se no cotidiano das comunidades, bairros e lares que as crianças e adolescentes representam. Que são raiz e flor. Elxs são semente, que interpretam e recriam um mundo paralelo ao imposto. Criam suas narrativas, se subvertem, se organizam, se protegem. Falam, cantam e dançam livremente. Se comunicam com seres que não existem para os adultos, coabitam mundos. Criam seus mundos sociais, impenetráveis para os adultos (Das 2016). E seus cantos são nosso amuleto.

Referência bibliográfica:

Das, V., (2016), Violencia, cuerpo y lenguaje. México DF, México: Fondo de Cultura Económica.

 

Ana María Morales Troya, antropóloga feminista ecuatoriana. Actualmente vive en Buenos Aires, aunque siempre tiene una excusa para volver a su corazón andino.

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