Pilar Emitxin. Ilustración perteneciente al libro Biodanza y ciclicidad femenina de Maja Correa Pousa

 

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La imagen era la siguiente: un árbol de tronco muy amplio y sano nos contenía. Estábamos todas sentadas en círculo,  éramos ocho mujeres en total, cada una sentada cómodamente e incluso alguna acostada. En el centro, nuestro altar: los cuatro elementos, el cielo, la tierra y el centro (el poder del círculo).

El cielo cobijaba aquel árbol que era frondoso. A su vez, sus ramas y hojas nos cobijaban a nosotras. La tierra estaba abierta a nosotras y nosotras a ella: de cada una de nuestras vaginas se abría un canal vacío hacía la tierra, como una especie de túnel vertical que finalizaba en una pequeña bóveda circular. La bruja que encabezaba este círculo ritual de luna llena nos llevaba con suave voz hacia aquel momento en que decidíamos alojar o no esa energía que había llegado a nuestros vientres con la fuerza de la vida, completa, decidida a crecer y madurar. Por una u otra razón, nuestros cuerpos, nosotras mismas, habíamos decidido no darle paso a esa maduración hacia la concreción de un ser humano, y habíamos abortado.

Por ello en esa noche nos encontrábamos en aquel lugar. Era un ritual de sanación de los abortos. La imagen descripta era la que llegaba a mi entrecejo a través del canto con tambor que acompañaba este círculo de mujeres. Al abrir los ojos, estábamos todas allí, en conexión con aquel momento, frente a nuestras velitas, sintiendo, liberando, soltando, sanando unidas con la Abuela Luna: mujeres cíclicas, hermanadas aquella noche por esa experiencia de la muerte.

La tierra llamaba, como llama a un niño por nacer, como llama a las semillas por crecer. Ese pequeño espacio vacío que yacía debajo de cada una necesitaba alojar nuestras semillas y ser raíz para nutrir y fortalecer aquel árbol colectivo; el árbol de la vida necesitaba que depositáramos esa energía en él, que ya en nosotras estaba muerta y que la gran madre estaba dispuesta a regenerar. Nos han enseñado a llorar la muerte y no creo que esté mal, pero creo que llorarla apenas con dolor limita el poderoso amor transformador con el que ella abre las puertas de la vida.

Aquella noche sembramos, lloramos y sanamos. Yo había sido guía y canal en este círculo. Mi propio ritual de sanación de estos episodios transformadores habían tenido lugar en mí,  tiempo atrás. Después de este círculo ritual de luna llena, volví a casa y encontré en mi diario menstrual las fechas en que me había practicado mi aborto: julio del 2016. Sorprendentemente, descubrí que unas páginas más adelante estaban los primeros dibujos e ideas de “AfroÚtero”, mi proyecto de danzas afrocolombianas con los arquetipos menstruales, en el que se combinan mis saberes de bruja y bailarina. Me sentí muy impresionada al verlo, sentí la presencia de aquella energía que yo había liberado con aquel aborto, sentí su regalo, su compañía, su poder genuino.  

Ante esta experiencia me decidí observar con detenimiento las historias de otras mujeres frente a sus abortos, y en aquellas que conozco de cerca, en todas,  pude notar el crecimiento de un nuevo proyecto seguido del aborto, la materialización de algo nuevo: el nacimiento y fortalecimiento de un grupo, una mudanza y una nueva vida de nuevas relaciones y enfoques, una casa propia.  

Aquella energía que vive en nosotras, sigue viva afuera de nosotras. Al liberarla, la propia fuerza de la vida toma forma y materializamos con mucha facilidad aquello donde quiera que pongamos la intención de hacer crecer. Ojo, ¡también puede crecer el dolor, la incertidumbre, o la enfermedad! Crecerá con la fuerza de la vida cualquier cosa donde quiera que pongas la intención. Esta  fuerza de materialización no es moral, es una fuerza expansiva que se nutre de tus acciones, pensamientos y sentimientos.

Esta experiencia no se trata de usar los abortos como un medio de materialización: se trata de comprender la sabiduría de la vida, y el amor sin límites que esa energía demuestra hacia nuestra humanidad. Se trata también de comprender que el ciclo de la Vida/Muerte/Vida encierra la fuerza creadora y respetuosa de las leyes del universo y de la madre tierra y que, al ser nosotras expresión de este ciclo mes a mes con nuestra menstruación, contamos con un poder materializador que está a la espera de que seamos todas libres para manifestarse amorosamente en nuestro entorno. Somos expresión de la muerte cada vez que menstruamos y esta muerte da paso a la energía de la virgen, a energías dinámicas, organizadoras e independientes que se manifiestan en nosotras mes a mes luego de menstruar y que crean nuevos mundos a nuestro alrededor.

La tierra siempre estará dispuesta a recibir nuestras semillas y la muerte siempre lo estará  para la transformación. Es tiempo de recuperar nuestro poder sobre estos mundos paralelos, comprender que este poder materializador nos conecta con un mundo que nos han pintado como oscuro y tenebroso. Y puede ser que sea oscuro, pero es una oscuridad nutricia como la tierra profunda donde se cierra un ciclo de vida con la muerte, para regenerarse en nueva vida.

 

O CICLO DA VIDA/MORTE/VIDA

 

Pilar Emitxin. Ilustración perteneciente al libro Biodanza y ciclicidad femenina de Maja Correa Pousa
Pilar Emitxin. Ilustración perteneciente al libro Biodanza y ciclicidad femenina de Maja Correa Pousa

 

A imagem era a seguinte: uma árvore de tronco muito grande e forte nos continha. Estávamos todas sentadas em círculo, éramos oito mulheres no total, cada uma sentada comodamente, algumas até deitadas. No centro, nosso altar: os quatro elementos, o céu, a terra e o centro (o poder do círculo).

O céu protegia aquela árvore que era frondosa. Por sua vez, seus galhos e folhas nos protegiam. A terra estava aberta a nós e nós a ela: de cada uma de nossas vaginas se abria um canal vazio até a terra, como uma espécie de túnel vertical que finalizava em uma pequena abóbada circular. A bruxa que liderava este círculo ritual de lua cheia nos levava com uma voz suave para aquele momento em que decidíamos alojar ou não essa energia que tinha atingido nossos ventres com a força da vida, completa, decidida a crescer e amadurecer. Por uma razão ou outra, nossos corpos, nós mesmas, decidimos não dar lugar a essa maturação para a concretização de um ser humano, e havíamos abortado.

É por isso que naquela noite estávamos naquele lugar. Era um ritual de cicatrização dos abortos. A imagem descrita era a que chegava a minha testa através do canto com tambor que acompanhava este círculo de mulheres. Ao abrir os olhos, estávamos todas ali, em conexão com aquele momento, na frente de nossas velinhas, sentindo, liberando, soltando, curando unidas com a Avó Lua: mulheres cíclicas, irmãs aquela noite por essa experiência da morte.

A terra chamava, como chama uma criança ao nascer, como chama as sementes a crescer. Esse pequeno espaço vazio que ficava abaixo de cada uma precisava abrigar nossas sementes e ser raiz para nutrir e fortalecer aquela árvore coletiva; a árvore da vida precisava que depositássemos essa energia nela, que em nós já estava morta e que a grande mãe estava disposta a regenerar. Ensinaram-nos a chorar a morte e não acho que está errado, mas acho que chorá-la apenas com dor limita o poderoso amor transformador com o qual ela abre as portas da vida.

Aquela noite semeamos, choramos e curamos. Eu havia sido guia e canal neste círculo. Meu próprio ritual de cura destes episódios transformadores tinha acontecido em mim, tempos atrás. Depois deste círculo ritual de lua cheia, voltei a casa e encontrei no meu calendário menstrual as datas em que havia feito meu aborto: julho de 2016. Surpreendentemente, descobri que em algumas páginas depois estavam os primeiros desenhos e ideia de “AfroÚtero”, meu projeto de danças afrocolombianas com arquétipos menstruais, no qual se combinam meus saberes de bruxa e dançarina. Me senti muito impressionada ao vê-lo, senti a presença daquela energia que eu havia liberado com aquele aborto, senti seu presente, sua companhia, seu poder genuíno.  

Diante desta experiência, decidi observar atentamente as histórias de outras mulheres sobre os seus abortos, e naquelas que conheço de perto, em todas elas, pude notar o crescimento de um novo projeto seguido do aborto, a materialização de algo novo: o nascimento e fortalecimento de um grupo, uma mudança e uma nova vida de novas relações e enfoques, uma casa própria.

Aquela energia que vive em nós segue viva fora de nós. Ao liberá-la, a própria força da vida toma forma e materializamos com muita facilidade aquilo que queremos fazer crescer. Cuidado, também pode crescer a dor, a incerteza, ou a doença! Crescerá com a força da vida qualquer coisa, onde quer que você coloque sua intenção.  Esta força de materialização não é moral, é uma força expansiva que se nutre de suas ações, pensamentos e sentimentos.

Esta experiência não se trata de usar os abortos como um meio de materialização: se trata de compreender a sabedoria da vida, e o amor sem limites que essa energia demonstra a nossa humanidade. Se trata também de compreender que o ciclo da Vida/Morte/Vida encerra a força criativa e respeitosa das leis do universo e da mãe terra e que, ao sermos nós mesmas a expressão deste ciclo, mês a mês, com nossa menstruação, contamos com um poder materializador que está à espera de que sejamos todas livres para manifestar-se amorosamente no nosso entorno. Somos expressão da morte cada vez que menstruamos e esta morte dá lugar à energia da virgem, a energias dinâmicas, organizadoras e independentes que se manifestam em nós mesmas mês a mês após a menstruação e que criam novos mundos ao nosso redor.

A terra sempre estará disposta a receber nossas sementes e a morte sempre estará disposta para a transformação.  É tempo de recuperar nosso poder sobre estes mundos paralelos, compreender que este poder materializador nos conecta com um mundo que nos pintaram como escuro e tenebroso. E pode ser que seja escuro, mas é uma escuridão nutritiva como a terra profunda na qual se encerra um ciclo da vida com a morte, para regenerar-se em nova vida.  

Comunicadora. Creadora de AfroUtero: Taller de danzas afrocolombianas con los arquetipos menstruales. Realizadora de círculos femeninos y aprendiz de sus lógicas. Bailarina, investigadora y documentalista.

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