Juana Segundo. Fotografía: Natalia Colazo para el Movimiento de Mujeres Indígenas por el Buen Vivir.

 

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Juana Segundo tiene 49 años, es Pilagá. Ella es descendiente de sobrevivientes del genocidio planificado y ejecutado por el Estado en 1947 en La Bomba, actual Ciudad de Las Lomitas Formosa, Argentina. Actualmente, Juana vive en la Comunidad Penqolé en la misma provincia. Juana tiene varias  causas judiciales, entre los delitos que la imputan se encuentra una usurpación y entorpecimiento de circulación de transportes y servicios públicos (corte de rutas).

En el año 1947, varias familias vivían en el paraje de La Bomba, usurpado por el Estado argentino, a orillas de un madrejón y a pocos metros del pueblo de Las Lomitas. En ese lugar (actual territorio de las Comunidades Penqolé y Oñedié) el cacique Oñedié, Pablito Navarro, nacido en Pozo Molina, tenía una chacra. Tonkiet, cuyo nombre en castellano era Luciano Córdoba, “un hombre que curaba sin cobrar”, también provenía de Pozo Molina y como Oñedié pertenecía al grupo de los kedokopí o “gente del jaguar”. Las familias continuaron llegando y, con el correr de los días, ya eran varios cientos de personas, que ocuparon las orillas del madrejón. Pronto la multitudinaria reunión fue vista con recelo por las autoridades militares, religiosas y civiles a cargo de la vigilancia y control del entonces Territorio Nacional Formosa, y se intimó a las familias para que abandonaran el paraje. Oñedié, que por sus conocimientos del castellano obraba de traductor, sobresalió por aquellos días como interlocutor entre los pilagá y funcionarios civiles y militares. A fines de septiembre, la vigilancia diaria del escuadrón se intensificó. La comandancia envió gendarmes a revisar las “tolderías” y decomisar escopetas, cuchillos y machetes que fueron guardados en un depósito del escuadrón 18 de Gendarmería. La intrusión de un Estado policial se manifestó en la vigilancia y en la incautación de las herramientas y armas utilizadas para la cacería, lo que dañó la economía del grupo. En los días previos a los primeros fusilamientos, los organismos estatales intentaron diversas estrategias para desalojar a las familias del paraje y trasladarlas a las colonias aborígenes de Bartolomé de las Casas y Francisco Muñiz.

El 10 de octubre de 1947 se advirtió a los niños y niñas de que en el escuadrón se estaba gestando la represión que se desataría ese mismo día. Por la tarde, los gendarmes dispararon sus ametralladoras pesadas y sus fusiles contra la multitud que avanzaba con Biblias en sus manos. Aunque muchos habían emprendido la huida, algunos se quedaron enfrentando a los fusileros con sus Biblias, rezando a viva voz y suponiendo que no iban a dispararles. Sin embargo, cerca de las seis de la tarde, se dio la orden de fuego y hombres, mujeres y niños, cayeron heridos y muertos por las primeras ráfagas.

El tiroteo se extendió durante horas y se escucharon disparos durante la madrugada. Esa noche comenzaron las persecuciones de los distintos grupos que escapaban por el monte hacia sus comunidades de origen y se incineraron los cadáveres de los caídos esa tarde, esparciendo con topadoras las cenizas durante los días siguientes. De las declaraciones aportadas por los sobrevivientes de la Masacre, muchos de los que habitaban ese paraje no volvieron ya que se escaparon por el monte, y a partir de es cuando Gendarmería Nacional usurpa el lugar.

Actualmente los integrantes de las Comunidades se encuentran reivindicando el territorio ancestral que les pertenece, siendo víctimas de procesos judiciales, por parte del Estado nacional, la Provincia y los particulares. En abril de este año entrevistamos a Juana Segundo en el marco del Primer Parlamento de Mujeres Originarias de las 36 Naciones, en Ensenada, La Plata, organizado por el Movimiento de Mujeres Indígenas por el Buen Vivir de Argentina.

Ana María y Paula: Juana, qué nos puedes contar sobre la situación en tu comunidad y tu actual judicialización.

Juana: Yo prefiero empezar por el tema de la matanza; es muy valioso para mí porque soy una hija de ese pueblo que casi ya no existía. Somos minoría, a través de la matanza que hubo cuando ni siquiera existíamos. Mi mamá es sobreviviente. Hablar del tema de la matanza es muy profundo para mí y nunca me olvido hasta donde termina mi vida porque yo al acordar esta matanza hago valer el testimonio de mis propias familias. Algunos están, otros ya se fueron. Hago valer muchísimo porque es mi propia sangre, así que me fui a recuperar un pedazo de tierra que estaba muy prohibido para nosotros pero igual me fui. Me sentí muy dolorida por los testimonios cuando empecé a trabajar con la Federación de Comunidades Indígenas del Pueblo Pilagá (organización con personería jurídica). A través de los testimonios de mis familiares, algunos ya no están, y a través de ese testimonio sentí profundamente que debía ir a donde nacimos. Estaba prohibido para nosotros ese lugar. Me costó cuatro años volver porque no se trata sólo de querer volver, sino que está la necesidad de agua. Fuimos, nos instalamos y ahí se hizo la comunidad nueva donde está mi familia. Todos los años una o dos veces por año, siempre vemos el cementerio de los familiares nuestros, el rastro que quedó, cuando salgo de esa parte o cuando entro, primero me pongo a llorar porque siento la presencia de mis propios familiares que fueron atacados. A través de este testimonio de la matanza hago valer la memoria de mis tíos, tías y abuelos.

 

 Juana Segundo. Fotografía: Natalia Colazo para el Movimiento de Mujeres Indígenas por el Buen Vivir.
Juana Segundo. Fotografía: Natalia Colazo para el Movimiento de Mujeres Indígenas por el Buen Vivir.

 

¿Nos podés contar sobre tu hijo Timoteo?

Al final me tocó una desgracia total para mi porque le mataron a mi hijo, lo hicieron a propósito. Timoteo fue el capitán de la juventud pilagá, a él no le importaba si hablabas mal de él pero siempre contesta, siempre con la gana de querer jugar y juntar a la juventud. Él se lleva con todo el mundo, tiene sus amigos criollos, tiene sus amigos wichí. Él supo convivir porque tiene una concubina que es wichí. Ayer que venía viajando por Rosario me acordé de mi hijo y se me caían sólo las lágrimas. Me estoy tragando la amargura. Pero solo el señor se encarga, la venganza proviene de Dios. Me puse a leer mi Biblia arriba en el colectivo, no se cómo es esta situación del juicio de mi hijo. No podía aguantar lo que estaba pensando pero se que a través de este parlamento vamos a llegar a un acuerdo. Pero sí me sentí fuerte de encontrar las demás hermanas y hoy amanecí orando de vuelta para que el señor nos guíe. Es una cosa muy insoportable para las demás mujeres pero siempre oro y pido al señor que me guíe porque esa matanza que pasó, me tocó la desgracia, a propósito le hicieron. Pero no quiero sentirme débil y no quiero sentirme vacía, a través de la voz de las mujeres en distintos países, creo que vamos a llegar a lograr una entrada favorable para nuestras propias comunidades, porque yo no soy la única que he pasado estos tiempos difíciles.

Sé que son bastantes mujeres que nos tocó en esos malos tiempos pero hay que estar con mucha paciencia pidiendo al señor que nos guíe, nos de más inteligencia y pensar más amplio y recolectar, intercambiar las ideas porque a veces nos sentimos solas de estar en nuestra propia comunidad. Nos sentimos que somos carenciadas  por falta de dinero porque no podemos actuar con justicia. En el juzgado nadie te escucha, peor si hablas menos, ni te pregunta ni te mira, esa es la tristeza de las mujeres pilagá. A veces me pongo dura, a veces me pongo débil. Las dos cosas que estoy atravesando, pensando en la matanza, no lo puedo olvidar. Por más que no tenemos respuesta del juicio, cómo se está encabezando. Algún día vamos a llegar a lograr una respuesta favorable para la comunidad.

Tenemos siempre presente el pasado, el presente. Las memorias se hacen muy frescas día a día, noche tras noche, nos conversamos, nos reunimos conversamos con nuestros nietos. El día de mañana, si no estoy, van a comentar a sus propios hijos, a sus propios nietos de la comunidad. Ellos tienen en cuenta que en ese lugar fue la matanza y hemos perdido bastantes animales, bastante tierra, ahora estamos muy intoxicados. Yo donde vivo no hay agua, no hay río. Tenemos graves problemas por la soja. El mes de enero sentimos un olor feísimo, el viento, como si fuera un baño podrido. Duró una semana el olor, la chakra estaba muy podrida, muchos venenos, muchos químicos. Yo sé  porque vivo cerquita. El suelo está muy contaminado, no tenemos atención médica. No tenemos escolaridad, no tenemos maestra jardinera, no tenemos profesor de secundario para que los chicos terminen sus estudios.

 

¿Cómo continuó el caso de tu hijo Timoteo?

Mi abogada me entregó el número de expediente de Timoteo y está ahora en la iglesia. Ellos están orando para que puedan lograr algo porque Timoteo es un chico muy estudioso, es estudiante y no tiene precio. El hace reunir a la juventud, visita su comunidad y él salió como la matanza del año 1947 porque comparamos con esa historia. Pero Timoteo era un chico muy sencillo, muy amable como los abuelos que son testigos de la matanza. Ellos también vienen a hablar en la comunidad para que se reúnan y se unan con la fuerza. Se me hace que salió como los abuelos, que son testigos de esa matanza. Perder un hijo sano es difícil de olvidarlo, te afecta todo parte de tu salud, te enferma, mucha desesperación, muchos nervios.

 

¿Qué le pasó exactamente?

Tuvo un accidente, él venía en moto. Él organizó un fútbol en el lote 27, el sábado se fue a La Bomba, el domingo fue al fútbol y ahí tocó la desgracia. Ahí terminó. Aguantó como once días. Cayó un 6 de abril accidentado y no hicieron nada los enfermeros porque era un chico muy sano, nunca tuvo tratamiento. El 16 de abril falleció.

 

¿Tus padre y tu madre de dónde son?

Mi papá era un criollo pero me crió mi mamá, mi abuela y mis tíos que ya no están. Así que me siento muy feliz de no olvidar mi propia cultura, mi lengua y a veces veo las hermanas que son como blancas en su forma de vestir, en su forma de hablar; me impacta mucho porque allá no existe esa forma. Las mujeres la mayoría hablamos en nuestro dialecto, comemos la comida nuestra y comemos la comida del mundo blanco, algunas no, no somos todas.

 

¿Por qué cortaron la ruta, cómo fue?

Sí, en 2016 cortamos la ruta, no me acuerdo el mes. Un mes de noviembre, octubre, casi los últimos días de octubre y llegando los últimos días de noviembre. Cortamos la ruta porque estamos pidiendo que venga un maestro para enseñar a los niños para que nos de clase y pidiendo la personería jurídica para la comunidad Penqolé fuimos y cortamos la ruta y vino el intendente para que se levante el corte.

[Desde ese día Juana se encuentra judicializada por el corte de ruta realizado, causa que hoy se encuentra a punto de elevarse a juicio oral.]

 

Cestos elaborados por mujeres Pilagá. Fotografía: Natalia Colazo.
Cestos elaborados por mujeres Pilagá. Fotografía: Natalia Colazo.

 

Después de octubre de 1947 que invade gendarmería, todos se van, y vos, Juana, fuiste la primera que decide regresar, el 29 de abril…

Sí, lo decidimos porque estuvieron ahí las familias de mi marido pero al correr dos años vino de vuelta gendarmería, hubo presión y huyeron de vuelta esas familias. Me quedé con tres familias pero igual yo sigo estando ahí. Recuerdo esos días que fue tan difícil y complejo. Pedía al señor que me acompañe, por más que estoy sola sigo siendo firme, fuerte, al final me tocó una desgracia por la muerte de mi hijo, no creía lo que me iba a pasar pero tuve un sueño que me viene una maldición. Me enfermé primero, después cuando me recuperé a propósito le hicieron la muerte de mi hijo. Todo fue una maldición para mí pero yo sigo estando ahí. Cada vez me pongo a cerrar el terreno, aseguro, gane quien gane pero la sangre que se derramó en esta parte jamás nadie me va a sacar.

Me instalé, cerré el terreno, llegaron los gendarmes y dijeron que me van a sacar, que tengo que firmar tal papel para sacar a la gente sobre las rutas 81 y la 28. “No, yo no voy a firmar ni un pedazo de papel porque ustedes son los mismos enemigos nuestros”. Cuando esté nuestro defensor y me lo lea ahí si puedo firmar sin mi defensor no puedo firmar. Se aflojaron los gendarmes y nunca más volvieron gracias a Dios. Me quieren llevar en el escuadrón, si no quiero ir, van a llevar a mis dos hijas. Como son jovencitas elijen la más menor. Para no creer. Ellos  fueron, me amenazaron, me tocaron una chica, le tocaban el pelo, como tenía el pelo largo.

 

Volviendo a la matanza del 47...

En el año 47 es verdad lo que pasó, nunca cambia la historia de los gendarmes, así que cuando mis hijas iban a la escuela secundaria, como quedaba a 12 kilómetros  iban y volvían a pie. Ellas cuando tienen miedo de noche ya no pueden ir a la costa de la pampa. A las siete, seis y media de la noche están esperando los gendarmes en la punta de esa pista y quieren agarrar a mis hijas, una vez se huyeron mis hijas y entraron al monte con las mochilas. Los varones quedaron caminando. Timoteo iba también y llegó un gendarme le dijo: “pará muchacho”. Si quieren revisar revíselo dijo y le revisaron. Bueno, andá rápido porque acá nadie puede circular. “Acaso que soy un traficante de droga” contestaba Timoteo, “no me hagan esas cosas”, decía mi hijo. “Por qué me tratan con esas palabras que no me gustan delante de mí porque ustedes son enemigos de mis ancestrales” decía y de ahí nunca más revisaron la mochila.

“Si me sacan de ahí, quién me contesta mi pregunta si ustedes son los mismos gendarmes enemigos nuestros, bueno que me den un terreno privado, con título, con llave, todas las viviendas”, un día así le amenacé a un gendarme y jamás me volvieron a molestar. Ningún gobierno está pagando esa causa. Yo vengo a recuperar lo poco que quedó. Después vinieron de vuelta, quieren que done 200 o 100 hectáreas para ellos como aviación o radar qué se yo. Así me hablaron pero no acepté mientras no tengo la personería jurídica, título, no voy a aceptar el negocio que me están planteando porque quiero ver con mis familiares a ver si me dicen si o no y me dijeron que no. La tierra es nuestra y ya está, instalamos, cerramos. Basta. Me instalé y nada más.

 

“Sin Nosotras No Hay Pais” Fotografía: Leandro Rodríguez
“Sin Nosotras No Hay Pais” Fotografía: Leandro Rodríguez

 

El Parlamento donde se desarrolló la entrevista fue vital para la construcción de la Campaña “Nos Queremos Plurinacional”, promovida por el Movimiento de Mujeres Indígenas por el Buen Vivir que busca que el Encuentro Nacional de Mujeres cambie su carácter “Nacional” por “Plurinacional”. Este cambio significaría que las mujeres indígenas sean sujetas políticas, protagonistas, donde su participación sea transversal en el Encuentro Nacional de Mujeres. Ante los históricos genocidios  e invisibilización a las poblaciones indígenas desde la nación argentina, esta campaña se vuelve urgente para combatir el racismo y proponer el Buen Vivir como derecho. Es una deuda histórica de las luchas feministas, como plantea el Movimiento de Mujeres Originarias por el Buen Vivir: “por la libre determinación de los cuerpos, por la libre determinación de los territorios y por la libre determinación de los pueblos”.

 

ENTREVISTA COM JUANA SEGUNDO: da chacina de La Bomba à luta pelo território ancestral do povo Pilagá

 

 Juana Segundo. Fotografía: Natalia Colazo para el Movimiento de Mujeres Indígenas por el Buen Vivir.
Juana Segundo. Fotografía: Natalia Colazo para el Movimiento de Mujeres Indígenas por el Buen Vivir.

 

 

Juana Segundo tem 49 anos e é Pilagá. Ela é descendente de sobreviventes do genocídio planejado e executado pelo Estado em 1947 em La Bomba, atual cidade de Las Lomitas, Formosa, na Argentina. Atualmente, Juana mora na Comunidade Penqolé, na mesma província. Juana tem várias causas judiciais. Ela é acusada de usurpação e obstrução da circulação de transportes e serviços públicos ( bloqueio de estradas).  

No ano 1947, várias famílias moravam em La Bomba, território usurpado pelo Estado argentino, à beira do leito de um rico seco, localizado a poucos metros da cidade Las Lomitas. Nesse lugar (atual território das Comunidades Penqolé e Oñedié) o cacique Oñedié, Pablito Navarro, nascido em Pozo Molina, tinha uma chácara. Tonkiet, cujo nome em espanhol era Luciano Córdoba, “um homem que curava sem cobrar”, também vinha de Pozo Molina e, como Oñedié, pertencia ao grupo dos kedokopí ou “povo da onça pintada”. As famílias continuaram chegando e, com o passar dos dias, somaram centos de pessoas, que ocuparam a beira do leito do rio seco. Em pouco tempo, a numerosa reunião foi alvo do receio das autoridades militares, religiosas e civis, responsáveis pela vigilância e pelo controle do então Território Nacional de Formosa. As famílias foram intimadas a abandonarem o local. Oñedié, cujos conhecimentos da língua espanhola lhe permitiam agir como tradutor, se destacou naqueles dias como mediador entre os pilagá e os funcionários civis  e militares. No fim de setembro, a vigilância diária do esquadrão foi intensificada. O comando mandou guardas para revistar a ocupação e confiscar espingardas, facas e facões, que foram guardados em um depósito do esquadrão 18 da Gendarmaria. A intromissão do Estado policial se deu por meio da vigilância e da apreensão das ferramentas e armas usadas para caça, fato que causou prejuízos à economia do grupo. Nos dias prévios aos primeiros fuzilamentos, os órgãos estatais tentaram diversas estratégias para despejar as famílias do local e levá-las para as colônias indígenas de Bartolomé de las Casas e Francisco Muñiz.  

Em 10 de outubro de 1947, crianças foram avisadas de que estava se gestando uma repressão, que aconteceria naquele mesmo dia. De tarde, os policiais dispararam suas metralhadoras pesadas e suas armas contra a multidão, que avançava com Bíblias nas mãos. Embora muitos tinham começado a fugir, alguns ficaram, enfrentado os fuzileiros com suas Bíblias, rezando à viva voz e supondo que por isso os guardas não iriam atirar contra eles. Porém, por volta das 18h00, foi dada a ordem de abrir fogo e homens, mulheres e crianças caíram feridos e foram mortos pelos primeiros disparos.

O tiroteio estendeu-se por horas e disparos foram ouvidos durante a madrugada. Naquela noite, começaram as perseguições contra vários grupos que fugiam pelo mato para suas comunidades de origem. Também foram queimados os cadáveres daqueles que tinham sido mortos naquela tarde, cujas cinzas foram espalhadas nos dias posteriores.  De acordo com testemunhos dos sobreviventes da Chacina, muitos dos que moravam naquele lugar não voltaram porque fugiram pelo mato. E foi a partir desse momento que a Gendarmaria Nacional usurpou o local.

 

Atualmente, os integrantes das Comunidades estão reivindicando o território ancestral que lhes pertence e sendo vítimas de processos judiciais, por parte do Estado nacional, da Província e dos setores privados. Em abril deste ano, entrevistamos Juana Segundo no contexto do Primeiro Parlamento de Mulheres Originárias das 36 Nações, em Enseada, La Plata, organizado pelo Movimento de Mulheres Indígenas pelo Bem Viver de Argentina

 

Ana María e Paula: Juana, o que você pode nos contar sobre a situação na sua comunidade e sua atual judicialização?

Juana: Eu prefiro começar pelo tema da chacina; é muito importante para mim porque sou filha desse povo que quase não existia. Somos minoria, por causa da chacina que aconteceu quando a gente nem mesmo existia. Minha mãe é sobrevivente. Falar do tema da chacina é muito profundo para mim e nunca vou esquecer até o fim da minha vida, porque quando eu lembro da chacina faço valer o testemunho das minhas próprias famílias. Alguns estão, outros já se foram. Valorizo muitíssimo porque é meu próprio sangue, então fui recuperar um pedaço de terra que estava muito proibido para nós, mas mesmo assim eu fui. Senti muita dor quando ouvi os testemunhos, quando comecei a trabalhar com a Federação de Comunidades Indígenas do Povo Pilagá (organização com pessoa jurídica). Por meio dos testemunhos dos meus familiares, alguns não estão mais aqui, mas por meio desses testemunhos senti profundamente que devia ir para o lugar onde a gente nasceu. Aquele lugar estava proibido para nós. Demorei quatro anos para voltar porque não é só querer voltar, precisa também de água. A gente foi, se instalou e fez a comunidade nova onde está minha família. Todos os anos, uma ou duas vezes ao ano, a gente vai ao cemitério dos nossos familiares, o que sobrou dele. Quando saio de lá ou quando entro, primeiro começo a chorar porque sinto a presença dos meus familiares que foram atacados. Por meio deste testemunho da chacina valorizo a memória dos meus tios, das minhas tias e dos meus avôs.

 

Você pode nos contar sobre seu filho Timoteo?

No fim das contas, tive que viver uma grande tragédia porque mataram meu filho e foi de propósito. Timoteo foi o capitão da juventude pilagá. Ele não se importava se alguém falasse mal dele, ele sempre respondia, sempre tinha vontade de brincar e juntar os jovens. Ele se dava bem com todo mundo, tinha amigos mestiços, tinha amigos wichí. Ele soube conviver porque tinha uma concubina wichí. Ontem quando eu estava viajando por Rosario lembrei do meu filho e chorei muito. Estou engolindo a amargura. Mas só o Senhor toma conta, a vingança provém de Deus. Comecei a ler minha Bíblia no ônibus, não sei como está a situação do julgamento do caso do meu filho. Não podia suportar o que estava pensando, mas sei que por meio do Parlamento vamos chegar a um acordo. Me senti forte ao encontrar as outras irmãs e hoje amanheci rezando de novo para que o Senhor guie a gente. É algo muito insuportável para as outras mulheres, mas sempre rezo e peço para o Senhor me guiar porque a chacina que aconteceu foi uma tragédia, foi feita de propósito. Mas eu não quero me sentir fraca nem vazia, através da voz das mulheres em vários países, acho que vamos conseguir uma entrada favorável para nossas próprias comunidades, porque eu não sou a única que tem passado por tempos difíceis.

Eu sei que muitas mulheres temos passado por situações difíceis, mas tem que ter muita paciência e pedir pro Senhor nos guiar, nos dar mais inteligência e pensar mais amplamente, colher, trocar as ideias porque às vezes a gente se sente só estando na nossa própria comunidade. Sentimos que somos negligenciadas porque não temos dinheiro, porque não podemos entrar na Justiça. No tribunal ninguém escuta a gente, é pior se você fala menos, nem perguntam nem olham para você, essa é a tristeza das mulheres pilagá. Ás vezes fico forte, outras fico fraca. As coisas pelas que estou passando, pensando na chacina, não consigo esquecer. Por mais que não tenhamos resposta do julgamento, sobre como está sendo liderado, algum dia vamos conseguir uma resposta favorável para a comunidade.

Temos sempre presente o passado, o presente. As memórias estão muito frescas. Todos os dias, todas as noites, conversamos, nos reunimos, conversamos com nossos netos. O dia de amanhã, se eu não estiver mais aqui, vão falar pros seus próprios filhos, pros seus próprios netos sobre a comunidade. Eles sabem que neste lugar aconteceu a chacina, que temos perdido muitos animais, muita terra e agora estamos muito intoxicados. Onde eu moro não tem água, não tem rio. Temos graves problemas por causa da soja. No mês de janeiro sentimos um cheiro muito ruim, o vento, como se fosse um banheiro podre. Durou uma semana aquele cheiro, a chácara estava muito podre, muitos venenos, muitos químicos. Eu sei porque moro muito perto. O solo está muito poluído, não temos atendimento médico. Não temos educação, não temos professora infantil, nem professor para que os meninos concluam seus estudos.  

 

Como continuou o caso de seu filho Timoteo?

Minha advogada me entregou o número do expediente de Timoteo e agora está na igreja. Eles estão rezando para que possam conseguir alguma coisa porque Timoteo era um menino muito estudioso, era estudante e não tem preço. Ele juntava à juventude, visitava sua comunidade e saio como a chacina do ano 1947 porque comparamos com essa história. Mas Timoteo era um menino muito simples, muito gentil como os avôs que são testemunhas da chacina. Eles também vêm falar na comunidade para que o povo se junte e se junte com força. Acho que ele puxou para os avôs, que são testemunhas da chacina. Perder um filho sadio é algo difícil de esquecer, afeta tudo, parte da saúde, te adoece, muito desespero, muitos nervos.

 

O que aconteceu com ele exatamente?

Sofreu um acidente, ele vinha de moto. Ele organizou um jogo de futebol no loteamento 27, no sábado foi para La Bomba, no domingo foi para o futebol e foi aí que aconteceu a tragédia. Foi aí que acabou. Resistiu mais ou menos 11 dias. Sofreu o acidente em 6 de abril e os enfermeiros não fizeram nada porque era um menino muito sadio, nunca teve tratamento. Faleceu em 16 de abril.

 

De onde são seu pai e sua mãe?

Meu pai era um mestiço mas quem me criou foi minha mãe, minha avó e meus tios que já não estão. Então eu me sinto muito feliz por não esquecer minha própria cultura, minha língua e às vezes vejo as irmãs que parecem brancas no seu jeito de vestir, no seu jeito de falar; me impressiona muito porque lá não existe esse jeito. As mulheres, na sua maioria, falamos em nosso dialeto, comemos nossa comida e comemos comida do mundo branco, algumas não, não somos todas.

 

Por que bloquearam a estrada? Como foi?

Sim, em 2016 bloqueamos a estrada, não lembro do mês. Um mês de novembro, outubro, quase nos últimos dias de outubro e chegando nos últimos dias de novembro. Bloqueamos a estrada porque estávamos pedindo que viesse um professor para ensinar as crianças, para nos dar aula e pedindo a pessoa jurídica para a comunidade Penqolé. Fomos e bloqueamos a estrada e veio o intendente para levantar o bloqueio.

[Desde esse dia Juana está judicializada pelo bloqueio de estrada realizado, causa que hoje está prestes a ser levada para julgamento oral.]

 

 

Cestos elaborados por mujeres Pilagá. Fotografía: Natalia Colazo.
Cestos elaborados por mujeres Pilagá. Fotografía: Natalia Colazo.

 

 

Depois da gendarmaria invadir em outubro de 1947, todos foram embora, e você, Juana, foi a primeira que decidiu voltar, em 29 de abril

Sim, decidimos isso porque as famílias do meu marido estiveram lá, mas com o passar dos anos a gendarmaria voltou, houve pressão e as famílias fugiram de novo. Eu fiquei com três famílias, mas continuo estando lá. Lembro que aqueles dias foram muito difíceis e complexos. Eu pedia pro Senhor me acompanhar. Embora eu esteja sozinha, continuo firme, forte, no fim vivi a tragédia da morte do meu filho, não acreditava no que ia acontecer comigo, mas tive um sonho e nele eu vi que vinha uma maldição. Primeiro adoeci, depois, quando me recuperei, mataram meu filho de propósito. Tudo foi uma maldição para mim, mas eu continuo aqui. Sempre fecho o terreno, asseguro ele, ganhe quem ganhar, pelo sangue que foi derramado neste lugar, jamais ninguém vai me tirar daqui.

Me instalei, fechei o terreno, chegaram os guardas e falaram que iam me tirar, que devo assinar um papel para tirar às pessoas nas estradas 81 e 28. “Não, eu não vou assinar nenhum pedaço de papel porque vocês são os mesmos inimigos nossos”. Quando nosso defensor estiver aqui e ler esse papel, então eu assino, sem ele aqui não posso assinar. Os guardas amoleceram e nunca mais voltaram graças a Deus. Querem me levar no esquadrão, se eu não quiser ir, vão levar minhas duas filhas. Como são bem novas, escolhe a mais jovem. Inacreditável. Eles foram, me ameaçaram, tocaram uma das minhas meninas, tocavam o cabelo, porque tinha o cabelo comprido.

 

Voltando à chacina de 47...

É verdade o que aconteceu no ano 47, a história dos guardas nunca muda, então quando minhas filhas iam no fundamental 2, que ficava a 12 quilómetros, iam e voltavam a pé. Quando elas têm medo à noite não podem ir pra costa da pampa. Por volta das seis e meia ou sete da noite, os guardas estão esperando na ponta da estrada e querem pegar minhas filhas, uma vez minhas filhas fugiram e entraram no mato com as mochilas. Os meninos continuaram caminhando. Timoteo ia também, um guarda chegou e falou para ele: “para, menino”. Se vocês quiserem revistar ele, revistem, falou, e o revistaram. Bom, anda logo porque por aqui ninguém pode circular. “Por acaso sou um traficante de droga?”, respondeu Timoteo, “não façam isso comigo”, falava meu filho. “Por que falam comigo desse jeito que eu não gosto porque vocês são os inimigos dos meus ancestrais?” falava. Depois disso, nunca mais revistaram a mochila dele.

“Se me tirarem daqui, quem responde minha pergunta sobre se vocês são os mesmos guardas inimigos nossos? bom vocês me darem um terreno privado, com título, com chave, todas as casas”, um dia ameacei um guarda e jamais me incomodaram de novo. Nenhum governo está pagando esta causa. Eu venho a recuperar o pouco que restou. Depois voltaram, querem que doe para eles 100 ou 200 hectáreas para aviação ou radar sei lá. Foi isso que eles me falaram, mas eu não aceitei porque não tenho pessoa jurídica, título, não vou aceitar o negócio que me propõem porque quero consultar com meus familiares para ver se eles falam sim ou não e falaram que não. A terra é nossa e pronto, instalamos, fechamos. Chega. Me instalei e pronto.

 

 

“Sin Nosotras No Hay Pais” Fotografía: Leandro Rodríguez
“Sin Nosotras No Hay Pais” Fotografía: Leandro Rodríguez

 

 

O Parlamento onde aconteceu a entrevista foi fundamental para a construção da Campanha “Nos queremos Plurinacional”, promovida pelo Movimento de Mulheres Indígenas pelo Bem Viver, que busca que o Encontro Nacional de Mulheres mude seu caráter “Nacional” para “Plurinacional”. Esta mudança significaria que as mulheres indígenas se tornassem sujeitas políticas, protagonistas e que sua participação no Encontro Nacional de Mulheres seja transversal. Diante dos genocídios históricos e da invisibilização das populações indígenas pela nação argentina, esta campanha se torna urgente para combater o racismo e propor o Bem Viver como direito. É uma dívida histórica  das lutas feministas, como coloca o Movimento de Mulheres Originárias pelo Bem Viver: “pela livre determinação dos corpos, pela livre determinação dos territórios e pela livre determinação dos povos”.

 

Paula Alvarado es abogada perteneciente al Pueblo Kolla, Especialista en Derecho Internacional de los Derechos Humanos (UBA) y Maestranda en Derechos Humanos, Estado y Sociedad (UNTREF). Docente universitaria e integrante de la Red de Investigadores sobre Genocidio y Política Indígena. Abogada de varias comunidades indígenas de la Provincia de Formosa y de la Provincia de Buenos Aires. | Ana María Morales Troya, antropóloga feminista ecuatoriana. Actualmente vive en Buenos Aires, aunque siempre tiene una excusa para volver a su corazón andino.

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