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La marea verde iniciada en Argentina por el movimiento de mujeres y el movimiento feminista ha dinamitado las fronteras. Nos hemos encontrado mujeres indígenas, originarias, migrantes, feministas, trabajadoras, piqueteras -luchadoras todas- en la calle enfrentando al patriarcado. Hemos seguido desde distintos territorios los debates en el parlamento argentino escuchando cientos de argumentos en los que nos encontramos: no queremos más abortos clandestinos donde mueren las mujeres empobrecidas, indígenas, las mujeres de las villas, las niñas. No queremos más que los Estados y las Iglesias decidan sobre nuestros cuerpos. “Aborto libre, seguro y gratuito en cualquier lugar” es el grito que ha trascendido las fronteras para encontrarnos y acuerparnos.

El aborto es la materialización del ejercicio de la autonomía del cuerpo de las mujeres, más allá del discurso, es decidir sobre su propio cuerpo. Jimena Tejerina, Potosí, Bolivia.

No podemos negar que si existe hoy en Abya Yala un movimiento organizado capaz de movilizar a millones en las calles, es el movimiento de mujeres. Para nosotras la lucha por el aborto libre concentra hoy todas las resistencias y denuncias contra el sistema patriarcal, colonialista, racista, neoliberal, narco-estatal y transnacional; que con la complicidad de los Estados explota los territorios, los pueblos, desde la explotación y sometimiento de nuestros cuerpos. Frente a la vuelta conservadora que existe en la región con gobiernos fascistas, con parlamentos fundamentalistas tomados por las Iglesias, la lucha por el aborto libre es la lucha de las mujeres y de los pueblos por la autonomía y la autodeterminación. Es una lucha antipatriarcal, anticolonial, anticapitalista y antineoliberal.

Créditos: Feminismo Comunitario Antipatriarcal.

Yo soy la primera generación que decidí mi maternidad, no puedo ver el tema del aborto si no es con la mirada larga en el tiempo. Mi abuela nacida en un pueblito de Puno en Perú tuvo 10 hijos, 7 vivos y 3 muertos, uno nació muerto, otro murió por enfermedad y otro por falta de alimentación. Diana Paredes, migrante en Madrid, España.

Como mujeres aymaras, quechuas, migrantes, nos hemos resistido a discutir sobre el aborto en los términos de una autonomía liberal e individualista planteada por el feminismo eurocentrado por muchos años. Ese feminismo que no reconoce que el aborto clandestino es un problema de clase; que las que mueren son las mujeres empobrecidas que son indígenas o migrantes, que son las que no tienen condiciones para acceder a un aborto seguro; que finalmente la autonomía es para quienes pueden ser autónomas en un mundo patriarcal y capitalista. Pero a pesar de estas diferencias y entendiendo que el feminismo se construye desde el cuerpo, hemos construido nuestros propios argumentos frente al aborto pensando desde la memoria larga de los pueblos y –principalmente- desde la memoria larga de nuestros cuerpos.

Ancestralmente las mujeres hemos abortado, esa memoria está en nuestros cuerpos. Si no fuera así, nuestro cuerpo no estaría preparado para eso; y lo está. Ancestralmente nuestras abuelas y nuestras madres han decidido cuándo eran buenos tiempos para gestar, para parir o para abortar: desde la responsabilidad con la vida, con una vida digna para nosotras y para las wawas, desde la responsabilidad con la comunidad que debe criar y cuidar. Nos negamos a aceptar los mandatos patriarcales que se han reciclado en las cosmovisiones de los pueblos y que nos obligan a parir aunque no sea un buen tiempo individual ni comunitario. Nos negamos a aceptar que nuestras cosmovisiones se conviertan en imposiciones. Entendemos que la lucha por la tierra y el territorio es la lucha por una vida digna, y no hay vida digna si nos obligan a mal parir y mal criar; si en nuestras comunidades nuestros cuerpos siguen siendo territorio colonizado sobre el cual deciden los maridos, los padres, los hermanos, los curas o el Estado. Si nos imponen la maternidad como esclavitud, no hay comunidad ni defensa del territorio posible. Asumimos la autonomía como una posición política frente al sistema, una posición que se ejerce colectiva y comunitariamente. No puede haber autonomía y autodeterminación para los pueblos sin la autonomía y autodeterminación de nuestros cuerpos.

Los procesos de cambio en Abya Yala, Bolivia, Venezuela, Brasil, Ecuador, Argentina se han hecho desde los pueblos, desde las mujeres, pero los gobiernos ni siquiera han sido capaces de despenalizar el aborto y luchar realmente contra la violencia, hasta ahí ha llegado la revolución, hasta sus cuerpos no más. Adriana Guzmán, La Paz, Bolivia.  

En las luchas de los pueblos existen también relaciones de poder. La resistencia genera poder, un poder que puede hacerse funcional al mismo sistema que pretende destruir. Las mujeres hemos luchado y sostenido los procesos insurreccionarios en Abya Yala: hemos resistido, hemos soñado y hemos puesto la vida para construir el vivir bien. Desde las organizaciones hemos elegido y respaldado gobiernos conformados por compañeros y compañeras comprometidas, de quienes esperábamos consecuencia. Pero las revoluciones han encontrado sus límites patriarcales, no se ha despenalizado el aborto que –entendemos- es una condición indispensable como mujeres para no morir. Con diferentes argumentos como la estabilidad política, el peso de las Iglesias, las amenazas imperialistas en la región, nos han pedido que esperemos; que tengamos paciencia. Nos han dicho que es una deuda pendiente, y la verdad es que no nos vamos a convertir en acreedoras. Ya entendimos que las revoluciones las hacen los pueblos y no los gobiernos; que la autonomía se ejerce, no se legisla. Por eso construimos cada día desde un feminismo comunitario y antipatriarcal.

Créditos: Feminismo Comunitario Antipatriarcal.

Los hombres no tienen que reflexionar sino pasar a la acción, decidir lo que van a hacer con sus violencias hacia nosotras, lo que van a hacer con su esperma. Tienen que hablar sobre sus responsabilidades individuales y colectivas. Julia Castillo, Migrante en Valencia, España.

La autocrítica tiene que pasar por las organizaciones y cosmovisiones. Las organizaciones donde los hombres que se autodenominan nuestros compañeros y hermanos también se hacen cómplices de este sometimiento de nuestros cuerpos. Porque si hay que hablar de aborto, hay que hablar de la eyaculación irresponsable e impune de los hombres; que es de lo que ellos tienen que hacerse cargo. Se hace política desde el cuerpo. Y es su cuerpo el responsable de embarazos no deseados, de violaciones y violencias. Es su cuerpo el que ha hecho de la paternidad el mayor acto de impunidad contra la vida en la historia de la humanidad. Porque demás está decir que criamos principalmente las mujeres, y entre mujeres. Y como si no fuera suficiente ese cotidiano, los hombres pactan con los poderes del Estado y las Iglesias en nuestro nombre; por supuesto porque no están tranzando sus cuerpos, negocian los nuestros. No se puede ser anticapitalista si no se es antipatriarcal. Para ser compañeros tienen que hacer también de sus eyaculaciones un acto revolucionario.

Lo hemos visto en la escuela, en la universidad, no importa la edad de los hombres, siempre van a ser irresponsables, porque no ponerse condón es un ejercicio de poder. Diana Vargas, La Paz, Bolivia.

Valoramos la lucha de las hermanas y compañeras que habitan Argentina; valoramos que no hayan retrocedido ni dejado las calles. La demanda por el aborto legal, seguro y gratuito contiene también un “Fuera Macri”, un “Fuera el Capitalismo y sus fondos”. Así lo sentimos y lo vivimos. Compartimos con ellas acciones para dinamitar las fronteras inundadas hoy por una marea verde que no se detiene. Hemos tomado los pañuelos, su color y su memoria para hacer las luchas en nuestros territorios, en toda el Abya Yala extendida hasta las Europas. Desde esa fuerza compartida, desde la memoria ancestral de nuestros cuerpos, sabemos también que el pañuelo verde no es anticonceptivo.

Hay una lucha frente a los Estados y las Iglesias. Hay una lucha que continúa en las calles y en nuestras camas. Hay una lucha que sabemos que no la hacemos solas, caminamos acompañadas; porque el aborto libre rompe fronteras.

¡AUTONOMÍA, DESCOLONIZACIÓN, SON NUESTROS CUERPOS, ES NUESTRA DECISIÓN!

 

O ABORTO LIVRE ROMPE FRONTEIRAS

Tradução Julia Scavitti

“Sin warmi kuty, no hay pacha kuty”. Sem o retorno do tempo das mulheres, não há retorno do tempo das povos.

A maré verde iniciada na Argentina pelo movimiento de mulheres e pelo movimiento feminista dinamitou as fronteiras. Nos encontramos entre mulheres indígenas, originárias, migrantes, feministas, trabalhadoras, lutadoras: todas nas ruas enfrentando o patriarcado. Acompanhamos de diferentes territórios os debates ocorridos no parlamento argentino, escutando centenas de argumentos nos quais nos encontrávamos. Não queremos mais abortos clandestinos onde morrem mulheres empobrecidas, indígenas, das periferias, crianças. Não queremos mais que os estados e igrejas decidam sobre nossos corpos. “Aborto livre, seguro e gratuito em qualquer lugar” é o grito que transcendeu as fronteiras para que nos encontrássemos e formássemos um corpo só.

O aborto é a materialização do exercício da autonomía do corpo das mulheres, para além do discurso, é decidir sobre seu próprio corpo. Jimena Tejerina, Potosí, Bolivia.

Não podemos negar que se hoje existe, em Abya Yala, um movimento organizado capaz de mobilizar milhões pelas ruas, esse movimento é o de mulheres. Para nós, a luta pelo aborto livre concentra hoje todas as resistências e denúncias contra o sistema patriarcal, colonialista, racista, neoliberal, narco-estatal e transnacional, que fazendo-se cúmplice dos Estados explora os territórios e povos a partir da exploração e submissão de nossos corpos. Diante da virada conservadora que existe na região com governos fascistas e parlamentos fundamentalistas tomados por igrejas, a luta pelo aborto livre é a luta das mulheres e povos pela autonomia e autodeterminação. É uma luta antipatriarcal, anticolonial, anticapitalista e antineoliberal.

Eu sou a primeira geração que decidi sobre minha maternidade, não posso ver a questão do aborto que não com um amplo olhar no tempo. Minha avó nascida em um povoado de Puno, no Peru, teve 10 filhos, 7 vivos e 3 mortos: um nasceu morto, outro morreu de uma doença e outro por falta de alimentação. Diana Paredes, migrante em Madrid, Espanha.

Como mulheres aymaras, quechuas e migrantes temos resistido a discutir sobre o aborto nos termos de uma autonomia liberal e individualista proposta pelo feminismo eurocêntrico por muitos anos. Esse feminismo não reconhece que o aborto clandestino é um problema de classe, e que as mulheres que morrem são as empobrecidas, indígenas ou migrantes, aquelas que não tem condições para acessar um aborto seguro e que essa autonomia é apenas para quem pode ser autônoma num mundo patriarcal e capitalista. Mas apesar dessas diferenças e entendendo que o feminismo se constrói desde o corpo, temos construído nossos próprios argumentos em relação ao aborto pensando a partir da memoria mais antiga dos povos e principalmente a partir da vasta memória de nossos próprios corpos.

As mulheres ancestralmente abortam, e essa memória está em nossos corpos, do contrário, eles não estariam preparados para isso. E ele está. Ancestralmente, nossas avós e mães decidiam quando eram os bons momentos para gestar, parir ou abortar: desde a responsabilidade com a vida, uma vida digna para nós e para as wawas, até a responsabilidade com a comunidade que deve criar e cuidar. Nos negamos a aceitar as regras e costumes patriarcais que se tornaram cosmovisões das pessoas e que nos obrigam a parir mesmo não sendo um bom tempo individual nem comunitário. Nos negamos a aceitar que nossas cosmovisões se convertam em imposições. Entendemos que a luta por terra e território é a luta por uma vida digna e não há vida digna quando nos forçam a parir mal e a criar mal; se em nossas comunidades nossos corpos seguem sendo território colonizado sobre o qual decidem os maridos, país, irmãos ou burocratas do Estado.  Se nos é imposta a maternidade como escravidão, nem comunidade nem defesa de território são possíveís. Assumimos a autonomia como uma posição política frente ao sistema, uma posição que se exerce coletiva e comunitariamente. Não é possível haver autonomia e autodeterminação para os povos sem a a autonomia e autodeterminação de nossos corpos.

Os processos de transformação em Abya Yala, Bolivia, Venezuela, Brasil, Equador e Argentina são feitos a partir dos povos, das mulheres, mas os governos nem sequer são capazes de despenalizar o aborto e lutar realmente contra a violência. Até esse momento chegou a revolução, até que seus corpos disseram não mais. Adriana Guzmán, La Paz, Bolivia.

Nas lutas dos povos existem também relações de poder. A resistência gera poder, que pode tornar-se funcional exatamente ao sistema que pretende destruir. As mulheres tem lutado e sustentado os processos de inssurreição em Abya Yala: temos resistido, sonhado e dado nossas vidas para construir o viver bem (el vivir bien).  A partir de organizações, elegemos e respaldamos governos formados por companheiros e companheiras comprometidos e de quem esperávamos consequência, mas as revoluções tem encontrado seus limites patriarcais. Não se despenalizou o aborto, que entendemos como uma condição indispensável, enquanto mulheres, para não morrer. Com diferentes argumentos, como a estabilidade política, o peso das igrejas e as ameaças imperialistas na região, nos pedem que esperemos e tenhamos paciência. Nos disseram que é uma dívida pendente, mas a verdade é que não nos tornaremos credoras. Já entendemos que as revoluções são feitas pelos povos e não pelos governos, que a autonomia se exerce, não se legisla. Por isso construímos cada dia um feminismo comunitário e antipatriarcal.

“Os homens não tem que refletir, e sim agir, decidir o que vão fazer com suas violências contra nós, mulheres, o que vão fazer com seu esperma. Devem falar sobre suas responsabilidades individuais e coletivas”. Julia Castillo, migrante em Valencia, Espanha.

A autocrítica tem que existir entre as organizações e ideologias de mundo. Também deve existir nas organizações onde estão os homens que se denominam nossos companheiros e irmãos, que também são cúmplices dessa submissão de nossos corpos. Porque se é preciso que falem de aborto, é preciso que falem também da ejaculação irresponsável e impune dos homens, que é sobre o que deveriam assumir responsabilidade.  Se faz política desde o corpo, e é seu corpo o responsável das gravidezes indesejadas, de violações e violências. É seu corpo que tem feito da paternidade o maior ato de impunidade contra a vida na história da humanidade, porque é necessário dizer que nós, mulheres, somos quem principalmente criamos mulheres e entre nós. E como se não bastasse esse cotidiano, os homens pactuam com os poderes do Estado e das igrejas em nosso nome. Por não estarem traduzindo seus corpos, negociam os nossos. Não se pode ser anticapitalista se não se é antipatriarcal, para serem companheiros devem também fazer de suas ejaculações um ato revolucionário.

Vimos isso na escola, na universidade, não importa a idade dos homens, eles sempre serão irresponsáveis, porque não colocar o preservativo em si mesmo é um exercício de poder. Diana Vargas, La Paz, Bolívia.

Apoiamos a luta das irmãs e companheiras que vivem na Argentina, e valorizamos que não tenham retrocedido nem deixado as ruas. A demanda pelo aborto legal, seguro e gratuito contém também um “Fora Macri”, um “Fora capitalismo e seus fundos”. Assim sentimos e vivemos. Compartilhamos com elas ações para dinamitar as fronteiras, inundadas hoje por uma maré verde que não se detém. Nos apropriamos dos pañuelos, sua cor e sua memória para construir as lutas em nossos territórios, em toda Abya Yala até as Europas. A partir dessa força compartilhada e da memória ancestral de nossos corpos sabemos também que o pano verde não é anticoncepcional. Há uma luta contra o Estado e as igrejas, uma luta que continua das ruas às nossas camas, uma luta que sabemos que não lutamos sozinhas, caminhamos acompanhadas, porque o aborto livre rompe fronteras.

 

AUTONOMIA, DESCOLONIZAÇÃO, SÃO NOSSOS CORPOS, É NOSSA DECISÃO!

Feminismo Comunitário Antipatriarcal, Movimento Migrante Palabra Coletiva. Abya Yala, novembro, 2018.

 

Movimiento Migrante es una organización de mujeres feministas, indígenas, originarias, campesinas, universitarias, migrantes, trabajadoras, desempleadas, madres, no madres, lesbianas, no heterosexuales, abuelas, jóvenes y niñas, plurales, que asumimos la lucha desde la vida contra el sistema patriarcal de muerte; y proponemos -desde la memoria larga de nuestros pueblos y de nuestros cuerpos- la comunidad como forma de vida digna y la comunidad de comunidades como forma política de organización para el territorio mundo.

Movimento Migrante é uma organização de mulheres feministas, indígenas, originárias, campesinas, universitárias, migrantes, trabalhadoras, desempregadas, mães e não mães, lésbicas, heterossexuais, avós, jovens e crianças, plurais, que assumimos a luta a partir da vida contra o sistema patriarcal de morte, e propomos, desde a grande memória de nossos povos e nossos corpos, a comunidade como forma de vida digna, e a comunidade das comunidades como forma política de organização para o território mundial.

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