Foto: Lucila Quieto, Archivo Ni Una Menos Argentina

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Matemática, socióloga, filósofa y feminista de origen mexicano, Raquel Gutiérrez Aguilar tiene a sus espaldas una extensa y vibrante historia de militancia. En la década de los 80, la que consolidó el neoliberalismo en América Latina, viajó a Bolivia, donde fue parte de la fundación del Ejército Guerillero Tupac Katari (EGTK), de inspiración aymara. En 1992 fue detenida junto a otros miembros del EGTK, entre ellos, su pareja en aquel momento, el actual vicepresidente boliviano, Álvaro García Linera. Pasó cinco años en la cárcel, acusada de terrorismo. De aquellos años nació su libro ¡A desordenar! Por una historia abierta de la lucha social. Es autora, también, de Los ritmos del Pachakuti. Movilizacion y levantamiento indígena popular en Bolivia y Horizontes comunitario-populares. Producción de lo común más allá de las políticas estado-céntricas.

Raquel reside en México, donde es profesora de la Universidad Autónoma de Puebla. En octubre del 2018 estuvo en Buenos Aires, en coincidencia con el 33 Encuentro Plurinacional de Mujeres que se celebró en Trelew (provincia de Chubut) y con la visita a estas tierras de la italiana Silvia Federici. En esta entrevista hablamos de ese tejido entre mujeres a cuya emergencia asistimos y del que somos parte, entre atónitas y esperanzadas.

Amazonas: ¿Cómo se ha ido articulando tu trayectoria militante y vital con tus elaboraciones teóricas?

Raquel: Yo me he vivido a mí misma cuando un tipo de experiencia está terminando y otro está comenzando a gestarse. Es decir, casi siempre me han tocado tiempos de transición… aunque quisiera decir otra palabra. Tiempos en los que algo se agota y algo empieza a existir. Me tocó la última parte de la vieja manera de acción, totalmente masculina, guerrillera, muy centrada en una confrontación directa. Ahí yo podía ver todos los límites, y es algo en lo que pude reflexionar mucho en la época de la cárcel. Era, también, el momento en que esa forma antigua de pelear y de hacer se debilitaba y surgían otras formas más parecidas a lo que, como experiencia general, significa el zapatismo. El entretejimiento de lo viejo disminuido con lo nuevo naciendo, es esta capacidad comunitaria, básicamente indígena de poner en escena nuevas formas de lucha y de tener claridad de qué es lo que se propone obtener. En la experiencia guerrillera en la que yo milité esta hibridación era muy clara: unos jóvenes que éramos los últimos marxistas leninistas del continente, con unas comunidades aymara y también quechua, una trama comunitaria que comenzaba a rebelarse y organizarse. A mí me permitió aprender cómo iba emergiendo esa otra forma de luchar que tiene que ver con ocupar el espacio, con cuidar el adentro, con tener un sentido de equilibrio todo el tiempo como un punto muy claro. Y luego tuve cinco años en la universidad de la vida que me pagó el Estado, la “beca cárcel”, para pensarlo. Ese bagaje me permitió la posibilidad de una apertura hacia lo que iba a ser la lucha del agua, las feministas, en un momento en que la lucha era muy dura; me hice muy amiga del grupo de feministas y lesbianas Mujeres Creando. Tuve la suerte de poder ir transitando entre tradiciones y aprendiendo de una experiencia vital muy dura de vivir, la gran expropiación patriarcal de todo lo hecho y todo lo armado: me tocó atravesar vitalmente un momento de gran expropiación; todas lo hemos sufrido y sabemos de qué estamos hablando. El momento de perderte a ti misma, de no saber qué está pasando que te separa de lo que fue creado y te confronta a pensar cómo volver a relanzarte.

Amazonas: Hay, ahí, una superposición de unos tipos de violencia con otros…

Raquel: Eso me proporcionó cierta sensibilidad para entender la continuidad de los procesos de violencia que venía sufriendo: la violencia institucional patriarcal de la organización política marxista, la violencia del Estado, tanto en la detención como en la cárcel; la violencia, después, de esta articulación del mundo privado y público que habilita que la fuerza construida entre muchos quede significada por un sólo gran apropiador que entonces puede establecer alianzas con otros de su género. Y eso traté de ordenarlo como experiencia vital de algún modo. Por eso ahora me conmueve tanto este renovado momento de despliegue de las luchas de mujeres, lesbianas, trans y travestis, que pone en el centro la violencia sistemática que vienen sufriendo, los diferentes pliegues de esa agresión con mensaje, como dicen los del CELS [Centro de Estudios Legales y Sociales de Argentina]. Pasa por sentir que puedes reconocer esas violencias y sentirte habilitada para hablar porque aspectos de la experiencia vital -que en momentos hay que guardar porque duele o porque parece que no sirviera-… de repente vuelve a servir.

Amazonas: Esa experiencia nos hace pensar en ese vínculo, tan destacado por las feministas, entre lo político y lo personal…

Raquel: La vida es una sola, y ahora la puedo contar así, no como una sucesión recortada de pedazos, de tramos, sino como una sola vida que va madurando, que va envejeciendo y consolidándose, pero que tiene que atravesar una serie de casillas y de marcos ordenadores absolutamente patriarcales y coloniales, absolutamente capitalistas; por eso con frecuencia sientes que todo está roto.

Amazonas: Junto a [la socióloga argentina] Verónica Gago, plantean la existencia de una constelación feminista, un conjunto de conceptos que siempre beben de la praxis política. ¿Cómo pensar, desde ahí, los encuentros y desencuentros entre el marxismo y esos entramados comuntitarios?

Raquel: Cuando estás observando la realidad desde determinado mirador teórico que admite las segmentaciones dadas, entonces tú también piensas desde clasificaciones instituidas; lo rural y lo urbano, lo ‘a’ y lo ‘b’; y entonces estás en separación. Es algo en lo que acá viene insistiendo el movimiento de mujeres: que todo se va hibridando, mezclando, entreverando, no licuando, no haciendo una cosa homogénea, sino tejiéndose. Yo lo vi en [el Encuentro Plurinacional de Mujeres de] Trelew, cuando veías esas pequeñas variaciones en las letras de las canciones y, en lugar de cantar “Aborto legal en el hospital”, decimos “en cualquier lugar”, o cuando sustituyen la palabra “brujas” por “machis” [las autoridades espirituales del pueblo mapuche, que tienen el don de sanar] en el canto: “Somos las nietas de todas las machis que nunca pudieron quemar”. No es que canto tu canción y niego la mía, o viceversa: es que a tu canción yo le quiero añadir algo, no en una lógica de apropiación sino de entretejimiento, de guiño, para mostrar que estoy viendo tu fuerza y que tu fuerza me da fuerza y que estoy dispuesta a darte fuerza. Es un poner en común para generar y ampliar una fuente de fuerzas. Parece bastante místico-mágico, pero así lo veo.

Amazonas: Eso nos lleva a pensar si, tal vez, el feminismo puede convertirse en un movimiento internacionalista y transversal…

Raquel: Lo está haciendo, la cosa es que nos cuesta mucho verlo. De la misma manera que nos cuesta mucho ver y creer que lo que nosotras hacemos es importante. Haces el mejor libro de tu vida, empiezas a encontrar reconocimiento, empiezas a ver que gente te dice que está super bien lo que has hecho y tú, de todos modos, dudas. La experiencia general, es igual en el movimiento. Se mandan tamaña cosa gigante, repercute en España de tamaño loco, hace temblar a todos los lados, desde el Ecuador, el Perú, desborda hasta Chile y todavía decimos, “¿será que se va a poder?”. No es que seamos bobas, no es eso; es que estamos produciendo el lenguaje para reconocer nuestra propia creación, que es nuestra creación en otra clave, que confronte los sistemáticos desconocimientos de lo que hacemos. Así como tú haces la mejor cosa de tu vida y tu profesor varón te dice: “está bueno chava”, y ya. Es una experiencia muy común, ves un colega que tiene algo bastante parecido a lo tuyo y ese brinca hasta el cielo en el reconocimiento por la línea de esperma, digamos simbólica o real. Igual nos pasa. No vamos a estar saliendo en la tele más que cuando saquemos dos millones a la calle; nos van a responder desde el Parlamento que no nos ven, que todo lo que podamos hacer es insuficiente. Eso nos van a responder, como nos responden en la casa, como nos responden en la escuela, como nos responden en el trabajo. Pero ahí es que vamos trabajando nuestra propia autopercepción y nos vamos autoconvenciendo de la grandiosidad de lo que estamos logrando y conociendo; el desafío de cómo lo estamos haciendo en otra clave: como cuando, en estos días atrás [en el mes de octubre pasado], las compas de Ni Una Menos le arman una gira a Silvia Federici en la que muestran una manera de tejer por debajo que desestructura lo instituido. Y con ello habilitan la posibilidad de establecer un piso común de todas las mujeres que está incorporadas en los distintos lados; y habilitan el espacio de su encuentro para que ellas puedan, con la fuerza de cada una, movilizar lo otro: así armaron el paro. Es tan raro que cuesta trabajo entenderlo, soy amiga de Vero [Gago] hace muchos años y tenemos comunicación fluida, y yo no había entendido lo que quería decir “interseccional” en este lenguaje renovado, hasta que vine a verlo a Argentina. Tienes que sentirlo, tienes que verlo, tienes que entender qué está pasando. Como dijo León Felipe, “las palabras no sirven cuando la derrota, pero tampoco sirven cuando uno está luchando desde una cosa tan honda. Las palabras entonces no sirven, son palabras”. Los conceptos a rato no nos alcanzan, y esa disputa es constante. El concepto de constelación nos sirve para evitar el intento desde la jerarquía académica de sintetizar nuestro pensamiento.

Amazonas: Esa “constelación” tiene un impacto en lo que está afuera, en el espacio público y en lo común, en lo cotidiano… y nos va transformando a cada una.

Raquel: Exactamente. Es ese desplazamiento vertiginoso lo que genera temblor. Cuando tratábamos de hacernos una idea de qué había pasado en el 8 de marzo del 2017 que fue un primer gran momento de, “¡ah!”, sorprendernos de lo que estaba ocurriendo, yo estaba en Madrid. Parecía que había hecho erupción un volcán. Así lo sentía yo: esos guiños que veía, las viejitas cantando las consignas, las jóvenes; en fin, hay una especie de movimiento telúrico en el sentido social de la palabra, de que las capas añejas, multiseculares, de la estructuración de la jerarquización y fijación de lo dado, todo eso tiembla y se empieza a reacomodar. Entonces, las mapuches podemos ser travestis y las mexicanas podemos ser madrileñas, y las trans pueden ser señoras. Es un momento de sacudón fuerte. Y no sabemos qué palabra ponerle a eso que estamos sintiendo. En la descripción, ponemos una palabra; en la conceptualización, buscamos una palabra más amplia, más abarcadora, que sea más difícil sintetizarla, para que todas las cosas, todas las luchas quepan.

Foto: Lucila Quito, Archivo Ni Una Menos Argentina
Foto: Lucila Quieto, Archivo Ni Una Menos Argentina

Amazonas: En España hubo una demanda muy clara de las mujeres racializadas, especialmente las gitanas, de las mujeres migrantes y negras que no se habían sentido incluidas en el movimiento feminista y el caso concreto de las temporeras de Huelva. Se viene corrigiendo pero todavía es complicado: hay compañeras que no se sienten representadas por el feminismo hegemónico; y está, también, esa disputa sobre el sujeto político, si nos sirve el sujeto ‘mujer’ o si hay que visibilizar otras identidades.

Yo veo dos estrategias: de un lado, la peninsular, que ha sido: “Juntas y fuertes, feministas siempre”, como se cantaba en Madrid. Es decir, tratar de plantear el feminismo como un gran paraguas; en él, caben todas, pero se usa en singular. Luego se dio una vuelta de tuerca y empezó a hablarse de feminismos, en plural. De nuevo se trata de construir un paraguas que pueda abarcar, y ahí se da el debate acerca del descentramiento del feminismo blanco, que se corra para que quepamos todos los feminismos. La otra estrategia ha sido la de compañeras acá, que ha sido una subarticulación de sujetos dispersos que, cuando en asamblea se dieron cuenta de que no era suficiente con hablar de “mujeres”, dijeron, “bueno, hagamos una lista”, y enumeraron: mujeres, trans, lesbianas y travestis. Acá no se trata de un binarismo: lo que no es masculino dominante, es una diversidad. A su vez, vienen las mapuches y dicen: “hagámonos cargo de la herida colonial, nosotras estamos acá”, y lo plantean en términos de plurinacionalidad, que supone integrar, asumir y tomar en cuenta también esas diferencias. Pero no lo asumen como un plan político en el sentido tradicional, no hablan de Estado Plurinacional, como decía la CONAIE   [Confederación de Nacionalidades Indígenas de Ecuador] hace años. En Trelew cantamos: “Este Encuentro ya es Plurinacional”, es decir, nos hacemos cargo de esa diferencia, la volvemos visible y ahí se trata no de estabilizarla ni de congelarla, sino de gestionarla; y esa gestión no va a estar exenta de tensión. Es decir: es una cosa que abre para poder fluir y fluye para poder equilibrar y, otra vez equilibrado, vuelve a fluir. Es más una mecánica de fluidos que una ingeniería de sólidos. Así lo logro pensar. Entonces, en España han dicho: “juntas y fuertes feministas siempre”; eso apaciguaba la confrontación cuando empezaba a haber bronca. Acá quizá sea una consigna aun más inteligente, que le da una vuelta de tuerca a eso. Hay que ver qué trata de expresar cada una. Hay dos maneras de acercarte a este problema, las dos son útiles, pero conviene que estén atentas a ver qué lógica habilita esa estrategia, qué problema contiene. Hay ahí un esfuerzo teórico pendiente; pero ahorita lo lindo es lo que viene emergiendo de la propia colectividad, que trata de expresar su disposición a estar juntas antes de otra cosa. Confiar en una solución teórica que logre la síntesis sería caer en un pensamiento patriarcal. No: de lo que se trata es de registrar la voluntad de alcanzar un equilibrio. El pensamiento sistemático nos puede ayudar a pensarlo, acompañando, para identificar qué aspectos estamos dejando pendientes; pero siempre en voluntad de diálogo, no en competencia por ver cuál gana. Es un modo de hacer distinto y lo estamos viendo pasar: por eso es tan emocionante.

Amazonas: Eso nos deja una reflexión, también, de hasta qué punto están presentes, en este florecer de los feminismos, el racismo y las heridas coloniales.

Raquel: Es un desafío muy duro y que hay que hacerse cargo, y saber que nos vamos a equivocar y que vamos a poder dejar de equivocarnos también cuando ampliemos nuestra sensibilidad para entender lo que nos quieren decir; y que eso no es pura empatía, es más que eso: es ánimo, es disposición, es ganas de, también ahí, movernos. A mí no me gusta mucho, aunque lo entiendo, la clave “renunciar a los privilegios”. No me gusta porque siento que permite culpabilizar; de lo que se trata es de cuánto vas a desacomodarte de ese lugar que tú no elegiste, a ti te tocó igual que a la otra. Cuánto estás dispuesta a desplazarte, a moverte, a militar, a cooperar. No tengo una palabra para ponerle: no negar, pero tampoco admitir que te quieran poner en un lugar, porque tú te estás moviendo de ese lugar. Todas estamos peleando por las desclasificaciones, las desidentificaciones: se trata de lograr que, sin dejar de mirar las jerarquías que nos separan, evitemos entrar en el juego de la reclasificación mutua.

Amazonas: Quisiéramos hablar de mil cosas más, pero se nos acaba el tiempo. Una última cuestión: existe todo un debate dentro de los feminismos acerca de la necesidad de revalorizar la crianza y los cuidados; en la praxis política del movimiento, esto se concreta en las apuestas por la crianza con apego o la defensa de la lactancia prolongada, ambas apuestas que son absolutamente incompatibles con la lógica capitalista. Sin embargo, aparecen riesgos de que las mujeres caigamos en nuevas servidumbres, si no logramos salir de la lógica de individualización. ¿Cómo hacemos para pensar los cuidados y el trabajo reproductivo desde la óptica de lo común?

Raquel: Para pensar en lo común, no puedes pensar en forma contractual: no se trata de unidades que firman un contrato. Carole Pateman, por ejemplo, discute el contractualismo y señala que la vida no es así. Lo que estamos cuestionando es la figura del individuo abstracto en el que todas debemos reflejarnos, en esta sociedad pretendidamente unisex, que en realidad es masculina: masculina en su neutralidad, en tanto no cuida, no reproduce, todo lo compra y todo lo vende, todo lo mercantiliza. Es el ideal del capital. Del otro lado, está la lógica de la interdependencia, y así sí es que funciona la vida. A nosotras, mujeres urbanas, nos cuesta mucho verlo, parece que sólo lo entendemos en términos de la afectividad. Pero debemos aprender a mirar de otra forma: a pensar de dónde tomamos agua, de dónde comemos, quién cultivó el algodón para hacer la ropa que traemos, quién la tejió. O sea, si piensas en interdependencia, tienes que empezar a entender la cuestión global, y dejas de ser un particular, pero de otra forma: no porque te vuelvas un universal, sino porque te empiezas a hacer cargo de los flujos de la vida que son del planeta, de su conjunto. Le tengo un poquito  de miedo a la economía de los cuidados, que no vaya a poner una especia de límite que refuerce la diferencia, sobretodo ciudad- campo. Debemos darle la vuelta, poner el énfasis en la conexión; porque el chiste es que estamos buscando nuevas formas de reconectarnos, de tejer una trama de interdependencias que la llamamos comunitaria o popular, que antepone lo que se comparte, se disfruta y se gestiona, y también se produce. Lo común no es cosa: es relación social, es manera de estar.

 

Raquel Gutiérrez: “Devemos aprender a olhar o mundo em códigos de interdependência”

Traducción: Marco Carvajal

Foto: Lucila Quito, Archivo Ni Una Menos Argentina
Foto: Lucila Quieto, Archivo Ni Una Menos Argentina

Matemática, psicóloga, filósofa e feminista de origem mexicana, Raquel Gutiérrez Aguilar tem sobre seus ombros uma extensa e vibrante história de militância. Na década de 1980, a qual consolidou o neoliberalismo na América Latina, viajou à Bolívia, onde foi parte da fundação do Ejército Guerrillero Tupac Katari (EGTK), de inspiração aymara. Em 1992 foi detida junto com outros membros do EGKT, entre eles, o namorado dela naquele momento, o atual vicepresidente boliviano, Álvaro García Linera. Passou cinco anos na prisão, acusada de terrorismo. Daqueles anos nasceu seu livro !A desordenar! Por uma historia aberta de la lucha social. É autora, também, de Los ritmos Pachakuti. Movilización y levantamento indígena popular em Bolivia e Horizontes comunitario-populares. Producción de lo común más allá de las políticas estado-céntricas.

Raquel mora no México, onde é professora da Universidad Autónoma de Puebla. Em outobro de 2018 esteve em Buenos Aires, Argentina, coincidentemente com o 33 Encuentro Plurinacional de Mujeres que foi celebrado em Trelew (Província de Chubut) e com a visita da italiana Silvia Federici .Em esta entrevista falamos desse tecido entre mulheres, no qual participamos fazemos parte, entre atônitas e esperançadas.

Amazonas: Como tem se articulado teu projeto militante e vital com tuas elaborações teóricas?

Raquel: Eu tenho me vivido a mim mesma quando um tipo de experiência está terminando e outro está começando a  ser gestado. Quer dizer, quase sempre tenho experimentado tempos de transição… ainda gostaria de dizer outra palavra. Tempos nos quais algo se esgota e algo começa a existir. Tive a última parte da velha maneira de ação, totalmente masculina, guerrilheira, muito centrada em uma confrontação direta. Aí eu podia ver todos os limites, e é algo no qual eu pude refletir muito na época da prisão. Era, também, o momento em que essa forma antiga de brigar e de fazer se debilita e surgiam outras formas parecidas a respeito do que, como experiência geral, significa o zapatismo. O entrelaçamento do velho diminuído como o novo nascendo, é esta capacidade comunitária, basicamente indígena de colocar em cena novas formas de luta e de ter claridade do que se propõe obter. Na experiência guerrilheira na que eu militei esta hibridização era muito clara: uns jovens que éramos os últimos marxistas leninistas do continente, com umas comunidades aymara e também quéchua, uma trama comunitária que começava a se rebelar e se organizar. Isso me permitiu aprender como ia emergindo essa outra forma de lutar que tem que ver com ocupar o espaço, com cuidar o interior, com ter um sentido de equilíbrio o tempo todo, como um ponto muito claro. E logo tive cinco anos na universidade da vida que me pagou o Estado, a “bolsa prisão”, para se pensar de algum jeito. Esse bagagem me permitiu a possibilidade de apertura ao que ia ser a luta de água, as feministas, em um momento em que a luta era muito dura; me tornei muito amiga do grupo de feministas e lésbicas Mujeres Creando. Tive a sorte de poder transitar entre tradições e aprender de uma experiência vital muito dura de viver a grande expropriação patriarcal de tudo o que foi feito e tudo o que foi armado: tive que atravessar vitalmente um momento de grande expropriação; todas temos sofrido e sabemos do que estamos falando. O momento de você mesma se perder, de não saber que está passando que te separa do que foi criado e te confronta para pensar como voltar a te relançar.

Amazonas: Existe, aí, uma superposição de uns tipos de violência com outros…

Raquel: Isso me proporcionou certa sensibilidade para entender a continuidade dos processos de violência que ia sofrendo: a violência institucional patriarcal da organização política marxista, a violência do Estado, tanto na detenção como na prisão; a violência, depois, de esta articulação do mundo privado e público que habilita que a força construída entre muitos fique significada por um só grande apropriador que então pode estabelecer alianças com outros de seu gênero. E isto tentei ordenar como experiência vital de algum modo. Por isso agora me comove tanto este renovado momento de implantação das lutas de mulheres, lésbicas, trans e travestis, que coloca no centro a violência sistemática que vêm sofrendo, os diferentes entendimentos dessa agressão com mensagem, como dizem os do CELS [Centro de Estudios Legales y Sociales de Argentina]. Acontece por sentir que você pode reconhecer essas violências e se sentir habilitada para falar porque aspetos da experiência vital –que em momentos tem que guardar porque dói ou porque parece que não serve- de repente volta a servir.

Amazonas: Essa experiência nos faz pensar em esse vínculo, tão destacado pelas feministas, entre o político e o pessoal…

Raquel: A vida é uma só, e agora posso contá-la assim, não como uma sucessão recortada de pedaços, de trajetos, senão como uma vida só que vai madurando, que vai envelhecendo e se consolidando, mas que tem que atravessar uma série de espaços e de marcos ordenadores absolutamente patriarcais e coloniais, absolutamente capitalistas; por isso com frequência você sente que tudo está quebrado.

Amazonas: Junto com [a socióloga argentina] Verónica Gago, expõem a existência de uma constelação feminista, um conjunto de conceitos que sempre bebem da práxis política. Como pensar, desde aí, os encontros e desencontros entre o marxismo e essas estruturas comunitárias?

Raquel: Quando você está observando a realidade desde determinado olhar teórico que admite as segmentações dadas, então você também pensa desde qualificações instituídas; o rural e o urbano, o ‘a’e o ‘b’; e então você está em separação. É algo no que o movimento de mulheres vem insistindo aqui: que tudo vai se hibridizando, misturando, não liquidificando, não fazendo uma coisa homogênea, senão se tecendo. Eu o vi em [Encuentro Plurinacional de Mujeres de] Trelew, quando você olhava essas pequenas variações em letras de canções e, em vez de cantar “Aborto legal no hospital”, dizemos “em qualquer lugar”, ou quando substituem a palavra “bruxas” por “machis” [as autoridades espirituais do povo mapuche, que têm o dom de sarar] no canto: “Somos as netas de todas as machis que nunca puderam queimar”. Não é que canto tua canção e rejeito a minha, ou ao contrário: é que na tua canção eu quero acrescentar algo, não em uma lógica de apropriação senão de entrelaçamento para mostrar que estou vivendo tua força e que tua força me da força e que estou disposta a te dar força. É um colocar em comum para gerar e ampliar uma fonte de forças. Parece bastante místico-mágico, mas assim penso.

Amazonas: Isso nos leva a pensar se, talvez, o feminismo pode se converter em um movimento internacionalista e transversal…

Raquel: Está sendo feito, o negócio é que nos custa muito vê-lo. Do mesmo jeito que nos custa muito ver e acreditar que o que nós fazemos é importante. Você faz o melhor livro de sua vida, você começa a encontrar reconhecimento, você começa a ver que outros te dizem que está muito bem o você tem feito e você, de todos modos, duvida. A experiência geral é igual no movimento. Se enviam essa coisa gigante, repercute na Espanha de um jeito louco, faz tremer todos os cantos, desde o Equador, o Peru, desborda até o Chile e ainda dizemos: “será que vai poder?”. Não que nós sejamos idiotas, não é isso; é que estamos produzindo a linguagem para reconhecer nossa própria criação, que é nossa criação em outro código, que confronte os sistemáticos desconhecimentos do que fazemos. Assim como você faz a melhor coisa de sua vida e teu professor homem te diz: “está bem menina”, e já. É uma experiência muito comum, você olha um colega que tem algo bastante parecido ao seu e esse pula até o céu no reconhecimento pela linha de esperma, digamos simbólica ou real. Igual nos acontece. Nós vamos estar saindo na televisão mais do que quando tirarmos dois milhões da rua; vão nos responder desde o Parlamento que não nos olham, que tudo o que possamos fazer é insuficiente. Isso vão nos responder, como nos respondem em casa, como nos respondem na escola, como nos respondem no trabalho. Mas aí é que vamos trabalhando nossa própria percepção e vamos nos autoconvencendo da grandeza do que estamos conseguindo e conhecendo; o desafio de como o estamos fazendo em outro código: como quando, em estes dias [no mês de outubro passado], as colegas de Ni Una Menos preparam um tour a Silvia Federici na que mostra um jeito de tecer por baixo que desestrutura o instituído. E com isso habilitam a possiblidade de estabelecer um piso comum de todas as mulheres que estão incorporadas nos distintos lados; e habitam o espaço de seu encontro para que elas possam, com a força de cada uma, mobilizar o outro: assim fizeram a greve. É tão raro que custa trabalho entender isso, sou amiga de Vero [Gago] faz muitos anos e temos uma comunicação fluida, e eu não tina entendido o que queria dizer “interseccional” em esta linguagem renovada, até o momento que vim a vê-lo na Argentina. Você tem que sentir isso, tem que ver isso, tem que entender o que esta acontecendo. Como disse León Felipe, “as palavras não servem quando a derrota, mas também não servem quando a gente está lutando desde uma coisa tão profunda. As palavras então não servem, são palavras”. Os conceitos por momentos não nos atingem, e essa disputa é constante. O conceito de constelação nos serve para evitar a tentativa desde a jerarquia acadêmica de sintetizar nosso pensamento.

 

Foto: Lucila Quito, Archivo Ni Una Menos Argentina
Foto: Lucila Quieto, Archivo Ni Una Menos Argentina

Amazonas: Esta “constelação” tem um impacto no que está fora, no espaço público e no comum, no cotidiano… e vai nos transformando a cada uma.

Raquel: Exatamente. É esse deslocamento vertiginoso o que gera o tremor. Quando tentávamos nos fazer uma ideia do que tinha acontecido o 8 de março de 2017 que foi um primeiro grande momento de, “ah!”, nos surpreender do que estava acontecendo, eu estava em Madrid. Parecia que um vulcão tinha feito erupção. Assim sentia eu: essas piscadas que olhava, as velinhas cantando as consignas, as jovens; em fim, tem uma espécie de movimento telúrico no sentido social da palavra, de que as capas envelhecidas, multisseculares, da estruturação da jerarquia e fixação do que está dado, tudo isso treme e começa a se reatar. Então, as mapuches podemos ser travestis e as mexicanas podemos ser madrilenas, e as trans podem ser senhoras. É um momento de virada forte. E não sabemos que palavra dizer para isso que estamos sentindo. Na descrição, colocamos uma palavra; na conceptualização, procuramos uma palavra mais ampla, mais abrangente, que seja mais difícil de sintetizar, para que todas as coisas, todas as lutas caibam.

Amazonas: Na Espanha houve uma demanda muito clara das mulheres racializadas, especialmente as ciganas, das mulheres migrantes e negras que não tinham se sentido incluídas no movimento feminista e o caso concreto das temporeras de Huelva. Isso vem sendo corregido mas ainda é complicado: tem companheiras que não se sentem representadas pelo feminismo hegemônico; e está, também, essa disputa sobre o sujeito político, se nos serve o sujeito ‘mulher’ ou se tem que visibilizar outras identidades.

Eu vejo duas estratégias: por um lado, a peninsular, que tem sido: “Juntas e fortes, feministas sempre”, como se cantava em Madri. Quer dizer, tentar expor o feminismo como um grande guarda-chuvas; no qual, cabem todas, mas se usa em singular. Logo aconteceu uma virada e começou a se falar de feminismo, em plural. De novo se trata de construir um guarda-chuvas que pode abarcar, e aí acontece o debate sobre o deslocamento do feminismo braço, que vá a outro lugar para que entrem todos os feminismos. A outra estratégia tem sido a de companheiras aqui. Que tem sido uma subarticulação de sujeitos dispersos que, quando em assembleia se deram conta que não era suficiente falar de “mulheres”, disseram, “bom, façamos uma lista”, e enumeraram: mulheres, trans, lésbicas e travestis. Aqui não se trata de um binarismo: o que não é masculino dominante, é uma diversidade. Ao mesmo tempo, as mapuches vêm e dizem: “vamos nos encarregar da ferida colonial, nós estamos aqui”, e o expõem em termos de plurinacionalidade, que supõe integrar, assumir e tomar em conta também essas diferenças. Mas não o assumem como um plano político no sentido tradicional, não falam de Estado Plurinacional, como dizia a CONAIE [Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador] faz anos. Em Trelew cantamos: “Este Encontro já é Plurinacional”, quer dizer, nós nos encarregamos dessa diferença, a tornamos visível e aí se trata não de estabilizá-la nem de congelá-la, senão de administrá-la; e essa gestão não vai a estar liberada de tensão. Quer dizer: é uma coisa que abre para poder fluir e flui para poder equilibrar e, outra vez equilibrado, volta a fluir. É mais uma mecânica de fluidos que uma engenharia de sólidos. Desse modo consigo pensar. Então, na Espanha têm dito: “juntas e fortes feministas sempre”; isso acalma a confrontação quando começava a ter briga. Aqui, talvez, seja uma consigna ainda mais inteligente, que dá uma virada a isso. Tem que ver o que trata de expressar cada uma. Há dois jeitos de se aproximar a este problema, as duas são úteis, mas convém que estejam atentas para ver qual lógica habilita essa estratégia, qual problema contém. Há aí um esforço teórico pendente; mas agora o lindo é o que vem emergindo da própria coletividade, que tenta expressar sua disposição a estar juntas antes de outra coisa. Confiar em uma solução teórica que consiga a síntese seria cair em um pensamento patriarcal. Não: do que se trata é de registrar a vontade de alcançar um equilíbrio. O pensamento sistemático nos pode ajudar a pensar, acompanhando, para identificar quais aspectos estamos deixando pendentes; mas sempre com vontade de diálogo, não em competência por ver quem ganha. É um jeito de fazer distinto e estamos vendo passar: por isso é tão emocionante.

Amazonas: Isso nos deixa uma reflexão, também, de até que ponto estão presentes, neste florescer dos feminismos, o racismo e as feridas coloniais.

Raquel: É um desafio muito duro e que tem que se encarregar, e saber que nós vamos errar e que vamos poder deixar de nos equivocar também quando ampliarmos nossa sensibilidade para entender o que nos querem dizer; e que isso não é puta empatia, é mais do que isso: é ânimo, é disposição, é vontade de, também aí, nos mover. Eu não gosto muito, ainda que entendo, o código “renunciar aos privilégios”. Não gosto porque sinto que permite culpar; do que se trata é de quanto você vai se desacomodar desse lugar que você não elegeu, você teve que experimentar do mesmo jeito que a outra. Quanto você está disposta a se deslocar, a se mover, a militar, a cooperar. Não tenho uma palavra para expressar: não negar, mas também não admitir que queiram te colocar em um lugar, porque você está se movendo desse lugar. Todas estamos brigando pelas desclassificações, as desidentificações: se trata de conseguir que, sem deixar de olhar as jerarquias que nos separam, evitemos entrar no jogo da reclassificação mútua.

Amazonas: gostaríamos de falar de mil coisas mais, mas o tempo se termina. Uma última questão: existe todo um debate dentro dos feminismo sobre a necessidade de valorar novamente os cuidados; na práxis política do movimento, isto se concreta nas aposta pela criação com afeição ou a defesa da lactação prolongada, as duas apostas que são absolutamente incompatíveis com a lógica capitalista. Porém, aparece o risco das mulheres caírem em novas servidões, se não logramos sair da lógica de individualização, como fazemos para pensar os cuidados e o trabalho reprodutivo desde a óptica do comum?

Raquel: Para pensar no comum, não podes pensar na forma contratual: não se trata de unidades que firmam um contrato. Carole Pateman, por exemplo, discute e assinala que a vida não é assim. O que estamos questionando é a figura do indivíduo abstrato no qual todas devemos nos refletir, em esta sociedade supostamente unissex, que na realidade é masculina: masculina em sua neutralidade, em quanto não cuida, não reproduze, compra tudo e tudo é vendido, tudo é mercantilizado. É o ideal de capital. Por outro lado, está a lógica da interdependência, e assim que a vida funciona. A nós, mulheres, nos custa muito ver isso, parece que só entendemos isso em termos de afetividade. Mas devemos aprender a olhar de outro jeito: não porque você se torne um universal, senão porque você começa a se encarregar dos fluxos da vida que são do planeta, de seu conjunto. Tenho um pouquinho de medo da economia dos cuidados, que não vá colocar uma espécie de limite que reforce a diferença, sobretudo cidade-campo. Devemos mudar isso, colocar ênfase na conexão; porque o negócio é que estamos procurando novas formas de nos reconectar, de tecer um enredo de interdependências que chamamos comunitária ou popular, que antepõe o que é compartilhado, se deleita e se administra, e também se reproduz. O comum não é coisa: é relação social, é jeito de estar.

 

 

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