Entrevista realizada por Ana María Morales T.

Fotos: Liaam Winslet y Colectivo TRANSgrediendo

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En diciembre del 2018, en el ELLA (encuentro latinoamericano de feminismos) que se llevó a cabo en La Plata, Argentina, entrevistamos a Liaam Winslet. Ella es defensora de los derechos humanos, activista trans, trabajadora sexual, migrante ecuatoriana en Nueva York. Liaam nació en Guayaquil y lleva siete años viviendo en Estados Unidos. En esta entrevista hace un recorrido por su vida, su activismo y la existencia de las mujeres trans latinas en Estados Unidos.

¿Por qué decidiste migrar de Ecuador hacia Estados Unidos?

Lo que me obligó a abandonar Ecuador fue el tema de las oportunidades. Oportunidades laborales, oportunidades de estudios; la situación era muy difícil. Por ejemplo la violencia era y sigue siendo un problema para la comunidad trans. Yo no hice mi transición en Ecuador pero porque era activista y entendía los riesgos de ser una persona trans. Si ya era de por sí difícil para mí lidiar con las situaciones de discriminación por mi feminidad, conseguir empleo y buscar oportunidades; siendo una persona sin una identidad como tal, mucho más. Entonces llegó un momento en la vida en que sabes que no encajas en eso que siempre te dijeron que era lo normal, lo binario. Ahí, tuve que tomar una decisión y fue “me tengo que ir; es momento de ser feliz”. Sentía que tenía que transitar, porque sabía que mi vida no era esa. Pero también entendí que hacerlo en Ecuador era un riesgo, yo no quería verme afectada como muchas de mis compañeras que obligatoriamente moldearon sus cuerpos porque tenían que encajar en ese sistema de ponerse biopolímeros.

También pasó que al yo trabajar con una organización por los derechos de las trabajadoras sexuales, una persona empezó a acosarme. Yo les llevaba condones en la zona donde solían trabajar, un chico empezó a molestarlas, las extorsionaba y les pegaba. Yo reaccioné, me levanté y dije que había que denunciarlo. Él era un pandillero, un chulo que quería sacar dinero. Después me empezó a acosar e insultar y, como no tenía trabajo, migré.

Así, decidí mudarme a Nueva York y desde que llegué he estado involucrada en el activismo. Trabajo con poblaciones trans, trabajadoras sexuales, personas de género no conforme, personas trans viviendo con VIH y aquellas personas que son parte de la diversidad como tal. La mayoría de mis compañeras son migrantes y de género no conforme de distintos países de América Latina.

¿Cuándo hablas de transición, a qué te refieres exactamente?

Cuando hablo de transición o transicionar es ese preciso momento en el que tú decides enfrentar al patriarcado y a todas esas situaciones en donde la heteronormatividad trata de invisibilizarte, desvalorizarte y restar tu existencia. El transicionar puede ir de la mano de hacer cambios en tu cuerpo y muchas veces no. Parte de ese dilema está en mis recuerdos sobre las conversaciones con mi madre. Yo siempre le digo a ella que si me hubiese permitido decidir sobre mi cuerpo, no estuviera en esta situación que estoy ahora. El tener que haberme ido de mi país, tener que haber desintegrado todo mi círculo de amistades, mi entorno, fue muy difícil durante los tres primeros años. Cuando me mudé a Nueva York tuve  depresión constantemente. El choque emocional, el choque cultural, el idioma; el sentir en carne propia que te discriminen por ser latina nunca me lo imaginé.

Entonces cuando hablo de mi transición parto del momento en que mi familia, mi madre, mi entorno, no me permitió decidir sobre mi cuerpo. Llega un momento de tu vida que piensas qué hubiese pasado si me hubiese hormonizado a los doce, trece, catorce años. Creo que hubiese sido diferente. Lo pude haber hecho en el mercado negro pero entendí que muchas compañeras murieron a causa de eso en Ecuador. Cuando tenía doce años, algunas compañeras murieron a causa de eso, por inyectarse silicona; otras por inyectarse hormonas que no eran hormonas realmente sino eran copias del mercado negro. Entonces perder la vida a causa de situaciones como esa, también te frustra y te pone a pensar. No sucede sólo en Ecuador, es una problemática en toda América Latina y el Caribe. Para una persona trans acceder a un tratamiento hormonal es un riesgo pero también es una cuestión política. Todo el mundo puede hablar de los problemas que tiene la silicona o los biopolímeros en nuestro cuerpo, pero nadie está hablando sobre la necesidad de asumir el cuidado de la salud integral de una persona trans, la importancia del acceso al trabajo, a vivienda y educación.

Ahora sientes otro estado de tu ser…

Sí, cuando me puse el primer shot de hormonas dije: “¡ay, magnifico, estoy feliz!”. No fue fácil tener que acceder al tratamiento hormonal. Una de las cosas que siempre digo, vivir en Estados Unidos es como tener este concepto de que todo está bien, pero no todo está bien porque antes yo también fui indocumentada. No crucé la frontera como tal, entré con una visa pero hubo dos o tres años que me mantuve sin documentos. El no tener seguro de salud fue una problemática grande porque no tenía como pagar mis hormonas, porque tenía que hacer trabajo sexual para pagar mis citas médicas y para comprar mi shot de hormonas. Entonces si no tienes seguro de salud simplemente para el sistema de salud no existes.

Ahora que tengo la oportunidad de salir y entrar de Estados Unidos puedo alzar la voz y contar lo que pasa. Por eso en algunas conferencias internacionales traigo a colación estas conversaciones y digo que es importante incluir a la comunidad trans inmigrante. Porque qué pasa con nosotras, somos latinas pero somos esa población latina olvidada por la región misma. Nosotras no elegimos emigrar, nos obligaron a salir de nuestros países de origen y precisamente por la violencia.

Este oleaje de compañeras que vienen en caravanas de migrantes no es una cosa que pasa ahora, es algo que ha pasado toda la vida. En los últimos años se ha visto más porque la violencia ha terminado con la vida de muchas de ellas. El llegar a la frontera no es una cuestión de “te vamos a salvar, bienvenida”; es una cuestión de que tienes que luchar y muchas veces sobrevivir una vez que has cruzado porque nadie sabe lo que puede pasar o pasa cuando cruzas. Tus derechos probablemente sean inexistentes.

Simplemente el sistema actual y la indiferencia de esta administración en los Estados Unidos, es solo deportar pero no proteger las vidas de los seres humanos, que están escapando y buscando protección porque la violencia les está quitando todo.

¿Como fue tu infancia en Guayaquil?

Mi infancia no fue una como la que un niño o niña hubiese querido. Fue sentirme reprimida y saber que tenía derechos pero a la vez entender que no los tenía porque me decían que no los tenía. Que mi profesor me pegue, me cachetee o me rompa la cabeza era normal porque yo era la afeminada, la que reclamaba. Que mi papá o mamá dieran razón al maestro me culpabilizaba. A los 22 años llegué a entender que mi mamá y mis maestros hacían terapias de conversión conmigo. Mi mamá me obligaba a cambiar mi forma de ser. Fui femenina toda la vida, mi madre me encontró dos veces vestida con la ropa de mi hermana y me acuerdo de las palizas que me daba; me decía que tenía que comportarme como un hombrecito.

El ser abusada y maltratada es fuerte. El tener que recordar estas situaciones generan muchas emociones que aunque quieras olvidar no se pueden, pero también te dan fuerza para ayudar a otras personas que estén viviendo o hayan vivido situaciones como estas.

¿Cómo inició tu militancia?

Esto comenzó cuando yo era estudiante y un grupo de compañeras feministas visitaron mi colegio. En ese grupo había un grupo de jóvenes y hablaron de derechos sexuales y reproductivos. Cuando empezaron las charlas me di cuenta de que en el grupo había una persona igual que yo, femenina, amanerada y nos hicimos buenas amigas. Ahí me presentaron elles a una organización GLBTIQ2+. Así me involucré al grupo y conocí más sobre mis derechos como GLBTIQ2+. Luego enfrenté a mis profesores, les dije que no podían sacarme de clases por mi feminidad. De esta manera me involucré y trabajé con la comunidad GLBTIQ2+ en Guayaquil. Después, cuando decidí emigrar a Estados Unidos, me di cuenta que la realidad era la misma en Nueva York.

¿Qué es para ti ser una mujer mestiza?

Ser mestiza para mí es ser lo que yo soy. Mi madre es negra, la familia de mi madre es de Esmeraldas (costa norte ecuatoriana), pero mi padre es de Cuenca (sierra sur de Ecuador). Mi abuela era muy racista con mi mamá y lo era mucho con sus nietos. Era precisamente por eso. Mi familia paterna es blanca, o sea tienen un tono de piel blanca, clara. El hecho de que mi padre se haya unido con mi mamá y haya tenido hijos como nosotros con nuestros colores de piel significó que cada vez que íbamos a la casa de mi abuela ella nos hacía comer en el piso porque no podíamoss comer con los primos en la mesa. Mi abuela siempre se refería a mi madre como “la negra”. Ser mestiza es una combinación de lo que soy. Creo que el mestizaje siempre ha existido y me siento orgullosa de mis orígenes. Los rasgos afrodescendientes que puedo llevar en mí son los que me llenan de orgullo. Haber escuchado a mi abuela (por parte de madre) decir que no nos debemos avergonzar, parte de eso es no negar tu existencia como tal. Cuando te digo “tu existencia” es todo: tus orígenes, tu gente, quiénes son tus antepasados, la gente que ha luchado. Creo que eso es el mestizaje para mí. Yo siempre digo soy india, soy chola, mi madre es negra y me siento orgullosa de decir quien soy porque al final del día vengo de una región donde las comunidades indígenas lucharon por sus tierras en la colonización.

¿A qué te dedicas en Nueva York?

Yo trabajo específicamente con mujeres migrantes latinas trans y de género no conforme. Vivo en Queens, que es uno de los condados más latinos que tiene Nueva York y es donde la concentración de la población trans es más grande. Nosotras decidimos organizarnos precisamente por lo que estaba pasando. Llega un momento en que nos damos cuenta y sentimos que no solamente vivimos violencia en nuestros países de origen sino también desde el momento en que estamos aquí adentro. La comunidad sigue normalizando el hecho de que por ser trabajadora sexual, por ser latina o por ser una mujer negra, por ser diferente, siempre la policía te puede parar y acosar. Dicen que en Nueva York no te piden documentos, que no te reportan con migración pero hay policías que hacen lo que les da la gana. El acoso policial se da diariamente. Yo lo he pasado, es feo que te arresten por transitar en la calle y perfilarte de que estas haciendo trabajo sexual. Entonces trabajamos en eso, en defender los derechos de la comunidad trans latina.

La organización a la que pertenezco se llama Colectivo Transgrediendo. Comenzó en base a una conversación que tuvimos con las compañeras y realmente decidimos organizarnos. Parte de eso es que si nosotras no nos organizamos y tomamos el control de la situación o no alzamos nuestras voces o no tomamos el mando de la situación, simplemente vamos a dejar existir para el resto de la sociedad. Era precisamente eso, nos organizamos y legalizamos una organización dentro de Estados Unidos, en el área de Queens. La organización es liderada por mujeres trans, trabajadoras sexuales, mujeres trans viviendo con VIH, mujeres trans discapacitadas y migrantes. Así lo hemos organizado en estos tres años. Trabajo de la mano con Lorena Borja que es una activista muy conocida en Estados Unidos, ella es mi compañera de trabajo y directora ejecutiva. Nos aliamos para crear este movimiento y que la comunidad trans latina se sienta. Cuando decimos sentir es que queremos ser parte de las discusiones donde no se hable de nosotras sin nosotras porque estamos cansadas de que siempre la comunidad blanca termine decidiendo sobre nosotras; cómo pueden saber las necesidades de la comunidad trans que hace trabajo sexual cuando nunca en su vida han participado en procesos ni conocen nuestras realidades.

Foto de Colectivo TRANSgrediendo

El 21 de septiembre del 2018 organizamos la 1era Marcha de las Putas en Queens. Lo que nos motivó fue que una compañera fue arrestada por el mismo policía dos veces al mes. O sea no podía salir de la casa porque el policía le seguía, iba a la panadería y el policía le seguía. Aún sin estar haciendo trabajo sexual fue arrestada en una cafetería. La marcha siempre se la hacía en Manhattan y, nosotros vivimos en Queens, donde todos hablan español y nos entendemos. Finalmente hicimos la marcha en Queens, llegaron muchas personas y se denunciaron los maltratos, los cargos legales que nos afectan el resto de la vida.

¿Cómo es la situación de las trabajadoras sexuales en Estados Unidos?

El trabajo sexual en Estados Unidos es ilegal, es considerado una felonía y puede ser una causa probable para deportarte. Ahora hay una problemática en toda la región, especialmente en Estados Unidos, porque aún se sigue confundiendo el trabajo sexual con el tráfico humano y  esa es la justificativa de Estados Unidos. Hablar de tráfico humano y hablar de trabajo sexual lo seguimos complementando y diciendo que toda persona que hace trabajo sexual están siendo traficada y realmente no es así. Yo, probablemente en un momento de mi vida cuando llegué a Estados Unidos indocumentada, no tenía cómo trabajar, no tenía documentos, tenía que pagar mis facturas y la única forma en que lo podía hacer a partir del trabajo sexual. En otros trabajos lo primero que te ven es que si eres muy femenina no puedes encajar en ese trabajo. Si vas a trabajar tienes que cortarte el cabello, no puedes actuar de tal manera; el amaneramiento va a influir en que tus compañeros te molesten, en que te acosen y te discriminen. Entonces no puedes ser tu. Es una cuestión social y política sobretodo.

Nueva York ha hecho muchas cosas por la comunidad trans pero la comunidad latina, nosotras, decimos que no nos sentimos identificadas porque mientras la policía siga atacándonos, siga arrestando a las compañeras simplemente nosotras no somos visibles para el sistema como tal. Cómo puede decir el alcalde que Nueva York protege a la comunidad trans cuando en la práctica es diferente, quiénes son las que están en la calle en la noche; por qué no existe un programa que permita que las compañeras accedan a un cupo laboral. No es lo mismo que seas una mujer cis, no es lo mismo que seas blanca, no es lo mismo que hables inglés a que seas una “mujer de color”. Las desventajas son muy grandes.

¿Han tenido compañeras deportadas en la organización donde trabajas?

Sí, muchas. Uno de esos casos es el de Roxana, una compañera trans que fue asesinada en una de las cárceles. Ella venía en la segunda caravana de migrantes que cruzó la frontera entre México y Estados Unidos en el 2018. Ella se entregó a migración y una manera de torturarla y de que ella regrese y firme la deportación voluntaria fue atormentarla, metiéndola en un cuarto frío, obligándola a que decida irse. El resto de compañeras se dieron cuenta de que ella estaba mal, pues era una persona viviendo con VIH. Entonces cuando se dieron cuenta ella ya tenía problemas pulmonares y no tuvo acceso a su medicina. Los oficiales no dieron garantías y ella murió en manos de ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de los Estados Unidos) y,  el ICE no lo reconoce como un crimen. Ella murió supuestamente porque no quiso tomar medicinas y no quiso comer. Luego se sometió el cuerpo de Roxana a una segunda autopsia y se determinó que murió por otras causas, incluso que pudo haber sido sometida a violencia dentro del centro detención de ICE.  

¿Podrías hablar sobre los cambios con la llegada de Trump?

Ahora el gobierno de Trump está diciendo que no va a financiar las políticas que existían anteriormente en el gobierno de Obama. Por ejemplo el Medicaid que es el seguro popular que cubría las hormonas, visitas médicas, cirugías, senos; todo lo que te permitiera modificar y transitar como desees con tu cuerpo como una forma de reconocer la existencia trans en el sistema de salud. Con el gobierno de Trump hicieron recortes, quizá en Nueva York no hemos sentido tanto porque el gobernador y el alcalde son aliados de la comunidad trans pero eso no quiere decir que no esté pasando en el resto del país. Hay estados, como los del centro del país, como Minnesota, Massachusetts, Texas que no tienen la misma oportunidad. En Texas tienen que pagar para poder acceder al tratamiento hormonal o a una cirugía de implantes. También sucede que a veces los doctores no tienen conocimiento, no saben ni qué es ser trans. Entonces es una lucha constante. El presidente ahora lo que está tratando de hacer es borrar nuestra existencia, borrarnos del mapa pero no lo vamos a permitir.

En el 2018 mataron a 28 compañeras trans, a una activista en Minnesota la balearon. Muchas compañeras asesinadas han sido latinas y mujeres negras trans. Muchos de estos crímenes de odio, aunque se lleve un registro, quedan impunes. Entonces, ¿cuánto vale la vida de una persona trans? ¿de un ser humano? Es atroz. El sistema legal no funciona. Hay que estar alerta porque no sabes en qué momento alguien te puede hacer algo o alguien te va a insultar por ser latina o por ser trans.

Hay pobreza. Hay chicas trans que viven en la calle, que duermen en las estaciones del tren porque hay lugares donde pueden quedarse pero ahí las ponen con los hombres. Hemos tenido casos de compañeras que han estado en albergues y han grabado como las insultan, “vete de aquí”, “eres un puto maricón”, “deben morirse”. Todas estas violencias no tienen un seguimiento.

¿Qué relación tienen con las agrupaciones feministas?

En Estados Unidos existen dos tipos de feminismo, un feminismo radical y un feminismo colectivo. El feminismo radical es el más visible. Nos pasó una vez con una compañera feminista radical que llevó un cartel que decía “las mujeres trans no son mujeres, por lo tanto no deben ser feministas”. Eso fue en Nueva York cuando la comunidad se levantó después de que Trump salió atacando a las mujeres. Era una mujer blanca, estaba en toda la 5ta Avenida. Sabemos que las mujeres blancas del feminismo radical siempre han estado en contra de nosotras e invalidan la lucha. Yo sé que no soy una mujer cis género pero mi esencia como tal no me la pueden quitar de las manos. No me pueden decir que no voy a tener derechos, ¿me estás diciendo que lo que pase conmigo no importa? Cuando hay una marcha siempre nos dejan de lado, pero igual vamos conchudas; afrontando las consecuencias.

Pero también quiero reconocer que existen compañeras feministas  que sí se unen, que sí les importa nuestra lucha, nuestra participación. Las feministas que entienden que los transfemicidios y la misotrans también son crímenes, que a las mujeres trans nos matan por nuestra feminidad, por exigir los mismo derechos, por enfrentarnos al patriarcado y por encarar a este sistema represor.

Para terminar:

En esta parte del mundo, también existimos activistas que luchamos. El vivir en un “país de primer mundo”,no quiere decir que lo tenemos todo ganado, porque aún en el siglo en el que vivimos, el racismo, la violencia y el clasismo nos siguen afectando. Pero no estamos solas, nos tenemos las unas a la otras. Seguiremos moviéndonos, hasta que los que estén arriba caigan y que sepan que no somos 1, 2 o 100 sino que somos miles y que deberán contarnos bien. ¡Somos miles y la furia trans está latente hoy y siempre!

 

Liaam Winslet desde a resistência trans migrante:»Trump tenta apagar nossa existência, mas não o vamos permitir»

 

Entrevista conduzida por Ana María Morales T.

Traduzido por Larissa Bontempi

Fotos: Liaam Winslet y Colectivo TRANSgrediendo

 

Em dezembro de 2018, entrevistamos Liaam Winslet, defensora dos direitos humanos, transativista, trabahadora sexual  e migrante em Nova York. Liaam nasceu em Guayaquil, Equador, e mora nos Estados Unidos há sete anos. Nesta entrevista, faz um percurso pela sua vida, seu ativismo e pela existência das mulheres trans latinas nos Estados Unidos.

Por que decidiu migrar do Equador para os Estados Unidos?

O que me obrigou a abandonar o Equador foi a questão das oportunidades. Oportunidades de trabalho, de estudo; a situação lá era muito difícil. Por exemplo, a violência era e continua sendo um problema para a comunidade trans. Eu não fiz a minha transição no Equador, porque era ativista e sabia os riscos de ser uma pessoa trans. Se já era difícil conseguir emprego e ter oportunidades, sendo uma pessoa sem uma identidade aceita, era ainda mais. Então, chega um momento na vida em que você tenta explorar a sua identidade, mas sabe que não encaixa nisso que sempre te disseram que era normal, o binário. Aí chegou um momento em que tive que tomar uma decisão e foi “tenho que ir, é hora de ser feliz”. Sentia que tinha que transicionar, porque sabia que minha vida era essa. Mas também entendi que fazê-lo no Equador seria um risco, eu não queria me ver afetada como muitas das minhas companheiras, que obrigatoriamente moldaram seus corpos porque tinham que encaixar nesse sistema de aplicar polímeros e tudo mais. Estive a ponto de fazer, mas logo meus amigos me fizeram pensar e perceber que minha vida estaria em risco e em perigo.

Também aconteceu que, por eu trabalhar com uma organização pelos direitos humanos das trabalhadoras sexuais, uma pessoa começou a me assediar. Na região onde costumavam trabalhar e eu levava caixas de camisinhas, um cara começou a incomodá-las, extorquindo e batendo nelas. Reagi, levantei e disse que devíamos denunciá-lo. Era um bandido, um cafetão que queria arrancar dinheiro. Depois ele levou para o lado pessoal e começou a me assediar e insultar e, como eu não tinha emprego, migrei. Além do mais, sabia que também não teria oportunidade para terminar meus estudos em Guayaquil.

Então, decidi me mudar para Nova York e, desde que cheguei, estou envolvida com o ativismo. Trabalho com populações trans, pessoas de gênero não binário e aquelas pessoas que são parte da diversidade como um todo. A maioria das minhas companheiras são emigrantes e não binárias, de países diferentes da América Latina.

Quando fala de transição, a que se refere exatamente?

Quando falo de transição, é o exato momento em que você decide fazer mudanças no seu corpo. Parte disso está nas conversas com a minha mãe. Eu sempre digo a ela que, se ela tivesse me permitido decidir sobre o meu corpo, não estaria na situação em que estou agora. Ter que sair do meu país, desintegrar meu círculo de amigos, meu entorno, foi muito difícil nos três primeiros anos. Quando me mudei para Nova York, estive em depressão constantemente. O choque emocional, o choque cultural, o idioma; saber, sentir na própria carne, que te discriminam por ser latina é uma questão que você diz “nunca pensei”.

Então, quando falo da minha transição, parte do momento em que minha família, minha mãe e meu entorno não me permitiram decidir sobre meu corpo. Chega um momento da sua vida em que você pensa no que teria acontecido se tivesse transicionado aos doze, treze, catorze anos. Acho que teria sentido diferente. Poderia ter feito de forma clandestina, mas entendi que muitas companheiras morreram por causa disso, sobretudo no Equador. Nessa época, tinha doze quando entrei no ambiente. Duas companheiras minhas morreram por causa disso, por injeção de silicone; outras por injetarem hormônios que não eram hormônios, mas cópias do mercado negro. Então, perder a vida por causa de situações como essa também te frustra e te faz pensar. Não só no Equador, é uma problemática em toda a América Latina. Para uma pessoa trans, ter acesso a um tratamento hormonal é um risco, mas também é uma questão política. Todo mundo pode falar dos problemas causados pelo silicone ou pelos polífonos no nosso corpo, mas ninguém fala sobre a necessidade de assumir o cuidado integral da saúde de uma pessoa trans.

Agora você sente outro estado do seu ser…

Sim, quando coloquei o primeiro jato de hormônios disse: “ah, sou feliz!”. Foi difícil. Uma das coisas que sempre digo, morar nos Estados Unidos é ter esse conceito de que tudo está bem, mas nem tudo está bem, porque antes eu também estava sem documentação. Não atravessei a fronteira assim, entrei com um visto, mas por dois ou três anos me mantive sem documentos. Não ter seguro de saúde foi um problema grande, porque não tinha como pagar meus hormônios, porque tinha que me prostituir para pagar minha consulta médica; tinha que me prostituir para poder comprar meus hormônios. Então, é a questão de que se não tem seguro, para o sistema de saúde, você simplesmente não existe.

Agora que tenho a oportunidade de sair e entrar nos Estados Unidos, posso erguer a voz e contar o que acontece. Por isso, em algumas conferencias internacionais, menciono essas conversas e digo que é importante incluir a comunidade trans imigrante.  Porque o que acontece conosco é que somos latinas, mas somos essa população esquecida pela nossa própria região. Não escolhemos emigrar, nos obrigaram a sair dos nossos países de origem, precisamente devido à violência. Como o que está acontecendo agora, essa onda de migrantes, caravanas de migrantes, de companheiras que vêm em caravanas, não é uma coisa que está acontecendo só agora, é algo que aconteceu a vida toda. Nos últimos anos, temos visto mais porque a violência acabou com a vida de muitas delas. Chegar à fronteira não é uma questão de “vamos te salvar, bem-vinda”; é uma questão de luta e muitas vezes de sobrevivência, uma vez que atravessou a fronteira, porque ninguém sabe o que pode acontecer quando você atravessar. Provavelmente, seus direitos serão inexistentes.

Como foi a sua infância em Guayaquil?

Minha infância não foi uma que um menino ou menina gostaria de ter tido. Me sentia reprimida e sabia que tinha direitos, mas ao mesmo tempo entendia que não os tinha, porque me diziam que não os tinha. Meu professor me bater, me estapear, me espancar, era normal, porque eu era a malcriada, a que reclamava. Me sentia culpabilizada pelo fato de o meu pai ou a minha mãe darem razão ao professor. Aos 22 anos, entendi que minha mãe e meus professores faziam terapias de conversão comigo. Minha mãe me obrigava a mudar a minha forma de ser. Fui feminina a vida toda, minha mãe me flagrou duas vezes vestida com as roupas da minha irmã e me lembro das surras que me dava; dizia que eu tinha que me comportar como um machinho.

Como começou sua militância?

Começou quando eu estava no colégio e foi um grupo de companheiras feministas. Ali, havia um grupo de jovens e falavam sobre direitos sexuais e reprodutivos. Quando começaram as palestras, me dei conta de que no grupo havia uma pessoa igual a mim, feminina, e nos tornamos boas amigas. Então ela me apresentou a uma organização LGBT. Assim, me envolvi com o grupo e conheci mais sobre meus direitos. Logo enfrentei meus professores, disse que não podiam me tirar da sala por causa da minha feminilidade. Dessa forma, me envolvi e trabalhei com a comunidade LGBTQ+ em Guayaquil. Depois, quando decidi emigrar para os Estados Unidos, percebi que a realidade era a mesma.

 

O que é, para você, ser uma mulher mestiça?

Para mim, ser mestiça é ser o que eu sou. Minha mãe é negra, a família dela é de Esmeraldas (costa norte equatoriana), mas meu pai é de Cuenca (serra Sul do Equador). Minha avó era muito racista com a minha mãe e era muito com a gente. É precisamente por isso; minha família paterna é branca, ou seja, têm um tom de pele branco, claro. O fato de que meu pai tenha se unido com a minha mãe e tenha tido filhos como nós, com nossos tons de pele, foi um problema, cada vez que íamos à casa da minha avó, ela nos fazia comer no chão, porque não podia comer com meus primos na mesa.  Minha avó sempre se referia à minha mãe como “a negra”. Ser mestiça é uma combinação do que sou. Acredito que a mestiçagem sempre existiu e me sinto orgulhosa das minhas origens. Os traços afrodescendentes que levo em mim são os que me enchem de orgulho. Escutei minha avó dizer que há coisas na vida de que a gente não deve se envergonhar, parte disso é não negar sua existência como tal. Quando digo sua existência, é tudo: suas origens, sua gente, quem são seus antepassados, as pessoas que lutaram. Creio que isso é a mestiçagem para mim. Eu sempre digo sou índia, sou chola, minha mãe era negra e me sinto orgulhosa de dizer quem sou, porque no fim do ia, venho de uma região que foi criada, lutada e brigada por comunidades indígenas que lutaram por suas terras na colonização.

 

Com o que você trabalha em Nova York?

Trabalho especificamente com mulheres trans latinas migrantes e de gênero não binário. Moro no Queens, que é um dos distritos mais latinos de Nova York e é onde há maior concentração da população trans. Decidimos nos organizar, precisamente pelo que estava acontecendo. Chega uma hora em que percebemos e sentimos que não somente vivemos a violência nos nossos países de origem, mas também desde o momento em que estamos aqui dentro. A comunidade continua normalizando o fato de que, seno trabalhadora sexual, por ser latina ou por ser uma mulher negra, por ser diferente, a polícia sempre te assedia, faz perguntas. Dizem que em Nova York não te pedem documentos, que não informam a migração, mas tem policiais que fazem o que dá na telha deles. O assédio policial é atroz, uma questão que temos que suportar diariamente e pela qual temos passado. Eu passei por isso, é ruim quando te prendem por transitar na rua e te marcam por estar fazendo trabalho sexual. Embora você esteja sim, não deveriam te definir como tal. Então, trabalhamos para isso, defender os direitos da comunidade trans. A organização à qual pertenço se chama Colectivo Transgrediendo. Começou baseada numa conversa que tive com as companheiras e realmente decidimos nos organizar. Em parte, porque se nós não erguemos nossas vozes ou não tomamos o controle da situação, simplesmente vamos deixar de existir para o resto da sociedade. Era precisamente isso; nos organizamos e legalizamos uma organização dentro dos EUA, na área do Queens. A organização é liderada por mulheres trans, trabalhadoras sexuais, mulheres trans com HIV, mulheres trans com deficiência e migrantes. Dessa forma nos organizamos nos últimos três anos. Trabalho de mãos dadas com Lorena Borja, que é uma ativista muito conhecida nos Estados Unidos, ela é minha companheira de trabalho e diretora executiva. Nos aliamos para criar este movimento e para que a comunidade trans latina seja ouvida. Quando dizemos “ouvida”, quer dizer que queremos ser parte das discussões onde se fala de nós sem a nossa presença, porque estamos cansadas que a comunidade branca sempre acabe decidindo por nós. Como podem saber as necessidades da comunidade trans que faz trabalho sexual, se nunca na vida estiveram nesse lugar, nem participaram dos processos, nem conhecem nossas realidades?

Foto de Colectivo TRANSgrediendo

Em setembro, organizamos a Marcha das Putas do Queens. O que nos motivou foi o fato de que uma companheira foi presa pelo mesmo policial duas vezes no mês. Ou seja, não podia sair de casa porque o policial a seguia; ia à padaria e o policial a seguia. Mesmo sem estar fazendo trabalho sexual, foi presa em um café. Então, isto não é somente uma questão de assédio. A marcha sempre era feita em Manhattan e nós moramos no Queens, onde todos falamos espanhol e nos entendemos. Finalmente, fizemos a marcha no Queens e chegaram muitas pessoas, e os maus tratos foram denunciados, os pesos legais que nos afetam pro resto da vida.

Como é a situação das trabalhadoras sexuais nos Estados Unidos?

O trabalho sexual é ilegal nos Estados Unidos; é considerado uma traição e pode ser uma causa provável para deportação. Agora, há um problema em toda a região, especialmente nos Estados Unidos, porque ainda confundem o trabalho sexual com o tráfico humano, e essa é a justificativa dos Estados Unidos e de muitos setores. Quando se fala de tráfico humano e de trabalho sexual, continua-se complementando e dizendo que toda pessoa que faz trabalho sexual está sendo traficada e, na verdade, não é assim. Eu, provavelmente em algum momento da minha vida, quando cheguei nos Estados Unidos sem documento, não tinha como trabalhar, tinha que pagar dois boletos, e esse era o único jeito. Era o que tinha à mão. Em outros trabalhos, se veem que você é muito feminina, não encaixa no trabalho. Se vai trabalhar, tem que cortar o cabelo, não pode agir de tal maneira, o “maneirismo” vai fazer com que seus colegas te incomodem, te assediem e te discriminem. Então, você não pode ser você. É, sobretudo, uma questão social e política. Nova York fez muitas coisas pela comunidade trans, mas nós da comunidade latina dizemos que não nos sentimos identificadas, porque, enquanto a polícia continuar nos atacando, prendendo as companheiras, nós simplesmente não somos visíveis para o sistema. Como é que o prefeito de Nova York consegue dizer que protege a comunidade trans, quando na pratica é diferente? Quem são as que ficam na rua à noite? Por que não existe um programa que permita que as companheiras acessem uma vaga de trabalho? Não é a mesma coisa se você for uma mulher cis, nem uma mulher branca, nem se você fala inglês, do que ser uma “mulher de cor”. As desvantagens são muito grandes. É uma questão muito crítica.

Houve companheiras deportadas na organização onde você trabalha?

Sim, muitas. Um desses casos é o de Roxana, uma companheira trans que foi assassinada em uma das cadeiras. Ela vinha na segunda caravana de migrantes que atravessou a fronteira entre México e Estados Unidos em 2018.  Ela se entregou à migração e uma forma de torturá-la e de que ela voltasse e assinasse a deportação voluntária foi atormentá-la, enfiando-a num quarto frio, obrigando-a a decidir ir embora. O resto das companheiras percebeu que ela estava mal, pois era uma pessoa com HIV. Então, quando perceberam, ela já estava com problemas pulmonares e não teve acesso à medicação. Os oficiais não deram garantias por estar na cadeia e ela morreu nas mãos do ICE (Serviço de Imigração e Alfândega dos Estados Unidos), e o ICE não reconhece o crime. Supostamente, ela morreu porque se recusou a tomar a medicação e a comer.

Poderia falar sobre as mudanças com a chegada de Trump?

Agora o governo Trump está dizendo que não vai pagar as cirurgias que, anteriormente, no governo de Obama, o seguro popular Medicaid cobria: hormônios, consultas médicas, cirurgias de ressignificação, seios, tudo que permitisse modificar seu corpo como forma de reconhecer a existência trans no sistema de saúde. Com o governo Trump, fizeram recortes, talvez em Nova York não sentimos tanto porque o governador e o prefeito são aliados à comunidade trans, mas isso não quer dizer que não está acontecendo no resto do país. Há estados, como os do centro do país, Minnesota, Massachussets, Texas, que não têm a mesma oportunidade. No Texas, têm que pagar para poder ter acesso ao tratamento hormonal ou a alguma cirurgia de implantes. Também acontece que, às vezes, os médicos não têm conhecimento, não sabem nem o que é ser trans. Então, é uma luta constante. O que o presidente está tentando fazer agora é apagar nossa existência, nos apagar do mapa, mas não vamos permitir.

Em 2018, mataram 30 companheiras trans, balearam uma ativista em Minnesota. Muitas companheiras assassinadas eram mulheres trans negras e latinas. Muitos desses crimes de ódio, embora façam B.O., ficam impunes. Então, quanto vale a vida de uma pessoa trans? De um ser humano: É atroz. O sistema jurídico não funciona. Você tem que ficar alerta, porque não sabe em que momento alguém pode te fazer algo ou se alguém vai te insultar por ser latina ou por ser trans. Pensem em uma pessoa trans que provavelmente está sendo estuprada, que não,  tem acesso aos serviços de saúde, que ainda se vê afetada pelas situações que nos fizeram migrar dos nossos países. Há pobreza, há meninas que moram na rua, que dormem nas estações de trem, porque há lugares onde elas podem ficar, mas as colocam com os homens. Tivemos casos de companheiras que ficaram em albergues e gravaram como as insultam: “vai embora daqui”, “seu puto viadinho”, “devem morrer”. Todas essas violências que têm seguimento.

Como se relacionam com os grupos feministas?

Nos Estados Unidos, existem dois tipos de feminismo: um feminismo radical e um feminismo coletivo. O feminismo radical é mais visível. Aconteceu uma vez que uma companheira feminista radical levou um cartaz que dizia “as mulheres trans não são mulheres, portanto não devem ser feministas”. Isso foi em Nova York, depois que o Trump saiu atacando todas as mulheres. Era uma mulher branca, estava em toda a Quinta Avenida. Sabemos que as mulheres brancas do feminismo radical sempre estiveram contra nós e invalidavam a luta. Eu sei que não sou uma mulher cisgênero, mas não podem tirar das minhas mãos a minha essência como tal. Não podem me dizer que não vou ter direitos. Está me dizendo que o que acontece comigo não importa? Quando tem uma marcha, sempre nos deixam de lado, mas vamos mesmo assim, sem vergonha.

Mas também quero reconhecer que existem colegas feministas que se unem, que se importam com nossa luta, nossa participação. As feministas que entendem que os transfemicidios e as misotrans também são crimes, que as mulheres trans não matam por nossa feminidade, por exigir os mesmos direitos, por nos enfrentar ao patriarcado e por encarar esse sistema de repressão.

Para fechar…

Desde essa parte do mundo, também há ativistas que lutam, que viver em um «país de primeiro mundo», não quer dizer que temos ganhado tudo, porque ainda no século que vivemos, o racismo, a violência e o classismo nos seguem afetando.

Mas não estamos sozinhas, a gente está junta. Se não, seguiremos nos movendo, até os que estão na cima cairem e souberem que não somos uma, duas ou cem, senão que somos milhares e que deverão nos contar bem. Somos milhares e a fúria trans está latente hoje e sempre!

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