Imagen: Rebeca Mateos Herraiz

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Llego muy temprano a casa de Nani María y de inmediato percibo el olor dulce de su pan, al entrar la encuentro sacando las piezas del horno, al poco rato ya estoy bebiendo su atole blanco y saboreando los trozitos de pan. No se me escapa nada, recojo las migas que caen entre mi huipil y las llevo a mi boca. He aprendido a conocer el estado de ánimo de mi Nani dependiendo de su comida, hoy está feliz, ha hecho mucho pan y la dulzura se nos escapa en las carcajadas entre ella, Magda y yo.
-Nanita ¿Qué es lo que le pones que siempre quiero más y más?
-Es un secreto, pero creo que estando las tres puedo darme el permiso de contarlo: le pongo vainilla.

Nosotras, las lesbianas, hemos existido siempre. El mundo es el que ha querido hacernos invisibles, menos importantes; han querido callar nuestro amor y nuestra existencia. Hace muchos años xhunca, había dos mujeres aquí mero en el pueblo; la gente las señalaba, les decían cosas, todas muy hirientes. Ellas estaban seguras de que lo que compartían era mucho más que hamaca, era un amor fuerte, sólido; un compañerismo, querían irse, y empezar de cero. Pero ahí donde iban, la gente las seguía señalando y una de ellas se preguntaba por qué había que salir de su tierra, porqué tendría que dejar su ombligo. Entonces en su afán de amarse y de quedarse en el lugar que les dio existencia, visitaron a la bruja del cerro de arena, ni ella misma con toda su fuerza podía callar las bocas de aquellos que por siglos nos han nombrado desviadas. Ella les ofreció irse a otro plano, que vivieran su amor libre, que se quisieran, no sin antes con su magia y, con un chorrito de la sangre de cada mes de cada una de las dos fertilizó la tierra, y cuál sería su sorpresa: que en aquella tierra comenzó a florear una matita muy peculiar, que al dejarla secar ofrecía un aroma único, podía además comerse y era dulce a cualquier paladar: Vainilla es que la llamaron.
Entonces no puedo sino atragantarme del pan dulce y vainilloso de mí Nani, porque en él encuentro y reafirmo la historia de las mujeres que se aman.

Desde mi hamaca veo a Nani sonreírse con Magda, juguetean mientras echan los totopos al comixcal. Magda se adelanta y empieza a freír plátanos, la casa pronto se llena de un olor dulzón, el pan en el horno está también listo y el atole echa humo en el fogón. Nos sentamos a la mesa de Nani, esa que tantas historias ha escuchado. El sabor a vainilla me inunda la boca en la primera mordida de pan y el calorcito del atole me llena de inmediato el corazón; y es que tanto que podemos decir con la comida. Tanto cariño que podemos mostrar al cocinarle a la persona que amamos. Mientras ceno, veo a mi Nani hilar las frases en zapoteco. Suena más bonito en su boca enamorada, y mientras entre bocado y bocado se da besitos con Magda, yo me pongo a imaginar qué ingredientes llevará la receta del amor: supongo que cachitos de ternura, rebanadas de caricias, pizcas de complicidad, besos enteros y naturales, media docena de noches y días de compartir hamaca, pedacitos de comprensión, risas al gusto, todo eso se cocina a fuego lento, tranquilo y sin prisa, se sirve aderezado de apoyo mutuo y por supuesto se acompaña con un mezcal. Sonrío y Nani como adivinando mi pensar, se levanta y pone sobre la mesa tres caballitos y me dice: “Ándale mi xhunca, que así mero sabe el amor”.

Me quede pensando un largo rato anoche, sobre lo que para mí significa descubrirme lesbiana, y sobre lo que implica ser una mujer indígenalesbiana. Para la cosmovisión zapoteca, las mujeres que amamos a otras mujeres somos Nguiiu’ cuya traducción es: parecida al varón, una especie de «hombrunas». Es decir también acá se reproduce el imaginario de que intentamos copiar los patrones masculinos, que nuestro deseo de crear relaciones entre mujeres responde a una aspiración de ser un «hombre»; somos frecuentemente cuestionadas sobre quién es el «hombre» de la relación. Y, entonces pienso cómo la nuestra, la historia de las lesbianas, ha sido silenciada por siglos, y la urgencia de empezar sentipensándonos como mujeres que aman a otras mujeres, que no sólo comparten hamaca y petate, sino mujeres que comparten las luchas cotidianas, los sueños, el corazón, la lengua, el territorio cuerpo, el territorio geográfico e identitario. Mujeres indígenas que se han enamorado de mujeres no indígenas y se comparten vivencias de lo que significa ser lesbiana en contextos distintos, pero en los que el patriarcado sigue permeando. Dicen que las zapotecas lesbianas somos las hijas ocultas de los binnizá, sin embargo, yo digo que no. Primero me niego a seguir escondiendo una realidad: que existimos las zapotecas lesbianas. Encuentro ese continum lésbico en muchas de nuestras acciones, porque ser lesbiana, va mucho más allá de sólo relacionarse eróticamente con otra mujer, sino de pensar, de pensarse con la posibilidad de construir vida a lado de otra mujer, de cuidarse y tener ética, en nuestros afectos, nada tiene que ver con esa idea absurda de intentar copiarle a los varones….

Zapoteca y… ¡Lesbiana!

Capuchinos

Estamos sentadas en la cafetería que desde hace tanto tiempo hemos querido visitar juntas, nos reímos casi todo el rato. Ella acaricia mi cabello, y yo pellizco suavemente su mejilla, hablamos de las cosas más cotidianas: del clima, la lluvia, el olor rico a pan, de lo que haremos la semana entrante. Por supuesto yo luzco una de mis blusas bordadas, que hacen juego perfecto con mis aretes grandes y brillantes y con estas facciones hermosas que el linaje zapoteca ha tenido a bien darme. Ella, por su parte, luce maravillosa con esa blusa azul que combina con sus labios gruesos, y su cabello un tanto desordenado, a veces nos acercamos casi hasta llegar al beso, pero por alguna risita o chiste local nos detenemos y reímos aún más. Estamos felices, se nota, el café y los panecitos llegan a nuestra mesa, y con toda nuestra ternura nos damos la una a la otra de probar nuestro pan en la boca, finalmente nos besamos, y las miradas se posan en nosotras. Hay quien de inmediato gira la cabeza, otrxs murmuran entre sí, las chicas de atrás sonríen conmovidas, y yo pienso, sí gente, no somos ni por asomo lo que el porno les ha hecho creer, somos mujeres reales, viviendo su amor, su vida y sus días juntas, incomodando al patriarcado que ha hecho de las lesbianas mujeres hipersexualizadas

 

Baunilha ¿o que sabor tem o amor?

Traduzido por Florencia Ordoqui

Imagem: Rebeca Mateos Herraiz
Imagem: Rebeca Mateos Herraiz

 

Chego muito cedo à casa da Nani Maria e de imediato percebo o cheiro doce do seu pão, ao entrar na sala eu a encontro tirando do forno os pedaços de pão; depois de um tempo já estou bebendo seu atole[1] branco e saboreando os trocinhos de pão.  Não perco nada, pego as migalhas que caem no meu huipil[2]e as levo para minha boca. Aprendi a conhecer o estado de animo da minha Nani dependendo da sua comida, hoje ela está feliz, tem feito muito pão, e a doçura sai dos risos entre ela, Magda e eu.

-Nanita ¿o que é aquilo que você coloca no pão, que sempre eu quero mais e mais?

– É um segredo. Mas acho que ficando as três aqui, posso me dar permissão de contá-lo: eu coloquei baunilha.

Nós, as lésbicas, existiram sempre. O mundo é quem quis nos tornar invisíveis, menos importantes, quiseram calar nosso amor e nossa existência. Faz muitos anos, xhunca,[3] houve duas mulheres aqui mesmo na cidade, as pessoas as apontaram, diziam-lhes coisas, todas muito dolorosas. Elas tinham certeza de que aquilo que compartilhavam era muito mais que hamaca, era um amor forte, sólido, uma parceria; queriam ir embora e começar desde zero. Mas aí aonde elas iam, as pessoas continuavam apontando-las, e uma delas se perguntava por que tinha que sair da sua terra, por que teria que deixar seu umbigo. Então, na sua ânsia de se amar e de ficar no lugar que lhes deu a existência, visitaram á bruxa do morro de areia, nem ela mesma com toda a sua força podia calar as bocas de aqueles que durante séculos nos chamaram de desviadas. Ela ofereceu para elas outra coisa: que viveram seu amor livre, que se quiseram. Mas, com sua magia e, cada mês, com um pouco do sangue de cada uma delas, fertilizou a terra. E qual seria a sua surpresa: nessa terra começou a florescer uma pequena mata muito peculiar, que quando ficava seca oferecia um aroma único, e, além disso, podia se comer e era doce para qualquer paladar: elas a chamavam de Baunilha.

Então, eu não posso mais que me engasgar com o pão doce de baunilha da minha Nani, porque nele eu encontro e reafirmo a historia das mulheres que se amam.

Desde minha hamaca vejo a Nani sorrir com a Magda, elas brincam enquanto colocam os totopos[4] no comixcal[5].

A Magda se adianta e começa a fritar as bananas, logo a casa fica cheia de um cheiro doce, o pão no forno está pronto e o atole joga fumaça no fogão. Sentamo-nos na mesa da Nani, essa que tem ouvido tantas histórias. O sabor a baunilha me inunda a boca na primeira mordida de pão, e o calor do atole me cheia de imediato meu coração. E é que é tanto o que a gente pode dizer com a comida, tanto carinho podemos mostrar quando cozinhamos para a pessoa que amamos; enquanto estou jantando, vejo minha Nani fiar as frases em Zapoteco[6].  Parece mais bonito na sua boca enamorada, e enquanto ela come e beija á Magda, eu imagino quais ingredientes levará a recita do amor: suponho que pedacinhos de ternura, fatias de caricias, um pouco de cumplicidade, beijos inteiros e naturais, meia dúzia de noites e dias de compartilhar hamaca, pedacinhos de compreensão, risos a gosto, todo isso é cozinhado a fogo lento, tranqüilo e sem pressa, se serve temperado de apoio mutuo e, claro, acompanha-se com um mezcal[7], eu sorrio e a Nani, como adivinhando meu pensar, levanta-se e coloca sobre a mesa três cavalinhos y me fala: “Vamos minha xhunca, que assim mesmo é o sabor do amor”

Ontem pela noite fiquei pensando longo tempo, sobre o que para mim significa me descobrir lésbica, e sobre o que implica ser uma mulher indígena lésbica. Segundo a visão do mundo dos zapotecas, as mulheres que amamos outras mulheres somos Nguiiu­, cuja tradução é: semelhante ao home, uma espécie de “hombrunas[8].  Quero dizer, também aqui se reproduz o imaginário de que as lésbicas tentam imitar os patrões masculinos, eles falam que o nosso desejo de criar relações entre mulheres responde á aspiração de querer ser um “home”, e por isso nós somos freqüentemente questionadas sobre quem é “o home” da relação. E, então, eu penso como a nossa historia, a historia das lésbicas, tem sido silenciada durante séculos.  E a urgência de começar senti-pensando nos como mulheres que amam a outras mulheres, que não só compartilham hamaca e petate, se não que nós somos mulheres que compartilhamos a vivencia do que significa ser lésbica nos contextos diferentes, mas naqueles aonde o patriarcado continua permeando.  Dizem que as zapotecas lésbicas são as filhas ocultas dos binnizá, porém, eu falo que não, primeiro eu me recuso continuar escondendo uma realidade, quero dizer, que elas existem, que nós, as zapotecas lésbicas, existimos, e também encontro esse continuum lésbico em muitas das nossas ações, porque ser lésbica vai muito além do relacionamento erótico com outra mulher, é pensar e se pensar com a possibilidade de construir vida ao lado de outra mulher, de se cuidar e ter ética nos nossos afetos, nada tem a ver com essa idéia absurda de tentar imitar aos homes…

Zapoteca e… Lésbica! Capuccinos

Estamos sentadas na cafeteria que por tanto tempo temos querido visitar juntas, a gente se ri quase tempo todo. Ela acaricia meu cabelo, e eu belisco as suas bochechas, falamos das coisas mais cotidianas: o clima, a chuva, o cheiro gostoso a pão, do que faremos a semana próxima.  É claro que eu uso uma das minhas blusas bordadas, e que combinam perfeito com meus brincos grandes e brilhantes, e com essas lindas características que a linhagem zapoteca tem me dado. Ela, por sua parte, é maravilhosa com essa blusa de cor azul que combina com os seus lábios grossos, e o seu cabelo um pouco bagunçado, às vezes aproximamo-nos até chegar ao beijo, mas por causa de algum riso ou brincadeira paramos e rimos ainda mais. Estamos felizes, percebe-se, o café e os pãezinhos chegam a nossa mesa, e com toda a ternura nos damos uma á outra um pão na boca. Finalmente beijamo-nos, e as olhadas se pousam sobre nós.  Existem aqueles que no imediato viram a cabeça, outros murmuram um ao outro, as meninas da parte de atrás sorriem emocionadas, e eu penso: sim gente, nós não somos o que a pornografia os fez crer, nós somos mulheres reais, vivendo o nosso amor, a nossa vida e os nossos dias juntas, atrapalhando ao patriarcado que tem feito das lésbicas mulheres hiper-sexualizadas.

[1] A palavra atole não foi traduzida. O atole é uma bebida com origem pré-hispânico que se consume em Mesoamericae e no norte da América do Sul.

[2] O huipil é uma vestimenta tradicional dos indígenas da parte sul do México e Centroamérica.

[3] Xhunca é o nome que designa “menina” de um jeito amoroso.

[4] Comida tradicional do México

[5] Um tipo de panela que é usada na região de Oaxaca para cozinhar os totopos, entre outros alimentos típicos.

[6] Idioma do povo Zapoteca, indígenas da região de Oaxaca.

[7] Nome de uma bebida tradicional do México.

[8] Neologismo derivado da palavra “hombre” em espanhol.

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