Imagen: Pilar Emitxin

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Me gustaría comenzar el presente artículo escrito para el 1º de Mayo partiendo de una reflexión acerca de otro día también muy señalado, el 8 de Marzo. Una jornada en la cual las mujeres estamos organizándonos cada vez con más fuerza para reivindicar nuestros derechos. Desde Bombay hasta Buenos Aires, pasando por Los Ángeles, por Madrid y por centenares de ciudades y pueblos de todo el mundo, las mujeres salimos a las calles, hartas como estamos de que no se nos escuche, de que se nos discrimine y de que se nos viole y asesine con impunidad.

El pasado 8-M algunas compañeras de la asociación Mujeres Migrantes Diversas, que agrupa a centenares de trabajadoras del hogar y de los cuidados en toda Catalunya, pudimos vivir en primera fila y con enorme ilusión la gran manifestación en Barcelona. Estuvimos ahí por nosotras y por las muchas compañeras cuidadoras internas que no se podían manifestar aquel día, y con quienes estábamos en contacto intercambiándonos fotos y videos por mensajería. Fue muy bonito que se cantara varias veces “¡No estamos todas, faltan las internas!”, pero al finalizar surgió de manera espontánea dentro del grupo una reflexión. La sensación contradictoria de que, tras esa explosión de sororidad, al acabar la marcha a cada una le tocaba volver al sitio que se le asigna en nuestra sociedad.

A la vez que es innegable que todas las mujeres estamos atravesadas por desigualdades y discriminaciones, también lo es que no todas las afrontamos desde la misma posición. Seguramente no exista un mejor ejemplo de ello que el sector de las trabajadoras del hogar y de los cuidados, y especialmente el caso de las internas. Un colectivo atravesado como pocos por una triple discriminación como mujeres, migrantes y racializadas.

Hablamos en su práctica, todas son mujeres, casi siempre migradas, que cuidan de personas mayores en situación de gran dependencia, viven en la casa donde trabajan. Las mujeres cuidadoras tienen de descanso de 10 a 12 horas a la semana, o incluso menos. Permanecen en las casas cuidando una persona con Alzheimer o con una demencia, dedican la vida al bienestar de otra persona y a menudo deben dejar de cuidarse ellas mismas.

Mujeres que trabajan encerradas cobrando un sueldo de unos 800 o 900 € al mes. Muchas compañeras, cuando llevan más de 5 años viviendo en estas condiciones, comienzan a tener problemas de autoestima, depresión, insomnio, de memoria y pérdida de habilidades sociales. Tenemos compañeras a quienes las familias les obligan a comprar la comida o a pagar gastos de agua y  luz. En ocasiones sus jefes las humillan, con amenazas verbales, físicas e incluso ocurren casos de abusos sexuales.

A  la Asociación Mujeres Migrantes Diversas e Integradora Social nos llegan experiencias verdaderamente espeluznantes y que yo misma no hubiera creído posibles de no haberlas visto con mi propios ojos. Como el caso de una compañera cuidadora que, al caer gravemente enferma, la familia llevó en coche y abandonó tambaleándose a las puertas del hospital, porque “no querían problemas”. O compañeras a las que se les autoriza ir al médico con la condición de que acudan al ambulatorio llevándose consigo a la persona mayor que cuidan. Porque, en palabras de la familia, “¿Quien si no eres tú se va a hacer cargo del abuelo?”

Imagen: Asociación de Mujeres Migrantes Diversas e Integradora Social. Cortesía Carmen Juares.

Algunas de las situaciones más duras se producen cuando cuidadoras que llevan años conviviendo solas con personas con una demencia, comienzan a desarrollar desequilibrios emocionales claramente reconocibles. Ante la pasividad de las familias quienes, mientras la persona en situación de dependencia esté más o menos atendida, no quieren reconocer lo evidente: que la cuidadora necesita ayuda urgente.

Hace unos cuatro años, al ver que las condiciones de trabajo estaban empeorando en el sector y que las mujeres recién llegadas, sobre todo de Centroamérica pero también de otros países, sufrían en soledad una gran explotación, un grupo de mujeres en Barcelona decidimos organizarnos y crear una asociación de cuidadoras.

Todas las impulsoras tenemos en común ser migrantes y que, o bien todavía trabajamos como internas, o hemos trabajado hasta hace poco. Yo misma trabajé durante un tiempo de interna en Barcelona cuidando a una señora mayor con demencia. Fueron seis años duros y de enorme soledad, durante los cuales estuve encerrada 24 horas y en los que solo disponía de nueve horas libres durante toda la semana. Posteriormente he trabajado en residencias geriátricas y actualmente soy trabajadora familiar en el servicio municipal de atención domiciliaria (SAD) de Barcelona. Un servicio feminizado y precarizado.

La asociación que creamos, y que decidimos llamar Mujeres Migrantes Diversas, está formada por mujeres migradas trabajadoras del hogar y los cuidados, la mayoría en régimen de internas. Desde el inicio nos propusimos crear un espacio de empoderamiento que, respetando la diversidad interna, funcionara bajo unas bases: una organización transformadora, horizontal, feminista, antirracista, pro LGTBI y que apostara por el trabajo en red con otras organizaciones.

Desde nuestra asociación ofrecemos formación en áreas como geriatría, derechos laborales, alfabetización digital y lengua catalana. Así como asesoramiento, en temas principalmente de extranjería y laboral, y acompañamiento a poner una denuncia, al ayuntamiento para hacer gestiones o para ir al médico. También intentamos hacer incidencia social y política, visibilizando y denunciando las situaciones que vivimos.

Al igual que nuestra asociación, cada vez son más los colectivos que, en España, en América Latina y en todo el mundo, nos estamos organizando para defender nuestros derechos. Nos unen luchas compartidas, como la ratificación del Convenio 189 de la OIT, el cual equipara en los países ratificantes los derechos de las trabajadoras del hogar con los derechos que tiene cualquier otra trabajadora. Como por ejemplo, el acceso a la prestación por desempleo, al Fondo de Garantía Salarial y a la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, derechos a los cuales no tienen acceso las trabajadoras del hogar en la España del 2019. Por increíble que esto pueda parecer.

Este movimiento es de alcance global, y en la cual estamos comenzando a tejer redes y a conocernos entre colectivos de muchos países. Victorias como la reciente incorporación en México de las trabajadoras del hogar en el Régimen Obligatorio del Seguro Social han sido motivo de gran alegría y un referente al que aspirar desde países como España.

El movimiento global de trabajadoras del hogar y cuidados no solamente plantea reivindicaciones sobre las condiciones laborales, sino que pone sobre la mesa otros debates que van más allá, como la división sexual del trabajo y la crisis de los cuidados. En nuestra causa convergen el feminismo y los derechos laborales, unificando ambas luchas y desarrollando nuevas formas, prácticas y discursos que amplían el campo de acción tradicional del sindicalismo. Somos un movimiento profundamente feminista que actúa como un impulso a la politización de las mujeres migrantes y que nos lleva a reflexionar constantemente acerca de nuestras condiciones de trabajo.

Nuestro movimiento ha crecido de manera básicamente autoorganizada y está acostumbrado a avanzar con una carestía de recursos y falta de visibilidad. Pero que, aunque supone un cuestionamiento global y de fondo de las estructuras sociales, proviene de una situación tan injusta que necesita conseguir avances tangibles que se traduzcan en mejoras urgentes en las condiciones de vida material de las compañeras, a la vez que explora nuevas maneras de relacionarse y coordinarse con otras organizaciones. En España, existene en este sentido experiencias innovadoras y muy interesantes de colaboración. Desde el reconocimiento mutuo entre asociaciones de trabajadoras del hogar y organizaciones sindicales, en campos como la denuncia y asesoramiento ante abusos laborales, la formación en derechos laborales y la prevención de riesgos en el trabajo.

No puedo acabar sin una reflexión final. Vienen tiempos inquietantes, en los que ganan peso los discursos de la insolidaridad y del rechazo al otro. Lo vivimos en países como Estados Unidos, Brasil, Italia, y en estos días también en España, con el auge de los políticos de ultraderecha. A las mujeres feministas nos toca estar en primera línea contra el neofascismo, brazo con brazo junto a compañeras provenientes del conjunto de movimientos transformadores.

Ante el auge de la ultraderecha vienen momentos de unificar luchas, de mezclarnos y de tejer complicidades entre los diversos movimientos de emancipación. Somos todo lo que ellos desprecian: negras, indígenas, gays, musulmanas, lesbianas, judías, gitanas, defensoras de los derechos civiles y sociales, del medio ambiente, de las naciones sin estado, transexuales, migrantes, sindicalistas, feministas… Luchemos juntas, libres, organizadas y unidas, para derrotar los discursos de odio, cambiar esta sociedad capitalista, racista y patriarcal y avanzar hacia un nuevo horizonte más justo, igualitario e inclusivo. Por esto mismo, y porque este también es nuestro dia, ¡Viva el 1º de Mayo!

O 1º de Maio das Cuidadoras

Traduzido por Larissa Bontempi

Imagen: Pilar Emitxin
Imagen: Pilar Emitxin

Gostaria de começar o presente artigo escrito para o 1º de maio partindo de uma reflexão sobre outro dia também muito marcado, o 8 de março. Uma jornada na qual nós mulheres estamos nos organizando cada vez com mais força para reivindicar nossos direitos. Desde Mumbai até Buenos Aires, passando por Los Angeles, Madri e centenas de cidades e vilas de todo o mundo, as mulheres vão às ruas, fartas de que não nos escutem, de que nos descriminem e de que nos estuprem e assassinem com impunidade.

No 8-M passado, algumas companheiras da associação Mulheres Migrantes Diversas, que agrupam a centenas de empregadas domésticas e cuidadoras em toda a Catalunha, pudemos viver em primeira fila e com grande ilusão a manifestação em Barcelona. Estivemos aí por nós e pelas muitas companheiras domésticas que não podiam se manifestar naquele dia, e com quem estávamos em contato trocando fotos e vídeos por mensagem. Foi muito bonito terem cantado várias vezes “Não estamos todas, faltam domésticas!”. Mas, ao finalizar, surgiu espontaneamente dentro do grupo uma reflexão; a sensação contraditória de que, depois dessa explosão de sororidade, ao acabar a marcha, a cada uma restava voltar ao lugar que lhe é designado na nossa sociedade.

Ao mesmo tempo que é inegável que todas as mulheres passam por desigualdades e discriminações, também é inegável que não todas enfrentamos da mesma posição. Certamente não existe melhor exemplo disso que o setor das empregadas domésticas e cuidadoras, especialmente o caso das domésticas. Um grupo que passa, como poucos, por uma tripla discriminação enquanto mulheres, migrantes e racializadas.

Falamos praticamente na totalidade de mulheres, quase sempre migradas, que cuidam de pessoas mais velhas em situação de grande dependência, moram na casa onde trabalham e têm 10 a 12 horas de descanso na semana, ou até menos. Permanecem nas casas cuidando de uma pessoa com Alzheimer ou com demência, dedicam a vida ao bem-estar de outra pessoa e frequentemente deixam de cuidar de si mesmas.

Mulheres que trabalham encerradas, recebendo um salário de 800 a 900 € por mês. Muitas companheiras, quando passam mais de 5 anos vivendo nestas condições, começam a ter problemas de autoestima, depressão, insônia, perda de memória e de habilidades sociais. Temos companheiras que são obrigadas pelas famílias a comprar comida ou a cobrir os gastos de água e luz. Em certas ocasiões, seus chefes as humilham, com ameaças verbais, físicas e, inclusive, abusos sexuais.

Na nossa associação, ouvimos experiencias verdadeiramente assustadoras e que eu mesma não acreditaria serem possíveis se não tivesse visto com meus próprios olhos. Como o caso de uma companheira cuidadora que, ao ficar gravemente doente, a família a levou à noite e a abandonou tremendo na porta do hospital, porque “não queriam problemas”. Ou companheiras que são autorizadas a ir ao médico com a condição de que acompanhem a pessoa mais velha que cuidam até o ambulatório, já que, nas palavras da família, “quem, se não você, vai se responsabilizar pelo avô?”

Imagen: Asociación de Mujeres Migrantes Diversas e Integradora Social. Cortesía Carmen Juares.

Algumas das situações mais duras acontecem quando cuidadoras que moram há anos sozinhas com pessoas com alguma demência começam a desenvolver desequilíbrios emocionais claramente reconhecíveis, diante da passividade das famílias, que, enquanto a pessoa em situação de dependência esteja mais ou menos atendida, não querem reconhecer o que é evidente: a cuidadora precisa de ajuda urgente.

Há uns quatro anos, ao ver que as condições de trabalho estavam piorando no setor, e que as mulheres recém chegadas, sobre tudo da América Central, mas também de outros países, sofriam caladas uma grande exploração, um grupo de mulheres em Barcelona decidiu se organizar e criar uma associação de cuidadoras.

Todas as planejadoras temos em comum o fato de ser migrantes e de, ou ainda trabalharmos como domésticas, ou termos trabalhado até pouco tempo atrás. Eu mesma trabalhei durante um tempo como doméstica em Barcelona, cuidando de uma idosa com demência. Fram seis anos duros e de enorme solidão, durante os quais estive trancada 24 horas e nos quais só dispunha de nove horas livres durante a semana toda. Posteriormente, trabalhei em residências geriátricas e atualmente sou trabalhadora familiar no serviço municipal de atenção domiciliar (SAD) de Barcelona. Um serviço feminizado e muito precário.

A associação que criamos, e que decidimos chamar Mulheres Migrantes Diversas, é formada por mulheres migradas empregadas domésticas e cuidadoras, a maioria em regime interno. Desde o início, nos propusemos criar um espaço de empoderamento que, respeitando a diversidade interna, funcionasse sob algumas bases: uma organização transformadora, horizontal, feminista, antirracista, pró-LGBTQI+ e que apostasse no trabalho em rede com outras organizações.  

A partir da nossa associação, oferecemos formação em áreas como geriatria, direitos trabalhistas, alfabetização digital e língua catalã, assim como assessoramento em assuntos de estraneidade e trabalhistas, e acompanhamento para fazer uma denúncia, até prefeitura para fazer trâmites ou ao médico. Também tentamos fazer incidência social e poçítica, visibilizando e denunciando a situações que vivemos.

Assim como a nossa associação, cada vez mais coletivos na Espanha, América Latina e em todo o mundo, estão se organizando para defender nossos direitos. Estamos unidas por lutas compartilhadas, como a ratificação do Convênio 189 da OIT, o qual equipara nos países ratificantes os direitos das empregadas domésticas aos direitos de qualquer outra trabalhadora. Como por exemplo, o acesso ao seguro desemprego, fundo de garantia e a Lei de Prevenção de Riscos Trabalhistas, direitos aos quais as empregadas domésticas não têm acesso na Espanha de 2019, por incrível que isso possa parecer.

Trata-se de um movimento de alcance global no qual estamos começando a tecer redes e a nos conhecer em coletivos de muitos países. Vitórias como a recente incorporação das empregadas domésticas no Regime Obrigatório do Seguro Social do México foram motivo de grande alegria e uma referência à qual aspiramos em países como a Espanha.

O movimento global de empregadas domésticas e cuidadoras não somente apresenta reivindicações sobre as condições trabalhistas, mas coloca na mesa outros debates que vão além, como a divisão sexual do trabalho e a crise dos cuidados. Na nossa causa, convergem o feminismo e os direitos trabalhistas, unificando ambas as lutas e desenvolvendo novas formas, práticas e discursos que ampliam o campo de ação tradicional do sindicalismo. Somos um movimento profundamente feminista que age como um impulso para a politização das mulheres e que nos leva a refletir constantemente sobre nossas condições de trabalho.

Nosso movimento cresceu de maneira basicamente auto organizada e está acostumado a avançar com a escassez de recursos e falta de visibilidade. No entanto, embora suponha um questionamento global e da base das estruturas sociais, provém de uma situação tão injusta que precisa conseguir avanços tangíveis que se traduzam em melhorias urgentes nas condições de vida material das companheiras, ao mesmo tempo que explora novas formas de se relacionar e coordenar com outras organizações. Neste sentido, existem na Espanha experiencias inovadoras e muito interessantes de colaboração a partir do reconhecimento mútuo entre associações de empregadas domésticas e organizações sindicais, em campos como denúncia e assessoramento diante de abusos trabalhistas, formação em direitos trabalhistas e prevenção de riscos no trabalho.

Não poderia terminar sem uma reflexão final. Vêm tempos inquietantes, nos quais o discurso de insolidariedade e rejeição ao outro ganham peso. O vivemos em países como Estados Unidos, Brasil, Itália, e hoje em dia também na Espanha, com o auge de políticos de ultradireita. Às mulheres feministas, resta estar na linha de frente contra o neofascismo, de braços dados, junto das companheiras provenientes do conjunto de movimentos transformadores.  

Diante do auge da ultradireita, vêm momentos de unificar lutas, de nos misturarmos e de tecermos cumplicidades entre os diversos movimentos de emancipação. Somos tudo o que eles desprezam: negras, indígenas, LGBTs, muçulmanos, judeus, ciganas, defendores dos direitos civis e sociais, do meio ambiente, das nações sem Estado, migrantes, sindicalistas, feministas…. Litemos juntas, livres, organizadas e unidas, para derrotar os discursos de ódio, mudar esta sociedade capitalista, racista e patriarcal, e avancemos a um novo horizonte, mais justo, igualitário e inclusivo. Por isso, e porque este também é nosso dia, viva o 1º de Maio!

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