Ilustración: Veroka Velásquez.

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Uno de los lemas de los Estados Unidos es el país de lxs libres, o la tierra de lxs libres, lo que nos hace topar de inmediato con algunas preguntas: ¿de qué hablamos cuando hablamos de personas libres en un país que encarcela a más personas per cápita que cualquier otro país del mundo? ¿Y qué pasa cuando esas personas, esxs presxs, son mujeres (cisheterosexuales, lesbianas, trans, afro, etcétera), es decir, cuando son minorías en términos de la relación que guardan con los ejes de poder (léase un sistema de justicia machista hecha por y para el patriarcado)? Estas preguntas nos las planteamos dentro de un marco de una historia oficial, legitimada, es decir: la que nos llega. Por eso es tan importante poner énfasis en las narraciones de lxs sujetxs subalternxs, o aquellas personas que se encuentran en posiciones discursivas ubicadas por fuera de la esfera del poder. Estas personas hablan físicamente, pero aquello que dicen no adquiere el mismo estatus que lo que dicen otras personas porque son sujetxs que no están en una posición discursiva de igualdad, como dice Chakravorty Spivak, teórica y crítica feminista de la India. El papel que pueden llegar a jugar las palabras de estas personas dentro de cualquier discusión – en este caso, sobre las experiencias de vida en las cárceles de Estados Unidos – es de último lugar.

El sistema carcelario selecciona, moldea y se desentiende de lxs sujetxs que pasan por sus celdas a través de distintas prácticas sociopolíticas e intracarcelarias, muchas de las cuales son ilegales y han sido denunciadas ante distintas cortes como violaciones de derechos humanos. Una nota publicada por The Marshall Project, medio de comunicación y organización dedicada a las problemáticas carcelarias y a las experiencias de lxs presxs en Estados Unidos, dice que toda la gente que hay en ese país forma sólo el 5% de la población mundial, y sin embargo un tercio de todas las presas en el mundo están allí. Desde el año 1980, la cantidad de mujeres presas en Estados Unidos ha crecido por más de 700%, y los riesgos que corren son múltiples: desde las restricciones con respecto a necesidades básicas de salud hasta las altas probabilidades de ser abusadas o violadas en la cárcel, las mujeres encarceladas (la mayoría de ellas madres) atraviesan experiencias y obstáculos únicos. Es por eso que es tan importante no sólo traer a cabo esas experiencias, sino puntualizar las problemáticas de las mismas y dejar que hablen esas voces acalladas. 

La historiadora Joan Scott escribe en su libro Género e historia sobre la oposición binaria de los géneros y cómo esa misma relación pasa a formar parte de las redes de poder, de los procesos sociales. Cuestionar algo de todo esto es, desde ya, una amenaza para todo el sistema en sí: si el género y el poder se construyen el uno al otro es muy difícil, cuando no imposible, cambiar la realidad. Pero la importancia reside no sólo en deconstruir la relación entre género y poder, sino también en visibilizar las historias de aquellas personas que han sido victimizadas por dicha relación. ¿Cuál es el papel que puede jugar el testimonio en la construcción de la historia en contraposición con la historia normal, basada en registros y datos oficiales, en discursos normativos? Nan Alamilla Boyd, historiadora estadounidense, se pregunta sobre el modo en que las historias orales representan de un modo confiable al pasado, sobre cuáles son las verdades que se nos muestran a través de esas historias, y esto es clave porque nos obliga no sólo a corrernos de esos discursos normativos sino también a cuestionar cómo la alternativa a ellos funcionará en una nueva construcción de la realidad. 

En el caso de las mujeres en las cárceles, por ejemplo, muchas veces existen sólo datos y números como muestra de las serias problemáticas que atraviesan. Un ejemplo de esto se puede ver en los casos relacionados con la salud mental. The Marshall Project investiga esta problemática, entre muchas otras. Lo que intenta hacer este medio es contraponer los datos duros, los estudios y los registros, con los testimonios personales de aquellas personas sobre las cuales esos estudios se realizan, traer a cabo el testimonio como forma legítima de representación de la realidad. Podemos visualizar así los matices que hay detrás de la historia porque nos preguntamos cómo es que la misma está formada, y vemos inmediatamente que sobreviven algunas narraciones por sobre otras. Esta supervivencia de algunxs narradorxs, y la relegación de otrxs a un segundo plano, nos acerca a los matices del relato oficial. 

Uno de los riesgos que corren las mujeres en las cárceles tiene que ver con los crímenes sexuales y con la discriminación e invisibilización que padecen las presas lesbianas. Respecto a lo primero, no sólo afecta a las mujeres que están presas sino también a las que trabajan en las cárceles, y esto es parte de una problemática más amplia que abarca el modo en el cual se insertan las mujeres en un ámbito laboral hostil y dominado por hombres. The Marshall Project ha hecho trabajos de investigación y entrevistas con guardias que son sometidas cotidianamente a abusos de distintos tipos para focalizar la atención en un problema que se suele encontrar entre los más ignorados. En febrero de 2017, un juicio llevado a cabo por 524 empleadas de la cárcel Coleman Federal Correctional Complex en el estado de Florida mostró el alcance del abuso sexual y las complejidades de cómo se perpetúa. Según este estudio, las mujeres nombraron todo desde comentarios lascivos, gesticulaciones y amenazas por parte de los presos hasta una hostigación por parte de sus supervisores a la hora de hacer la denuncia de los incidentes. Según el juicio, un teniente que fue encontrado deshaciéndose de las pruebas de denuncias dijo que no quería lidiar con el tema y que si las mujeres tenían ganas de trabajar en un ambiente de hombres tenían que hacerse cargo de eso. 

Las presas lesbianas y las mujeres que no entran en el esquema de la heteronormatividad también sufren discriminación e invisibilización por parte del sistema carcelario. Uno de los ejemplos más palpables de esto se ve en el proceso de reingreso a la sociedad de las mujeres que salen de la cárcel. Escribiendo para The Marshall Project, una empleada y voluntaria de un instituto para mujeres que recientemente han salido de la cárcel en Pennsylvania cuenta cómo aquellas personas que no se identificaban con un estilo de vida heteronormativo enfrentaban serias dificultades a la hora de seguir el programa de reinserción al pie de la letra. Muchas mujeres eran penalizadas si no seguían modelos de vida que no encajaba dentro del molde de la felicidad o el éxito heteronormativo. Las mujeres heterosexuales podían visitar a sus familiares o a sus parejas, mientras que a las mujeres lesbianas o queer no se les permitía concretar una reunión con alguien si se suponía que existía una relación amorosa. Por otro lado, los oficiales a cargo del seguimiento de las vidas de estas mujeres no aprobaban un estilo de vida que incluyera relaciones homosexuales. Si bien muchas de las mujeres del instituto jamás habían tenido relaciones amorosas con hombres, se las alentaba a todas a planificar sus futuros con un hombre de algún u otro modo. Este tipo de discriminación lleva no sólo a que aquellas mujeres sean más propicias a sufrir depresiones u otro tipo de problemas psicológicos sino también a que vuelvan a caer en el sistema penitenciario. 

El sistema judicial falla enormemente cuando se trata de sujetxs marginalizadxs, y estas fallas refuerzan el ciclo vicioso que mete a las personas más vulnerables en el espiral penitenciario. Incluir y resaltar las experiencias individuales a través de las historias orales para poner en primer plano los testimonios de estas personas es imprescindible. Al hacer esto, veremos cuán compleja y rica es la historia, ya que detrás de ella descansan múltiples modos de pensamiento, múltiples modos de ver la realidad y de contar la experiencia de vida, como sostiene la socióloga boliviana Silvia Rivera Cusicanqui. Queda clara la importancia de que los resultados de los procesos de investigación sirvan no sólo a una comunidad académica endogámica, sino también al grupo estudiado, a lxs sujetxs en cuestión: ir más allá de los datos para hurgar, verdaderamente, en la(s) historia(s). 

El lenguaje es el terreno dentro del cual nuestra realidad comienza a nacer,  y también podemos pensarlo como el lugar donde nace la historia – colectiva e individual. Así considerado, el peso que se les da a los testimonios de lxs sujetxs alternxs no puede ser menor. 

Autores/as y obras mencionados/as:

Boyd, N.A. Who Is the Subject? Queer Theory Meets Oral History. Journal of the

History of Sexuality, 17:2, Mayo 2008, pp. 177-189.

Kerrison, Erin. “How Post-Prison Reentry Programs Fail Queer Women.” January 2018.

The Marshall Project. https://www.themarshallproject.org/2018/01/24/how-post-p

rison-reentry-programs-fail-queer-women

Rivera Cusicanqui, Silvia. “El potencial epistemológico y teórico de la historia oral: de la

lógica instrumental a la descolonización de la historia”. Temas sociales, número

11. La Paz: IDIS/UMSA,1987.

Santo, Alysia. “The Unique Sexual Harassment Problem Female Prison Workers Face.”

The Marshall Project. November 2017. https://www.themarshallproject.org/2017/

11/09/ the-unique-sexual-harassment-problem-female-prison-workers-face

Santo, Alysia. “What Is Prison Like for Women and Girls?” The Marshall Project.

Octubre 2017. https://www.themarshallproject.org/2017/10/10/what-is-prison

-like-for-women-and-girls

Spivak, Gayatri Chakravorty. “¿Puede hablar el subalterno?” Revista colombiana de

antropología, 38, 297 – 364.

Scott, J.W.. “Experiencia”. Hiparquia, Vol. X, julio.

Scott, J.W. Género e historia. México: Fondo de Cultura Económica, 2008.

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“As vozes atrás das grades: mulheres nas cadeias estadunidenses”

Ilustración: Veroka Velásquez.

Traduzido por Larissa Bontempi


Um dos lemas dos Estados Unidos é o país dxs livres, ou a terra dxs livres, o que nos faz topar imediatamente com algumas perguntas: Do que estamos falando quando falamos de pessoas livres em um país que encarcera a mais pessoas per cápita do que qualquer outro país do mundo? E o  que acontece quando essas pessoas, essxs presxs, são mulheres (hetero-cis, lésbicas, trans, negras etc.), isto é, quando são minorias em termos da relação que têm com os eixos de poder (entenda-se um sistema judifical machista feita pelo e para o patriarcado)? Estas perguntas nos indagamos dentro do marco de uma história oficial e legitimada, ou seja: a que chega até nós. Por isso é tão importante enfatizar as narrativas dxs sujeitxs subalternxs, ou aquelas pessoas que se encontram em posições discursivas localizadas fora da esfera do poder. Estas pessoas falam fisicamente, mas aquilo que dizem não adquire o mesmo status que o que outras pessoas dizem, porque são sujeitxs que não estão em uma posição discursiva de igualdade, como diz Chakravorty Spivak, teórica e crítica feminista indiana. O papel que podem chegar a desempenhar as palavras dessas pessoas dentro de qualquer discussão – neste caso, sobre as experiências de vida nas cadeias dos Estados Unidos – é de último lugar.

O sistema carcerário seleciona, molda e se desentende dxs sujeitxs que passam pelas suas celas através de diferentes práticas sociopolíticas e intracarcerárias, muitas das quais são ilegais e têm sido denunciadas a diferentes jurisdições como violações de direitos humanos. Uma nora publicada pelo The Marshall Project, meio de comunicação e organização dedicado às problemáticas carcerárias e às experiências dxs presxs nos Estados Unidos, diz que toda as pessoas desse país formam somente 5% da população mundial e, ainda assim, um terço de todas as presas do mundo estão ali. Desde o ano 1980, a quantidade de mulheres presas nos Estados Unidos cresceu mais de 700% e os riscos que correm são múltiplos: desde restrições com relação a necessidades básicas de saúde até altas probabilidades de ser abusadas ou estupradas na cadeia; as mulheres encarceradas (em sua maioria, mães), passam por experiências e obstáculos únicos. Por isso é tão importante não somente trazer à luz essas experiências, mas também pontuar as suas problemáticas e deixar falar essas vozes caladas. 

A historiadora Joan Scott escreveu em seu livro Gênero e história sobre a oposição binária dos gêneros e como essa mesma relação passa a formar parte das redes de poder, dos processos sociais. Questionar algum aspecto de tudo isto é, desde já, uma ameaça a todo o sistema em si: se o gênero e o poder se constroem mutuamente, é muito difícil, quando não impossível, mudar a realidade. Mas a importância não reside somente em desconstruir a relação entre gênero e poder, mas também em visibilizar as histórias daquelas pessoas que foram vitimizadas por tal relação. Qual é o papel que o testemunho da história pode desempenhar em contraposição com a história normal, baseada em registros e dados oficiais, em discursos normativos? Nan Alamilla Boyd, historiadora estadunidense, se pergunta sobre o modo com que as histórias orais representam de um modo confiável o passado, sobre quais são as verdades que nos sao mostradas através dessas histórias, e isto é crucial porque nos obriga não só a nos afastarmos desses discursos normativos, bem como a questionar como a alternativa a eles funcionaria em uma nova construção da realidade. 

No caso das mulheres nas cadeias, por exemplo, muitas vezes existem apenas dados e números como mostra das sérias problemáticas por que passam. Um exemplo disto pode ser visto nos casos relacionados à saúde mental.  The Marshall Project investiga esta problemática, dentre muitas outras. O que este meio tenta fazer é contrapor os dados rígidos, os estudos e os registros, com os testemunhos pessoais daquelas pessoas sobre as quais esses estudos são realizados, trazer à luz o testemunho como forma legítima de representação da realidade. Podemos visualizar assim os matizes que estão atrás da história, porque nos perguntamos como é que ela está formada e vemos imediatamente que algumas narrativas sobrevivem em detrimento de outras. Esta sobrevivência de alguns/algumas narradorxs, e o preterimento de outrxs, num nível mais profundo, nos aproxima aos matizes do relato oficial. 

Um dos riscos que as mulheres correm nas cadeias tem a ver com os crimes sexuais e com a discriminação e invisibilização que padecem as presas lésbicas. Com respeito ao primeiro aspecto, ele não afeta somente as mulheres que estão presas, mas também as que trabalham nas cadeias e isto é parte de uma problemática mais ampla que abarca o modo com que as mulheres são inseridas em um âmbito trabalhista hostil e dominado por homens. The Marshall Project realizou trabalhos de pesquisa e entrevistas com guardas que são submetidas cotidianamente a diferentes tipos de abuso para centralizar a atenção em um problema que costuma ser visto entre os mais ignorados. Em fevereiro de 2017, um processo realizado por 524 empregadas da cadeia Coleman Federal Correctional Complex, no estado da Flórida, mostrou o alcance do abuso sexual e as complexidades de como se perpetua. De acordo com este estudo, as mulheres falaram de tudo, desde comentários lascivos, gesticulações e ameaças por parte dos presos, e até assédio por parte de seus supervisores no momento de fazer a denúncia dos incidentes. Segundo o processo, um tenente, que foi encontrado se desfazendo das provas de denúncias, disse que não queria lidar com o assunto e que, se as mulheres tinham vontade de trabalhar em um ambiente masculino, tinham que se responsabilizar por isso. 

As presas lésbicas e as mulheres que não entram no esquema da heteronormatividade também sofrem discriminação e invisibilização por parte do sistema carcerário. Um dos exemplos ais palpáveis disto pode ser visto no processo de reinserção na socidade das mulheres que saem da cadeia. Escrevendo para o The Marshall Project, uma empregada e voluntária de um instituto para mulheres que recentemente saíram da cadeia na Pensilvânia, conta que aquelas pessoas que não se identificavam com um estilo de vida heteronormativo enfrentavam sérias dificuldades no momento de seguir o programa de reinserção ao pé da letra. Muitas mulheres eram penalizadas se não seguiam modelos de vida que não se encaixavam no molde da felicidade ou o sucesso heteronormativo.  As mulheres heterossexuais podiam visitar seus familiares ou seus companheiros, enquanto as mulheres lésbicas ou queer não era permitido ter uma reunião com alguém se supunham que existia uma relação amorosa. Os oficiais responsáveis pelo seguimento das vidas destas mulheres não aprovavam um estilo de vida que incluísse relações homossexuais. Embora muitas das mulheres do instituto jamais tenham tido relações amorosas com homens, todas eram encorajadas a planejar seus futuros com um homem de algum ou outro modo. Este tipo de discriminação faz com que essas mulheres sejam mais propensas a sofrer depresão ou outro tipo de problemas psicológicos, além de voltarem a cair o sistema penitenciário. 

O sistema judiciário falha miseravelmente quando se trata de sujeitxs marginalizadxs, e estas falhas reforça o ciclo vicioso que coloca as pessoas mais vulneráveis no espiral penitenciário. É imprescindível incluir e ressaltar as experiências individuais através das histórias orais para colocar em primeiro plano os testemunhos dessas pessoas. Ao fazer isto, veremos quão complexa e rica é a história, já que atrás dela descansam múltiplos modos de pensamento, de ver a realidade e de contar a experiência de vida, como defende a socióloga boliviana Silvia Rivera Cusicanqui. Fica clara a importância que os resultados dos processos de pesquisa não sirvam somente para uma comunidade acadêmica endogâmica, mas também para o grupo estudado, às/aos sujeitxs em questão: ir além dos dados para mexer verdadeiramente na(s) história(s). 

A linguagem é o terreno dentro do qual nossa realidade começa a nascer, e também podemos pensá-la como o lugar onde nasce a história — coletiva e individual. Dessa forma, o peso dado aos testemunhos dxs sujeitxs alternxs não pode ser menor. 

Autores e obras mencionados/as:

Boyd, N.A. Who Is the Subject? Queer Theory Meets Oral History. Journal of the

History of Sexuality, 17:2, Maio 2008, pp. 177-189.

Kerrison, Erin. “How Post-Prison Reentry Programs Fail Queer Women.” Janeiro 2018.

The Marshall Project. https://www.themarshallproject.org/2018/01/24/how-post-p

rison-reentry-programs-fail-queer-women

Rivera Cusicanqui, Silvia. “El potencial epistemológico y teórico de la historia oral: de la

lógica instrumental a la descolonización de la historia”. Temas sociales, número

11. La Paz: IDIS/UMSA,1987.

Santo, Alysia. “The Unique Sexual Harassment Problem Female Prison Workers Face.”

The Marshall Project. Novembro 2017. https://www.themarshallproject.org/2017/

11/09/ the-unique-sexual-harassment-problem-female-prison-workers-face

Santo, Alysia. “What Is Prison Like for Women and Girls?” The Marshall Project.

Outubro 2017. https://www.themarshallproject.org/2017/10/10/what-is-prison

-like-for-women-and-girls

Spivak, Gayatri Chakravorty. “¿Puede hablar el subalterno?” Revista colombiana de

antropología, 38, 297 – 364.

Scott, J.W. “Experiencia”. Hiparquia, Vol. X, julio.

Scott, J.W. Género e historia. México: Fondo de Cultura Económica, 2008.

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