Arte: Amanda Martínez E.

Ir ao artigo em português

Se calcula que la invasión colonial de América cobró la vida de unas 60 millones de personas de diversos pueblos indígenas, convirtiéndose así en unos de los mayores genocidios en la historia de la humanidad (1). De la misma manera, 12 millones de africanos y africanas fueron secuestradas, vendidas y traídas al continente en las mas aberrantes condiciones de esclavitud (2). El genocidio se perpetuó en distintos territorios del planeta y hoy en día, de los y las sobrevivientes al genocidio colonial, quedan aproximadamente 476 millones de indígenas en el mundo, totalizando un 6% de la población mundial. Los y las indígenas también representan el 15% de personas que viven en extrema pobreza. Irónicamente, este pequeño porcentaje de la humanidad, junto con las comunidades tradicionales y pueblos periféricos, cargan hoy con la enorme y desequilibrada responsabilidad de preservar el 80% de la biodiversidad del planeta (3). El peso de la manutención de la vida se ha dejado a cargo de los pueblos más masacrados en el mundo que luchan, pagando con sus vidas, la defensa de la ancestralidad, de los seres visibles e invisibles que occidente borro de algunas de las miradas de las nuevas poblaciones que obedecieron a esta nueva orden colonial. 

En el caso de América, no solamente se les negó el reconocimiento de humanos a las poblaciones negras e indígenas, sino que se le arrebató su condición de humanidad a ríos, montañas, al fuego y a las piedras, al pueblo en pie de los bosques y a lo que hoy se reconoce simplemente de “animales”. Al viento lo convirtieron en un elemento quitándole su condición de ser y de vida. A las comunicaciones ancestrales con los espíritus de los pueblos se le otorgó el nombre de inconsciente, y el mundo de los sueños lo llamaron imaginario, una utopía del “buen salvaje” cuya relación profunda con la tierra y el cosmos nombraron, ciega e ignorantemente, de mito. A la especie humana se le dio una condición de superioridad sobre las otras humanidades no reconocidas. En este camino de muerte, también se intenta matar a la tierra en un genocidio interno, de quienes reproducen el colonialismo, el patriarcado y el racismo en el “nuevo mundo”. 

Esta es una mirada al pasado, que vemos de frente. Silvia Rivera Cusicanqui describe como algunas lenguas indígenas nombran el pasado como algo que tenemos frente a nosotros y el futuro está atrás, en la espalda, pues no lo conocemos ni lo podemos ver. Esta seria una manera de celebrar el pasado que se coloca de frente, que puede ser visto y repetido en distintas épocas como el continuo genocidio de los pueblos de América. 

Los procesos independentistas y distintos procesos revolucionarios en la región no han conseguido detener el genocidio que se perpetua en territorios con distintas geografías, ya sea en el campo, en la ciudad, en la favela o en el bosque. La interiorización de los valores coloniales, que desencadenó aquel invento grotesco de la raza, que coloca a los blancos descendientes de europeos como superiores, todavía corre por las venas de América y sus élites, sean estas académicas, políticas o económicas. El pensamiento binario y las opciones simplistas de ideologías políticas, y de formas de organizar la vida que imitan lógicas europeas, ajenas a nuestros contextos culturales e históricos, perpetúan los crímenes de lesa humanidad contra las ya pocas comunidades que continúan preservando la vida en la tierra. 

Hoy no podemos respirar, nos falta el aire pues encaramos una pandemia que afecta a todos y todas, a quienes luchan y a quienes matan, a quienes destruyen y a quienes dan y preservan la vida. La pandemia de covid-19 activa la memoria de epidemias pasadas que aniquilaron pueblos enteros. Entre el camino de la muerte también se mataron lenguas, pero también nacieron otras formas de comunicarnos para luchar y resistir. 

El genocidio continua en el Abya Yala, sin embargo se tejen redes solidarias de quienes defienden sus derechos ancestrales y demandan una reparación histórica de los años de esclavitud y opresión de distintos pueblos de América. Algunos pueblos de Nicaragua y Brasil se unen en apoyo mutuo, fortaleciendo la unión de las luchas por la vida y por el territorio.

El Quilombo (4) urbano de Boa Esperança en Teresina, Brasil, exige y lucha por su demarcación territorial. Este pueblo quilombola denuncia las invasiones a su territorio por parte de empresarios que amenazan destruir esta comunidad para colocar su tierra a la orden del gran capital. Una de las líderes y defensoras de este territorio, la compañera Maria Lúcia de Oliveira, ha sido sometida a distintas formas de violencia por defender Boa Esperança. La comunidad es una de las localidades impactadas por el proyecto Lagoas do Norte que amenaza la vida de más de 3 mil familias riberinhas (5). La defensa al pueblo de Boa Esperança se manifiesta a partir de muchas voces, y entre ellas las de indígenas y afrodescendientes de Nicaragua que exigen a las autoridades estatales el reconocimiento inmediato del proceso de demarcación de un pueblo hermano, cuyas amenazas al territorio todavía persisten. 

Los pueblos que forman parte de APIAN (Alianza de Pueblos Indígenas y Afrodescendientes de Nicaragua) también no están solos y solas, pues surgen alianzas regionales como la solidaridad de Boa Esparanca, y de las mujeres de Revistas Amazonas que se  hermanan y denunciamos la presencia de grupos armados en la Costa Caribe Norte de Nicaragua, tierra ancestral de los pueblos Miskitu y Mayagnas-Sumu-Ulwas. Estos pueblos nicaragüenses vienen siendo atacados y asesinados por grupos armados durante décadas, frente a un Estado omiso ante graves crímenes de lesa humanidad contra estos pueblos. La situación se repite con el pueblo Indígena Rama y las Comunidades Negras Kriols (6) localizadas en Caribe Sur del país, por lo que desde distintos territorios de América nos unimos en defensa de estas redes comunitarias de quienes resisten hace más de 500 años. 

La preservación de la vida del planeta no es un problema indígena, de afrodescenedientes, ni de comunidades tradicionales; es una responsabilidad social de todos y todas. El consumo predatorio de recursos naturales ha dejado consecuencias, y esta enfermedad respiratoria que nos afecta es una de ellas. En este proceso arrancaron distintos pueblos de sus modos de vida tradicional para encerrarlos en barrios pobres periféricos en las grandes ciudades, donde el alimento no nace más de la tierra sino que surge de un pedazo de papel que acerca o aleja el alimento. La crisis planetaria llama a la construcción de alianzas y relaciones entre pueblos para abordar el problema de manera conjunta, entre todos y todas las que luchamos por la vida y por la justicia. Denunciamos a quienes usurpan y violan los territorios, y nos unimos en lucha con los pueblos de América que resisten. 

Referencias

(1)  Memorias del Holocausto Indígena en América Latina. TeleSur, 27 de Enero de 2016. Disponible en: https://www.telesurtv.net/news/Memorias-del-holocausto-indigena-en-America-Latina-20160122-0074.htm

(2) Perasso, Valeria. La larga batalla de las reparaciones por esclavitud: ¿por qué Europa se niega a pagar? BBC News, 6 de Octubre de 2015. Disponible en: https://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/10/151001_reparacion_por_esclavitud_debate_europa_vp

(3)  Pueblos Indígenas. Banco Mundial, 1 de Octubre de 2020. Disponible en: https://www.bancomundial.org/es/topic/indigenouspeoples

(4) En Brasil se le conoce como Quilombo a las comunidades constituidas por esclavos  y esclavas negras que resistieron al régimen esclavista que se perpetuó en este país por más de 300 años. Estas comunidades continúan existiendo en la actualidad, luchando por el reconocimiento de sus derechos territoriales y la preservación de su cultura.

(5)  En Brasil, se conoce como pueblos ribeirinhos a las comunidades asentadas a orillas o en las proximidades de ríos, y tienen como principal forma de subsistencia la pesca artesanal. 

(6)  Se le conoce como Kriol, en Nicaragua, a una población Afrodescendiente asociada a la Negritud. No son el único grupo afrodescendiente del país; sin embargo se caracterizan por ser descendientes de poblaciones negras que formaron comunidades en la Costa Caribe. En esta categoría existen, en Nicaragua, los pueblos Kriols y Garifunas, que crearon comunidades con identidades de grupo. En la Costa Caribe de Nicaragua, por haber sido un Protectorado de Gran Bretaña, se habla el inglés creole y lenguas indígenas de la región. 

.
Arte: Amanda Martínez E.

APIAN E BOA ESPERANÇA: Uma aliança entre os povos do Abya Yala

Por Revista Amazonas

A invasão colonial das Américas tirou a vida de cerca de 60 milhões de pessoas de vários povos indígenas, tornando-a um dos maiores genocídios da história da humanidade (1). Da mesma forma, 12 milhões de africanos e africanas foram sequestrados, vendidos e trazidos ao continente nas mais horrendas condições de escravidão (2). O genocídio foi perpetuado em diferentes territórios do planeta e hoje, dos e das sobreviventes do genocídio colonial, restam aproximadamente 476 milhões de indígenas no mundo, totalizando 6% da população mundial. Os povos indígenas também representam 15% das pessoas que vivem em extrema pobreza. Ironicamente, esta pequena porcentagem da humanidade, juntamente com as comunidades tradicionais e os povos periféricos, arcam na atualidade com a enorme e desequilibrada responsabilidade de preservar 80% da biodiversidade do planeta (3). O peso de preservar a vida foi deixado aos povos mais massacrados do mundo que lutam, pagando com suas vidas, a defesa da sua ancestralidade, dos seres visíveis e invisíveis que o Ocidente apagou de alguns dos olhares das novas populações que obedeceram a esta nova ordem colonial.

No caso da América, não somente se negou o reconhecimento enquanto humanos às populações negras e indígenas, mas também aos rios, montanhas, ao fogo e as pedras, ao povo em pé das florestas e ao que hoje é reconhecido simplesmente como «animais». Eles transformaram o vento em um elemento, tirando sua condição de ser e de vida. Às comunicações ancestrais com os espíritos dos povos foi dado o nome de inconsciente, e o mundo dos sonhos foi chamado de imaginário, uma utopia do «bom selvagem» cuja profunda relação com a terra e o cosmos nomearam, de forma cega e ignorante, de mito. A espécie humana recebeu um status de superioridade em relação a outras humanidades não reconhecidas. Neste caminho de morte, também há uma tentativa de matar a terra em um genocídio interno, por parte daqueles que reproduzem o colonialismo, o patriarcado e o racismo no «novo mundo».

Este é um olhar sobre o passado, que temos à nossa frente. Silvia Rivera Cusicanqui descreve como algumas línguas indígenas denominam o passado como algo que temos diante de nós e o futuro está nas costas, por trás de nos, porque não o conhecemos e não podemos vê-lo. Esta seria uma forma de celebrar o passado que se coloca na nossa frente, que pode ser visto e repetido em diferentes épocas como o genocídio contínuo dos povos da América.

Os processos de independência e vários processos revolucionários na região não foram capazes de deter o genocídio que se perpetua em territórios com geografias diferentes, seja no campo, na cidade, na favela ou na floresta. A interiorização dos valores coloniais, que desencadeou aquela grotesca invenção da raça, que coloca os brancos de ascendência européia como superiores, ainda percorre as veias da América e suas elites, sejam elas acadêmicas, políticas ou econômicas. O pensamento binário e as escolhas simplistas de ideologias políticas e formas de organização da vida que imitam a lógica européia, alheias aos nossos contextos culturais e históricos, perpetuam crimes contra a humanidade contra as poucas comunidades que continuam preservando a vida na Terra.

Hoje não podemos respirar, nos falta o ar, pois enfrentamos uma pandemia que afeta a todos e todas, aqueles/aquelas que lutam e aqueles/aquelas que matam, aqueles/aquelas que destroem e aqueles/aquelas que dão e preservam a vida. A pandemia da covid-19 ativa a memória de epidemias passadas que aniquilaram povos inteiros. No caminho da morte, também foram mortos idiomas, mas também nasceram outras formas de comunicação para lutar e resistir.

O genocídio continua no Abya Yala, porém redes de solidariedade estão sendo tecidas entre aqueles e aquelas que defendem seus direitos ancestrais e exigem uma reparação histórica pelos anos de escravidão e opressão de diferentes povos da América. Alguns povos da Nicarágua e do Brasil se unem em apoio mútuo, fortalecendo a união das lutas pela vida e pelo território.

O Quilombo (4) urbano de Boa Esperança em Teresina, Brasil, exige e luta por sua demarcação territorial. Este povo quilombola denuncia as invasões de seu território por empresários que ameaçam destruir esta comunidade para colocar suas terras à ordem do grande capital. Uma das líderes e defensoras deste território, a companheira Maria Lúcia de Oliveira, tem sido submetida a diferentes formas de violência por defender Boa Esperança. A comunidade é uma das localidades impactadas pelo projeto Lagoas do Norte que ameaça a vida de mais de 3 mil famílias riberinhas (5). A defesa do povo de Boa Esperança se manifesta através de muitas vozes, incluindo as dos e das indígenas e afrodescendentes nicaraguenses que exigem que as autoridades estatais reconheçam imediatamente o processo de demarcação de um povo irmão cujo território ainda está sob ameaça.

Os povos que fazem parte do APIAN (Aliança dos Povos Indígenas e Afrodescendentes da Nicarágua) também não estão sozinhos, pois estão surgindo alianças regionais, como a solidariedade de Boa Esparanca, e as mulheres de Revistas Amazonas que se unem e denunciam a presença de grupos armados na Costa Caribe Norte da Nicarágua, terra ancestral dos povos Miskitu e Mayagnas-Sumu-Ulwas. Estes povos nicaraguenses têm sido atacados e assassinados por grupos armados durante décadas, diante de um Estado que tem ignorado graves crimes de lesa humanidade contra estes povos. A situação se repete com o povo indígena Rama e as Comunidades Negras Kriols (6) localizadas no Caribe Sul do país, portanto, de diferentes territórios da América nos unimos em defesa dessas redes comunitárias daqueles e daquelas que resistem há mais de 500 anos.

A preservação da vida no planeta não é um problema de povos indígenas, afro-descendentes ou comunidades tradicionais; é uma responsabilidade social de todos e todas nós. O consumo predatório de recursos naturais tem deixado consequências, e esta doença respiratória que nos afeta é uma delas. Neste processo, diferentes povos foram arrancados de seus modos de vida tradicionais para confiná-los em favelas e periferias nas grandes cidades, onde os alimentos não vêm mais da terra, mas de um pedaço de papel que aproxima ou afasta os alimentos. A crise planetária exige a construção de alianças e relações entre os povos para enfrentar o problema em conjunto, entre todos e todas nós que lutamos pela vida e pela justiça. Denunciamos aqueles que usurpam e violentam territórios, e nos unimos em luta com os povos das Américas que resistem.

Referências

(1)  Memorias del Holocausto Indígena en América Latina. TeleSur, 27 de Enero de 2016. Disponible en: https://www.telesurtv.net/news/Memorias-del-holocausto-indigena-en-America-Latina-20160122-0074.htm

(2) Perasso, Valeria. La larga batalla de las reparaciones por esclavitud: ¿por qué Europa se niega a pagar? BBC News, 6 de Octubre de 2015. Disponible en: https://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/10/151001_reparacion_por_esclavitud_debate_europa_vp

(3)  Pueblos Indígenas. Banco Mundial, 1 de Octubre de 2020. Disponible en: https://www.bancomundial.org/es/topic/indigenouspeoples

(4) No Brasil, Quilombo é o nome dado às comunidades constituídas por escravos negros e negras que resistiram ao regime escravista que se perpetuou neste país por mais de 300 anos. Essas comunidades ainda existem na atualidade, lutando pelo reconhecimento de seus direitos territoriais e pela preservação de sua cultura.

(5) No Brasil, as comunidades assentadas nas margens ou perto dos rios são conhecidas como ribeirinhos, e seu principal sustento é a pesca artesanal.

(6) Na Nicarágua se conhece como Kriol uma população afro-descendente associada à negritude. Eles e elas não são o único grupo afro-descendente no país; no entanto, se caracterizam por serem descendentes de populações negras que formaram comunidades na Costa Caribe. Nesta categoria há, na Nicarágua, os povos Kriol e Garifuna, que criaram comunidades com identidades de grupo. Por ter sido um Protetorado da Grã-Bretanha, na Costa do Caribe da Nicarágua, fala-se o inglês creole e as línguas indígenas da região.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.