Arte: Amanda Martinez

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La memoria histórica ha sido un proceso en que los distintos pueblos de América han recordado el dolor del genocidio y la esclavitud, asi como su lucha contra estos crimenes. La memoria de Nicaragua, aquel territorio cuyas fronteras fueron inventadas y delimitadas por el colonizador, atraviesa una memoria de sufrimiento, que inicia cuando las grandes potencias se repartían el mundo influenciando con su visión racista, etnocéntrica y patriarcal, la estructura interna de las nuevas colonias.

La memoria del Pacifico de Nicaragua carga una historia de intervenciones en el territorio, de abusos de autoridad en distintas épocas, del intento de una revolución que pretendió tener bases socialistas y una guerra donde el cuerpo registra la memoria de la violencia, tanto de aquellos y aquellas que vivieron la dictadura de la familia Somoza, como quienes vivieron la violencia de la guerra de los 80. Es un recuerdo de la expropiación por parte de las familias que han concentrado las tierras en Nicaragua y que arrancaron de los modos de vida tradicional a millares de poblaciones campesinas, obligándolas a entrar en el esquema del trabajo remunerado y renunciar a vivir de la tierra. Es una memoria que envenena el aire con agrotóxicos, que huele a Nemagón y Fumazune, una memoria de malformaciones en el cuerpo y de corporaciones que nunca fueron a un juicio por condenar a la muerte a familias campesinas de esta región del país. Corporaciones que cambiaron sus nombres, pero sabemos que todavía existen y no las olvidamos, pues los efectos de sus químicos  en nuestra tierra y el cuerpo de nuestra gente todavía están presentes. Sabemos que su veneno perdura entre 80 y 200 años. 

La memoria de la Costa Caribe nicaragüense, de los pueblos étnicos y originarios, yace en la tierra, en su territorio ancestral por el cual todavía luchan y mueren. Es una memoria atravesada por el terricidio -el asesinato a la madre tierra y a todos los seres que la habitan-, el genocidio y la intolerancia de no permitir la existencia de otros mundos, otros gobiernos, otras formas de organizarse que han sido atacadas frente a imposiciones coloniales y occidentales provenientes del Pacifico de Nicaragua. Este recuerdo carga con el cambio de su nombre ancestral, la Moskitia, que pasa por expropiaciones de poblaciones indígenas de sus territorios, incluso en la época de la revolución Sandinista. En nombre de la memoria es importante recalcar que los pueblos indígenas no son ni eran “contras”, o contrarrevolucionarios, como solían llamar a quien no se adaptara al pensamiento sandinista de la época de los 1980. Dentro de la historia de luchas y reivindicaciones existía y existe la lucha ancestral que defiende el territorio y la vida. Es importante no confundir dentro de la memoria los distintos actores que conforman la historia étnica y originaria de Nicaragua, pues es una memoria que intentaron hacer ceniza cuando se incendiaba Indio Maíz, o cuando arrancaban cada árbol de Bosawas.

La memoria reciente del cuerpo yace en mutilaciones evidentes a la mirada que observa con cuidado los rastros de la violencia, que parece haberse instaurado como normalidad, en la actualidad, o como secuela del horror vivido por miles de nicaragüenses en el periodo de la guerra de los 80. En el cuerpo de las mujeres, la memoria se fija en las manos que las violentaron, violencia que venía de muchas partes, incluso de los compañeros que públicamente hablaban de sociedades más justas, y en la esfera privada golpean y violan los cuerpos y mentes de las compañeras que decidieron verlas como propiedad. Sin un proceso de reinserción hacia una sociedad de paz y dialogo, la conducta de guerra y de la violencia permanece en el gobierno actual Sandinista, que desde hace 15 años se aferra a imponer, por la vía de la opresión, el autoritarismo, cárcel, muerte y tortura la forma en como mejor entiende que debería gobernar un país.   

Para quienes sobrevivieron al horror de la guerra de finales del siglo pasado, la historia se repite. Algunos de los y las que una vez lucharon contra una dictadura, hoy someten a la población a otro proceso de violencia y es así como estalla Abril en Nicaragua. Este es un levantamiento generado por el cansancio de la imposición violenta del gobierno de la familia Ortega-Murillo. Es un cansancio hacia la prohibición del aborto, incluso cuando este coloca en riesgo la vida de la madre. Es una respuesta ante la permanencia en el poder de los Ortega-Murillo, como una única posibilidad de mandato en el país, principalmente impuesto por la vía de la violencia y persecución contra sus opositores y opositoras. Abril representa un basta a la violencia policial, a la criminalización de la protesta y a las acciones del estado para reprimir la expresión ciudadana. Abril es el asedio de la diversidad social, cultural, afectiva y cosmogónica que acecha tanto a izquierdas o derechas que perpetúan gobiernos basados en modelos coloniales y occidentales, pues el binarismo, de pensar el mundo a través de apenas dos únicas vías posibles y antagónicas, es también herencia de la violencia colonial. El mes de Abril de 2018 es el inicio de estas luchas que han envuelto algunos sectores de esta gran diversidad en el contexto nacional.

Abril 2021

Han pasado 3 años de un levantamiento que todavía no fue sofocado; sin embargo, las vías de represión ciudadana han ido en aumento, principalmente porque 2021 es un año electoral. Han sido aprobadas un paquete de leyes mordazas para impedir la  denuncia de la violencia histórica y de la memoria de las vidas interrumpidas en 2018.

En este nuevo Abril, de lucha, memoria y resistencia, la policía orteguista golpeó e impuso casa por cárcel a la periodista Kalúa Salazar, jefa de prensa de la radio La Costeñisima. Kalúa fue golpeada frente a sus hijas, que como consecuencia tuvieron una crisis de pánico, y también decomisaron la camioneta de esta radio de importante audiencia para distintas poblaciones de la Costa Caribe. Julio Godoy, hermano de la activista costeña Daysi Godoy, y miembro del Movimiento Costeño Autoconvocado, fue arbitrariamente detenido por la policía sin ningún tipo de orden de aprehensión que comprobara algún crimen cometido.

Kalúa Salazar del equipo de la Radio La Costeñisima – Fuente: Despacho505

En la ciudad de Estelí, la compañera Francis Valdivia, presidenta de la Asociación Madres de Abril ( AMA – Madres de personas asesinadas en el 2018), fue violentamente detenida por la policía. En este abuso de poder y de autoridad fueron golpeadas 5 personas que intentaban proteger a Francis, incluyendo golpes dirigidos hacia su madre, Francisca Machado. Entre las represiones a  la AMA fue relatado que más de 3 patrullas con 40 agentes policiales se trasladaron hacia la casa de la presidenta de la Asociación para impedir actos conmemorativos a las víctimas. En este acto fueron decomisados libros conmemorativos de sus hijos e hijas asesinadas.

Detención de Francis Valdivia de la Asociación Madres de Abril
Francis Valdivia, presidenta de la Asociación Madres de Abril. Foto: Nicaragua Investiga

A tres años del inicio de las protestas todavía permanecen 110 presos y presas políticas en Nicaragua, entre ellas las compañeras Karla Escobar, Julia Hernández y Maria Esperanza Sánchez. La compañera Celia Cruz, que también estuvo como presa política, fue liberada este mes de Abril; sin embargo, el hostigamientos policial y la persecución política no cesa para las defensoras en Nicaragua. 

Las vías de represión a la ciudadanía, de manera general, son múltiples. Entre ellas está el acoso virtual y, según denuncias que se han encontrado en diversos medios, se realizan periódicamente cortes de electricidad e internet a defensoras específicas que se han dedicado a denunciar las agresiones policiales, ataques a la libertad de expresión e incluso a apoyar a sus comunidades en el combate a la pandemia de COVID-19, entre otros. 

La IM Defensoras ha registrado, en el primer trimestre, aproximadamente 540 agresiones a defensoras nicaragüenses, incluso compañeras que cuentan con medidas cautelares emitidas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) (1).

Recordamos abril porque este levantamiento aún no ha acabado, tal vez sea solo el inicio de una nueva época. Recordamos abril para reconocer a sus víctimas y exigir una reparación histórica frente a los crímenes cometidos. Recordamos abril para recordar la enorme deuda con el pueblo negro e indígena de Nicaragua y reivindicar sus demandas por el saneamiento de sus territorios y la retirada de colonos armados que aniquilan a las poblaciones étnicas y originarias. 

Recordamos abril por las mujeres que fueron llamadas para la lucha, y después fueron olvidadas en las conquistas en los momentos de distribuir el poder. Recordamos abril para hablar de los feminicidios y recordar a las víctimas de la violencia machista y patriarcal. También lo recordamos para exigir una Nicaragua libre de todo tipo de violencias, incluso aquella homo y transfóbica. Recordamos abril para recordar una lucha antiracista, antipatriacal, contra colonial y en apoyo a la diversidad sexual y afectiva. 

Recordamos abril para no temerle a la diversidad y no verla como sinónimo de fragmentación y si para observarnos en el marco de nuestras diferencias y generar modelos adaptados a la pluralidad social presente en Nicaragua y en todo el Abya Yala. Recordamos abril para reflexionar sobre los modelos occidentales impuestos a nuestra cultura que desencadenan estereotipos que maltratan a nuestros cuerpos, nuestros saberes ancestrales y herencia originaria. Recordar abril es reivindicarnos, reinventarnos y aprender a desaprender los modelos opresores. Nosotras, mujeres de distintos territorios de América y el mundo, recordamos Abril en Nicaragua. Lo recordamos desde abajo, desde colectivos de mujeres unidas que luchamos con el cuerpo y  con la mente, en el dolor y el cariño de lo cotidiano. 

  1. http://im-defensoras.org/2021/04/alerta-defensoras-nicaragua-policia-nacional-intensifica-campana-de-hostigamiento-y-ataques-contra-integrantes-de-la-asociacion-madres-de-abril-y-cenidh/?fbclid=IwAR33fj0sIWxDe3jAEKPbA7sLZElVZTVTsIM-4JqqojMo_OrZd1DCiFDYv14
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Arte: Amanda Martinez

Abril: Memórias e lutas na Nicarágua

Por Revista Amazonas

A memória histórica tem sido um processo no qual os diferentes povos da América têm lembrado a dor do genocídio e da escravidão, bem como sua luta contra esses crimes. A memória da Nicarágua, aquele território cujas fronteiras foram inventadas e delimitadas pelo colonizador, passa por uma memória de sofrimento, que começou quando as grandes potências dividiram o mundo, influenciando a estrutura interna das novas colônias com sua visão racista, etnocêntrica e patriarcal.

A memória do Pacífico da Nicarágua traz uma história de intervenções no território, de abusos de autoridade em diferentes épocas, da tentativa de uma revolução que pretendia ter bases socialistas e uma guerra onde o corpo registra a memória da violência, tanto daqueles que viveram durante a ditadura da família Somoza, quanto daqueles que viveram durante a violência da guerra dos anos 80. É uma memória da expropriação pelas famílias que concentraram a terra na Nicarágua e que arrancaram milhares de populações camponesas de seu modo de vida tradicional, obrigando-as a entrar no esquema do trabalho remunerado e abandonar a vida a partir da terra.É uma memória que envenena o ar com agrotóxicos, que cheira a Nemagon e Fumazune, uma memória de malformações no corpo e de corporações que nunca foram a julgamento por condenarem à morte famílias camponesas nesta região do país.  Empresas que mudaram seus nomes, mas sabemos que ainda existem e não as esquecemos, porque os efeitos de seus produtos químicos em nossa terra e os corpos de nosso povo ainda estão presentes. Sabemos que seu veneno dura entre 80 e 200 anos. 

A memória da Costa do Caribe nicaraguense, dos povos étnicos e nativos, está na terra, em seu território ancestral pelo qual eles e elas ainda lutam e morrem. É uma memória atravessada pelo terricídio – o assassinato da mãe terra e de todos os seres que a habitam – genocídio e intolerância de não permitir a existência de outros mundos, outros governos, outras formas de organização que têm sido atacadas diante das imposições coloniais e ocidentais vindas do Pacífico da Nicarágua. Esta memória carrega com a mudança de seu nome ancestral, a Moskitia, que passa por expropriações de populações indígenas de seus territórios, mesmo na época da revolução sandinista. Em nome da memória, é importante ressaltar que os povos indígenas não são e não foram «contras» ou contra-revolucionários, como costumavam chamar aqueles que não se adaptaram ao pensamento sandinista nos anos 80. Dentro da história das lutas e demandas, houve e ainda há uma luta ancestral que defende o território e a vida. É importante não confundir, dentro da memória, os diferentes atores que compõem a história étnica e originária da Nicarágua, porque é uma memória que eles tentaram transformar em cinzas quando Indio Maíz foi incendiado, ou quando arrancaram cada árvore de Bosawas.

A memória recente do corpo está nas mutilações evidentes ao olhar que observa cuidadosamente os traços de violência, que parece ter se estabelecido como normalidade hoje, ou como uma sequela do horror vivido por milhares de nicaraguenses no período da guerra dos anos 80. Nos corpos das mulheres, a memória está fixada nas mãos que as violentaram, violência que veio de muitos lugares, mesmo dos companheiros que falavam publicamente de sociedades mais justas, e na esfera privada atacaram e agrediram os corpos e mentes das companheiras que decidiram vê-las como propriedade. Sem um processo de reinserção para uma sociedade de paz e diálogo, o comportamento de guerra e violência permanece no atual governo sandinista, que há 15 anos se aferra a impor, por meio da opressão, do autoritarismo, do encarceramento, da morte e da tortura, a forma como melhor entende que um país deve ser governado.   

Para aqueles e aquelas que sobreviveram ao horror da guerra no final do século passado, a história está se repetindo. Alguns dos que antes lutavam contra uma ditadura estão agora submetendo a população a outro processo de violência, e foi assim que Abril irrompeu na Nicarágua. Esta é uma revolta gerada pelo cansaço da imposição violenta do governo da família Ortega-Murillo. É um cansaço em relação à proibição do aborto, mesmo quando põe em risco a vida da mãe. É uma resposta à permanência no poder da família Ortega-Murillo, como única possibilidade de um mandato no país, imposto principalmente através da violência e perseguição contra seus oponentes. Abril representa um chega a violência policial, a criminalização dos protestos e das ações do Estado para reprimir a expressão cidadã. Abril é o assédio da diversidade social, cultural, afetiva e cosmogônica que assombra tanto a esquerda quanto a direita que perpetuam governos baseados em modelos coloniais e ocidentais, porque o binarismo de pensar o mundo através de apenas duas formas possíveis e antagônicas é também um legado da violência colonial. O mês de abril de 2018 é o início destas lutas que envolveram alguns setores desta grande diversidade no contexto nacional.

Abril 2021

Já se passaram 3 anos desde uma revolta que ainda não foi vencida; no entanto, as vias de repressão cidadã têm aumentado, principalmente porque 2021 é um ano eleitoral. Um pacote de leis de mordaça foi aprovado para evitar a denúncia da violência histórica e a memória das vidas interrompidas em 2018.

Neste novo abril, de luta, memória e resistência, a polícia orteguista espancou a jornalista Kalúa Salazar, chefa de imprensa da estação de rádio La Costeñisima, e lhe impôs prisão domiciliar. Kalúa foi espancada na frente de suas filhas, que tiveram um ataque de pânico como resultado, e a van da estação de rádio, que tem uma grande audiência em várias cidades ao longo da costa caribenha, também foi confiscada. Julio Godoy, irmão da ativista costenha Daysi Godoy, e membro do Movimiento Costeño Autoconvocado, foi detido arbitrariamente pela polícia sem qualquer tipo de mandado de prisão para provar que um crime tinha sido cometido.

Kalúa Salazar da equipe da Radio La Costeñisima. Fonte: Despacho 505

Na cidade de Estelí, a companheira Francis Valdivia, presidenta da Associação das Mães de Abril (AMA – Mães de pessoas assassinadas em 2018), foi detida violentamente pela polícia. Neste abuso de poder e autoridade, 5 pessoas que estavam tentando proteger Francis foram espancadas, incluindo golpes dirigidos à sua mãe, Francisca Machado. Entre a repressão contra o AMA, foi relatado que mais de 3 carros patrulha com 40 policiais foram à casa da presidenta da Associação para impedir atos de comemoração das vítimas. Neste evento, foram confiscados livros comemorativos de seus filhos e filhas assassinadas.

Prisão de Francis Valdivia da Associação das Mães de Abril
Francis Valdivia, presidenta da Associação de Maës de Abril. Foto: Nicaragua Investiga

Três anos após o início dos protestos, ainda há 110 presos e presas  políticas na Nicarágua, incluindo Karla Escobar, Julia Hernández e Maria Esperanza Sánchez. Celia Cruz, que também era prisioneira política, foi libertada em abril; no entanto, o assédio policial e a perseguição política não cessam para as mulheres defensoras na Nicarágua. 

Os meios de repressão contra a cidadania, em geral, são múltiplos. Entre eles está o assédio virtual e, de acordo com relatos encontrados em vários meios de comunicação, a eletricidade e a Internet são periodicamente cortadas a defensoras específicas que se dedicaram a denunciar agressões policiais, ataques à liberdade de expressão, e incluso apoiar suas comunidades no enfrentamento a pandemia de COVID-19, entre outros. 

No primeiro trimestre, o IM Defensoras registrou aproximadamente 540 ataques contra mulheres nicaraguenses defensoras dos direitos humanos, incluindo companheiras que obtiveram medidas cautelares da Comissão Interamericana de Direitos Humanos (CIDH) (1).

Lembramos de abril porque este levantamento ainda não terminou, talvez seja apenas o começo de uma nova época. Lembramos de abril para reconhecer suas vítimas e exigir uma reparação histórica pelos crimes cometidos. Recordamos abril para lembrar a enorme dívida com os povos negros e indígenas da Nicarágua e para exigir o cumprimento das suas demandas por saneamento de seus territórios e a retirada dos colonos armados que aniquilam as populações étnicas e originárias. 

Lembramos de abril pelas mulheres que foram chamadas à luta, e depois foram esquecidas nas conquistas nos momentos de distribuição do poder. Lembramos de abril para falar de feminicídios e para lembrar as vítimas da violência machista e patriarcal. Também nos lembramos de abril para exigir uma Nicarágua livre de todo tipo de violência, incluindo a violência homo e transfóbica. Lembramos de abril para lembrar uma luta antiracista, antipatriarcal e anti-colonial em apoio à diversidade sexual e afetiva. 

Lembramos de abril para não temer a diversidade e não vê-la como sinônimo de fragmentação, mas para nos observarmos no âmbito das nossas diferenças e para gerar modelos adaptados à pluralidade social presente na Nicarágua e em toda a Abya Yala. Lembramos de abril para refletir sobre os modelos ocidentais impostos à nossa cultura que desatam estereótipos que maltratam nosso corpo, nosso conhecimento ancestral e nossa herança originária. Lembrar o mês de abril significa recuperar-nos, reinventar-nos e aprender a desaprender modelos opressivos. Nós, mulheres de diferentes territórios das Américas e do mundo, nos lembramos do mês de abril na Nicarágua. Lembramos isso de baixo, desde coletivos de mulheres unidas que lutamos com o corpo e a mente, na dor e no afeto da vida cotidiana. 

  1. http://im-defensoras.org/2021/04/alerta-defensoras-nicaragua-policia-nacional-intensifica-campana-de-hostigamiento-y-ataques-contra-integrantes-de-la-asociacion-madres-de-abril-y-cenidh/?fbclid=IwAR33fj0sIWxDe3jAEKPbA7sLZElVZTVTsIM-4JqqojMo_OrZd1DCiFDYv14

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