Créditos Imagen:Pilar Emitxin

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Me enteré de mi embarazo a los 25 años, veníamos de un viaje largo con mochila por nuestra América, y traíamos unos cuantos proyectos personales para el año que empezaba. La duda fue corta y el amor inminente, queríamos traerlo a este lado del mundo y así, a sus tres semanas de gestación, una junta química se convirtió en nuestro hijo. Ni el tiempo, ni el el clima, ni el recuento cromosomático hicieron de Fidel una persona, fuimos nosotrxs por el deseo de que nazca y de que crezcamos juntxs.

Me encontré el otro día con quien preguntaba provocativamente si quienes luchamos por el Aborto Legal creemos que el canal de parto es un tubo mágico que convierte a un feto en una persona, le respondo que sí: lo que convierte a un feto en una persona es el deseo materno. También la invito a parir: no me cabe duda de que lo que creamos entre mierda, sangre, sudor y llanto es el ser persona que se hace a base de miedos, angustia, deseo y placer.

Hace poco tiempo tuve el displacer de escuchar a la senadora Elias de Perez, argumentar frente a Aída Kemelmajer, que no encontraba la “proporcionalidad entre la autonomía de la mujer y la vida del feto”. Obviando lo que es obvio y no puede obviarse que son las muertes de mujeres realmente existentes por abortos clandestinos, la senadora me hizo aparte pensar: ¿por qué tenemos que vivir sin autonomía? o mejor aún ¿por qué nos obligan a vivir sin autonomía?

Hoy a la mañana, lunes, entro al baño y durante los treinta segundos que tardo en hacer lo que todxs hacemos, mi hijo aúlla contra la puerta “mamá, baño caca pis, mama, mama mama”, lo amo, me rio y repito “renunciaría otras mil veces a mi autonomía por él”, pero me pregunto ¿Cómo puede ser que nos obliguen a hacerlo?

¿Saben quienes “militan” por el status quo, por el mantenimiento de los abortos clandestinos, el desafío diario, agotador, cotidiano y permanente que es ser madre en esta sociedad de machitos violentos? ¿Saben lo que es estar embarazada e ir a laburar con nauseas, con dolor en el ciático, mientras los pajeros en la calle te gritan “mamita, vení a parir a casa” o “a vos sí que te gusta cojer gordita”? ¿Tienen idea de los controles obstétricos a los que nos someten? ¿Saben en las condiciones en las que parimos? ¿Saben que a muchas nos hacen parir atadas, que nos piden que no gritemos porque “hay más gente que vos acá nena”? ¿Que programan nuestros partos, los nacimientos de nuestrxs hijxs según el horario del partido del equipo del obstetra? ¿Que mientras estamos anestesiadas y asustadas hasta la médula hablan sobre nuestros cuerpos abiertos de la novela de anoche? ¿Que cuando nacen nuestrxs pibes nos lxs arrancan de las manos y a veces no lxs vemos por horas?

Les pregunto a los “pro-vida”: ¿A partir de qué semana deja de importarles la vida? Porque no lxs vi militando por los nacimientos respetados, porque no veo que les importe cuando ni bien nacidxs lxs agarran de las patas, lxs separan de lo único que conocen y les meten un tubo en el culo por no sé qué procedimiento innecesario, no lxs vi luchando contra las cesáreas innecesarias que destruyen en un santiamén el único mundo conocido? Ni hablar que no están ahí para lxs pibxs que no comen, y que lxs he visto no darle un mango al nene que pide en el subte.

A los dos días de paridas, las que tenemos compañeros o padres de nuestrxs hijxs que han decidido (porque ellos sí deciden senadores y senadoras) hacerse cargo, tenemos que volver a laburar, sí, son dos días los que este Estado contempla que un padre debe estar con su cría y su madre. Después ella, que ésta sola, recién parida u operada,  tiene que hacerse cargo, entre angustia, miedo, cicatrices, sangre y depresión de una demanda animal y constante.

No, maternar no es agotador, agotador es hacerlo en esta sociedad machista que no cuida ni a las madres ni a sus crías, en donde maternar se convierte en político. Maternar es agotador cuando la licencia dura tres míseros meses, todavía a esa altura nos hacemos a veces pis encima y las más de las veces perdemos leche a la hora en que nuestrxs hijxs deberían estar mamando de nosotras (me pasó, enfrente a una clase en la universidad). Es agotador cuando en el bondi nos piden que cerremos el cochecito, que lo llevemos en un brazo, y en la otra al peque y en el culo el bolso y nos agarremos de la oreja, cuando nos miran inquisidoramente al darles la teta pero festejan el cuerpo desnudo en televisión o publicidad, cuando nos vuelven a gritar por la calle “mamita veni que te tomo la lechita”, cuando hasta el “mejor intencionado” nos dice que lo estamos haciendo mal, que así no, que en su época las cosas eran distintas, que para cuándo el segundo, qué trabajas? y el nene? lo dejas con cualquiera?”. “que bien que el pañuelo verde no te lo olvidas nunca pero al nene ni medias le pusiste”. Maternar es agotador cuando el laburo militante que hacemos con nuestrxs pibes se va a la mierda cada vez que en la calle les dicen a “que el pelo así es de nena”, que “no llores, pareces marica”, que “cuida a tu mama no ves que sos el hombre de la casa?”

Maternar es agotador cada vez que no se dan cuenta, sociedad, Estado y gobierno, que algo de nosotras también murió cuando nacieron nuestrx hijxs, y que aunque a esos proyectos, viajes, sueños, cuerpos, amores y versiones de nosotras mismas, las hayamos enterrado gozosas no pueden obligarnos a hacerlo, porque sino son ustedes quienes nos matan. Así como son sus manos las que gotean sangre de las muertes por abortos clandestinos, mientras el gobierno desmantela los ESI (programas de educación sexual integral), y la iglesia nos manda a parir por pecaminosas.

Esta carilla la escribí en media hora, media hora frente a la computadora, pero desde su inicio hasta su punto final pasaron dos días, 48 horas tardé en escribir una carilla entre vez y vez que paré para estar con mi hijo, en mi caso, aunque agota es un disfrute, pero si no es un disfrute, ¿cómo obligarnos? En el laburo no importa si tenes hijxs o no, en CONICET, nos quieren eficientes, ocho horas por día (aunque eso no garantiza ninguna continuidad), en las guarderías del Estado no hay vacantes, y si te dan la vacante quizás explota una estufa porque al gobierno le chupan un huevo nuestrxs hijxs, así que toca, a lxs que podemos, empezar el laburo cotidiano del malabarista de instantes, cuidados, tareas y emociones.

En el laburo nos quieren eficientes, la sociedad nos quiere amas de casa (¿quién puede darse el lujo?), el sistema nos quiere explotadas, el gobierno endeudadas y colonizadas, el patriarcado nos quiere calladas, sumisas, y nos tiene abusadas, y las más de las veces asesinadas, ¿el Estado nos quiere madres?, o quizás simplemente no nos quieren y ya.

“Soy mujer. Y un entrañable calor me abriga cuando el mundo me golpea. Es el calor de las otras mujeres, de aquellas que hicieron de la vida este rincón sensible, luchador, de piel suave y tierno corazón guerrero”, es Pizarnik la que canta. Gobierno, Estado y Patriarcado, están con un problema, ustedes no nos quieren y nosotras nos amamos.

Enlaces:

#ABORTOLEGALSEGUROYGRATUITO

#seràley

 

LA MATERNIDAD SERÁ DESEADA O NO SERÁ

Imagem: Pilar Emitxin

Traduzido por Marco Carvajal

 

Soube de minha gravidez quando tinha 25 anos. Nós voltávamos de uma longa viagem com mochila por nossa América, e trazíamos vários projetos pessoas para o ano que começava. A dúvida foi curta e o amor iminente. Queríamos trazê-lo a este mundo e assim, com três semanas de gestação, uma junta química se converteria em nosso filho. Nem o tempo, nem o clima, nem a recontagem cromosomática fizeram de Fidel uma pessoa. Fomos nós, pelo desejo de vê-lo nascer e crescer juntos.

Encontrei, o outro dia, quem perguntava provocativamente se as pessoas que litamos pelo Aborto Legal acreditamos que o canal de parto é um tubo mágico que converte um feto em uma pessoa, e respondo que sim: o que converte um feto em uma pessoa é o desejo materno. Também convido essa pessoa a parir: tenho certeza que o que nós criamos nesta merda, sangue, suor e llanto é o ser pessoa que se faz mediante medos, angústia, desejo e prazer.

Faz pouco tempo tive o desgosto de escutar a senadora Elías de Pérez argumentar na frente de Aída Kemelmajer, que não encontrava a “proporcionalidade entre a autonomia da mulher e a vida do feto”. Evitando o que é obvio e não pode se evitar que são as mortes de mulheres realmente existentes por abortos clandestinos, a senadora me fez pensar: por que temos que viver sem autonomia? ou melhor ainda, por que nos obrigam a viver sem autonomia.

Hoje pela manhã, segunda-feira, entro no banheiro e durante os trinta segundo que tardo em fazer o que todos fazemos, meu filho uiva contra a porta “mãe, banheiro, cocô, xixi, mãe, mãe, mãe”. Eu o amo, rio e repito “renunciaria outras mil vezes à minha autonomia por ele”, mas me pergunto: como pode ser possível que nos obriguem a fazer isso?

Sabem as pessoas que “militam” pelo status quo, pela conservação dos abortos clandestino, o desafio diário, exaustivo, cotidiano e permanente que é ser mãe nesta sociedade de machistas violentos? Sambem o que é estar grávida e sair para trabalhar com náuseas, com dor no ciático, enquanto os passageiros na rua te gritam “gostosa, vem parir em minha casa” ou “você gosta de transar né gostosa”? Têm ideia os controles obstétricos o que estão fazendo conosco? Sabem as condições nas quais parimos? Sabem que muitas parimos amarradas? Que nos fazem pedem que não gritemos porque “tem mais gente do que você, menina”, que programam nossos partos, os nascimentos de nossos filhos segundo o horário do jogo do time de futebol do obstetra? Que enquanto estamos anestesiadas e assustadas até a medula, falam sobre nossos corpos abertos da telenovela de ontem? Que quando nasces nossas crianças, os tiram de nossas mãos e, às vezes, não os vemos por horas?

Pergunto àqueles “pro-vida”: A partir de qual semana deixa de importar a vocês a vida? Porque não vi vocês militando pelos nascimentos respeitados, porque não vejo que vocês se importem quando apenas nascidos pegam as pernas deles, os separam da única coisa que conhecem e colocam um tubo no cu, por nem sei o que, um procedimento desnecessário? Não vi vocês lutando contra as cesáreas desnecessárias que destroem em um momento só o único mundo conhecido? Nem falar que não estão aí para as crianças que não comem, e que vi vocês não dar nem um tostão à criança que pede na rua.

Aos dois dias de ter parido, as que temos companheiros e pães de nossas crianças que decidiram (porque eles podem decidir senadores e senadoras) ter a responsabilidade, temos que voltar ao trabalho, sim, são dois dias o que este Estado contempla que um pai deve estar com sua criança e a mãe. Depois ela, que está sozinha, apenas parida ou operada, tem que assumir o controle, entre angústia, medo, cicatrizes, sangue e depressão de uma demanda animal e constante.

Não, o papel da maternidade não é exaustivo. Exaustivo é fazê-lo nesta sociedade machista que não cuida nem as mães nem suas crianças, onde a maternidade se converte em política. A maternidade é exaustiva quando a licença-maternidade dura três miseráveis meses, ainda neste período fazemos xixi nas calças e muitas vezes perdemos leite no momento em que nossos filhos deveriam estar mamando de nós (aconteceu comigo, numa aula na universidade). É exaustivo quando o ônibus nos pede que fechemos o carrinho, que o levemos num braço, e no outro braço a criança. E no cú a mala, além de pedir que nós (mulheres) nos toquemos a orelha quando nos olham inquisitivamente quando amamentamos. Mas celebram o corpo nu na televisão ou em publicidades; quando voltam a nos gritar “gostosa, vem pra eu beber esse leite”. Quando até o cara com a “melhor intenção” nos diz que estamos fazendo mal, que desse jeito não, que na época dele as coisas eram distintas. “Para quando a segunda criança? cê trabalha? E a criança? Cê deixa ela com qualquer pessoa? Que bom que cê não esquece o lenço verde, mas a criança nem meias tem”. A maternidade é exaustiva quando o trabalho militante que fazemos com nossas crianças se fode cada vez que nas ruas nos dizem “que o cabelo assim é de menina” ou “não chores, cê parece viado”, ou “cuida tua mãe. Cê não sabe que cê é o homem da casa?”.

A maternidade é exaustiva cada vez que percebemos, sociedad, estado e governo, que algo de nós (mulheres) também morreu quando nasceram nossos filhos; e que, embora tenhamos enterrado felizes esses projetos, viagens, sonhos, corpos, amores e versões de nós mesmas, não podem nos obrigar a fazer isso, porque, senão, são vocês quem estão nos matando. Do mesmo jeito são suas mãos as que pingam sangue das mortes de abortos clandestinos, enquanto o governo desmonta os ESI (programas de educação sexual integral), e a igreja nos manda a parir por pecaminosas.

Esta carta escrevi em meia hora, meia hora na frente de um computador, mas desde o começo até seu ponto final passaram dois dias. 48 horas demorei em escrever uma carta com as interrupções que tomei para estar com meu filho. No meu caso, apesar de ser exaustivo, é um prazer. Mas, se não é um prazer, como nos obrigar? No trabalho ninguém se importa se você tem filhos ou não. Em CONICET, eles nos querem deficientes. Oito horas por dia (apesar que isso não garante nenhuma continuidade). Nos berçários do estado não há vagas. E se te dão uma, talvez explode um fogão porque para o governo importa um caralho nossos filhos. Assim, temos, as que podemos, que começar o trabalho cotidiano de malabarista de instantes, cuidados, tarefas e emoções.

No trabalho querem que sejamos eficientes. A sociedade que que sejamos donas de casa (quem pode se permitir aquilo?). O sistema nos quer exploradas; o governo, endividadas e colonizadas; o patriarcado, caladas, submissas, e nos tem abusadas, e muitas vezes assassinadas. O Estado nos quer como mães? ou, simplesmente, não nos quer e pronto?

“Sou mulher. E um cativante calor me abriga quando o mundo me bate. É o calor das outras mulheres, de aquelas que fizeram da vida este canto sensível, lutador, de pele suave e macio coração guerreiro”, é Pizarnik quem canta. Governo, Estado e Patriarcado estão com um problema. Vocês não nos querem e nós (mulheres) nos amamos.

Licenciada en Sociología (UBA) y Maestranda en Estudios Sociales Latinoamericanos (UBA). Miembro del Grupo de Estudios de Sociología Histórica (http://geshal.sociales.uba.ar/) y del Grupo de Estudios Subalternidades en Latinoamérica (http://geslat.sociales.uba.ar/). Actualmente es becaria doctoral CONICET, su investigación gira en torno a los procesos de racialización de las poblaciones afrodescendientes en América Latina, en una clave decolonial y de larga duración.

Licenciada en Sociologia pela UBA e mestre em Estudos Sociais Latino Americanos também pela UBA. Membro do grupo de Estudos de Sociologia Histórica (http://geshal.sociales.uba.ar/) e do GRUPO DE Estudos Subalternidades na America Latina (http://geslat.sociales.uba.ar/). Atualmente é bolsista de doutorado CONICET, e sua pesquisa gira em torno dos processos de racialização das populações afrodescendentes na América Latina, numa chave de leitura descolonial e de longa duração.

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