Reflexiones desde la Ciudad de México.1)Este texto está basado en la entrevista realizada por Tobías Boos para Mosaik-blog.at

Imagen: Pilar Emitzin

Ir ao artigo em português

Nosotras nos creemos.

Nosotras nos cuidamos.

Nosotras nos sostenemos.  

Nos dice Diana Rodríguez, escritora e investigadora feminista mexicana, ahora que estamos reunidas, ahora que ha pasado más de una semana desde el 16 de agosto, el día en que salimos a las calles con diamantina en mano y vivimos todas juntas, eso que Noelia Correa, investigadora uruguaya feminista, bien nombró hace unos días como “lo más cercano a una insurrección”2)para leer el artículo completo de Noelia revisar en http://zur.org.uy/content/insurrecci%C3%B3n-feminista?fbclid=IwAR3ZNFsJrw7kNflvoN4M6ij0sqA1jW8yyYMXhz2y6SKe01RK4TJNOa2wUAU  para nuestra generación. 

“Las mismas compañeras que estuvieron ahí cuando dije “me voy” y que estuvieron ahí cuando dije “vuelvo”. Me pusieron tierra fértil, me ayudaron a dejar pasar al sol, a resistir la lluvia y el viento, me ayudaron a fortalecer y cantaron, gritaron, lloraron, bailaron, se rieron alrededor de mí y conmigo esperando verme florecer, y acá estoy, se cayó el hilito rojo porque se cumplió un ciclo, porque ya no lo necesito, porque la plaga no me va a invadir, porque estamos juntas”

Uñas Roja La Metralleta.

Entre todos los aprendizajes que el feminismo ha ido configurando en esta década, y sobretodo en estos últimos años, uno de los mayores y más profundos, es la noción encarnada y cotidiana, de que frente a la violencia estructural producida por el momento del capitalismo al que asistimos 3) El capitalismo como orden social que se encuentra en un ciclo de dueñidad y de acumulación originaria (Federici; Segato) y por la reestructuración del patriarcado, nosotras tejemos reciprocidades, y habitamos otras formas de existencia.

A pesar de esto, escribir sobre la violencia machista, es escribir con el corazón roto. No se puede seguir así. No podemos más. 

“Aquí todos somos invisibles. No tenemos rostro. 

No tenemos nombre. Aquí nuestro presente parece suspendido.

————————-

(…) Somos lo que deshabita desde la memoria. Tropel. 

Estampida. Inmersión. Diáspora. Un agujero en el 

bolsillo. Un fantasma que se niega a abandonarte. 

Nosotros somos esa invasión. Un cuerpo hecho de 

murmullos. Un cuerpo que no aparece, que nadie quiere nombrar”. 

Sara Uribe, “Antígona González”. 4) González, Sara 2012. “Antígona González”, México: sur ediciones.

De los 25 países donde mayor tasa de feminicidios hay en el mundo, 14 son latinoamericanos. 5) Informe de la CEPAL: https://www.eleconomista.com.mx/politica/14-de-los-25-paises-con-mas-feminicidios-se-ubican-en-America-Latina–20181120-0048.html Hay una violencia regional estructural en contra de las mujeres en este continente. ¿Cómo se escribe sobre la violencia que organiza México? ¿Cómo escribir sobre lo que vive un país que ocupa a nivel mundial el puesto 23 en tasa de feminicidio (El Salvador y Honduras encabezan la dolorosa lista) que amenaza a las mujeres cis, las mujeres trans, las niñas y las adolescentes?

En México cada dos horas y media hay una mujer asesinada, 9 mujeres diarias. Es decir en lo que va del 2019 más o menos 1199 mexicanas han sido víctimas de feminicidios. Cada 18 segundos una mujer o niña es violada. Y los niveles de impunidad en relación a la violencia machista son tan brutales que las sobrevivientes, las que llegan a hacer la denuncia ante el sistema judicial saben que solo en el 10 % de los casos denunciados, ocurre alguna clase de sentencia (no siempre favorable para las denunciantes), el resto queda en la impunidad.  

Es por eso que no denunciamos. Porque una de las características de mayor injusticia en nuestro continente, es la impunidad que naturaliza el mismo sistema legal y que no solo implica que denunciar sea un nuevo proceso de revictimización y de violencia (somos las bajo sospecha de la historia, cuya palabra siempre está en duda), sino que en países como México, acudir al sistema legal puede significar amenazar el entramado familiar y afectivo de quienes se atreven a denunciar. 

A las dinámicas que el narco impregna, se ha sumado en estas décadas, una forma de sociedad estructurada en la violencia en donde el Estado es parte central de su reproducción (colusión, complicidad, encubrimiento, inoperancia). Muchísimos de los crímenes que se han cometido en los últimos años en México tienen al Estado y sus funcionarios o a los policías directamente involucrados, mientras que los jueces y los operadores de justicia garantizan la impunidad, y los medios de comunicación la naturalizan.

Es aquí y no en una forma imaginada, que estalla nuestra indignación. 

Recordemos que a inicios de agosto en las alcaldías de Azcapotzalco y Cuauhtémoc de la Ciudad de México, cuatro policías violaron a una menor de edad y una muchacha fue violada por parte de un policía en el Museo de la Fotografía. Esto se suma a las repetidas violaciones a adolescentes en las prepas (las prepas son las escuelas de nivel medio superior donde lxs alumnxs se preparan para ingresar a la universidad). Frente a esto, varios colectivos feministas convocaron a una movilización el lunes 12 de agosto en las instalaciones de la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México (PGJ), ubicada en el centro de la ciudad. La convocatoria en redes sociales llevaba como lema «no nos cuidan, nos violan» haciendo alusión a la política de seguridad implementada por el Estado, cuyo elemento central ha sido colocar más policías en las calles. 

En la concentración, se produjeron momentos de tensión entre las compañeras y la policía afuera de las instalaciones de la Procuraduría, y como consecuencia hubo algunos vidrios rotos. En los exteriores de la PGJ, Jesús Orta, Jefe de Seguridad de la CDMX emitía declaraciones mientras que las compañeras le lanzaban brillantina/diamantina/escarcha fucsia que iba cayendo sobre cabeza y traje. Del uso del glitter entre los rostros y cuerpos de las feministas más jóvenes en la Marea Verde que inicia en Argentina y se extiende en América Latina, la diamantina adquiere aquí un nuevo contenido, se vuelve un gesto político poético feminista que le interpela directamente al Estado mexicano y le exige el fin de la violencia contra nosotras. La diamantina pasa a ser un elemento que acompaña la convocatoria que se lanza en esos días, para una nueva protesta que tiene lugar el pasado viernes 16 de agosto en la CDMX y que se replicó en 31 ciudades a lo largo y ancho de todo el país . 

Feminismo México, diamantina, me cuidan mis amigas no la policía
Foto:  Alejandra Santillana

¿Por qué nos volvemos a convocar? Tras los acontecimientos del 12 de agosto, la respuesta del Estado mexicano fue grave y desafortunada. Mientras que los cuatro policías acusados de violación de la menor de edad nunca fueron apresados, y alguna autoridad filtró información personal de la denunciante poniendo en riesgo su integridad y la seguridad de su familia; las primeras declaraciones de Claudia Sheinbaum, Jefa de Gobierno de la CDMX, dejan en claro que el foco para el Estado, es ubicar las protestas feministas como un acto de provocación y no atender su responsabilidad directa en la perpetuación de la violencia machista. Anuncia además que se abrirán carpetas de investigación contra todas las involucradas en los actos de protesta del 12 de agosto. 

Días más tarde, en un acto desesperado para conseguir legitimación y respaldo, el Gobierno de la CDMX convoca a una mesa de diálogo con algunas feministas institucionalizadas y con representantes de Morena. De esta manera se muestra uno de los lugares desde donde el Estado habilita el feminismo: la noción de que hay feministas buenas y feministas malas, las buenas se sientan en mesas de diálogo y las malas lanzan diamantina y rompen vidrios. De esa mesa, se desprenden voces que nos conmina a protestar correctamente, porque esas no son las maneras de hacerlo. Como sostiene Sandra Gónzalez, investigadora y poeta feminista mexicana, se configura un relato moral sobre el feminismo y se inserta una lógica estatal que ahonda las diferencias en el movimiento. 

: Pero no es así, vivas estamos porque esta guerra no se acaba.

Sara Uribe, Antígona González

¿Qué se queda por fuera? Aquello que explica nuestra furia feminista: la violencia sistemática y estructural que vivimos todos los días las mujeres, y que tiene particularidades de clase, generacionales y territoriales. 

: Vivas estamos. Las que no nos hemos ido. Vivas. Aquí.

Ibid. 6) En el texto original Sara nombra en masculino, pero dado su potencia interpeladora para este momento de la historia, le volví femenino. Espero que no haya problema Sara.

Es así que el día viernes 16 de agosto, miles de mujeres nos convocamos en la Glorieta de los Insurgentes ubicada en la parte céntrica de la Ciudad de México. A la par que leíamos el pliego petitorio y salíamos a las calles cercanas, gritábamos al unísono “exigir justicia, no es provocación”, «no nos cuidan, nos violan», “ni una menos, justicia es lo que queremos”, “abajo el patriarcado que va a caer, arriba el feminismo que va a vencer”. Juntas en las calles, sentíamos una imperante necesidad de volver a acuerparnos, de hacernos cuerpo colectivo, de elaborar políticamente la rabia que estábamos sintiendo. 

¿Dónde se instala entonces el carácter insurreccional feminista que tuvo lugar ese 16 de agosto? 

Por un lado se produce como reacción colectiva a la violencia machista que nos asfixia todos los días y que despliega a su paso dimensiones de crueldad y saña contra nosotras. No sé si es posible para alguien que no viva en México, entender más allá de las escalofriantes cifras, lo que significa la violencia que las mujeres vivimos en este país. Silvia Gil sostenía hace unos días que “para entender los disturbios protagonizados por las mujeres en México tienen que imaginar que cada vez que salen de casa, de la escuela o al trabajo no sepan si regresarán con vida”. 7)  Reflexión en https://twitter.com/silvialgil/status/1163110707061071872

Es así que lo que alumbra el movimiento feminista en esos días es la manera en cómo la violencia misógina estructura la sociedad mexicana. Y que si existen violaciones contra nosotras es porque hay valores en el conjunto de la sociedad en donde las mujeres y las cuerpas feminizadas, desviadas todas, ontológicamente torcidas, hemos desobedecido la ley patriarcal y por lo tanto merecemos ser castigadas

“El violador no es un ser anómalo, solitario, raro. En él irrumpen valores que están en toda la sociedad. Es el actor protagonista de una acción que es de toda la sociedad, una acción moralizadora de la mujer (…) Es un sujeto vulnerable que se rinde a un mandato de masculinidad que le exige un gesto extremo, aniquilador de otro ser para poder verse como un hombre, sentirse potente” (Rita Segato, 2017). 8) Para leer la entrevista completa a Rita Segato: https://latinta.com.ar/2017/04/el-acto-de-la-violacion-es-un-acto-de-moralizacion-por-desacato-a-la-ley-patriarcal/

¿Qué es vivir con la amenaza de la muerte a cada paso? ¿Qué significa la vida para nosotras cuando en la universidad, la escuela o el trabajo nos acosan los profesores y los compañeros? ¿Y cuando además la violencia estructura nuestras relaciones afectivas con los hombres, cuando tu pareja puede golpearte, controlarte, asfixiarte, asesinarte? ¿Qué opera en un gobierno capitalista del trabajo que sobreexplota al conjunto de la clase obrera, feminizándola y a la par coloca todo el peso de la reproducción social sobre las mujeres en contextos de narco, sicariato, desigualdad? ¿Y qué decir de todos los territorios tomados por grupos ilegales y por las enormes corporaciones transnacionales?

Y sin embargo, si hay algo que hemos aprendido en estos años del movimiento feminista, estudiantil, campesino, indígena, de maestrxs, de familiares de desaparecidxs, de trabajadorxs de México, es que a pesar de todo, recuperar la alegría es un sendero que permite continuar. Las mujeres mexicanas, las centroamericanas que llegan, las que somos acogidas por este país, hemos decidido no solo sobrevivir sino negarnos a que la violencia machista y capitalista nos quite la vitalidad y el amor por la vida. Es así que, con la interpelación al Estado sobre su responsabilidad en la violencia machista, también se puso en las calles, la alegría como contenido insurreccional y político de un movimiento que se enfrenta todos los días a la muerte. 

Un segundo elemento que se pone en juego en este momento de insurrección es una genealogía muy particular del movimiento feminista mexicano. Aquí se conjuga algo de novedoso en la generación más joven de feministas que salieron el 16, pero a la par forma parte de una memoria larga del movimiento. Nuevamente en diálogo con Sandra, las mujeres de los 60 y 70 tuvieron una importante participación y militancia revolucionaria en la guerrilla, en los movimientos de izquierda y fueron haciendo camino a los feminismos radicales. 

Posteriormente, la agenda de género que impera en los países latinoamericanos se instala. Lo que ocurre es que a la par de la necesaria construcción de política de género en las instituciones del Estado, se fue drenando mucha de la energía feminista hacia formas y prácticas estatales. Esta dinámica se produce en México de modo muy particular, porque el Estado se estructura como forma corporativa que se come todo y deja muy poco espacio para la autonomía y la autogestión. Esta tensión sumada al carácter violento, de clase, colonial y a los proyectos neoliberales de las élites mexicanas, explican las tensiones desatadas al interior del mismo movimiento. Tensiones que lejos de desaparecer se recrean en el contexto de un rejuvenecimiento del movimiento feminista.

En ese sentido, a este elemento estructural de violencia también se suma un elemento de memoria histórica, de la propia historia del feminismo mexicano que se ilumina y es a la vez, resonancia y eco de un movimiento feminista plural que se ha ido gestando en los últimos años en América Latina. Esta particularidad del feminismo en México, que pone en juego permanentemente la representación, explica por qué no hay una sola convocatoria sino varias, que no haya una sola voz, sino varias colectivas. Por eso sentarse con el Estado se vuelve más complejo en este contexto, no solo por el carácter violento y corporativo de éste, si no también porque en el diálogo se juega la representación del movimiento. Por un lado, hay todo un cuestionamiento sobre quiénes son la voces legítimas para hablar e interlocutar con el Estado. Pero por otro, la existencia de varios colectivos, le da cierta capacidad a la pluralidad del movimiento.

Quizás entonces la pregunta para nosotras no es si estamos de acuerdo o no con la acción directa o no en nuestras protestas, porque comprendemos la digna rabia como una reacción a la violencia estructural del patriarcado, el capitalismo y la colonialidad, si no si podemos construir potencialidad política en la pluralidad de voces, estrategias, formas, relatos. 

Una tercera intuición es que este acuerpamiento colectivo que vivimos, es también aquello que nos conecta con el resto de América Latina, el #NiUnaMenos, el #VivasNosQueremos o #QueSeaLey son movimientos callejeros en donde nos volvemos un cuerpo en la pluralidad. Un ejemplo de esto es la reacción del movimiento feminista mexicano, luego de las primeras declaraciones sobre quiénes fueron las que rompieron los vidrios: no fueron unas, «fuimos todas». 

Recuerdo que el 12 de abril en Casa Tomada en Ciudad de México, durante una presentación del libro Persona (Almadia 2019), de la poeta feminista mexicana Yolanda Segura, alguien le preguntó “y qué se hace, cómo se es persona, cómo se vive en un país que odia a las mujeres?”, Yolanda respondió con voz certera, “con el amor y la compañía de otras mujeres”. Ese estando juntas, que no nos exime de divergencias, desencuentros y tensiones, ha sido uno de los aprendizajes más profundos que el feminismo nos ha entregado y que nos permite vivir frente a la misoginia. Es ese estando juntas, como forma política, lo que se desplegó el pasado 16. 

Una cuarta reflexión, es que el momento insurreccional del que fuimos parte nos remite a una discusión que tiene su particularidad e importancia en América Latina. Y es la lucha política por la vida. Frente a la lógica del capitalismo y el patriarcado que acumula y oprime, el feminismo en la región sostiene desde hace algunos años, que su lucha es por la vida. ¿Cuáles son los contenidos que tiene la vida para nosotras? ¿A qué nos referimos con poner en el centro, la vida? La vida para nosotras no es un abstracto declarativo, implica necesariamente dignidad y todo aquello que permita habilitar la dignidad. Como sostiene Andrea Sánchez, investigadora feminista mexicana, “así como la vida no es un abstracto, la dignidad implica una permanente pregunta con las otras sobre cuál es su contenido”. Esta es nuestra manera de colocar la vida en el centro, como pedagogía colectiva. Frente al valor de cambio y del capital cultural patrimonial que adquieren los objetos rotos o rayados para el poder, nosotras ponemos la vida sin mercantilización, violencia, ni subordinación. 

: Frente a lo que desaparece: lo que no desaparece.

(Ibid.)

La vida que no desaparece. Nuestros cuerpos que nunca importan, cuando estamos juntas en la calle aparecen. Si nadie nos veía, ahora fuimos visibles. Si nadie nos oía, hubo unas horas, en donde nuestras voces fueron resonancia. Como dicen las paredes en estos días: «nunca más van a tener la comodidad de nuestro silencio”. No estamos dispuestas a volver a ocupar ese lugar del silencio privado, de la sumisión callada. Y en ese sentido los vidrios rotos, el inmobiliario del metrobus etc., no tienen bajo ningún concepto el mismo valor que nuestras vidas. Y es que hemos aprendido que hacerle frente a sistemas que nos explotan, oprimen, dominan, asesinan… implica la configuración de aquello que Suely Rolnik, define como el saber del cuerpo, es decir el saber de nuestra condición de vivientes como sostenimiento del “malestar, que en los procesos de subjetivación permite introducir una diferencia, una ruptura, un cambio” (Paul Preciado, Prólogo de Esferas de la insurrección de Suely Rolnik, Tinta Limón, 2019). Esta es quizás la mayor potencia de nuestra insurrección feminista. 

Por último, la forma específica de violencia que tiene lugar en México se inscribe en la violencia instalada en América Latina. La noción de que la policía y el Estado no hacen demasiado por garantizar nuestras vidas libres de violencia, o la nula inciativa de declarar emergencia nacional porque están matándonos todos los días y de esta manera reorientar sentido, perspectiva, presupuesto, o la constantación de que están directamente involucrados con la reproducción de la violencia y la injusticia, recorre todo el continente. Ese sentimiento que desconfía del Estado y que se reconoce en la violencia contra nosotras, se inscribe en un imaginario latinoamericanista del feminismo. 

Es así que en los siguientes días a las protestas, la diamantina se volvió un símbolo político feminista en contra de la violencia machista, y específicamente en contra de la violencia perpetrada por el Estado, ya no solo en México, sino en toda la región.  Ese eco de la insurrección aporta a nivel de América Latina a la construcción de un sentido político y simbólico pero también poético y estético del feminismo. 

Más allá de los gestos de rectificación que haya tenido en estos días la Jefa de Gobierno, al aceptar el pliego petitorio presentado por algunas colectivas feministas o de asumir su equivocación, más allá de que el presidente haya emitido otras desafortunadas declaraciones sobre el carácter violento de nuestras protestas y que haya planteado que la solución a la violencia que vivimos, será resuelta por la Guardia Nacional…varias son las organizaciones feministas y espacios de confluencia que han llamado a asambleas, en un ejercicio político pedagógico para elaborar el entre nosotras, uno que no desconoce al Estado, pero que pone el énfasis en la capacidad nuestra de interpretar la historia. El tiempo colectivo irá mostrando cómo vamos encontrando esa sabiduría para caminar juntas, y no perder ni la digna rabia, ni la exigencia de justicia, ni el acuerpamiento colectivo que se produjo ese viernes insurreccional. Por ahora, lo que sí sabemos es que “somos hermanas de fuego y diamantina” (Sandra González).

Feminismo do transbordo: o que nossos corpos sabem. Reflexões a partir da Cidade do México. 9)Este texto está baseado na entrevista realizada por Tobías Boos para Mosaik-blog.at

Imagem: Pilar Emitzin

Traduzido por Larissa Bontempi

Nós nos cremos.

Nós nos cuidamos. 

Nós nos sustentamos.

Nos diz Diana Rodríguez, escritora e pesquisadora feminista mexicana, agora que estamos reunidas, agora que passou mais de uma semana do 16 de agosto, o dia em que fomos às ruas com diamantina nas mãos e vivemos todas juntas isso que Noelia Correa, pesquisadora uruguaia feminista, bem nomeou há alguns dias como “o mais próximo a uma insurreição”10) Para ler o artigo completo de Noelia, visite http://zur.org.uy/content/insurrecci%C3%B3n-feminista?fbclid=IwAR3ZNFsJrw7kNflvoN4M6ij0sqA1jW8yyYMXhz2y6SKe01RK4TJNOa2wUAU para nossa geração.  

“As mesmas companheiras que estiveram aí quando disse ‘vou embora’ e que estiveram aí quando disse ‘volto’ Me colocaram terra fértil, me ajudaram ir até o sol, a resistir à chuva e ao vento, me ajudaram a fortalecer e cantaram, gritaram, choraram, dançaram, riram em torno de mim e comigo, esperando me ver florescer, e aqui estou: caiu o fiozinho vermelho porque se cumpriu um ciclo, porque já não preciso dele, porque a praga não vai me invadir, porque estamos juntas”.

Uñas Roja La Metralleta.

Entre toda a aprendizagem que o feminismo foi me configurando nesta´década e sobretudo nestes últimos anos, uma das maiores e mais profundas é a noção encarnada e cotidiana de que diante da violência estrutural produzida agora pelo capitalismo que observamos 11) O capitalismo, como ordem social que se encontra em um ciclo de dominação e de acumulação originária (Federici; Segato) e pela re-estruturação do patriarcado, nós tecemos reciprocidades e hatiamos outras formas de existência.

Apesar disso, escrever sobre a violência machista é escrever com o coração rasgado. Não se pode continuar assim. Não conseguimos mais. 

“Aqui, todos somos invisíveis. Não temos rosto. 

Não temos nome. Aqui, nosso presente parece suspendido.

————————-

(….) Somos o que desabita da memória. Tumulto. 

Debandada. Imersão. Diáspora. Um buraco no 

bolso. Um fantasma que se nega a te abandonar. 

Nós somos essa invasão. Um corpo feito de 

murmúrios. Um corpo que não aparece, que ninguém quer nomear”. 

Sara Uribe, “Antígona González”.12) González, Sara 2012. “Antígona González”, México: sur ediciones.

Dos 25 países onde existe a maior taxa de feminicídios no mundo, 14 são latino-americanos 13)Relatório da CEPAL: https://www.eleconomista.com.mx/politica/14-de-los-25-paises-con-mas-feminicidios-se-ubican-en-America-Latina–20181120-0048.html. Há uma violência regional estrutural contra as mulheres neste continente. Como se escreve sobre a violência organizada no México? Como escrever sobre o que vive um país que ocupa a nível mundial o posto 23 em taxa de feminicídio (El Salvador e Honduras finalizam a dolorosa lista) que ameaça às mulheres cis, as mulheres trans, as meninas e as adolescentes?

No México, a cada duas horas e meia uma mulher é assassinada, 9 mulheres por dia.  Quer dizer que ao longo de 2019, 1199 mulheres foram vítimas de feminicídios. A cada 18 segundos, uma mulher ou menina é estuprada. E os níveis de impunidade em relação à violência machista são tão brutais que as sobreviventes, as que chegam a fazer a denúncia diante do sistema judiciário, sabem que só em 10% dos casos denunciados ocorre algum tipo de sentença (nem sempre favorável para as denunciantes), o restante fica na impunidade.  

É por isso que não denunciamos. Porque uma das características de maior injustiça no nosso continente é a impunidade que o próprio sistema jurídico naturaliza e que não só implica que a denúncia seja um novo processo de revitimização e de violência (somos vistas sob suspeita, nossa palavra sempre está em dúvida), mas também em em países como méxico, acudir ao sistema jurídico pode significar ameaçar a rede familiar e afetiva de quem se atreve a denunciar. 

Às dinâmicas que o narcotráfico interpõe, juntou-se nas últimas décadas uma forma de sociedade estruturada na violência, onde o Estado é parte central da sua reprodução (conspiração, cumplicidade, encobrimento, inoperatividade).  Em muitos dos crimes que foram cometidos nos últimos no México, o Estado e seus funcionários ou a polícia estão diretamente envolvidos, enquanto juizes e os operadores da justiça garantem a impunidade, e os meios de comunização a naturalizam.

É aqui e não em uma forma imaginada que irrompe a nossa indignação. 

Lembremos que no início de agosto, nos municípios de Azcapotzalco (Estado do México) e Cuauhtémoc (Cidade do México), quatro policiais estupraram uma menor de idade e uma moça foi estuprada por um policial no Museu da Fotografia. Isto somado aos repetidos estupros de adolescentes nas prepas (escoas de ensino médio que preparam xs alunxs para ingressar na universidade). Diante disto, vários coletivos feministas convocaram uma mobilização na segunda-feira, dia 12 de agosto, nas instalações da Procuradoria Geral de Justiça da Cidade do México (PGJ), localizada no centro da cidade. A convocatória nas redes sociais tinha como lema “não nos cuidam, nos estupram”, fazendo alusão à política de segurança implementada pelo Estado, cujo elemento central tem sido colocar mais policiais nas ruas. 

Na concentração, houve momentos de tensão entre as companheiras e a polícia fora das instalações da Procuradoria, e como consequência, houve alguns vidros quebrados. No exterior da PGJ, Jesús Orta, Chefe de Segurança da CDMX, emitia declarações enquanto as companheiras jogavam glitter cor-de-rosa que ia caindo na cabeça e na roupa. Do uso do glitter entre os rostos e corpos das feminias mais jovens na Maré Verde que se iniciou na Argentina e se estende por toda a América Latina, o glitter adquire aqui um novo conteúdo, se transofrma em um gesto político poético feminista que interpela diretamente o Estado mexicano e exige dele fim da violência contra nós. O glitter passa a ser um elemento que acompanha a convocatória lançada nestes dias, para um novo protesto que teve lugar na sexta-feira passada, 16 de agosto, na CDMX e que se replicou em 31 cidades de várias regiões do país. 

Foto:  Alejandra Santillana

Por que voltamos a convocar? Depois dos acontecimentos do dia 12 de agosto, a resposta do Estado mexicano foi grave e infeliz. Enquanto os quatro policiais acusados pelo estupro da menor nunca foram presos, e alguma autoridade filtrou informação pessoal da denunciante, colocando em risco sua integridade e a segurança da sua família, as primeiras declarações de Claudia Sheinbaum, Chefe de Governo da CDMX, deixam claro que o foco do Estado é considerar os protestos feministas como um ato de provocação e não atender sua responsabilidade direta na perpetuação da violência machista. Anunciou ainda que seriam abertos inquéritos de investigação contra todas as envolvidas nos atos do dia 12 de agosto. 

Dias depois, em um ato desesperado para conseguir legitimação e respaldo, o governo da CDMX convocou uma mesa de diálogo com algumas feministas institucionalizadas e com representantes de Morena. Desta forma, mostra um dos lugares de onde o Estado habilita o feminismo: a noção de que existem feministas boas e feministas más, as boas sentam em mesas de diálogo e as boas jogam glitter e quebram vidros. Dessa mesa, emanam vozes que nos intimidam de protestar corretamente, porque essas não são as maneiras de protestar. Como defende Sandra Gónzalez, pesquisadora e poeta feminista mexicana, se configura um relato moral sobre o feminismo e se insere uma lógica estatal que aprofunda as diferenças no movimento. 

: Mas não é assim, vivas estamos porque esta guerra não acaba.

Sara Uribe, Antígona González.

O que fica de fora? Aquilo que explica nossa fúria feminista: a violência sistemática e estrutural que nós mulheres vivemos todos os dias  e que tem particularidades classistas, geracionais e territoriais. 

: Vivas estamos. As que não foram embora. Vivas. Aqui.

Ibid. 14) No texto original, Sara fala no masculino, mas dada sua potência interpeladora para este momento histórico, o tornei feminino. Espero que não tenha problema, Sara.

É assim que na sexta-feira, 16 de agosto, milhares de mulheres foram convocadas na Glorieta dos Insurgentes, localizada na parte central da Cidade do México. Ao mesmo tempo em que líamos a petição e íamos às ruas próximas, gritávamos em uníssono “exigir justiça não é provocação”, “não nos cuidam, nos estupram”, “nem uma a menos, justiça é o que queremos”, “abaixo o patriarcado que vai descer, acima o feminismo que vai vencer”. Juntas nas ruas, sentíamos uma imperante necessidade de voltar a encorpar-nos, de fazermos corpo coletivo, de elaborar politicamente a raiva que estávamos sentindo. 

Onde se instala, então, o caráter insurrecional feminista que teve lugar nesse 16 de agosto? 

Por um lado, se produz como reação coletiva à violência machista que nos asfixia todos os dias e que emprega dimensões de crueldade e dureza contra nós. Não sei se é possível para alguém que não more no México entender além dos números arrepiantes o que significa a violência que as mulheres vivem neste país.  Silvia Gil argumentava há alguns dias que “para entender os distúrbios protagonizados pelas mulheres no México, têm de imaginar que cada vez que saem de casa, da escola ou do trabalho, não sabem se voltarão com vida”. 15) Reflexão em https://twitter.com/silvialgil/status/1163110707061071872

O que o movimento feminista traz à tona nestes dias é a maneira como a violência misógina estrutura a sociedade mexicana. E que, se existem violações contra nós, é porque há valores no conjunto da sociedade onde as mulheres e os corpos feminizados, todos desviados, ontologicamente torcidos, desobedecem a lei patriarcal eportanto merecem ser castigadas. 

“O estuprador não é um ser anômalo, solitário, estranho. Nele, irrompem valores que estão em toda a sociedade. É o ator protagonista de uma ação que é de toda a sociedade, uma ação moralizadora da mulher (…) É um sujeito vulnerável que se rende a um mandato de masculinidade que exige dele um gesto extremo, aniquilador de outro ser, para poder se ver como potente” (Rita Segato, 2017). 16)  Para ler a entrevista completa com Rita Segato: https://latinta.com.ar/2017/04/el-acto-de-la-violacion-es-un-acto-de-moralizacion-por-desacato-a-la-ley-patriarcal/

O que é viver com a ameaça de morte a cada passo? O que significa a vida para nós quando na universidade, na escola ou no trabalho nos assediam os professores e os colegas? E quando além disso, a violência estrutura nossas relações afetivas com os homens, quando seu parceiro pode te bater, controlar, asfixiar, assassinar? O que opera em um governo capitalista do trabalho que explora o conjunto da classe operária, feminizando-a e ao mesmo tempo colocando todo o peso da reprodução social sobre as mulheres em contexto de narcotráfico, assassinato, desigualdade? E o que dizer de todos os territórios tomados por grupos ilegais e pelas enormes corporações transnacionais?

No entanto, se há algo que aprendemos nestes anos do movimento feminista, estudantil, camponês, indígena, de professorxs, de familiares de desaparecidxs, de trabalhadorxs do México, é que apesar de tudo, recuperar a alegria é uma trilha que permite seguir. As mulheres mexicanas, as centroamericanas que chegam, que são acolhidas por este país, decidiram não só sobreviver, mas também negar que a violência machista e capitalista que lhes tira a vitalidade e o amor pela vida. É assim que, com a interpelação ao Estado sobre sua responsabilidade na violência machista, também foi posta nas ruas a alegria como conteúdo insurrecional e político de um movimento que enfrenta a morte todos os dias. 

Um segundo elemento posto em jogo neste momento de insurreição é uma genealogia muito específica do movimento feminista mexicano. Aqui se conjuga algo novo na geração mais jovem de feministas que foram às ruas no dia 16, mas ao mesmo tempo forma parte de uma longa memória do movimento. Novamente em diálogo com Sandra, as mulheres dos 60 e 70 tiveram uma importante participação e militância revolucionária na guerrilha, nos movimentos de esquerda, e foram abrindo caminho aos feminismos radicais. 

Posteriormente, foi instalada a agenda de gênero que impera nos países latino-americanos. O que acontece é que, simultaneamente à necessária construção da política de gênero nas instituições do Estado, as formas e práticas estatais foram drenando muito da energia feminista. Esta dinâmica é produzida no México de forma muito específica, porque o estado é estruturado como forma corporativa que devora tudo e deixa muito pouco espaço para a economia e a autogestão. Essa tensão, somada ao caráter violento, classista, colonial e aos projetos neoliberais das elites mexicanas, explica as tensões desencadeadas no próprio movimento. Tensões que, longe de desaparecer, são recriadas no contexto de um rejuvenescimento do movimento feminista.

Nesse sentido, este elemento estrutural de violência também é somado a um elemento de memória histórica, da própria história do feminismo mexicano que se ilumina e é ao mesmo tempo ressonância e eco de um movimento feminista plural que foi sendo gerido nos últimos anos na América Latina. Esta particularidade do feminismo no México, que põe em jogo permanentemente a representação, explica por que não existe uma só convocatória, mas várias, que não haja uma só voz, mas várias coletivas. Por isso, sentar com o Estado se torna mais complexo neste contexto, não só pelo caráter violento e corporativo dele, mas também porque no diálogo se joga om a representação do movimento. Por um lado, há todo um questionamento sobre quem são as vozes legítimas para falar e interlocutar com o Estado. Mas por outro, a existência de vários coletivos, dá certa capacidade à pluralidade do movimento.

Talvez, então, a pergunta para nós não é se concordamos ou não com a ação direta ou não nos nossos protestos, porque compreendemos a digna raiva como reação à violência estrutural do patriarcado, o capitalismo e a colonialidade, mas se podemos construir potencialidade política na pluralidade de vozes, estratégias, formas, relatos. 

Uma terceira intuição é que este encorpamento coletivo que vivemos é também aquilo que nos conecta com o testo da América Latina, o #NiUnaMenos, o #VivasNosQueremos, o #QueSeaLey, são movimentos de rua onde nos tornamos um corpo na pluralidade. Um exemplo disso é a reação do movimento feminista mexicano, logo depois das primeiras declarações sobre quem foram as que quebraram os vidros: não foram algumas, “fomos todas”. 

Lembro que no dia 12 de avril, em Casa Tomada na Cidade do México, durante uma apresentação do livro Persona (Almadia 2019), da poeta feminista mexicana Yolanda Segura, além perguntou a ela “e o que fazer, como ser pessoa, como viver num país que odeia as mulheres?”, Yolanda respondeu com voz certeira, “com o amor e a companhia de outras mulheres”. Esse estar juntas que não nos exime de divergências, desencontros e tensões, tem sido uma das aprendizagens mais profundas que o feminismo nos entregou e que nos permite viver diante da misoginia. É esse estar juntas, como forma política, o que desencadeou o último dia 16. 

Uma quarta reflexão é que o momento insurrecional que fomos parte nos remete a uma discussão que tem sua particularidade e importância na América Latina. E é a luta política pela vida. Diante da lógica do capitalismo e do patriarcado que acumula e oprime, o feminismo na região argumenta há alguns anos que a sua luta é pela vida. Quais são os conteúdos que a vida tem para nós? A que nos referimos com colocar a vida no centro? A vida para nós não é um abstrato declarativo; implica necessariamente dignidade e tudo aquilo que permita habilitar a dignidade.  Como defende Andrea Sánchez, pesquisadora feminista mexicana, “assim como a vida não é um abstrato, a dignidade implica uma permanente pergunta com as outras sobre qual é o seu conteúdo”. Essa é a nossa maneira de colocar a vida no centro, como pedagogia coletiva. Diante do valor de troca e do capital cultural patrimonial que os objetos quebrados ou rachados adquirem para o poder, nós colocamos a vida sem mercantilização, nem violência, nem subordinação. 

: Diante do que desparece: o que não desaparece.

(Ibid.)

A vida que não desaparece. Nossos corpos que nunca importam, quando estamos juntas na rua, aparecem. Se ninguém nos via, agora nos fizemos visíveis. Se ninguém nos ouvia, houve algumas horas em que nossas vozes foram ressonância. Com dizem as paredes em nossos dias: “Nunca mais vão ter o conforto do nosso silêncio”. Não estamos dispostas a voltar a ocupar esse lugar do silêncio privado, de submissão calada. E nesse sentido, os vidros quebrados, o imobiliário do metrô, etc, não têm sob nenhum conceito o mesmo valor que nossas vidas. Aprendemos que enfrentar os sistemas que nos exploram, oprimem, dominam, assassinam… Implica a configuração daquilo que Suely Rolnik define como o saber do corpo, ou seja, o saber da nossa condição de viventes como sustentação do “mal-estar, que nos processos de subjetivação permite introduzir uma diferença, uma ruptura, uma mudança” (Paul Preciado, Prólogo de Esferas de la insurrección de Suely Rolnik, Tinta Limón, 2019). Esta é talvez a maior potência da nossa insurreição feminista. 

Por último, a forma específica como a violência tem lugar no México, se inscreve na violência instalada na América Latina. A noção de que a polícia e o Estado não fazem o bastante para garantir nossas vidas livres de violência, ou a nula iniciativa de declarar emergência nacional porque estão nos matando todos os dias e dessa forma reorientar sentido, perspectiva, pressupostos, ou a constatação de que estão diretamente envolvidos com a reprodução da violência e a injustiça, recorre todo o continente. Esse sentimento que desconfia do Estado e que se reconhece na violência contra nós, se inscreve em um imaginário latino-americano do feminismo. 

É assim que nos dias seguintes aos protestos, o glitter se tornou um símbolo político feminista contra a violência machista e especificamente contra a violência do Estado não só no México, mas em toda a região.  Esse eco da insurreição contribui a nível de América Latina para a construção de um senso político, mas também poético e estético do feminismo. 

Além dos gestos de retificação que a Chefe de Governo teve nesses dias ao aceitar a petição apresentada por algumas coletivas feministas ou de assumir seu erro, além de que o presidente tenha emitido outras infelizes declarações sobre o caráter violento dos nossos protestos e que tenha dito que a solução à violência que vivemos será resolvida pela Guarda Nacional… Várias são as organizações feministas e espaços de confluência que chamaram a assembleias, em um exercício político pedagógico para elaborar ente nós, que não desconhece o Estado, mas que enfatiza a nossa capacidade de interpretar a história. O tempo coletivo mostrará como vamos encontrando essa sabedoria para caminhar juntas, e não perder nem a raiva, nem a exigência de justiça, em o encorpamento coletivo que foi produzido nessa sexta insurrecional. Por agora, o que sabemos é que “somos irmãs de fogo e de glitter” (Sandra González).



Notas   [ + ]

1. Este texto está basado en la entrevista realizada por Tobías Boos para Mosaik-blog.at
2. para leer el artículo completo de Noelia revisar en http://zur.org.uy/content/insurrecci%C3%B3n-feminista?fbclid=IwAR3ZNFsJrw7kNflvoN4M6ij0sqA1jW8yyYMXhz2y6SKe01RK4TJNOa2wUAU 
3.  El capitalismo como orden social que se encuentra en un ciclo de dueñidad y de acumulación originaria (Federici; Segato)
4. González, Sara 2012. “Antígona González”, México: sur ediciones.
5. Informe de la CEPAL: https://www.eleconomista.com.mx/politica/14-de-los-25-paises-con-mas-feminicidios-se-ubican-en-America-Latina–20181120-0048.html
6. En el texto original Sara nombra en masculino, pero dado su potencia interpeladora para este momento de la historia, le volví femenino. Espero que no haya problema Sara.
7.  Reflexión en https://twitter.com/silvialgil/status/1163110707061071872
8. Para leer la entrevista completa a Rita Segato: https://latinta.com.ar/2017/04/el-acto-de-la-violacion-es-un-acto-de-moralizacion-por-desacato-a-la-ley-patriarcal/
9. Este texto está baseado na entrevista realizada por Tobías Boos para Mosaik-blog.at
10. Para ler o artigo completo de Noelia, visite http://zur.org.uy/content/insurrecci%C3%B3n-feminista?fbclid=IwAR3ZNFsJrw7kNflvoN4M6ij0sqA1jW8yyYMXhz2y6SKe01RK4TJNOa2wUAU
11. O capitalismo, como ordem social que se encontra em um ciclo de dominação e de acumulação originária (Federici; Segato)
12. González, Sara 2012. “Antígona González”, México: sur ediciones.
13. Relatório da CEPAL: https://www.eleconomista.com.mx/politica/14-de-los-25-paises-con-mas-feminicidios-se-ubican-en-America-Latina–20181120-0048.html
14. No texto original, Sara fala no masculino, mas dada sua potência interpeladora para este momento histórico, o tornei feminino. Espero que não tenha problema, Sara.
15. Reflexão em https://twitter.com/silvialgil/status/1163110707061071872
16.  Para ler a entrevista completa com Rita Segato: https://latinta.com.ar/2017/04/el-acto-de-la-violacion-es-un-acto-de-moralizacion-por-desacato-a-la-ley-patriarcal/

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.